Ella renace en un mundo mágico, pero no cambia su forma de ver la vida, sigue siendo ella buscando la felicidad en pequeños detalles.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Tormenta 1
La tormenta continuó durante toda la mañana.
O, al menos, eso era lo que creía prácticamente todo el palacio.
La lluvia golpeaba suavemente los ventanales.
Los truenos aparecían de vez en cuando.
El cielo permanecía oscuro.
Y los caminos seguían supuestamente bloqueados.
Sin embargo, solamente unas pocas personas conocían la verdadera razón.
El rey.
Dos de sus consejeros más cercanos.
Y un par de magos que habían participado en la pequeña mentira.
La tormenta no era completamente real.
Era magia.
Draco había creado las nubes oscuras y los relámpagos utilizando su propia magia, mientras uno de sus magos había utilizado una pequeña cantidad de magia de agua para completar la ilusión y hacer que la lluvia pareciera natural.
Nada demasiado complicado.
Nada que pudiera poner en peligro al reino.
Simplemente... una tormenta conveniente.
El consejero principal observó por una ventana el cielo artificialmente oscuro y luego miró al rey.
—Majestad...
Draco no respondió.
—¿No cree que esto es un poco excesivo?
Draco levantó lentamente la mirada.
—¿A qué se refiere?
El consejero respiró profundamente.
—A mantener cerrados los caminos y retener a todos los invitados en el palacio solamente para vigilar a una muchacha que cambió el color de unas flores.
Silencio.
Draco lo miró.
El consejero sostuvo la mirada durante unos segundos.
Después decidió que su vida era demasiado valiosa para continuar hablando.
—Nada más, Majestad.
Draco volvió a mirar por la ventana.
—No fueron "unas flores".
—Eran flores.
—Del jardín real.
—Sí.
—Que ella cambió sin autorización.
—Sí.
—Y lo hizo utilizando magia.
El consejero suspiró.
—Una magia de madera extremadamente débil.
Draco lo fulminó con la mirada.
El hombre cerró la boca.
[Definitivamente no debo discutir con el rey antes del desayuno.]
Draco volvió a observar el exterior.
—No sabemos quién es realmente.
—Es Lady Alana Norton.
—Eso es lo que sabemos de ella.
El consejero decidió que era mejor no continuar.
Porque, en realidad, el rey tenía un punto.
Draco no confiaba fácilmente en nadie.
Había pasado años aprendiendo que una apariencia inofensiva podía esconder intenciones peligrosas.
Y aquella muchacha... había aparecido en su palacio.
Había alterado su jardín.
Tenía una marca de alma.
Poseía magia.
Y, por alguna razón, parecía demasiado tranquila.
Demasiado alegre.
Demasiado... rosada.
Unas horas después, Draco se encontraba en el mismo salón que Alana.
Ella lo observaba.
No podía evitarlo.
Era demasiado llamativo.
No solamente por ser el rey.
Era su presencia.
Su altura.
Su expresión seria.
La forma en que todos a su alrededor parecían comportarse con cuidado.
Alana sentía curiosidad.
Su madre, de hecho, le había dicho algo antes.
—Probablemente esta sea la única vez que veamos al rey tan de cerca. Es muy poco probable que volvamos a encontrarnos con Su Majestad.
Alana había asentido.
Pero ahora que lo tenía frente a ella... no podía dejar de mirarlo de vez en cuando.
[Es realmente intimidante.]
Intentó disimular.
Miró hacia otro lado.
Después volvió a mirarlo.
Draco lo notó.
Inmediatamente.
[Así que me observa.]
Alana volvió a mirar.
Draco entrecerró los ojos.
[¿Qué estará pensando?]
Alana simplemente pensaba..
[¿Cómo puede alguien ser tan alto?]
Draco interpretó aquella mirada de una manera completamente distinta.
[Quizás tiene interés en mí.]
La idea no le agradó.
No porque fuera imposible.
Sino porque, dadas las circunstancias... podía significar algo peligroso.
[Quizás está intentando descubrir mis debilidades.]
La observó con atención.
[Sería estúpido atacarme directamente.]
Su mirada recorrió discretamente a Alana.
[Especialmente con ese nivel de magia.]
El mago había sido muy claro.
Su reserva de maná era extremadamente baja.
No representaba una amenaza física.
Pero...
Draco no descartaba otras posibilidades.
[Quizás su magia de madera no sea su verdadera arma.]
Pensó unos segundos.
[¿Plantas venenosas?]
Aquello sí era posible.
Una persona con magia de madera podía manipular plantas.
Podía hacerlas crecer.
Podía alterar sus características.
Quizás aquella mujer había desarrollado una especie de veneno.
Quizás las flores del jardín no habían sido simplemente cambiadas de color.
Quizás había estado probando algo.
Draco volvió a mirarla.
Alana estaba sonriendo porque uno de los nobles había contado algo gracioso.
Draco frunció el ceño.
[Además, se ríe demasiado.]
La observó durante unos segundos.
[La risa habita en la boca de los tontos.]
Era una frase que había escuchado desde niño.
Para Draco, una persona que reía constantemente no parecía alguien especialmente inteligente.
Sin embargo...
No podía descartarla.
Porque había algo extraño en ella.
Era demasiado despreocupada.
Demasiado natural.
Demasiado... dulce.
Y eso le molestaba.
No sabía por qué.
Desde ahora debes de vijilarla más 😏🤣