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¡FUERA CUCARACHO 5 LA MAMÁ GORDITA ES LA JEFA DEL CLAN MAFIOSO!

¡FUERA CUCARACHO 5 LA MAMÁ GORDITA ES LA JEFA DEL CLAN MAFIOSO!

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Autosuperación / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Eliana Casillas nunca soñó con gobernar un imperio criminal. Gordita, bondadosa y aparentemente inofensiva, siempre prefirió mantenerse al margen de las luchas de poder de su familia. Pero cuando las traiciones amenazan con destruir al clan Casillas y la vida de su pequeña hija Chloe corre peligro, descubre que su mayor fortaleza no está en las armas, sino en su inteligencia.
Entre enemigos disfrazados de aliados, secretos familiares y una conspiración que pretende arrebatarle todo, Eliana tendrá que demostrar que subestimarla fue el peor error de sus adversarios.
Con el destino de su hija en juego y la lealtad de los suyos puesta a prueba, la heredera inesperada deberá tomar el control del imperio.
Porque ser gordita no significa ser débil, y tocar a su familia tiene un precio.
¡Fuera cucarach@s! La nueva jefa ha llegado, y no piensa pedir permiso.

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La caja y la emboscada final

La madrugada era oscura y silenciosa cuando salieron de casa. Eliana llevaba una linterna pequeña en su bolso y el anillo del clan bien oculto bajo su manga. Marcos conducía con las luces apagadas hasta salir de la zona residencial. No hablaron mucho en el camino. Cada uno con sus pensamientos, conscientes de que ese día podría cambiarlo todo. Si conseguían esas pruebas, Valeria y Ramiro caerían. Si fallaban… no querían imaginar qué pasaría entonces.

Llegaron a la parroquia de San José justo cuando el cielo empezaba a clarear apenas. El edificio de piedra se alzaba en silencio, rodeado de árboles antiguos que lo protegían de las miradas curiosas. La puerta lateral del archivo estaba entreabierta, tal como doña Carmen les había indicado. Entraron con cuidado, cerrando tras de sí. El aire olía a madera vieja y cera de velas. Estantes altos llegaban hasta el techo, llenos de cajas y libros que llevaban allí décadas, quizás un siglo entero.

—Dijo detrás de los libros de actas de bautismos —recordó Eliana en un susurro—. Caja con una cruz pequeña dibujada en la tapa.

Revisaron estante por estante, con la linterna apuntando suavemente para no llamar la atención desde afuera. El tiempo parecía correr más rápido de lo normal. Cada minuto que pasaba aumentaba el riesgo de que alguien apareciera. Y entonces, en el rincón más oscuro del fondo, la vio. Una caja de madera pequeña, con una cruz tallada en la tapa, cubierta por una tela vieja que la protegía del polvo.

—Aquí está —dijo, con el corazón dando un salto.

Se acercó y la abrió con manos temblorosas. Dentro, envueltos en papel protector, estaban los libros de propiedades originales y un sobre sellado con el sello de la notaría. Las escrituras del norte. Firmadas por su abuelo y por el anterior dueño de las tierras. Las fechas coincidían con lo que su padre había anotado. Las firmas eran claras, inconfundibles, y no tenían nada que ver con las falsificaciones que aparecían en los cargos contra él. Tocó el papel con reverencia. Su padre no había perdido la esperanza hasta el final. Y el notario, el buen hombre que había sido obligado a desaparecer, había confiado en ellos.

—Tenemos lo que necesitamos —susurró Marcos, aliviado—. Vámonos. Rápido. Antes de que amanezca por completo.

Pero cuando se giraron hacia la entrada, la puerta se cerró de golpe. El cerrojo giró desde afuera. Eliana corrió hacia ella y empujó con fuerza, pero no se movió. Estaban encerrados. Y entonces escucharon una voz al otro lado, tranquila y triunfal:

—Creí que nunca lo encontrarían. Me costó mucho convencer a doña Carmen de que me lo dijera, pero al final el miedo pudo más que su lealtad. Gracias por ahorrarme la búsqueda, Eliana. Ahora déjelo ahí y salgan por la puerta trasera. Los estamos esperando. No intenten nada estúpido. Hay cuatro autos rodeando la iglesia. No tienen salida.

Era Ramiro. Su voz ya no fingía amabilidad. Sonaba frío, seguro de sí mismo, como si ya hubiera ganado.

Eliana miró a Marcos. No había pánico en sus ojos, sino determinación.

—No le entreguemos esto —dijo él en voz baja—. Si se lo llevan, destruyen todo y tu padre pierde para siempre.

—No se lo daremos —respondió ella, tomando una decisión en un segundo—. Toma los documentos. Escóndelos bien. Hay una ventana pequeña en lo alto de esa pared, cerca del techo. Es estrecha, pero puedes caber tú. Sal por ahí, corre, llévalo al fiscal. Yo los entretengo aquí abajo.

—No te dejo sola —objetó él de inmediato—. No lo haré. Si entran y te encuentran sola…

—No me harán daño todavía. Necesitan que firme papeles. Saben que si me lastiman, nadie les entrega nada legalmente. Pero si tú te quedas, nos atrapan a los dos y perdemos todo. Vete. Es una orden. Por mi padre. Por Chloe. Por todos nosotros. Corre.

Marcos dudó un instante, luego asintió con la mandíbula apretada. Guardó los documentos bajo su chaqueta y comenzó a trepar con cuidado por los estantes altos. Eliana se giró hacia la puerta y alzó la voz para que Ramiro la escuchara:

—¿Crees que encerrándonos aquí desaparece la verdad? Olivares no fue el único que confió en nosotros. Si nos haces algo, otros sabrán lo que hiciste. La red que construiste no es tan invisible como crees.

—Que hablen —respondió él desde afuera—. Sin pruebas, solo son palabras de una hija desesperada. Entregaré las escrituras falsificadas al tribunal, tu padre será condenado por fraude, y yo compraré todas sus propiedades por una fracción de su valor. Nadie podrá detenerme. Nadie se interpone en mi camino y sale ileso. Ni tu padre, ni el notario, ni tú.

En ese momento, Eliana sintió que Marcos lograba salir por la ventana. Estaba a salvo. Ahora solo necesitaba ganar tiempo. Tocó el anillo en su dedo, tres veces, suavemente. La señal de que estaba en peligro y los necesitaba.

—Te equivocas en algo, Ramiro —dijo, manteniéndolo hablando—. No tienes el control. Solo estás alquilando algo que nunca te perteneció. Y cuando el dueño verdadero regrese, tendrás que devolverlo todo con intereses. Incluso lo que creíste haber ganado.

De pronto, escucharon sirenas a lo lejos. Cada vez más cerca. Ramiro gritó algo que no se entendió bien, y luego pasos apresurados alejándose. Eliana se dejó caer contra la pared, soltando el aire que había estado conteniendo. No sabía si Marcos había logrado llegar a tiempo o si alguien más había llamado a la policía. Solo sabía que por ahora, estaban a salvo.

Minutos después, la puerta se abrió. No fue Ramiro. Era Leonardo, con el fiscal y dos agentes más detrás de él. Marcos les había esperado cerca de la entrada del pueblo y los había guiado discretamente hasta allí. Cuando salió al exterior, el sol ya estaba saliendo. Vio los autos de Ramiro y Valeria desapareciendo a lo lejos, perseguidos por dos patrullas. No los atraparon ese día, pero no importaba. Lo importante estaba a salvo en la mano del fiscal.

—Tienen pruebas suficientes —dijo el fiscal con voz firme—. Las firmas originales demuestran que las que aparecen en los cargos son falsificaciones evidentes. Ordenaré la liberación inmediata de su padre. Y emitiremos órdenes de búsqueda y captura contra Valeria y Ramiro del Valle. No podrán huir para siempre. Cada paso que den los acercará más a la justicia.

Eliana asintió, con lágrimas en los ojos que esta vez eran de alivio. No había terminado. Todavía quedaba el juicio, todavía quedaba reconstruir todo lo dañado. Pero la verdad estaba a salvo. Y eso era lo que importaba.

Mientras regresaba a casa, pensó en su padre, en el notario escondido en algún lugar seguro, en Doña Carmen, en Doña Inés, en los tres primos que nunca la abandonaron. No había ganado sola. Habían ganado todos juntos. Y en ese momento entendió lo que significaba realmente ser parte del clan Casillas: no era mandar. Era cuidarse unos a otros, incluso cuando las sombras se cerraban a tu alrededor.

Al llegar a casa, Chloe corrió hacia ella y la abrazó con fuerza.

—Sabía que volverías, mami. Siempre vuelves.

Eliana la alzó en sus brazos y miró hacia el horizonte, donde el sol brillaba con fuerza sobre toda la ciudad.

—Siempre, mi amor. Siempre volveré a ti. Y nadie, nadie en el mundo, nos va a separar. Lo prometo.

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Ivyta🇦🇷💙💛💙
amo tus novelas! te falta uno de amor entre mujeres 🙏🏾 porfis! ❤️
Ivyta🇦🇷💙💛💙: la que se te ocurra! tenés una escritura que me atrapa y varias veces me he ido a dormir tarde🤣
total 2 replies
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