Cassidy Evans sabe arreglar casi cualquier cosa, excepto su propia vida. Entre un taller que apenas se sostiene, un padre que consume todo lo que toca y un futuro que parece decidido por otros, ha aprendido a confiar solo en sus manos, su ingenio y su hermano.
Adamo Greco nació para un mundo completamente distinto. Heredero de una familia mafiosa, peligroso, arrogante y demasiado acostumbrado a conseguir lo que quiere, llega a Idaho buscando algo que ni siquiera sabe nombrar.
Una Ducati averiada los pone frente a frente. Lo que comienza con provocaciones, discusiones y una atracción imposible de ignorar pronto se convierte en una obsesión capaz de arrastrarlos a ambos.
Cassidy no sabe quién es realmente Adamo.
Adamo sí sabe que debería mantenerse lejos de ella.
Pero hay adicciones que empiezan con una sola mirada… y terminan costándolo todo.
NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Tres meses
Adamo
La pregunta parece simple.
No sé por qué me quedo pensando.
—No realmente.
Cassidy se limpia las manos con un paño.
—¿Vacaciones?
—Algo parecido.
—No tienes cara de vacaciones.
—¿Cómo es una cara de vacaciones?
—Más feliz. Menos golpes.
Miro mis nudillos.
Todavía tengo una herida de hace unos días.
—Viajo en moto.
—Eso no responde nada.
—Estoy recorriendo Estados Unidos.
Eso sí consigue interesarla.
—¿Todo?
—Lo que alcance.
—¿Cuánto tiempo?
Tres meses.
La cifra está siempre ahí.
Aunque intento no pensar demasiado en ella.
Tres meses antes de volver.
Tres meses antes de que mi padre empiece a entregarme cosas que hasta ahora solo he observado desde afuera.
Rutas.
Contactos.
Hombres.
Dinero.
Puertos.
Operaciones.
Responsabilidades.
La parte de la familia que no aparece en fotografías.
Damián Greco nunca me obligó.
Eso quizá lo hace peor.
Cuando cumplí veinte me sentó frente a él y me dijo que podía elegir.
Podía estudiar.
Podía hacer otra cosa.
Podía marcharme.
Pero si quería ocupar el lugar para el que llevaba toda mi vida preparándome, llegaría un momento en que tenía que dejar de observar y empezar a decidir.
Elegí.
Después me dio tres meses.
Ve.
Eso dijo.
Haz lo que quieras. Viaja. Rompe cosas. Haz que tu madre me culpe de haberte criado mal. Pero cuando vuelvas, empiezas.
Así que estoy aquí.
Al otro lado del mundo. Con una desconocida de ojos verdes esperando mi respuesta.
—Tres meses.
—¿Te dieron tres meses de vacaciones?
—Mi padre.
Cassidy arquea una ceja.
—¿Tu padre te da vacaciones?
—Más o menos.
—Eso suena sospechoso.
—Trabajo familiar.
No es mentira.
Solo una versión cuidadosamente mutilada de la verdad.
—¿Qué hacen?
Mierda.
—Importaciones.
También cierto.
Cassidy espera.
—¿De qué?
—Varias cosas.
—Eso suena todavía más sospechoso.
—¿Siempre interrogas así?
—Solo cuando alguien responde como traficante.
La miro y ella sonríe.
Tengo que esforzarme muchísimo para no reír.
—Negocios familiares —repito.
—Está bien, Greco. Guarda tus secretos.
Me sorprende lo fácil que es.
Otra mujer probablemente habría seguido preguntando.
Cassidy simplemente vuelve a la moto.
—¿Y después de los tres meses?
—Vuelvo.
La palabra se siente más pesada de lo que debería.
—¿Dónde?
—Grecia.
—¿Eres griego?
—Italiano y griego.
—Eso explica el acento raro.
—Mi acento no es raro.
—Estás en Idaho. Aquí el raro eres tú.
Justo.
—¿Siempre has vivido aquí?
—Sí.
—¿Nunca has querido irte?
La pregunta hace que sus manos se detengan un segundo.
Solo uno.
—Todo el tiempo.
Pero enseguida vuelve a trabajar.
No pregunto.
No sé por qué. Quizá porque conozco suficientemente bien el tono.
Mi teléfono vibra otra vez.
Aria.
Cassidy lo mira.
—Tu novia obsesiva.
—Gemela.
—Peor.
Abro el mensaje.
ARIA: FOTO.
YO: ¿De qué?
ARIA: De donde estás.
YO: ¿Por qué?
ARIA: Porque mamá cree que estás desangrándote en una zanja.
Miro alrededor.
Le saco una fotografía al taller.
Antes de enviarla noto que Cassidy aparece al fondo, inclinada sobre la Ducati.
La envío igual.
Tres segundos.
ARIA: ¿QUIÉN ES ELLA?
Cierro los ojos.
Por supuesto.
YO: La mecánica.
ARIA: Es bonita.
YO: Ni siquiera puedes verle bien la cara.
ARIA: Precisamente. Eso significa que tú sí.
No respondo.
ARIA: ADAMO.
Bloqueo el teléfono.
—Ahora sí tienes cara de novio —dice Cassidy.
—Mi hermana acaba de decidir que tú eres bonita.
Su mano se detiene.
Me mira.
—¿Me tomaste una foto?
—Del taller.
—En la que salgo yo.
—Accidentalmente.
—Claro.
—Ella te vio.
—¿Y decidió que soy bonita desde Idaho a Grecia?
—Mi hermana es muy talentosa.
Cassidy niega con la cabeza, pero está sonriendo.
—Dile que tiene buen gusto.
—Eso sí se lo diré.
—Y que tú no.
—Eso no.
—Cobarde.
Antes de que pueda contestar escuchamos un motor afuera.
Cassidy gira la cabeza y su sonrisa desaparece.
No poco a poco.
Desaparece.
Eso me hace mirar también.
Una camioneta negra entra al estacionamiento y se detiene frente al taller.
El hombre que baja tendrá unos treinta.
Quizá algo más.
Camisa a cuadros.
Gorra.
Botas.
No hay absolutamente nada excepcional en él.
Hasta que veo la cara de Cassidy.
—Mierda —murmura.
—¿Amigo tuyo?
—No.
El hombre entra sin molestarse en preguntar si está abierto.
—Cass.
Ella deja el paño sobre el banco.
—Travis.
Así que tiene nombre.
No me gusta.
No sé por qué. Quizá porque la mira como si ya supiera algo sobre ella que yo no.
—Tu papá dijo que estabas aquí.
—Mi papá dice demasiadas cosas.
Travis sonríe.
—También me dijo que sigues soltera.
Cassidy queda completamente quieta.
Yo bajo el teléfono. Esto se está volviendo interesante.
—¿Mi padre también te entrega informes meteorológicos o solo actualizaciones sobre mi vida sexual?
Casi me río.
Travis no.
—No tienes que ponerte así.
—¿Así cómo?
—Defensiva.
—Todavía no estoy defensiva.
La forma en que lo dice implica claramente que debería evitar descubrir cómo se ve esa versión.
El hombre da un paso hacia ella.
—Solo digo que podríamos salir alguna vez.
—No.
—Ni siquiera lo pensaste.
—Lo pensé las últimas cuatro veces.
Cuatro.
Definitivamente ya no me gusta.
—Tu padre cree que hacemos buena pareja.
Algo cruza la cara de Cassidy.
Rabia.
No vergüenza.
No incomodidad.
Rabia.
—Mi padre puede salir contigo.
Me giro para disimular una sonrisa.
Travis finalmente me mira.
Hasta ahora parece no haber considerado importante mi presencia.
—¿Quién es?
Cassidy abre la boca para responder, pero se detiene.
Sus ojos encuentran los míos.
Y veo el momento exacto en que toma una decisión terrible.
No sé cuál… Pero quiero participar.
—Mi novio.
😑😑😑😑
y ahora sin carga de un padre que les quita el dinero de una madre que ni los protege