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Bésame Bonito

Bésame Bonito

Status: En proceso
Genre:Yaoi / Mafia / Romance
Popularitas:937
Nilai: 5
nombre de autor: Irwin Saudade

June escapa del prostíbulo al que fue vendido por tener rasgos femeninos, decidido a recuperar su libertad. En su camino conoce a Ángel, un hombre rico con el corazón hecho pedazos. Dos almas heridas, dos mundos distintos y un mismo anhelo: encontrar el amor. Juntos deberán enfrentarse a las sombras de su pasado y descubrir si, incluso después de tanto dolor, es posible volver a amar sin miedo.

NovelToon tiene autorización de Irwin Saudade para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

15

Después de cenar y beber un poco, volvimos a la habitación. Ya eran las once treinta de la noche y mis ganas de dormir eran fuertes. Ángel me acompañaba, la noche estaba tranquila. Caminábamos hacia la recepción, empezamos a subir las escaleras y justo cuando íbamos para nuestra habitación, una de las otras puertas del pasillo se abrió.

Un hombre salió de ahí y se nos quedó mirando unos segundos. La intensidad de su mirada me hizo empezar a recordar.

—Hola Ángel, hace tiempo que no nos veíamos —le dijo él.

Nos detuvimos frente al hombre. Parecía ser un tipo serio.

—Germán, ¿cómo te trata la vida?

—Muy bien. Ya sabes, ahorita el negocio de los jitomates está en su pleno apogeo.

Germán dirigió su mirada hacía mí. Parecía ser un tipo arrogante. Alzó su mano izquierda para rascarse y en ese instante, justo ahí, lo vi de nuevo. Un anillo de oro que significa la señal de estar casado, de pertenecer a alguien.

¡Era él!

—¡¿Conseguiste novia?! Me alegro por ti.

Ángel se quedó callado unos segundos. Parecía incómodo. ¿Qué respondería? La tenue luz del pasillo me hizo recordar el prostíbulo.

—Somos amigos —le dije.

Parecía interesado en mi respuesta. Su mirada no se apartaba de mí. ¿Me reconoció? ¿Sabría que era yo?

—Ángel no suele tener amigos. Mucho menos amigas —dijo él.

Su sonrisa era desesperante.

—No cualquiera puede ser su amigo. Quizá por eso es que él nunca me había hablado de ti.

La sonrisa desapareció de su rostro. Mi respuesta fue directa. Era verdad que Ángel y él no eran amigos. Lo supe por la forma y el tono en que habían hablado. Ángel no pudo esconder la sonrisa al escuchar mi respuesta. Las cosas del pasado tampoco podían hacerme esconder lo que yo sabía.

Entonces la puerta detrás de Germán se abrió rápidamente y una mujer salió de la habitación. ¡Era su esposa! No había duda de ello.

—¡Hola! Buenas noches Ángel —saludó ella.

Germán no me despegaba la mirada, seguro que me reconocía. ¿Y qué? ¿Qué podía hacer yo? ¿Ocultarme? ¡No había opción!

—Hola, Samanta. Un gusto verte —le saludo Ángel.

Ella sonrió intercambiaron saludo de mejilla. Parecía una buena persona. ¡Su esposo no!

—Igualmente. Tenía tiempo sin verte —el temperamento de ella era muy agradable—. Por cierto, ¿ya cenaron?

Ella nos miró a ambos. Sonreí.

—Acabamos de cenar. ¡Muy buenas las hamburguesas! —Dije.

Germán pasó su brazo por la espalda de su esposa. Dejo su mano en la cintura de ella. Me sentí culpable de pronto.

—Yo me muero de hambre, hace quince minutos que llegamos y la verdad es que no hicimos ninguna parada. ¡Fue un viaje largo! —Ella se recargo levemente en su esposo, parecía exhausta

—Oh, pues no los detenemos más. Vayan a cenar. Nos saludamos mañana —dijo Ángel.

Acto seguido, desaparecieron y nosotros entramos a la habitación. Ángel cerró la puerta y se recargo en ella. Parecía que él tenía un mar de emociones dentro de su alma. Apretó levemente los puños. Caminó hacia el balcón.

—¿Te encuentras bien? —Le pregunté acercándome hacía él.

No respondió al instante. Tenía la mirada puesta hacía el mar.

—Sí. Es solo qué... ¡no sé! No tolero a Germán...

Alzó la vista hacia mí. Sus ojos eran bonitos, miel, café, brillantes, muy tiernos a la luz de las farolas y la luna. Me recargué contra el barandal, a su lado. Nuestros brazos se rozaban y no me sentía incómoda.

—...resulta ser que Germán es el hermano mayor de Daniela. Fuimos amigos en el pasado, nos llevábamos muy bien. ¡Nos conocemos desde que éramos niños! Él era alguien muy importante para mí, así como también su hermana. ¿Cómo te sentirías si tu mejor amigo te clavara un cuchillo en la espalda? Sí. Germán me acuchilló con el filo de la traición. Él sabía perfectamente que su hermana me era infiel y que por más de un año me había estado viendo la cara. Cuando Daniela me dejó, la verdad es que me sentía muy mal, no tenía ganas de nada. Fui a ver a Germán para desahogarme y platicar sobre la situación, necesitaba el apoyo de mi amigo, pero él ya no era aquella persona en la que yo confiaba. Me dijo que esas cosas me habían pasado porque no era suficiente hombre para su hermana y que al final, si quería que ella me aceptará, yo debía actuar como si ella nunca me hubiese engañado. ¡Qué tiempos!

Puse mi mano sobre su hombro.

—¡Lo lamento!

—Descuida. Ya pasaron dos años.

Me sentí agradecida con Ángel por el simple hecho de contarme sus pesares. ¡Confiaba en mí! Hubo un poco de silencio entre nosotros. Él necesitaba escuchar que no era la única persona rota. Era mi turno.

Después de todo, yo también tenía algo que contarle.

—¡Yo tampoco tolero a Germán!

Su mirada cambio a un gesto de curiosidad y asombro.

—¿Por qué? ¿Ya lo habías visto antes?

Me mordí los labios. Lancé un suspiro. Por alguna razón me sentía culpable de lo que había pasado. ¡Necesitaba ser sincera con él! Me anime a hablar.

—Hace cómo tres meses unos hombres organizaron una despedida de solteros en el prostíbulo. Nosotras estábamos informadas, no era la primera vez que pasaba algo así y no fue la última. Cada una de nosotras tomó su posición. A mí me tocó estar en la barra sirviendo el alcohol. Resultaba ser que, a la chica encargada de la barra, esa noche no tenía que acostarse con algún hombre porque se supone que ella no estaba en la exhibición de prostitutas. Bueno pues él se acercó a mí por un trago. Se sentó en un banco, estaba fumando, me pidió un poco de tequila y le llene su vaso. Quiso empezar a platicar conmigo, yo debía ser cordial con él porque, después de todo ese era mi trabajo y para eso es que yo estaba allí. Después de unos minutos, él me pidió más bebida. Tomé su vaso y rápidamente con su mano derecha me tomó de la mano. «¡Necesito que me des placer!» Dijo él. Mi custodio me hizo una seña de consentimiento, él se haría cargo de la barra y yo tendría que cumplir con esa porquería...

Ángel me estaba escuchando. Teníamos apagada la luz del balcón y de la habitación. El aire nocturno era agradable.

—... así que lo lleve a mi cabina. Comenzó a besarme y acariciarme. Yo estaba tan acostumbrada a ese tipo de trató, que ni siquiera me costó trabajo cumplir con lo que él me había pedido. Le quite la camisa, me desnude frente a él, le puse un preservativo y entonces paso. Pasó esa sensación fugaz que se experimenta en el sexo. De cuatro, de pie, acostado, cabalgando y gimiendo, su mano izquierda subió a mis pechos. ¡Él necesitaba saciar su deseo egoísta! Su mano se detuvo sobre la corona de mi seno y ahí fue cuando una sensación fría me hizo sentir escalofríos. Su anillo. Un anillo. El anillo de su matrimonio estaba ahí y yo nunca había estado con un hombre casado. ¿Cómo crees que me sentí en ese momento? Sí, era verdad que yo era prostituta y conocía perfectamente el riesgo de dañar a las personas. ¡Nunca imaginé que un hombre pudiera dañar a sus seres más queridos, estando conmigo! Al final cuando salió de mí, me dijo su nombre. Yo le dije un nombre falso, mi mente estaba inestable. Comencé a pensar en todos los escenarios posibles: en su familia, en su esposa y en su vida. ¿Por qué un hombre casado sería capaz de traicionar a su esposa? ¿Por qué conmigo? ¡Pobre de su esposa! Pensé en ese momento y la verdad es que me costó mucho trabajo aclarar mis emociones en los siguientes días. Ahora que ha pasado el tiempo, veo que él es cruel. Ella parece ser una mujer muy buena y agradable. ¡Me siento avergonzada! ¿Cómo puede ese hombre aparecer aquí, nuevamente en mi vida? ¿Cómo se supone que debo sentirme ahora? Después de todo, parece que el engaño está por la sangre de ese hombre y su hermana.

Sacar mis pesares ante Ángel me hizo sentir un poco más desahogada. Apreté mis manos sobre el fierro del barandal. ¡Estábamos rotos de muchas formas!

—¡No es nuestra culpa! Nosotros no somos responsables por lo que nos hicieron —dijo él.

Nuestra vista estaba puesta en las estrellas, que bonitas se veían desde aquí abajo. Pensé en las palabras de Ángel y era cierto. Nosotros no habíamos pedido dañar o que nos dañaran, solo se dio por culpa de unos simples deseos egoístas.

—Tienes razón. Quizá y si estamos rotos y dolemos a veces, pero no lo pedimos. ¡No es nuestra culpa que la gente sea ingrata!

Asintió.

—¡Gracias por confiar en mí! —Dijo y eso me sorprendió de forma positiva. Sonreí.

—Pues somos amigos y la verdad es que tú no eres malo conmigo. ¡Te quiero!

Sonrió y parecía más animado que antes. Se me ocurrió algo chistoso para terminar de desahogarnos.

—Espérame aquí, no tardo —le dije.

Entré a la habitación y fui por mi celular. Abrí la playlist, conecte los AirPods y busque la canción. Volví al balcón, le di un audífono a Ángel y él se lo puso en el oído derecho. Me miraba con atención.

1
Tere Jimenez
gracias increíble tu novela felicidades
Tere Jimenez
que hermoso capitulo
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