Después de leer una novela donde la protagonista sufre injusticias.. Reencarna en Sarah.. Pero ella decide cambiar su destino y corregir sus errores.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Sienna 2
Desde aquel día...
Sienna dejó de limitarse a pequeñas trampas.
Ahora tenía un nuevo objetivo.
Demostrar que Sarah había cambiado.
Que detrás de aquella sonrisa educada se escondía alguien completamente diferente.
[Tiene que estar fingiendo...]
Cada vez que observaba a Sarah conversar con sus profesores...
[No puede ser tan perfecta.]
Cuando la veía ayudando al duque a revisar unos mapas...
[En algún momento se equivocará.]
Cuando escuchaba a la duquesa felicitarla...
[Voy a desenmascararte.]
Pero intentar descubrir una mentira era difícil...
Cuando la otra persona, en realidad, no estaba mintiendo.
Sarah verdaderamente estudiaba.
Verdaderamente se esforzaba.
Verdaderamente dedicaba horas a aprender.
La única diferencia...
Era que ahora ya no permitía que nadie pasara por encima de ella.
Una tarde, mientras el duque revisaba unos informes en su despacho, Sienna llegó casi sin aliento.
—¡Tío!
El hombre levantó la vista.
—¿Qué sucede?
—Creo... creo que Sarah solo está fingiendo ser buena conmigo.
El duque dejó lentamente la pluma sobre el escritorio.
—¿Por qué piensas eso?
Sienna dudó unos segundos.
Porque, en realidad...
No tenía ninguna prueba.
Solo tenía esa sensación.
—Es que... Ella... Ella...
No encontró ninguna respuesta convincente.
El duque esperó pacientemente.
Finalmente, Sienna bajó la cabeza.
—Simplemente... siento que ya no es la misma.
El hombre permaneció unos segundos en silencio.
Después habló con una serenidad que resultó mucho más dura que un grito.
—Sienna.
La joven levantó la vista.
—Creo que estás dejando que la envidia controle tu corazón.
Aquellas palabras cayeron como una piedra.
—¿E-envidia...?
—Sí.
El duque suspiró.
—Cada vez que Sarah recibe un elogio... Tú encuentras un motivo para criticarla. Cada vez que aprende algo nuevo... Buscas desacreditarla. Y cada vez que algo sale bien... Intentas convencer a los demás de que hay una mala intención detrás.
Negó lentamente con la cabeza.
—Eso no es justo.
Sienna sintió un nudo en la garganta.
Por primera vez...
No pudo responder.
La duquesa también había comenzado a preocuparse.
Aquella noche habló con su esposo.
—¿Te has dado cuenta?
El duque asintió.
—Sí.
La mujer suspiró.
—Siempre mira a Sarah de una forma...
Buscó las palabras adecuadas.
—Como si cada logro de nuestra hija fuera una ofensa personal.
El duque cerró el libro que estaba leyendo.
—También lo he notado. Y me preocupa.
Al día siguiente decidieron hablar con Sarah.
La encontraron en la biblioteca.
Como siempre.
Rodeada de libros.
El duque sonrió.
—¿Podemos hablar contigo un momento?
Sarah cerró inmediatamente el volumen que estaba leyendo.
—Claro, padre.
Los tres se sentaron cerca de la ventana.
La duquesa tomó suavemente una de las manos de su hija.
—Cariño... Queremos pedirte disculpas.
Sarah parpadeó.
—¿Disculpas?
—Sí.
—No nos dimos cuenta de cuánto estaba afectándote todo esto.
Sarah permaneció en silencio unos segundos.
Después...
Bajó lentamente la cabeza.
Cuando volvió a levantarla...
Sus ojos estaban ligeramente húmedos.
[Hora de dar el último empujón.]
Con una voz pequeña preguntó:
—¿De verdad creen que... todo esto es por mi culpa?
Ambos padres negaron inmediatamente.
—No.
Sarah sonrió con tristeza.
—Entonces...
Hizo una pausa.
—Quizá yo debería dejar de destacar tanto.
La duquesa abrió mucho los ojos.
—¿Qué dices?
Sarah apretó suavemente sus propias manos.
—Tal vez... Si dejo de estudiar tanto... Si ya no recibo felicitaciones... Si intento pasar más desapercibida...
Sonrió con una tristeza tan convincente que incluso ella misma casi se creyó el papel.
—Quizá prima deje de sentirse mal.
El silencio fue absoluto.
El duque fue el primero en reaccionar.
Su expresión se endureció.
—No.
Sarah levantó lentamente la vista.
El hombre habló con una firmeza que rara vez utilizaba.
—Escúchame bien.
Ella permaneció inmóvil.
—Nadie...
Hizo una pequeña pausa.
—Nadie debe apagar su propia luz para que otra persona se sienta cómoda.
Los ojos de Sarah parecieron humedecerse todavía más.
La duquesa acarició su cabello.
—Tu esfuerzo nos llena de orgullo. No porque seas perfecta. Sino porque trabajas cada día para mejorar.
El duque asintió.
—Siempre serás nuestra hija. Nuestra amada hija.
Tomó una de sus manos.
—No permitas jamás que las opiniones de otros te hagan dudar de tu propio valor.
La duquesa sonrió con ternura.
—Cree en ti. Tal como nosotros creemos en ti.
Sarah sintió un nudo en la garganta.
Pero esta vez...
No estaba actuando del todo.
Porque aquellas palabras...
No iban dirigidas únicamente a ella.
[Ojalá...]
Bajó la mirada unos segundos.
[Ojalá la antigua Sarah también hubiera escuchado algo así.]
Recordó a la muchacha de la novela.
La que siempre intentaba hacerse más pequeña.
La que pedía perdón incluso cuando no había hecho nada malo.
La que creía que amar significaba desaparecer poco a poco.
[Dondequiera que estés...]
Sonrió con suavidad.
[Espero que alguien también te haya dicho que nunca debías apagar tu luz por nadie.]
Aquella misma tarde...
Los duques tomaron una decisión.
Llamaron al mayordomo.
—A partir de ahora...
Dijo el duque.
—Sienna realizará tareas en otras áreas de la mansión.
El mayordomo asintió.
—¿Alejadas de Lady Sarah?
—Exactamente.
La duquesa intervino.
—No queremos que ninguna de las dos se sienta incómoda.
Y así...
Los horarios cambiaron.
Sienna comenzó a trabajar principalmente en el invernadero.
Ayudaba a cuidar las flores.
Aprendía sobre las plantas ornamentales.
Otros días colaboraba en la organización de la vajilla para los grandes banquetes.
Clasificaba la porcelana.
Pulía la plata.
Revisaba los manteles.
Nunca recibía tareas pesadas.
Jamás la enviaban a limpiar chimeneas.
Ni a cargar sacos.
Ni a realizar trabajos agotadores.
Los duques seguían tratándola con consideración.
Además...
Su salario era muy superior al de cualquier otra doncella.
El duque había cumplido la petición de Sarah.
—Que no le falte nada para construir su propio futuro.
Había dicho.
Muchas doncellas incluso comentaban entre ellas.
—La señorita Sienna tiene mucha suerte.
—Sí.
—Trabaja menos horas que nosotras.
—Y gana bastante más.
—Los duques son realmente generosos.
Pero...
Para Sienna...
Nada de eso tenía valor.
Mientras acomodaba cuidadosamente un jarrón con rosas blancas...
Miró por la ventana.
Sarah caminaba por el jardín junto al duque.
Ambos conversaban sobre unos documentos.
El hombre escuchaba con atención las opiniones de su hija.
Ella señalaba un mapa.
Sonreía.
Explicaba algo.
Y el duque asentía orgulloso.
Sienna apretó lentamente las tijeras de jardinería.
[No es suficiente.]
Miró luego hacia el gran balcón.
La duquesa esperaba allí a Sarah para tomar el té.
Riendo juntas.
Como madre e hija.
[Tampoco es suficiente.]
Bajó la vista hacia su uniforme de doncella.
Después recordó el enorme dormitorio de Sarah.
Los vestidos.
Los libros.
Los maestros.
El apellido.
La posición.
[No quiero ser una doncella bien pagada.]
Sus ojos comenzaron a endurecerse.
[No quiero flores.]
[No quiero vajillas.]
[No quiero un buen sueldo.]
Levantó lentamente la cabeza.
Su sonrisa volvió a aparecer.
Dulce.
Delicada.
Inofensiva.
Pero sus pensamientos eran completamente distintos.
[Quiero ser la señorita de esta casa.]
[Quiero ocupar el lugar de Sarah.]
[Y cuando lo consiga... todos dirán que siempre fui mejor que ella.]
Toda mi vida y hasta más quisiera
Sabes bien
Que soy tan tuya hasta que un día me muera
Pero ve
Que al engañarme te engañas tú mismo
Por tu altivez
Por esas cosas que tú haces conmigo
🎶🎶🎶