Para Alejandro Montenegro, su esposa no era más que una chica de pueblo. Nunca imaginó todo lo que ella había dejado atrás por amor.
Durante tres años, ella ocultó su identidad y lo dio todo por él. El día de su cumpleaños, recibió su recompensa: un acuerdo de divorcio. Alejandro quería casarse con la mujer que nunca había olvidado.
Ella se marchó sin aceptar un solo peso.
Pero aquella esposa a la que todos despreciaban era Valeria Duarte, heredera de una de las familias más poderosas del país.
Lejos de los Montenegro, Valeria recupera su nombre, su fortuna y una vida en la que ya no necesita pedir permiso. Mientras sus talentos y secretos salen a la luz, quienes antes la humillaban descubren que se metieron con la mujer equivocada.
Ahora Alejandro quiere recuperarla.
Pero Valeria ya aprendió a vivir sin él. Y esta vez, será él quien tenga que soportar el rechazo.
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Capítulo 18
Capítulo 18
La jefa contraataca
Al despertar, Valeria volvió a vomitar.
Nicolás le acercó agua para enjuagarse la boca y buscó algo para aliviarle la resaca.
—Antes aguantabas bien el alcohol. ¿Qué te pasó?
—¡Llevaba tres años sin beber! ¿Qué esperabas que pasara si de pronto me tomaba tantas copas?
Alejandro detestaba a las mujeres que olían a alcohol. Por eso, durante su matrimonio, Valeria había dejado de beber.
—Si no supiera que tienes resaca, pensaría que estás embarazada —bromeó Nicolás.
Una sombra de dolor le cruzó los ojos a Valeria.
—¿Y si de verdad hubiera quedado embarazada de Alejandro? ¿Qué harían ustedes?
—Ayudarte a criar al niño, claro. Cambiar pañales, dar biberones… Lo que hiciera falta. No tendría la culpa de quién fuera su padre.
Nicolás odiaba a Alejandro, pero sabía distinguir a un culpable de alguien inocente.
Valeria tomó un sorbo de agua.
—Tranquilo. ¿Tener un hijo suyo? No se merece algo así.
—¿Recuerdas lo que pasó anoche?
—Le armé un problema a Bruno. Alejandro apareció… creo. Después no recuerdo.
—¿Nada más?
—Había un hombre muy guapo. Me ayudó. Si no hubiera estado tan borracha, le habría pedido su WhatsApp.
—Era Héctor Salazar. El club es suyo.
Valeria perdió todo interés.
—Olvídalo. Ese hombre ha pasado por tantas camas que ya debe de tener los riñones gastados. No quiero saber nada de él.
—¿Y recuerdas que Alejandro te llevó al baño de hombres?
Ella abrió mucho los ojos.
—¡¿Qué?!
—No sé qué estaban haciendo. Cuando entré, estabas abrazándolo y limpiándote los mocos en su camisa.
Nicolás negó con la cabeza.
Valeria tomó aire, horrorizada.
—Si yo no hubiera llegado a tiempo, quizá ese desgraciado habría…
—No. Alejandro no es como Héctor.
Se frotó la frente, molesta.
—¡Todavía lo defiendes!
—No lo defiendo. Es frío, no entiende el romanticismo y nunca me quiso. Pero no es un hombre que se aproveche así de una mujer.
Decirlo no la hizo sentir mejor.
Nicolás sonrió con ironía.
—Pues anoche se puso muy raro. Me preguntó si pensaba casarme contigo. Que no jugara con tus sentimientos, porque venías de una familia sencilla y no podrías soportarlo.
Soltó una risa.
—No cuidó lo suyo y ahora quiere darle lecciones a los demás.
Valeria lo miró.
—Espera. ¿Por qué te dijo eso a ti?
—Me confundió con Mateo. Y yo seguí la broma. Le dije que no volviera a tocar a mi mujer. Se enfadó bastante.
Nicolás sonrió, orgulloso.
—¡Idiota!
Valeria le dio un puñetazo en la cara, roja de vergüenza y rabia.
* * *
Tomás había preparado un desayuno ligero. Al enterarse de que Valeria tenía resaca, también le hizo una sopa de arroz con verduras.
Ella bajó con el cabello suelto y un camisón de seda rosa.
Llevaba ropa interior, pero el conjunto seguía dejando bastante piel al descubierto.
Tomás se puso rojo y apartó la mirada.
Nicolás tenía un huevo cocido pelado contra la mejilla que ella le había golpeado.
—Hay dos hombres en esta casa. ¿Podrías tener un poco de consideración?
—Pasé tres años con faldas blancas y tenis. Estoy harta. Ahora me pongo lo que quiero. Si me da la gana salir desnuda a medianoche, ¿quién va a impedírmelo?
Valeria mordió un pedazo de pan.
Tomás la miró con curiosidad sincera.
—¿Por qué usó esa ropa durante tres años? ¿Se fue a dar clases a algún pueblo? Aunque no sé si usted sería una buena influencia para los niños…
—¡No te metas! —respondieron los dos hermanos al mismo tiempo.
* * *
Con maquillaje impecable, un conjunto blanco de saco y falda y zapatos Jimmy Choo, Valeria volvió al hotel.
Parecía fresca y descansada.
En realidad, la cabeza le dolía como si la hubieran golpeado con un martillo.
Ya en su oficina, recordó la conversación con Nicolás.
Alejandro la había ayudado. Y le había dicho aquellas cosas a su hermano.
¿De verdad se preocupaba por ella?
No. Lo que le molestaba era ver que la mujer que antes lo obedecía ahora tenía una vida sin él. Había confundido el orgullo herido con el derecho a controlarla.
Valeria no iba a caer dos veces en el mismo agujero.
Llegaron mensajes al grupo.
Mateo: «Ayer por la tarde quitaron las publicaciones contra ti y cerraron esas cuentas.»
Mateo: «Lo hizo Alejandro.»
Valeria: «Qué amable. Le agradezco hasta a sus antepasados.»
Cuarto hermano: «¿Cree que borrarlas arregla todo? Qué ingenuo.»
Tercer hermano: «Las acciones de Montenegro apenas se movieron al abrir el mercado. Una lástima.»
Nicolás: «Aunque no podamos ir contra él todavía, podemos ocuparnos de los Rivas.»
Valeria: «Eso está hecho. Yo no dejo las venganzas para después.»
Tomó el teléfono de la oficina.
—Tomás, ven un momento.
Él llegó enseguida.
—¿Me necesita?
—¿Ya están los documentos y las pruebas que te pedí?
Valeria giró despacio en su sillón.
—Sí. Podemos entregarlos a las autoridades cuando quiera.
—Todavía no.
Cruzó las piernas.
—Busca algunos medios cercanos al grupo. Noticias de Puerto Claro, por ejemplo. Dales la información completa. Primero quiero que todo el mundo se entere.
Tomás frunció el ceño.
—Con los medios será más complicado. ¿No es mejor actuar de golpe y no darles tiempo para responder?
Valeria acarició la pulsera que Antonio le había regalado.
—Me gusta hacer las cosas con calma. No voy a terminar con ellos de una sola vez. Quiero que sientan cada paso.
Había otra razón.
Si el negocio entraba en crisis, el padre y el hermano de Emilia no conseguirían convencerla de ceder. A Emilia solo le quedaría pedirle ayuda a Alejandro.
Valeria sonrió con frialdad.
—Ya quiero ver cómo intentas salvar a la familia de tu prometida.
* * *
Aquella noche, a la hora en que más gente estaba conectada, apareció una noticia.
En menos de una hora, estaba por todas partes.
«El Grupo Duarte cancela toda colaboración con los Rivas por graves problemas de calidad.»
«¿Productos baratos vendidos como artículos de lujo? Élite Hogar, bajo sospecha.»
La noticia tomó al padre y al hermano de Emilia por sorpresa. Su equipo de comunicación no tenía la preparación necesaria para controlar la crisis.
No conseguían cambiar la conversación ni borrar los comentarios negativos.
«¿Los Rivas? ¿La familia de la prometida de Alejandro Montenegro? Vaya regalo para sus futuros suegros.»
«Pensé que se casaría con una gran heredera. Resulta que son vendedores de muebles. ¡Y estafadores!»
«No me gusta culpar a una persona por lo que hace su familia, pero esto da muy mala imagen.»
«Acabo de encargar muebles de Élite para mi casa nueva. Mañana cancelo todo.»
En su estudio, Alejandro escuchaba el informe de Andrés. La cabeza estaba a punto de estallarle.
—Los Duarte son la familia más rica de Puerto Claro y líderes en casi todos sus negocios. Si ellos dejan de comprarle a una empresa, los demás los siguen.
Andrés no parecía sentir ninguna lástima por los Rivas.
—Menos mal que no cotizan en bolsa. Mañana sus acciones se hundirían. Su futuro suegro, con lo susceptible que es y la presión alta que tiene, debe de estar al borde del desmayo.
Alejandro lo fulminó con la mirada.
Andrés se calló de inmediato.
—No he visto ninguna prueba que respalde la noticia. Podría tratarse de rumores.
Alejandro respiró hondo.
—¿De dónde salió lo de la calidad?
—El Hotel KS World tiene una gerente nueva. Fue ella quien canceló la colaboración. Después, en una semana, todos los hoteles KS hicieron lo mismo y cambiaron los productos de los Rivas.
—¿Cómo puede una gerente de hotel tener tanto poder?
—Porque es hija de Arturo Duarte. La heredera de la familia: Valeria Duarte.
Alejandro se quedó pensando en el nombre.
Valeria.
No recordaba haberla conocido.
Y, sin embargo, algo en aquel nombre le resultaba extrañamente familiar.