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La Esposa Del Ceo Ciego

La Esposa Del Ceo Ciego

Status: Terminada
Genre:Enfermizo / Amor-odio / Romance / Completas
Popularitas:58.8k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Lobelia

Francisco Valois, un magnate que perdió la vista y su imperio tras un atentado, acepta un matrimonio de conveniencia con Andrea, quien promete ser sus ojos y devolverle el poder. Mientras Francisco la desprecia creyéndola una oportunista, Andrea oculta una verdad devastadora: padece una enfermedad terminal y ha planeado su muerte para donarle sus córneas y asegurar el futuro del hombre que ama en secreto.

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capitulo 03

​La mansión Valdivia no recibió a Andrea con calidez, sino con el silencio sepulcral de un mausoleo de lujo. El aire dentro de la propiedad se sentía denso, cargado de un aroma a cera de muebles, cuero viejo y ese frío aséptico que emana del mármol pulido. Para Andrea, cruzar el umbral no fue el inicio de una vida de privilegios, sino la entrada voluntaria a una jaula donde el carcelero era un hombre roto que usaba su ceguera como un arma.

​Francisco no la esperaba en la puerta. Estaba sentado en el gran salón, una estancia de techos altísimos que amplificaba cada sonido, convirtiendo el roce de la maleta de Andrea contra el suelo en un estruendo invasivo.

​—Llegas tres minutos tarde —dijo Francisco. Su voz, profunda y desprovista de emoción, cortó el aire. Estaba sentado en un sillón orejero de terciopelo azul noche, con la espalda tan recta que parecía parte de la estructura del mueble. Sus ojos, aunque fijos en un punto muerto frente a él, parecían escrutar el alma de Andrea—. Supongo que ya estás calculando cuánto valen las molduras de oro del techo para tu comisión de salida.

​Andrea apretó el asa de su maleta hasta que los nudillos le blanquearon. El desprecio en las palabras de él dolió más de lo que esperaba, pero se obligó a mantener la voz firme. No podía permitirse flaquear; Marina, la mujer que lo amaba en secreto, sabía que este Francisco era un reflejo del dolor, no el hombre real.

​—He venido a trabajar, señor Valdivia. No a tasar su casa —respondió ella con una calma que pareció irritarlo.

​Francisco esbozó una sonrisa torcida, una mueca cargada de cinismo.

—Trabajar. Qué palabra tan noble para alguien que ha vendido su libertad por un contrato matrimonial. Vamos a ver cuánto dura esa nobleza cuando la realidad de mi ceguera deje de ser una tragedia romántica y se convierta en tu pesadilla diaria.

​Francisco se puso de pie. A pesar de su ceguera, se movía por el salón con una precisión inquietante, producto de haber memorizado cada centímetro de su encierro. Se acercó a una mesa lateral donde descansaba una jarra de cristal veneciano llena de agua y dos vasos tallados.

​Con un movimiento que pareció accidental, pero que Andrea supo perfectamente calculado, Francisco extendió la mano con excesiva fuerza. Su brazo barrió la mesa. El sonido del cristal estallando contra el mármol fue como un disparo en la habitación. El agua se desparramó, creando un charco brillante sembrado de esquirlas afiladas que salpicaron hasta los pies de Andrea.

​—Vaya —dijo él, sin rastro de arrepentimiento—. Mi torpeza es tan... inoportuna. Como no puedo ver dónde cayeron los trozos, supongo que tu primera tarea "humanizada" será recogerlos. Ahora mismo.

​Andrea miró el desastre. Sabía que había personal de limpieza en la casa, pero Francisco había dejado claro que esto era algo personal. Ella se arrodilló, sintiendo el frío del mármol penetrar en sus rodillas.

​—¿A qué esperas? —presionó él, permaneciendo de pie a escasos centímetros del charco—. ¿O es que las manos de una futura señora Valdivia son demasiado delicadas para recoger los restos de mi inutilidad?

​Andrea comenzó a recoger los cristales. No buscó una escoba; sabía que él quería verla rebajarse, quería oír el roce de sus manos contra el suelo. Con cuidado, fue juntando los pedazos más grandes. El silencio era tan absoluto que podía oír la respiración pesada de Francisco sobre ella. Él estaba disfrutando de su poder, saboreando la idea de que una mujer "cazafortunas" estuviera de rodillas a sus pies por unos cuantos diamantes en el futuro.

​De repente, Francisco dio un paso adelante, sus zapatos de cuero italiano rozando peligrosamente los dedos de Andrea.

—¿Ya terminaste? No oigo nada. ¿Te has quedado petrificada por la humillación o estás guardándote algún trozo para cortarme el cuello mientras duermo?

​—Estoy recogiendo el cristal, Francisco —dijo ella, usando su nombre de pila por primera vez, lo que le valió una contracción en la mandíbula de él—. No hay necesidad de ser cruel.

​—La crueldad es lo único que me queda para distinguir a los hipócritas de la gente real —escupió él—. ¡Recoge más rápido!

​En su prisa por complacerlo y evitar que él pisara los cristales y se lastimara, un borde afilado le tajó la yema del dedo índice. Andrea soltó un jadeo ahogado. Una gota de sangre roja y brillante cayó sobre el mármol blanco, mezclándose con el agua.

​Francisco se tensó. Sus oídos, agudizados por la falta de visión, captaron el cambio en la respiración de ella y el sutil sonido del impacto de la gota de sangre.

—¿Te cortaste? —preguntó. Hubo un milisegundo de algo parecido a la preocupación en su tono, pero lo aplastó de inmediato con una carcajada seca—. Qué lástima. Supongo que el precio de mi fortuna incluye algunas cicatrices. No esperes que te pida perdón. Tú firmaste el contrato.

​Andrea se mordió el labio para no llorar. No era el dolor del dedo lo que le quemaba, sino la herida en el corazón al ver en qué se había convertido el hombre que ella admiraba. Se limpió la sangre en el delantal y continuó, recogiendo hasta la esquirla más pequeña para asegurarse de que él no corriera peligro.

​—He terminado —dijo finalmente, poniéndose de pie con las rodillas marcadas por la dureza del suelo.

​—Bien. Ahora, llévame a mi despacho —ordenó él, extendiendo el brazo, pero no para que ella lo sostuviera, sino como si fuera un guía que debe ser dirigido—. Y no intentes guiarme por el camino largo para que vea tus poses. Recuerda que no veo, Andrea. Tu belleza, si es que tienes alguna, es desperdicio conmigo. Aquí solo importan los resultados y tu capacidad para aguantar mi temperamento.

​Caminaron por los pasillos interminables. Andrea lo guiaba dándole indicaciones verbales, tal como él prefería para mantener su autonomía. "Tres pasos, giro a la izquierda, puerta a la derecha". Francisco caminaba con una soberbia que ocultaba su vulnerabilidad, pero Andrea notaba cómo sus hombros se tensaban cada vez que sus dedos rozaban una pared para orientarse.

​Al llegar al despacho, Francisco se sentó tras su imponente escritorio de caoba.

—Mañana empezaremos con la revisión de mi agenda. No quiero errores. Si no puedes manejar una jarra de agua, dudo que puedas manejar mi vida. Vete a tu habitación. Es la que está al fondo del pasillo, la más alejada de la mía. No quiero oír tus pasos por la noche buscando mi caja fuerte.

​Andrea se detuvo en el umbral. Miró a ese hombre envuelto en sombras, solo en su inmensa riqueza, usando el odio como un escudo para que nadie viera cuánto miedo tenía de ser amado por interés.

​—Buenas noches, Francisco —dijo ella suavemente.

​—El día que sea una buena noche para mí, Andrea, será el día en que pueda ver el amanecer sin sentir que es una burla —respondió él, dándole la espalda.

​Andrea salió del despacho, cerrando la puerta tras de sí. Al llegar a su habitación, se sentó en la cama y miró su dedo vendado. La mansión era, en efecto, una jaula de mármol. Francisco estaba decidido a quebrarla, a humillarla hasta que ella renunciara y confirmara sus peores sospechas sobre el género humano. Lo que él no sabía era que Andrea no estaba allí por el mármol, ni por el oro, ni por el apellido. Estaba allí por el hombre que rugía en la oscuridad, y ninguna cantidad de cristales rotos la haría retroceder. La batalla por su alma apenas comenzaba.

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Haidee Uray
Francusco no es mas idiota pirque no es mas grande. Andrea no planeo su muerte desde que nacio ya traia esa sentencia con ella, no iva a morir pir el, le regalaría sus corneas para devolverle la vista por el amor que le tiene
Haidee Uray
Como pudo verla bajando las escalera? escrirora debes cuidar esos pequeños detalles que chocan e interrumpen la lectura
kely johana gonzalez gaitan
somos dos las q no entendemos 🤣
Carla Carvajal
a esta historia le falta coherencia en muchas partes, cuando fueron a la gala dice, él la vio bajar con el vestido y siendo un empresario de renombre, no tiene asistente de confianza, un amigo, un abogado, no tiene servidumbre en esa casa, un mayor domo, no sé, nadie en la vida está tan solo, más si es un empresario importante
Carla Carvajal
mmm le daré una oportunidad a esta novela, aunque ya hay cosas contradictorias
Carla Carvajal
se llama, Andrea o marina???, o marina es otra
Gloria Grijalba
exelente
Susana Macedo
Excelente, excelente trabajo autora, me llore todo ,muy buena trama, muy atrapante de principio a fin felicitaciones autora vamos x mas 👏👏👏
ocalani
tanto dinero y poder y no tiene gente investigando cuidándolo se le acercan así como así y en el hospital están igual cualquiera llega a alterar a los pacientes
ocalani
no se supone que Francisco ya sabía el mismo ellas se lo dijo días antes
Mirta Bernaccki
no entiendo bien el sabe del transplante de córnea sabiendo q Andrea va a morir. no entiendo nada
Mirta Bernaccki
espero que Andrea no muera. tiene q vivir. q encuentren un corazón ❤️ para ella
MARTITA
MUCHAS GRACIAS POR TANTAS EMOCIONES, POR UNA EXCELENTE ESCRITURA Y POR SOBRE TODO Y LO MÁS IMPORTANTE SIN BASURA PORNOGRÁFICA.
HERMOSA HISTORIA PLAGADA DE DOLOR, SUFRIMIENTO Y AMOR PURO, SANO Y LIMPIO. GRACIAS. GRACIAS. GRACIAS
MARTITA
FRANCISCO ESTÁ TORTURADO POR LO QUE CASI FUE.
NO SE DA CUENTA QUE AMBOS DEBEN AGRADECER LO QUE RECIBIERON.
MARTITA
ES INDECIBLE QUE UNA NOVELA ME DE TANTA ANGUSTIA!😭
SALVADA POR LA CAMPANA! JAMÁS HE LARGADO UNA LÁGRIMA, PERO ESTUVE A PUNTO.
ESCRITORA! NO TIENES DERECHO DE CAUSARNOS TANTO DOLOR
Veronica Flores: excelente giro me encanta muchas felicidades
total 1 replies
MARTITA
FRANCISCO SABÍA HACE RATO! ¿CÓMO NO TUVO TIEMPO DE CONSEGUIRLE UN CORAZÓN YA QUE TANTO LA AMABA?❓️❓️❓️❓️
MARTITA
FRANCISCO YA SABÍA! PENSÉ QUE IBA A HACER ALGO PARA CONSEGUIRLE UN CORAZÓN A ANDREA!
ESTO ES UN ERROR DE QUIEN ESCRIBE🤬
MARTITA
NOOOO! NO PUEDO CREER QUE LAS COSAS SEAN ASÍ. ELLA DEBE VIVIR. ALGUIEN TAN NOBLE NO PUEDE MORIR TAN PRONTO😭😭😭😭😭
MARTITA
NO PUEDO CREER QUE FRANCISCO NO ENCONTRARA UN CORAZÓN A TIEMPO. CUÁNTA ANGUSTIA!
MARTITA
GRACIAS ELIAS! CON ÉSTA REALIDAD FRANCISCO PUEDE REVERTIR CUALQUIER PRONÓSTICO DE SACRIFICIO LETAL.
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