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Él Destruyó Mi Amor Y Destruiré Su Mundo

Él Destruyó Mi Amor Y Destruiré Su Mundo

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Venganza de la protagonista / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Después de entregarle su fortuna, su corazón y su futuro a Matías, Bianca Ferrer descubre que cada palabra fue una mentira: él planeaba despojarla de todo y desaparecer. En lugar de romperse, ella endurece su alma. Reúne pruebas silenciosamente, reclama su lugar como heredera legítima del imperio Ferrer Group, y lo expone ante toda la alta sociedad en la gala más importante del año. Consigue un divorcio fulminante, recupera la empresa que juntos construyeron y lo deja sin un centavo, sin nombre y sin el mundo que él creía haber conquistado. Ella no solo recupera lo suyo: destruye todo lo que él amó, tal como él destruyó su amor.

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Capítulo 15: Una sombra llamada sospecha

La tensión se instaló en la casa como un huésped invisible. Matías ya no fingía indiferencia. La observaba de forma constante: cuando hablaba por teléfono, cuando salía, cuando guardaba papeles. Su mirada la seguía por la habitación, escrutadora, desconfiada, buscando la más mínima señal de que ella ocultaba algo más que lo que él ya sabía.

—¿Con quién hablabas hace un rato? —preguntó una noche, desde el umbral de la cocina, con voz cortante.

Bianca cerró la puerta del refrigerador con calma.

—Con Elena. Me preguntaba cómo estabamos.

—¿Y qué le dijiste? —se acercó, sin quitarle la vista de encima—. ¿Le contaste algo de la empresa?

—Le dije que hay cambios —respondió ella, sirviéndose agua—. Nada que no se sepa.

Matías se interpuso en su camino.

—Ten cuidado con lo que cuentas. La gente habla. Y lo que dicen puede dañarnos.

—¿A nosotros? —lo miró a los ojos—. ¿O a ti?

Se quedó callado un instante, apretando la mandíbula. Luego dio un paso atrás, recuperando una falsa calma.

—A los dos. Si la empresa cae, caemos con ella. Recuérdalo.

Ella asintió y pasó a su lado. Sentía su mirada clavada en la espalda, pesada, inquieta. Sabía que dudaba. Que empezaba a sospechar que no estaba sola en esto.

A partir de entonces, la vigilancia se hizo más estrecha. Llegaba antes de tiempo a casa. Revisaba los cajones que ella dejaba abiertos. Preguntaba por salidas, por llamadas, por mensajes, con insistencia que rozaba el acoso. Bianca respondía siempre con la misma tranquilidad: respuestas breves, sin detalles, sin alterarse. Sabía que cualquier reacción exagerada encendería la alarma.

—Saliste temprano hoy —le dijo un día, cuando regresó a la oficina—. ¿A dónde fuiste?

—A ver a mi padre —respondió ella, sin dudar—. Necesitaba pensar.

Matías la escaneó con la mirada.

—¿Sola?

—Sola.

No era mentira. Había estado en el cementerio unos minutos, sí… y después en el despacho de Julián. Pero no tenía por qué saberlo.

Cada movimiento requería ahora doble cuidado. No dejaba papeles a la vista. Borraba mensajes inmediatamente. Quedaba con Elena y Julián en lugares distintos cada vez, llegando separadas, sin dar señales de conocerse. En la oficina, cuando hablaba con los empleados, lo hacía con puertas entreabiertas, con temas que parecían rutinarios, anotando lo importante en libretas que guardaba siempre consigo.

—Te vigila —le advirtió Elena, en un encuentro breve en una cafetería—. Vi un coche aparcado cerca de mi casa dos días seguidos.

Bianca apretó la taza entre las manos.

—¿Te siguió?

—No lo sé. Pero no me gusta. Ten cuidado.

—Tú también —dijo ella—. Cambia de ruta. No llames si no es urgente. Usaremos mensajes breves y los borraremos.

En la empresa, la sombra también crecía. Matías interrumpía reuniones, cuestionaba decisiones, intentaba impedir que hablara a solas con los empleados. Cuando Marta entró a su despacho con un documento, él apareció casi de inmediato en la puerta.

—¿Qué necesitas? —le preguntó a la mujer, con tono seco.

Marta se tensó, pero Bianca respondió con naturalidad:

—Que me confirme una fecha de reunión. Ya terminamos. Gracias, Marta.

La mujer salió sin mirarlo. Matías entró y cerró la puerta.

—¿Por qué hablas tanto con ella? —preguntó, acercándose—. Siempre entras y sales. ¿Qué te dice?

—Cosas del trabajo —dijo Bianca, sin levantar la vista del papel—. Trabaja aquí desde antes que tú. Conoce los procesos.

—Cuidado —advirtió él, bajando la voz—. La gente inventa cosas cuando hay problemas. No creas todo lo que te dicen.

—No creo —respondió ella, levantando la vista—. Verifico.

La palabra lo detuvo. La miró, confundido por la firmeza tranquila de su tono.

—¿Verificas?

—Sí. Los documentos, las fechas, los números. Tú mismo me dijiste que me ocupara de la casa. Yo me ocupo de todo.

Matías no supo si tomarlo como obediencia o como amenaza. Se quedó unos segundos indeciso, luego salió sin decir nada.

Esa noche, Bianca se preparó para dormir mientras él seguía hablando por teléfono en la sala. Su voz llegaba entrecortada, baja y tensa.

—…No sé cuánto sabe. Pero no confío en ella. Se mueve demasiado tranquila. Algo oculta. Vigila las cuentas. Si hay algún movimiento raro, me avisas de inmediato. No importa la hora.

Bianca se acostó y apagó la luz. El corazón le latía con fuerza, pero no de miedo: de alerta. Sabía que si él vigilaba las cuentas, no podía hacer nada sin que lo notara. Tenía que ser más cuidadosa que nunca.

Sacó su libreta y escribió con letra pequeña:

La sospecha lo devora. Me vigila, me presiona, duda de cada paso. No me altero. No me apresuro. La discreción es mi escudo. Si no ve nada, si no oye nada, si no encuentra nada… se desesperará. Y en la desesperación cometerá errores. Esos serán los que lo hundan.

Guardó la libreta bajo la almohada. Matías entró a la habitación minutos después. Se acostó a su lado, pero no la tocó. Permanecía rígido, alerta, como si esperara que ella hablara. Ella fingió dormir, respirando despacio, tranquila.

—Sé que algo pasa —murmuró él, casi para sí mismo—. Y cuando lo descubra…

No terminó la frase. Bianca no se movió. No respondió. Solo esperó.

Sabía que la sombra estaba ahí, más cerca que nunca. Pero también sabía algo que él ignoraba: que la luz no se apaga porque alguien la vigile. Solo se oculta hasta el momento justo de brillar con toda su fuerza.

Cerró los ojos. Mañana sería más difícil. Pero también más cerca del final.

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Teresa Espejo
la novela ,mala , no hay muchos argumentos 🙄😒
Teresa Espejo
buena la novela , pero muy extraña, veo un capitulo y luego se va.a otro capitulo ya leido 😒🙄🙄🙄🙄🙄🙄🙄🙄
Eliana Angulo
está novela deja un excelente mensaje de amor propio, que amar alguien nunca debe significar dejar de amarte a ti misma. Entregar tu corazón no significa entregar tu identidad, tus sueños ni tu dignidad. Si alguien te pide que renuncies a ti misma para ser amada, no es amor. Es posesión.
Eliana Angulo
está novela deja un excelente mensaje de amor propio, que amar alguien nunca debe significar dejar de amarte a ti misma. Entregar tu corazón no significa entregar tu identidad, tus sueños ni tu dignidad. Si alguien te pide que renuncies a ti misma para ser amada, no es amor. Es posesión.
Tere Jimenez
muy bien gracias
Soledad Muñoz Vazquez
nunca hay que confiar completamente en tu pareja y menos cuando hay dinero por medio el amor vuelve ha mucha gente ciega oh mejor simplemente no quieres ver
Tere Jimenez
gracias por compartir tu novela corta pero muy interesante muchas felicidades y muchos éxitos más para ti
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: Qué mensaje tan hermoso, de verdad me ha alegrado el día 🥹💛 Gracias por leer y por compartirme tu cariño. Me hace muy feliz saber que la historia te interesó. ¡Espero seguir contando con tu apoyo!
total 1 replies
Tere Jimenez
hermosa novela gracias por compartir
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