NovelToon NovelToon
Vínculo En La Tormenta

Vínculo En La Tormenta

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Omegaverse
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

⚠️ Contenido exclusivo para mayores de 18 años | Omegaverse

Liam es un omega humilde que lucha día y noche para pagar los tratamientos médicos de su hermana enferma, sin tiempo ni energías para nada más. Hasta que la desesperación lo lleva a cruzarse con Dante Ferrero: el alfa dominante, frío y poderoso CEO que jamás creyó en los vínculos ni en el amor.

Un encuentro intenso y prohibido cambia sus vidas para siempre. Al descubrir que lleva su hijo, Liam huye sin decir nada para no ser una carga y proteger a los suyos, luchando solo contra la pobreza, el miedo y la soledad hasta que nace su bebé y su hermana logra recuperarse.

Cuando el destino los vuelva a reunir, Dante tendrá que enfrentar todo lo que dejó escapar, luchar por su lugar en esa familia y demostrar que su fuerza solo sirve para cuidar, proteger y amar.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

VÍNCULO EN LA TORMENTA CAPÍTULO 10: LOS PRIMEROS DÍAS EN CASA

A la mañana siguiente no me desperté sobresaltado, ni con el corazón a mil por el ruido del viento o el miedo a que alguien nos hubiera encontrado. Me desperté muy despacio, envuelto en sábanas de algodón suaves y tibias, con la luz dorada del sol colándose entre las cortinas claras y dibujando rayos largos sobre el suelo de madera. Me quedé quieto varios minutos, solo escuchando: no había golpes en las ventanas, ni pasos apresurados afuera, ni motores que me hicieran encogerme bajo la manta. Solo el canto suave de los pájaros en el jardín, el zumbido casi imperceptible de la calefacción y el latido tranquilo de mi propio pecho. Llevé la mano despacio a mi vientre, que cada día se sentía más redondo, pesado y firme bajo la camisa holgada, y al instante sentí una patada lenta y fuerte, como si el bebé también supiera que por fin estábamos a salvo.

Me levanté con mucho cuidado, apoyándome primero en el colchón y luego en la mesita de noche hasta que se me pasó el pequeño mareo que siempre me daba al cambiar de postura. Faltaban todavía **cuatro meses exactos para el nacimiento**, y el médico del pueblo me había dicho que a partir de ahora me cansaría el doble, que la espalda dolería más y que tendría que detenerse a descansar muy seguido. La habitación era amplia, silenciosa y olía a limpio y a madera nueva; había una butaca grande y suave pegada a la ventana, un armario inmenso con puertas de cristal y una alfombra gruesa que amortiguaba cada paso, para que no resbalara ni hiciera ruido al caminar.

Salí al pasillo y desde abajo me llegó el olor delicioso a café recién hecho, pan tostado con mantequilla y fruta madura, además de dos voces hablando bajito y tranquilo. Bajé las escaleras muy despacio, agarrado fuerte a la barandilla ancha que Dante mandó forrar de goma suave precisamente por mí; cada escalón tenía su propia alfombrita antideslizante, un detalle pequeño que me hizo apretar el pecho de emoción, porque nadie nunca antes había pensado tanto en mis necesidades ni en mi seguridad.

Al llegar a la planta baja vi todo claro: Dante estaba de espaldas frente a la cocina, con la camisa blanca con las mangas subidas hasta los codos, y frente a él había una mujer de mediana edad, de cabello castaño recogido impecablemente, delantal limpio y una sonrisa serena y amable. Mia estaba sentada en la silla más cómoda del comedor, con su taza de té caliente con miel y una tostada pequeña, y en cuanto me vio levantó la mano despacio, sonriendo más fuerte de lo que la había visto sonreír en muchísimo tiempo.

—Buenos días, mi amor —dijo Dante en cuanto me oyó, y en dos pasos largos ya estaba a mi lado, tomándome del brazo con mucha suavidad para acompañarme hasta la silla con respaldo alto y acolchado que había reservado para mí—. Dormiste bien toda la noche? Te despertaste alguna vez con dolor de espalda? Te presento oficialmente a Elisa: ella vivirá aquí en la casa con nosotros, se encargará de la limpieza, de las compras y sobre todo de cocinar todo lo que haga bien a tu cuerpo y al corazón de Mia. Sabe perfectamente todo lo que no pueden comer, los horarios de cada medicamento y lo cansado que estás; ella no da órdenes, solo ayuda, y si algo no te gusta o quieres cambiar cualquier cosa, solo tienes que decírselo y lo hará al instante.

Elisa se acercó despacio y me dejó delante una taza de leche tibia con cacao, sin azúcar, tal como me gusta y tal como recomiendan en el embarazo.

—Bienvenidos de verdad a su hogar —dijo con voz dulce pero firme—. Yo solo estoy aquí para que ustedes tres no tengan que preocuparse de nada más que de estar bien, de sanar y de estar juntos. Cualquier cosa, a cualquier hora, me buscan. No hay nada pequeño ni molesto para mí.

Durante todo el desayuno Dante me fue contando punto por punto todo lo que había organizado mientras dormíamos, sin dejar nada al azar y sin ocultarme absolutamente nada. Había hablado largo rato por teléfono con la doctora del pueblo para enviarle todos los análisis, radiografías e historiales completos de Mia y los míos, para que allá no quedara ninguna información suelta. Tenía confirmada la cita al día siguiente por la tarde con el cardiólogo más importante y discreto de toda la ciudad, el que trata a las familias más poderosas pero nunca habla de nada con nadie. Y para mí ya tenía elegido al mejor obstetra especializado en embarazos de omega, un hombre mayor, muy respetado, que promete total privacidad y que incluso puede venir a atendernos aquí en la casa si no me da la gana de salir a la calle.

—Nunca, nunca te obligaré a ir a ningún lado si te da miedo o te sientes mal —insistió Dante, tomándome la mano entre las suyas grandes y calientes sobre la mesa—. Todo lo podemos traer hasta aquí. Lo único que me importa es que estés tranquilo, que el bebé crezca fuerte y que Mia recupere fuerzas poco a poco, sin prisas, sin exigencias.

Pasada la comida, cuando el sol estaba más alto y calentaba fuerte los cristales, salimos los tres al jardín. Era mucho más grande de lo que se alcanzaba a ver desde la puerta: césped verde y muy suave bajo los pies, árboles de manzana y pera cargados de fruta, un sendero hecho de piedras planas sin baches ni desniveles para que Mia pudiera caminar sin cansarse ni tropezar, y al fondo, bajo un roble gigantesco y antiguo, un banco de madera maciza que parecía llevar allí décadas. Mi hermana caminó muy despacio por todo el recorrido, tocando las hojas, mirando las mariposas y deteniéndose a respirar hondo cada pocos pasos, y por primera vez en meses no la vi agarrarse el pecho ni quedarse sin aire de golpe.

Me quedé parado junto a Dante, con una mano apoyada en la cintura y la otra sobre la barriga, mirando todo aquello sin poder creérmelo del todo.

—Aquí… aquí podríamos poner un columpio bien fuerte y seguro —le dije en voz muy baja, señalando el espacio libre cerca del árbol—, para cuando nazca y ya pueda sentarse. Y más acá una mesa larga con sillas cómodas, para que Mia pueda dibujar, leer o hacer la tarea al aire libre, sin que le dé el sol directo ni le dé frío.

Dante me rodeó la espalda con el brazo, con una ternura infinita y sin apretar nada, y apoyó la barbilla suavemente en lo alto de mi cabeza.

—Lo que tú sueñes, lo hacemos —respondió, y se le notaba la emoción en la voz, ronca y temblorosa—. Llamo a los carpinteros pasado mañana mismo, y lo hacemos tal cual lo imaginas. Esta casa, este jardín, todo lo que hay aquí… no es mío. Es tuyo, es de Mia, es del bebé que llevas dentro. Yo solo soy el afortunado al que ustedes le permiten quedarse a vivir con ustedes. Nada es mío sin tu permiso.

Toda la tarde la pasamos acomodando cada cosa, sin prisas, sin carreras, sin que nadie nos dijera cómo debía quedar nada. Dante subió y bajó las escaleras cuantas veces fue necesario, y con mucho cuidado colgó los marcos con las fotos de nuestros padres en la pared principal de la sala, justo donde el sol les da casi todo el día, para que siempre estuvieran presentes. Mia eligió para ella la habitación más luminosa de todas, la que tiene balcón directo al jardín, y ordenó ella solita sus libros, sus cuadernos de dibujo y su osito de peluche viejo y desgastado que trajo desde siempre. Yo extendí sobre el sofá grande la manta de lana desgastada que nos abrigó tantas noches de frío en la casita del pueblo, para que por más nueva y bonita que fuera esta casa, nunca se nos olvidara de dónde venimos, ni todo lo que tuvimos que pasar para llegar hasta acá. Cuando terminamos, todo estaba ordenado, limpio y nuevo, pero olía a nosotros, a nuestra historia, a nuestro hogar de verdad.

Ya casi era de noche, el cielo se había teñido de tonos morados, naranjas y rosados muy suaves, y las primeras luces de la ciudad empezaban a encenderse allá a lo lejos. Dante se sentó a mi lado en el sofá, tomó mis manos entre las suyas y me miró fijamente a los ojos, muy serio pero muy dulce.

—Sé muy bien que el miedo no se borra de un día para el otro —me dijo, despacio, para que cada palabra me entrara en el alma—. Sé que llevas demasiado tiempo corriendo, escondiéndote, despertando con la angustia en el pecho pensando que en cualquier momento todo lo bueno se acaba y te lo quitan. No te pido que confíes ciegamente en mí de un momento a otro. Solo te pido que me dejes demostrártelo cada día, con hechos, durante estos cuatro meses que faltan hasta que nazca nuestro hijo. Voy a estar aquí siempre, para lo bueno y para lo que cueste. Nadie nos va a volver a lastimar, nadie nos va a separar, nadie nos va a volver a hacer sentir solos.

Apoyé la cabeza en su hombro, y sentí su brazo rodearme con toda la protección del mundo, sin apretar mi vientre, pero con la fuerza justa para saber que no me soltaría jamás. Se me llenaron los ojos de lágrimas, pero ya no eran lágrimas de dolor ni de miedo, eran de alivio, de gratitud, de una felicidad tan grande que dolía un poquito en el pecho.

—Ya empiezo a creerlo —le confesé en un susurro—. Ya empiezo a sentir que por fin… por fin dejamos de huir.

En eso Mia se acercó caminando despacio, se subió con cuidado al sofá y se recostó suavemente sobre mi otro costado, abrazándome la cintura lo mejor que podía sin lastimarme. Los tres nos quedamos así en silencio largo y rico, abrazados, mirando la luz de la luna que empezaba a asomar por la ventana, entendiendo por fin que las tormentas más fuertes son las que traen después los cielos más despejados.

FIN DEL CAPÍTULO 10

1
Teresa Castillo
creo que ya son muchos capítulos de lo mismo no avanza el tiempo siempre dicen que faltan 4 meses completos y se supone que llevan varios días ahí ojalá y avance luego
nezhan: Hola Teresa! Gracias de verdad por tomarte el tiempo de escribir esto, me ayuda mucho a mejorar ❤️
Tienes completamente la razón: en esa parte de la historia el tiempo se siente estancado, porque necesitaba cerrar todos los cabos y subir la tensión antes de que estalle todo.
Pero te adelanto que ya viene el cambio GRANDE: en muy pocos capítulos pasan de "faltan 4 meses" a la batalla final, el nacimiento de los tres bebés y un salto de tiempo de un año entero.
Sigue un poquito más, que lo mejor está por llegar! 😊
total 1 replies
Teresa Castillo
maldita vieja no merece perdón 😡😡
Teresa Castillo
maldita bruja porque no deja ser feliz. a su hijo que se quede con todo su dinero que es lo que más le importa 😡
Teresa Castillo
que alguien los ayude no merecen ese sufrimiento
Teresa Castillo
maldita vieja porque no los deja tranquilos 😡😡
Teresa Castillo
que esa vieja los deje tranquilos no merecen sufrir siempre huyendo
Teresa Castillo
😡😡😡
Teresa Castillo
vieja desgraciada merece quedar sola por idiota
Teresa Castillo
nooo😡😡😡
Teresa Castillo
me encanta historia Dante es un amor con su Omega merecen toda la felicidad del mundo 🥰🥰🥰
Teresa Castillo
lloré de emoción Dante es tan tierno 🥰🥰
Teresa Castillo
espero todo sea felicidad de aquí en adelante 👏🥰
Teresa Castillo
ay me encanta Dante es tan tierno con el chico👏👏👏
Teresa Castillo
que hermoso 🥰🥰
Teresa Castillo
🥰🥰🥰
Teresa Castillo
por fin el reencuentro 🥰🥰
Teresa Castillo
que lo encuentren luego y su vida pueda ser feliz 🥰🥰
Teresa Castillo
me encanta la historia 👏👏
Teresa Castillo
comenzando está historia espero sea buena 🥰
Oly-chan
Me gusta 💖
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play