Una joven reservada y profesional trabaja en la empresa de la familia de su exnovio, soportando humillaciones constantes por no encajar en el ideal de “mujer perfecta”: dulce, sociable y complaciente.
Durante un evento corporativo, salva la vida de un misterioso hombre que ha sido atacado. Sin saber quién es realmente, lo ayuda a escapar y cura sus heridas.
Él desaparece… pero no la olvida.
Cuando finalmente va a buscarla, descubre que ella fue despedida injustamente. Y quienes la destruyeron… están más cerca de lo que cree.
NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 20
Nina
Nunca pensé que comprar un auto pudiera sentirse así.
Ligero.
Tranquilo.
Casi… feliz.
—Buenos días, ¿en qué puedo ayudarles? —dijo el vendedor, acercándose con una sonrisa amplia.
Miró a Bastian.
Luego a mí.
Y sonrió aún más.
—¿Buscan algo para la familia o para usted, señora?
Antes de que pudiera responder, añadió:
—A su esposa le vendría bien algo cómodo para la ciudad.
Bastian y yo nos miramos.
Al mismo tiempo.
—No somos esposos —dijimos.
El vendedor se quedó en silencio un segundo.
—Oh… disculpen.
Pero algo ya había cambiado.
No dije nada.
Pero sentí calor en las mejillas.
Bastian carraspeó levemente.
—Buscamos algo seguro, eficiente, y con buen rendimiento en ciudad.
Su tono era firme.
Profesional.
Como si ese pequeño momento…
no hubiera pasado.
Yo tampoco lo mencioné.
Pero lo sentí.
Probé el auto.
Escuché.
Pregunté.
Y al final…
lo compré.
—Gracias por acompañarme —le dije, firmando los últimos papeles.
—Con gusto.
Su sonrisa fue suave.
—Para eso estoy.
Para eso estoy.
Esa frase…
se quedó conmigo.
Fuimos a almorzar después.
—¿Siempre tomas decisiones tan rápido? —preguntó, mientras servía agua.
—No.
—¿Entonces?
Lo miré.
—Confío en lo que siento.
Levantó una ceja.
—Eso puede ser peligroso.
Sonreí levemente.
—También puede ser liberador.
Se quedó observándome.
Un segundo más de lo normal.
—Tienes razón.
La conversación fluyó.
Sin esfuerzo.
Nos reímos.
Hablamos de cosas simples.
De cosas importantes.
Y por primera vez en mucho tiempo…
no me sentí evaluada.
Después fuimos de compras.
Caminábamos cerca.
Demasiado cerca.
A veces nuestras manos se rozaban.
Al principio…
fue casual.
Después…
no tanto.
Hasta que pasó.
Sus dedos tocaron los míos.
Y no se apartaron.
Yo tampoco.
Entrelazamos las manos.
Y seguimos caminando.
Como si fuera lo más natural del mundo.
Como si siempre hubiera sido así.
Fuimos al cine.
La sala estaba casi vacía.
No presté mucha atención a la película.
No podía.
Era consciente de él.
De su cercanía.
De su respiración.
De su mano aún entrelazada con la mía.
En algún momento…
giré ligeramente la cabeza.
Él ya me estaba mirando.
No dijo nada.
Se acercó despacio.
Y me besó.
Fue suave.
Cálido.
Como si tuviera cuidado de no romper algo.
Respondí.
Sin pensar.
El segundo beso fue más seguro.
El tercero…
más profundo.
Me separé un poco.
Sonreí.
—La película…
—No es tan interesante —respondió.
Reí en silencio.
Agradecí la oscuridad.
Porque sabía…
que estaba completamente sonrojada.
Salimos del centro comercial más tarde.
El aire de la noche fue un contraste.
—Gracias por hoy —le dije, mirándolo.
—Gracias a ti.
Se acercó.
Y me besó de nuevo.
Esta vez…
sin prisa.
Sin dudas.
Cuando nos separamos…
sonreímos.
—Escríbeme cuando llegues —dije.
—Lo haré.
Entré a casa.
Mi madre estaba en la sala.
—Te llegó un sobre.
—Gracias, mamá.
—¿Cómo te fue con el carro?
—Bien. Lo compré.
Se levantó y me abrazó.
—Me alegra mucho.
—Lo entregan el próximo sábado.
Tomé el sobre.
Lo abrí.
Cartas.
Varias.
Escritas a computador.
Leí una.
Luego otra.
Eran… bonitas.
Demasiado.
Hablaban de amor.
De destino.
De pertenencia.
Pero no tenían firma.
Mi teléfono vibró.
Bastian.
“Gracias por hoy. Me encantó estar contigo.”
Sonreí.
—¿Te gusta? —preguntó mi madre.
La miré.
—Sí, mamá.
Hice una pausa.
—Me gusta.
Ella sonrió.
—Los tiempos de Dios son perfectos.
Miré las cartas.
Algo en ellas…
no encajaba.
Demasiado intensas.
Demasiado… insistentes.
Las doblé.
Y las tiré a la basura.
Esa noche dormí tranquila.
O eso creí.
Al despertar…
lo primero que vi fue el teléfono.
Un mensaje.
Número desconocido.
“Espero que hayas disfrutado mis cartas.”
Cerré los ojos.
—No…
Abrí el chat.
Sin nombre.
Pero no necesitaba uno.
Damián.
Rodé los ojos.
Pero el cuerpo…
no reaccionó igual.
Tensión.
Incomodidad.
Ese peso que no se va.
No respondí.
Lo dejé en visto.
Pero el silencio…
no significaba calma.
Porque ahora sabía algo.
No importaba lo bien que se sintiera todo con Bastian…
Damián seguía ahí.
Cerca.
Observando.
Esperando.
Y eso…
lo cambiaba todo.
🤷🏼
eres un poco hombre./Smug/
qué satisfacción puede generarte , obligar a una mujer estar a tu lado 🤦🏼
han destruido el cimiento de tu empresa más no tu fuerza y ojalá ya esto no pase desapercibido
desgraciado Pero te metes con las personas equivocadas tenlo por seguro