Él tenía el poder. Ella solo quería hacer bien su trabajo.
Maximiliano Blackwood, el poderoso CEO de una de las empresas más importantes de Medellín, jamás imaginó que su nueva asistente personal se convertiría en la única mujer capaz de desestabilizarlo.
Valentina no llegó a su vida buscando amor, mucho menos a su jefe. Pero entre miradas, deseo, celos y una química imposible de ignorar, las reglas comienzan a romperse.
Porque cuando un hombre acostumbrado a tenerlo todo descubre que puede perder el control por una mujer…
ella deja de ser su asistente para convertirse en su mayor debilidad.
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CAPÍTULO 16: LO QUE DEBEMOS CAMBIAR
La mañana siguiente llegó demasiado rápido.
Valentina despertó antes de que sonara la alarma y, durante unos segundos, permaneció mirando el techo de su habitación.
Entonces recordó.
El beso.
El primero.
La forma en que Maximiliano la había mirado antes de acercarse. La manera en que había esperado su respuesta, sin presionarla. Y después, aquel momento en el que finalmente ambos habían dejado de fingir que entre ellos no estaba ocurriendo nada.
Una sonrisa apareció en sus labios.
—Dios… —murmuró, cubriéndose la cara con las manos.
Nunca había imaginado que terminaría enamorándose de su jefe.
Y mucho menos de un hombre como Maximiliano Blackwood.
Pero lo que más la sorprendía no era el beso.
Era lo tranquila que se había sentido después.
No había arrepentimiento.
No había miedo.
Solo una certeza que empezaba a crecer dentro de ella.
Lo quería.
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En Grupo Blackwood, Maximiliano llevaba casi veinte minutos mirando el mismo informe sin leer realmente una sola línea.
Su mente estaba en otro lugar.
En Valentina.
En sus labios.
En la expresión que había tenido cuando él se marchó.
Tomó su teléfono y miró la pantalla.
Quería escribirle.
Buenos días.
Demasiado simple.
¿Dormiste bien?
Demasiado personal.
No dejo de pensar en ti.
Demasiado peligroso.
Suspiró y dejó el teléfono sobre el escritorio.
—Esto es ridículo —murmuró.
Él, Maximiliano Blackwood, CEO de una de las empresas más poderosas de Medellín, estaba teniendo dificultades para escribirle un mensaje a una mujer.
Y esa mujer era precisamente la única capaz de desordenarle la cabeza.
Finalmente, tomó el teléfono nuevamente.
Maximiliano: Buenos días, Valentina. ¿Llegaste bien anoche?
Apenas envió el mensaje, apareció la respuesta.
Valentina: Buenos días. Sí, llegué bien. ¿Y usted?
Maximiliano sonrió.
Maximiliano: También.
Hubo una pausa.
Entonces apareció otro mensaje.
Valentina: ¿Está arrepentido?
La sonrisa desapareció de su rostro.
No porque estuviera arrepentido.
Todo lo contrario.
Maximiliano: Ni por un segundo.
Valentina leyó la respuesta y sintió que el corazón le daba un pequeño vuelco.
Valentina: Yo tampoco.
Maximiliano apoyó la espalda contra su silla.
Aquellas cuatro palabras fueron suficientes para cambiarle completamente el día.
Pero antes de poder responder, alguien llamó a la puerta.
—Adelante.
Su padre entró.
Maximiliano inmediatamente recuperó su expresión seria.
—Buenos días.
—Buenos días, hijo.
Su padre tomó asiento frente a él.
—Supongo que sabes por qué estoy aquí.
Maximiliano sostuvo su mirada.
—Por Valentina.
—Exactamente.
Hubo unos segundos de silencio.
—No voy a decirte que no puedes estar con ella —dijo finalmente su padre.
Maximiliano levantó ligeramente las cejas.
—Eso no era lo que esperaba escuchar.
—Porque no estoy intentando decidir por ti.
El hombre se inclinó hacia adelante.
—Pero sí quiero que pienses como el hombre que eres, no solamente como el hombre enamorado que estás empezando a ser.
Maximiliano permaneció callado.
—Ella trabaja directamente para ti —continuó su padre—. Tú eres su jefe. Si esto se hace público, todos van a hablar. Algunos dirán que ella está contigo por interés. Otros dirán que tú abusaste de tu posición. Y aunque ninguno tenga razón, las consecuencias pueden ser reales.
Maximiliano apretó la mandíbula.
—Lo sé.
—Entonces haz las cosas bien.
Aquellas palabras lo hicieron guardar silencio.
—¿Qué propones?
—Que deje de reportarte directamente.
Maximiliano lo miró fijamente.
—¿Quieres que la despida?
—No.
La respuesta fue inmediata.
—Valentina es demasiado buena en su trabajo para perderla por esto. Pero si realmente te importa, tendrás que encontrar una manera de separar la relación profesional de la personal.
Maximiliano bajó la mirada por unos segundos.
Su padre tenía razón.
Y eso era precisamente lo que más le molestaba.
No quería que Valentina renunciara.
No quería que nadie pensara que ella había conseguido algo por estar con él.
Y, sobre todo, no quería que la relación que apenas estaba comenzando pudiera destruir la carrera de ella.
—Voy a solucionarlo —dijo finalmente.
Su padre asintió.
—Eso esperaba.
Antes de levantarse, agregó:
—Y una cosa más.
—¿Qué?
—Si vas a elegirla, Maximiliano, hazlo de verdad.
Maximiliano lo observó.
—¿Qué quieres decir?
—No la hagas sentir que tiene que competir con tu apellido, tu empresa o tu familia. Si vas a estar con ella, asegúrate de que sepa que no es una aventura.
Maximiliano respiró profundamente.
—No lo es.
Su padre sonrió ligeramente.
—Entonces ya sabes qué hacer.
---
Horas después, Valentina estaba revisando unos documentos cuando notó que Maximiliano llevaba varios minutos observándola desde su oficina.
Finalmente, él la llamó.
—Valentina, ¿puedes venir un momento?
Ella entró con una carpeta entre las manos.
—¿Ocurre algo?
Maximiliano se levantó.
—Sí.
Ella inmediatamente se puso seria.
—¿Algo malo?
—No.
Se acercó lentamente, pero mantuvo una distancia prudente.
—Anoche fue importante para mí.
Valentina bajó ligeramente la mirada.
—Para mí también.
—Precisamente por eso tenemos que hacer algo.
Ella sintió un pequeño nudo en el estómago.
—¿Qué cosa?
—Cambiar algunas reglas.
Valentina lo miró confundida.
—¿Te arrepentiste?
Maximiliano negó inmediatamente.
—Nunca.
Se acercó un poco más.
—Pero no quiero que nuestra relación afecte tu carrera. Ni quiero que algún día alguien diga que estás aquí porque eres mi pareja.
Valentina lo observó en silencio.
—Entonces…
—Voy a reorganizar tu puesto. Seguirás en Grupo Blackwood, seguirás haciendo parte de mi equipo, pero dejarás de reportarme directamente.
Ella tardó unos segundos en procesarlo.
—¿Eso significa que…?
—Significa que quiero poder estar contigo sin que tengas que pagar un precio por ello.
Los ojos de Valentina se suavizaron.
—Maximiliano…
Era la primera vez que pronunciaba su nombre con tanta cercanía.
Él sonrió.
—Dilo otra vez.
Ella soltó una pequeña risa.
—¿Qué?
—Mi nombre.
Valentina negó con la cabeza, divertida.
—No te acostumbres.
—Demasiado tarde.
Ambos sonrieron.
Por un instante, todo pareció sencillo.
Hasta que Maximiliano agregó:
—Y hay otra cosa.
—¿Qué?
Él tomó aire.
—Quiero que esto sea real.
Valentina dejó la carpeta sobre el escritorio.
—¿Real?
—No quiero seguir fingiendo que solamente eres mi asistente.
Ella sintió que el corazón comenzaba a latir más rápido.
—¿Y qué quieres que sea?
Maximiliano la miró directamente a los ojos.
—La mujer que estoy eligiendo.
Valentina sintió que aquella frase le llegaba mucho más profundo que cualquier beso.
Y antes de que pudiera responder, Maximiliano recibió una llamada.
Miró la pantalla.
Era su padre.
Contestó.
—¿Sí?
Su expresión cambió después de escuchar las primeras palabras.
—¿Hoy?
Valentina lo observó preocupada.
Maximiliano terminó la llamada y dejó el teléfono sobre el escritorio.
—¿Qué pasó?
Él la miró.
—Mi padre quiere conocerte mejor.
Valentina parpadeó.
—¿Conocerme?
—Sí.
—¿Por qué?
Maximiliano tomó su mano.
—Porque quiere invitarte a cenar con nosotros esta noche.
Valentina se quedó completamente quieta.
—¿Esta noche?
—Esta noche.
Él entrelazó sus dedos con los de ella.
—Y esta vez no quiero que vayas como mi asistente.
Valentina tragó saliva.
—¿Entonces como qué?
Maximiliano sonrió.
—Como la mujer que estoy empezando a amar.
Y por primera vez, Valentina entendió que aquella relación acababa de dar un paso mucho más grande que un simple beso.
Porque ahora tendría que enfrentarse a la familia Blackwood.
Y, quizá, descubrir si realmente había un lugar para ella en la vida de Maximiliano. ❤️🔥