¿Y si el mayor fracaso de tu vida fuera, en realidad, el comienzo de tu historia de amor?
Valeria creyó que reprobar una materia era el fin de su camino. Mientras veía a sus compañeros avanzar, ella tuvo que regresar a un salón que jamás imaginó volver a pisar.
Gabriel, un estudiante que apenas iniciaba su primer semestre de medicina, llegó con la ilusión de cumplir el sueño de convertirse en médico. Lo que no esperaba era encontrar a una joven de mirada melancólica que, sin proponérselo, cambiaría su vida para siempre.
Entre clases interminables, noches de estudio, guardias, cafés compartidos y el peso de una carrera que exige el corazón tanto como la mente, nacerá un amor capaz de demostrar que el destino nunca se equivoca.
Porque hay encuentros que no ocurren por casualidad.
Hay personas que llegan justo cuando creemos haberlo perdido todo.
Y, a veces, la materia que más duele repetir... es la misma que termina enseñándote la lección más importante de tu vida.
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A un paso del sueño
Capítulo 20
A un paso del sueño
El congreso nacional de medicina estaba cada vez más cerca.
La facultad había seleccionado a los estudiantes que la representarían y, desde ese momento, los entrenamientos se volvieron mucho más exigentes.
Las tardes en la cafetería se transformaron en largas jornadas de estudio en la biblioteca. Las risas seguían presentes, pero ahora se mezclaban con montañas de libros, apuntes y simulaciones clínicas.
Una tarde, mientras todos repasaban casos médicos, Daniel cerró de golpe un libro.
—Tengo una teoría.
Lucía levantó la vista.
—¿Cuál?
—Los profesores disfrutan viéndonos sufrir.
Camila soltó una carcajada.
—Estoy empezando a creerlo.
Mariana suspiró.
—Hace dos noches que no duermo bien.
Sofía levantó su taza de café.
—Por eso existe esto.
Gabriel sonrió mientras observaba a sus amigos.
A pesar del cansancio, ninguno había perdido el entusiasmo.
Valeria seguía concentrada leyendo un caso clínico.
Él la miró con admiración.
—¿Qué tanto lees?
Ella levantó la vista.
—Quiero dar lo mejor de mí.
No solo por mí...
También por todos los que creen en nosotros.
Gabriel tomó asiento a su lado.
—Ya estás dando lo mejor.
No olvides descansar.
Ella sonrió.
—Lo haré... después del congreso.
—Eso dijiste hace tres días.
Los dos comenzaron a reír.
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Al terminar la jornada, el profesor encargado del grupo pidió que permanecieran unos minutos más.
Todos guardaron silencio.
—Quiero decirles algo.
Los he visto esforzarse como pocas veces sucede.
Ganen o no el congreso...
Ya representan con orgullo a esta facultad.
Las palabras emocionaron a todos.
Daniel fue el primero en aplaudir.
—Gracias, profesor.
El docente sonrió.
—Ahora váyanse a descansar.
Lo necesitan.
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El grupo decidió caminar hasta la cafetería antes de regresar a casa.
Mientras esperaban sus pedidos, Daniel volvió con una de sus ocurrencias.
—Vamos a hacer un trato.
Lucía cruzó los brazos.
—Ya me da miedo.
—Cuando todos nos graduemos...
Tenemos que volver a este mismo lugar.
Con nuestras batas.
Y tomarnos otra foto.
Camila sonrió.
—Me gusta esa idea.
Mariana levantó su vaso.
—Prometido.
Todos chocaron sus vasos de papel.
Incluso Gabriel y Valeria.
—Prometido —dijeron al mismo tiempo.
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Al salir de la universidad, comenzó a caer una lluvia ligera.
Gabriel abrió su paraguas.
—Ven.
Valeria se acercó hasta quedar bajo el mismo paraguas.
Caminaron lentamente por la avenida que rodeaba la facultad.
El sonido de la lluvia hacía que todo pareciera más tranquilo.
—¿En qué piensas? —preguntó Gabriel.
Valeria tardó unos segundos en responder.
—En que hace unos meses tenía miedo de volver a este salón.
Hoy tengo miedo de que el tiempo pase demasiado rápido.
Él la miró con ternura.
—¿Por qué?
—Porque cada día contigo se siente demasiado corto.
Gabriel sonrió.
—Entonces tendremos que llenar los próximos años de muchos días juntos.
Ella soltó una pequeña risa.
—Eso suena bonito.
—Porque lo imagino contigo.
Se detuvieron frente al parque donde habían compartido tantos momentos.
Las gotas de lluvia caían sobre los árboles y el lugar estaba completamente vacío.
Gabriel tomó ambas manos de Valeria.
—Quiero decirte algo.
Ella levantó la vista.
—Dime.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Porque desde que llegaste a mi vida aprendí que el amor no consiste en encontrar a alguien perfecto.
Consiste en encontrar a alguien que haga que quieras convertirte en una mejor versión de ti mismo.
Valeria sintió un nudo en la garganta.
—Tú también cambiaste mi vida.
Me enseñaste que un fracaso no define a una persona.
Que siempre existe una segunda oportunidad.
Y que el amor puede aparecer en el momento menos esperado.
Gabriel sonrió.
La abrazó con fuerza.
Ella cerró los ojos, disfrutando de aquel instante.
No había prisa.
No había miedo.
Solo el sonido de la lluvia y el latido de dos corazones que, poco a poco, habían aprendido a caminar al mismo ritmo.
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Cuando regresaron al campus para recoger unas carpetas olvidadas, encontraron a Daniel, Lucía, Camila, Sofía y Mariana esperándolos en la entrada.
Daniel levantó una ceja.
—¿Otra vez desaparecieron?
Gabriel rió.
—Solo fuimos a caminar.
—Claro...
A caminar.
Lucía comenzó a reír.
—Déjalos.
Si algo aprendimos este semestre es que esos dos siempre encuentran tiempo para estar juntos.
Camila abrazó a Valeria.
—Y eso no tiene nada de malo.
Mariana observó al grupo completo.
—¿Se dan cuenta?
Hace unos meses ni siquiera nos conocíamos.
Ahora parece que llevamos toda la vida siendo amigos.
Todos guardaron silencio por un momento.
Era verdad.
La facultad les había regalado algo mucho más valioso que las clases.
Les había regalado una familia.
Mientras el reloj marcaba el final de otro día, Gabriel miró a Valeria y sonrió.
Sabía que aún quedaban muchos desafíos por delante.
El congreso.
Los siguientes semestres.
Las guardias.
Las noches sin dormir.
Pero también sabía que, mientras ella siguiera caminando a su lado, cualquier obstáculo parecería un poco más pequeño.
Y sin imaginarlo, aquella noche fue la última en la que todo pareció estar en calma.
Porque el destino, silencioso e impredecible, ya estaba preparando una prueba que pondría en juego no solo sus sueños como futuros médicos, sino también el amor que con tanto esfuerzo habían construido.