Después de perder a sus padres, Izack Vega cree que lo peor ya pasó… hasta que comienza a vivir bajo el mismo techo que su peor pesadilla.
Traicionado por su propia familia, termina en un orfanato donde conocerá a personas rotas como él… que poco a poco se convertirán en su verdadera familia.
Pero el pasado no lo dejará en paz. Secretos, acoso, mentiras y muertes lo rodean…
Y cuando la verdad salga a la luz, Izack tendrá que decidir:
¿seguir huyendo… o enfrentarse a la oscuridad?
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CAPÍTULO 6: EL OÍDO QUE ESTÁ EN TODAS PARTES
—Ya sé por qué nunca encontramos nada claro antes —dijo Tomás señalando la pantalla llena de números y líneas rojas, con la voz tan seria que heló la sangre a todos los que estábamos alrededor de la mesa—. El dinero no pasaba directo a nombre de Héctor ni de los Del Valle. Lo movían por capas, por cuentas de terceros… y la última, la que recibe todo y lo distribuye, está a nombre de **ELVIRA ROJAS**. La directora del Orfanato San José.
Un silencio frío y pesado cayó sobre toda la sala. Mateo apretó los puños con fuerza, Lucas maldijo bajo su aliento, Valentina y Camila se miraron aterradas. La mujer que decía cuidarlos, que les daba techo y comida, que fingía ser una madre para todos… estaba en el negocio desde el primer día.
—Eso explica todo —murmuró Tomás pasándose una mano por el cabello—. Porque saben todo lo que hablamos, todo lo que planeamos, cada paso que damos. Porque la que abre puertas, la que tiene llaves de todo, la que está aquí las veinticuatro horas… es ella.
Justo en ese momento se abrió la puerta principal muy suavemente. Entraron dos enfermeras ayudando a caminar a **Benjamín**. Seguía pálido, con moretones todavía en la frente y las manos temblorosas, no hablaba ni una sola palabra desde el ataque, pero en cuanto entró y vio a todos, apartó la mirada rápido hacia el pasillo de las oficinas de la directora, y movió la cabeza muy despacio, una sola vez, diciendo sin voz: *es verdad*.
Izack corrió a abrazarlo con mucho cuidado, y el pequeño se apretó fuerte a su pecho, cerrando los ojos con fuerza. No dijo nada más. Pero ya no hacía falta.
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Al día siguiente en la Academia Santa Lucía, el acoso dejó de ser solo humillaciones para volverse **peligroso de verdad**.
Cuando Izack entregó su examen de matemáticas, el papel estaba en blanco. Alguien había cambiado su hoja por otra vacía mientras él se había alejado un segundo. El profesor lo miró con desprecio y le dijo delante de todos:
—Si no quieres estudiar, al menos no insultes mi inteligencia con estas cosas. Cero. Y amonestación.
Minutos después, cuando fue a su casillero, todo lo que había adentro estaba cortado, roto o manchado con tinta negra: libros, uniforme, la foto pequeña de sus padres que guardaba siempre. Pegado con cinta adhesiva en la puerta decía: **PRÓXIMO CORTAREMOS ALGO MÁS QUE PAPEL**.
En el pasillo, Damián pasaba caminando lento al lado de Fabián y Rodrigo, riendo bajo su aliento, y al cruzarse con Izack le susurró solo para él:
—Tu tío manda saludos. Dice que ya es hora de que dejes de respirar aire que no te corresponde.
Izack sintió que las piernas le flaqueaban. Se apoyó en la pared cerrando los ojos, y de inmediato sintió el calor conocido de un cuerpo que se ponía de lado suyo, un brazo fuerte y protector pasando por detrás de su cintura sin que nadie más lo notara demasiado. Axel.
—Vamos —le dijo muy bajito al oído, arrastrándolo suavemente hasta la biblioteca vacía de nuevo, su lugar seguro—. No les des el gusto de verte caer.
En cuanto la puerta se cerró con seguro, Axel lo empujó con infinita delicadeza contra la estantería de madera, encerrándolo otra vez entre sus brazos, más cerca que nunca. Se quitó el guante con la mano libre y le pasó los dedos por la mejilla, tan suave que parecía miedo a romperlo. Izack subió las manos por instinto y se aferró a la solapa de su camisa, temblando de rabia, miedo y tantas otras cosas que no sabía nombrar.
—Cada día es peor —susurró Izack con los ojos llenos de lágrimas que no quería soltar—. No sé cuánto más podré aguantar. Siento que nos vigilan hasta cuando soñamos.
Axel bajó la frente hasta apoyarla en la suya, sus respiraciones volvieron a mezclarse, calientes y rápidas. Por primera vez le contó un pedazo de su propia oscuridad, en un hilo de voz que solo él podía oír:
—Yo lo sé. Me vigilaron durante años. Mi familia también tiene secretos que matan por guardar. Por eso te entiendo. Por eso… desde el primer día que te vi, supe que eras igual que yo. Dos almas rotas que aprendieron a caminar entre sombras.
Se inclinó poquito a poquito, otra vez a ese borde infinito donde todo se detiene. Sus labios rozaron una, dos, tres veces, casi sin tocarse, solo el roce ligero que les recorría todo el cuerpo de electricidad dulce y dolorosa a la vez. Izack cerró los ojos y se inclinó también, el corazón golpeándole las costillas con fuerza desesperada… y justo en el instante en que iban a unirse por fin de verdad, sonó de golpe el celular de Axel con una alerta fuerte y los hizo saltar separados de golpe, rojos, agitados, como si acaban de despertar de un sueño.
Era una notificación de seguridad de su casa:
> ⚠️ MOVIMIENTO DETECTADO EN LA CAJA FUERTE. ALGUIEN INTENTÓ ABRIRLA.
El diario del chofer. Su única prueba irrefutable. Alguien había intentado robársela mientras estaban fuera.
—Es ella —dijo Axel con los ojos negros de rabia contenida—. La directora. Sabe que la descubrimos. Ahora va con todo.
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Corrieron de regreso al orfanato tan rápido como pudieron. Al entrar todo parecía igual, silencioso y tranquilo, demasiado tranquilo. Revisaron la caja: estaba cerrada, nadie la había logrado abrir todavía, pero tenía marcas nuevas de ganzúas y herramientas por todos lados. Y sobre la mesa de la sala, donde nadie había estado antes de llegar ellos, había un plato con seis galletas y un vaso de leche tibia, con una nota escrita a mano con caligrafía conocida:
> Pobrecitos, deben estar cansados de correr y de mentir. Descansen. Que sepan que **YO SÉ DÓNDE DUERMEN CADA UNO**.
Esa noche nadie quiso dormir. Estaban todos juntos en la misma sala, luces encendidas, puertas y ventanas cerradas con seguro. Pero la desconfianza ya había calado hondo, más profundo que el miedo mismo.
—Si la directora es la que recibe el dinero —dijo Lucas con la voz ronca, mirando a todos uno por uno—, entonces tiene cómplices aquí adentro. Alguien que le abre, alguien que le avisa, alguien que está con nosotros todo el tiempo. Alguien a quien conocemos.
Nadie dijo nada, pero todos pensaron lo mismo. ¿Podría ser alguno de ellos? ¿Mateo que habla a solas con ella casi todos los días? ¿Tomás que siempre está en las oficinas revisando papeles? ¿O incluso el pequeño Benjamín, que calla todo y que nadie sospecharía nunca?
Mientras tanto, muy lejos en la oficina de la mansión, Héctor Salgado fumaba sentado en su sillón oscuro, María de pie a su lado en silencio, y al teléfono en altavoz la voz suave, calmada y dulce de la directora Elvira:
—Ya los tengo asustados, ya desconfían los unos de los otros. Eso es lo mejor: se destruyen solos sin que tengamos que ensuciarnos las manos. Mañana cambio los papeles, les planto droga en las habitaciones y los saco a todos de una vez por todas. Y el diario… mañana cae en mis manos.
Héctor sonrió satisfecho.
—Perfecto. Y cuando estén en la calle, sin nada, sin nadie… ahí terminamos el trabajo de una vez por todas. Como debimos hacer hace años con los padres de ese mocoso.
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De regreso en el orfanato, pasada la medianoche, Izack no podía dormir. Se levantó despacio para ir por un vaso de agua, y al pasar por debajo de la escalera, algo brillante y diminuto llamó su atención pegado debajo del escalón de madera.
Lo agarró entre los dedos con la respiración cortada.
Era un **micrófono inalámbrico diminuto**, nuevo, funcionando con luz roja parpadeando sin parar. Había estado ahí quién sabe cuánto tiempo. Escuchaba TODO.
Y en el mismo instante en que lo sostenía en la palma de la mano temblorosa, sonó su celular una sola vez, mensaje de número desconocido, solo una línea:
> 🎤 AHORA SABES CÓMO OIGO TODO. MAÑANA, TE QUITO HASTA EL ÚLTIMO AIRE.
Izack miró hacia la oscuridad del pasillo, y por un segundo juró ver una sombra alta moverse muy rápido detrás de la puerta de la oficina de la directora, cerrándose de golpe en silencio.
Ya no solo los buscaban. **Ya estaban dentro, escuchando cada latido de su corazón**.
**FIN DEL CAPÍTULO 6**