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MI ESPOSA ME OLVIDO

MI ESPOSA ME OLVIDO

Status: En proceso
Genre:Embarazada fugitiva / Malentendidos / Traiciones y engaños / Salvar al hijo enfermo
Popularitas:27.6k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Valentina tenía una sola cosa que proteger: a su familia.

Hasta que una noche, frente a todos, un video destruyó su matrimonio.

Su esposo, Rodrigo, creyó que lo había traicionado. Su suegra se encargó de humillarla y convertirla en la culpable perfecta. Y cuando Valentina dio a luz, Rodrigo le arrebató a su hijo y la obligó a firmar el divorcio mientras ella apenas podía mantenerse con vida.

Después de aquella noche, Valentina desapareció.

Diez años más tarde, vive bajo otro nombre y criando a un hijo que guarda un secreto que nadie puede descubrir.

Porque hay otro niño en el mundo que tiene su misma sangre.

Y cuando los dos hermanos se encuentran por casualidad, comienzan a hacer preguntas que alguien lleva diez años intentando mantener enterradas.

Rodrigo también ha seguido adelante… o eso intenta creer.

Hasta que una mujer aparece en su vida.

No recuerda haberla conocido.

No sabe quién es.

Pero cada vez que está cerca de ella, algo dentro de él se

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 3

Habían pasado diez años desde aquella noche. Rodrigo Castel tenía todo lo que se podía comprar con dinero, pero no dormía.

De día era el hombre que el país esperaba con la empresa más grande del continente, cerraba negocios con una frase. Entraba a un salón y todos lo admiraban.

Pero en la noches era distinto, se despertaba siempre con lo mismo en la cabeza: la pantalla, la fiesta, el salón callado, y Valentina diciendo esa no soy yo. Lo que no se perdonaba era que, por un segundo, le había creído. Después se había convencido de lo contrario con las pruebas de su madre. El informe. El hombre del hotel. La fecha. Todo encajaba. Y aun así, en diez años, ninguna otra mujer la había sacado de su mente.

Lo había intentado sin proponérselo. Mujeres que llegaban y se iban, noches que terminaban bien y mañanas que no importaban. Ninguna le hizo sentir lo que le hizo sentir esa mujer de noventa y ocho kilos a la que él mismo había echado de su vida delante de cuatrocientas personas. Eso era lo que más odiaba: no la traición, sino que ella todavía pudiera más que él. Que la única que lo había hecho sentir algo de verdad fuera la que lo había arruinado.

Por eso estaba con Isabela.

Isabela no le pedía nada que él no quisiera dar. Conveniente, conocida, aprobada por su madre desde el principio. Nunca lo sorprendía, y eso le bastaba. El invierno pasado le había puesto un anillo sin que ninguno de los dos se emocionara demasiado.

Lo que Rodrigo no veía, porque hacía tiempo había dejado de mirar de cerca, era el resto.

********************

Mateo tenía la maleta lista en la puerta desde las siete.

El avión privado salía a las diez y Rodrigo no iba en él. Tenía dos reuniones que no podía mover así que viajaría al día siguiente. El niño iba solo, como otras veces, con el instructivo de la competencia, el contacto del hotel y una azafata pendiente de él hasta el aterrizaje. A Mateo no le molestaba. Pasar el viaje sin Isabela era lo mejor que le había pasado en meses.

Rodrigo bajó de traje, ya con el teléfono en la mano.

—El piloto confirma a las diez. Yo llego mañana. ¿Tienes todo?

—Sí.

—¿El instructivo de la Olimpiada?

—Sí.

—Cuarenta y dos países, Mateo. Esto no es un torneo nacional. —Levantó por fin los ojos del teléfono—. Vas a ganar.

—Voy a intentarlo.

—No te pedí que lo intentaras.

Mateo no respondió. Agarró la maleta.

Isabela bajó las escaleras en bata de seda, sonriendo.

—Mi amor. —Le dio dos besos a Rodrigo—. ¿No alcanzas a desayunar con nosotros?

—Tengo reunión a las ocho. —Rodrigo ya volvía al teléfono—. Desayunen ustedes.

—Claro. —La sonrisa de Isabela siguió igual—. Anda tranquilo.

Esperó a que él diera tres pasos hacia el estudio. Después se giró hacia el niño. Cambió la cara, pero no la sonrisa, y eso era lo peor.

Le acomodó el cuello de la chaqueta con los dos pulgares, despacio, por si alguien los veía de lejos.

—Vas a estar solo hasta mañana, hasta que llegue tu papá —dijo, en voz baja y dulce—. Pórtate bien y hazlo sentir orgulloso. —Le alisó la solapa—. Ya sabes lo que pasa cuando tu papá se enoja.

—Sí.

—Si fallas, y tu papá llega con un problema a casa justo el mes en que voy a poner fecha para la boda, me voy a enojar contigo. —Subió la mirada, todavía sonriendo—. ¿Quieres verme enojada, Mateo?

—No.

—Mírame cuando te hablo.

Mateo la miró. Los pulgares apretaron el cuello un segundo. Uno solo. Lo suficiente para que le doliera, y lo bastante poco para que, si Rodrigo se daba vuelta, solo viera a una mujer arreglándole la ropa a un niño.

—Ganas, porque ganas. Si pierdes, ya sabes lo que te espera.

Lo soltó y le sonrió.

—¡Avisa cuando aterrices! —dijo en voz alta.

Rodrigo asomó la cabeza.

—¿Todo bien?

—Todo bien —dijeron los dos a la vez.

Y fue lo único en lo que Mateo e Isabela estuvieron de acuerdo en años.

Rodrigo cruzó el recibidor y le puso una mano en el hombro al niño. Firme, un poco fría. Era todo lo que sabía dar. Lo miró de cerca, más de lo normal, y volvió a sentir esa incomodidad de siempre. Mateo tenía un gesto en la cara —la forma de apretar la mandíbula cuando se aguantaba algo— que Rodrigo ya había visto antes, hacía años, en alguien más. Por eso le costaba abrazar a su propio hijo, aunque nunca se lo dijera a nadie: el niño se parecía demasiado a la mujer que llevaba diez años queriendo olvidar.

—Pórtate como un Castel —dijo.

Mateo agarró la maleta y salió antes de que alguien dijera algo más. Rodrigo se quedó en el recibidor con la incomodidad todavía encima.

No pensó en Valentina.

O eso se dijo.

La Olimpiada Internacional de Esgrima se disputaba en un complejo con gradas para dos mil personas, cuarenta y dos países y eliminación directa: el que perdía, quedaba fuera. Una sola medalla de oro por categoría. Los de diez años competían en categoría infantil, en espada.

Mateo eliminó a Croacia, a Australia y a México sin mayor esfuerzo. No hablaba con nadie entre asaltos. Solo quería ganar y volver sin darle a Isabela un motivo para castigarlo.

Lo que lo descolocó fue el competidor del país once.

No por la técnica, aunque era buena. Fue cómo se movía. Hacía un giro de muñeca al recuperar la posición que Mateo también hacía y que no le había visto a nadie en cuatro años. Le pareció raro, pero se concentró y siguió.

La final fue a las seis. Mateo contra el país once.

Fue el mejor asalto de su vida, y lo supo desde el primer toque. El otro no cedía, no cometía los errores de siempre, adivinaba cada ataque antes de tiempo. El marcador subió punto a punto hasta el final. En el último, el árbitro dio el toque a favor del competidor del país once.

Mateo aceptó la derrota con la mandíbula apretada y le extendió la mano al ganador, como mandaba el reglamento.

El otro se la tomó.

Y los dos se quedaron quietos, con las manos unidas y las caretas todavía puestas, sin entender qué acababa de pasar.

El vestuario estaba vacío cuando Mateo entró a quitarse el equipo. Oyó la puerta. Entró a medio desvestir el niño que le acaba de ganar, pero venia sin la máscara puesta.

Mateo levantó la vista y se le cortó la respiración.

Era él. La misma cara, los mismos ojos, todo. Sintió un frío en el estómago, dio un paso atrás sin darse cuenta y por un momento no supo qué hacer con las manos.

El otro tampoco se movía. Estaba igual de pálido.

—¿Cómo te llamas? —preguntó Mateo. Le costó que le saliera la voz.

—Simón. —El niño seguía mirándolo, sin parpadear—. ¿Tú?

—Mateo.

Se quedaron callados, uno frente al otro, sin saber qué decir. A Mateo le latía el corazón con fuerza. Tenía mil preguntas y no le salía ninguna.

Fue Simón el que habló primero, en voz baja.

—Mi mamá dice que mi papá murió.

—Mi abuela dice que la mía se fue con otro —dijo Mateo—. Mi papá nunca la nombra.

Ninguno dijo nada un momento. Los dos estaban pensando lo mismo y a los dos les daba miedo decirlo.

—Alguien está mintiendo —dijo Simón.

Mateo iba a contestar cuando le vibró el teléfono.

Papá.

Miró la pantalla. Después a Simón. Después otra vez la pantalla.

Por primera vez en años no tuvo ganas de contestar. Había algo que de repente no le cuadraba, y por más que quería negarlo, no podía.

Acababa de conocer a un niño con su misma cara.

Y empezaba a sospechar que en su casa le habían mentido toda la vida.

1
Titisx
somo dos
Maigualida Ramirez
escritora busca la forma de que Carla quede con Damian
Limaesfra🍾🥂🌟
sera que la Lucia es tsn buenita xoko dicen xq tiwne como.un faro para interrumpir cualquier aclaracion.entre Damian y Carla
Maigualida Ramirez
que lastima lo cierto en todo esto es que ellos dos se aman y no es justo que no queden juntos porque se ve que es un amor bonito
Maigualida Ramirez
esa malvada Isabella me cae más mal
Maigualida Ramirez
por lo menos la pido rescatar ojala llegue con bien a casa
Maigualida Ramirez
bueno es la trama de la novela que coños
Maigualida Ramirez
si Rodrigo sabe que es una malvada vieja mal nacida porqué no le puso escolta con tanto dinero que tiene
mariela
Pobre Carla dejo a su amor se sacrificó para que no le pasará nada y el estuvo 10 años odiandola y con una verdad se dió cuenta de cuánto la ama pero Lucia una mujer dulce e inocente de todo se casará con él como dijo ella la verdad llegó demasiado tarde.
mariela
Pregunto si ella se enteró porque no confronto a Carla 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Si tiene a los niños no le ha preguntado como se conocieron y que hicieron 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Porque Rodrigo si es tan poderoso no se ha enfrentado a Estela su madre🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓❓
mariela
Llegó Isabela con su maldad y todavía Rodrigo confiado que la protegía y dentro hay traidores que le hicieron llegar el sobre con la verdad y ahora que le dirás como enfrentarás esa verdad y Carla no se salvará por habérselo ocultado todo.
mariela
Damián reconoció entre líneas donde tenían a Valentina ahora vendrán los enfrentamientos entre madre e hijo porque Rodrigo no se quedará de brazos cruzados otra vez.
mariela
Estela un viejo plan te dió resultado por ahora porque lo que menos te imaginas es que te enfrentarás a tu hijo y está vez tienes las de perder todo e igual Isabela te queda grande decir mi Rodrigo.
Nancy romero
autora q pena por lucia pero carla merece ser feliz
Betty Saavedra Alvarado
Estela estás dando los últimos manotazos de ahogado Rodrigo no dejará que le hagas daño a vale o Elena
Betty Saavedra Alvarado
Rodri la encontrará todos trabajan para encontrarla
Betty Saavedra Alvarado
En las historias pasa de todo sin darnos cuenta Rodri si que te llegó la noche
Betty Saavedra Alvarado
Damián no te cases no amas a Lucia no conviertas tu vida en un infierno
Betty Saavedra Alvarado
Rodrigo te va a dar una neumonía
Maigualida Ramirez: te vas a enfermar hombre
total 1 replies
valeska garay campos
ahora vamos a ver que pasa con la bruja 🧙‍♀️
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