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Destinado A Las Cenizas

Destinado A Las Cenizas

Status: En proceso
Genre:Romance / Aventura / Héroes
Popularitas:122
Nilai: 5
nombre de autor: Nickto

Un joven general cuenta sus experiencias de vida que lo llevaron al punto en el que se encuentra. Errores del pasado se pagan con sangre en el presente.
Cuenta cómo su mundo cambió totalmente hace ya veintidós años cuando apenas tenía quince; cómo, por las guerras, ha perdido seres queridos y camaradas que espera volver a ver algún día en el otro mundo. Todo inicia con su padre, Oemirus, quien lideró el asalto a la ciudad de Palfidias y se convirtió en héroe. Pero un trágico malentendido diplomático sembró la semilla de una venganza brutal.En ese entonces, un ejército colosal arrasa el reino de Wilders con un solo objetivo: borrar del mapa el linaje y el pueblo de Oemirus.¿Podrá su hijo Mélon sobrevivir a la tormenta que desató su propio padre?

NovelToon tiene autorización de Nickto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Trampa

Al amanecer, los rebeldes aparecieron junto a los Aserios.

Una fuerza enorme de apróximadamente unos quince mil hombres se extendían frente a la entrada de la pequeña aldea, listos para acabar con los defensores y cualquiera que se interpusiera en su camino.

Desde la empalizada de madera, podía verse como el ejército enemigo se preparaba. Había soldados rebeldes,

guerreros, caballería, arqueros y enormes arietes que avanzaban lentamente entre las filas.

Pero ellos no sabíaan algo.

Nosotros habiamos pasado toda la noche preparandonos para ese momento.

Después de la derrota sufrida el día anterior, Kallias habia reunido a los principales lideres en una de las casas de la aldea. Allí habiamos estudíado el terreno, las posiciones enemigas y las pocas posibilidades que teníamos para sobrevivir.

No podíamos enfrentarlos en campo abierto, tampoco permitir que tomaran la aldea. Asi que decidimos convertir

nuestras propias defensas en una trampa, debiamos aprovechar nuestra mejor equipación y buen uso de nuestras

formaciónes cerradas para ser el segundo muro después de la empalizada.

Mientras los hombres se preparaban para el asalto, observé desde una de las torres torre alta al lado de la entrada al ejército enemigo.

—Son demásiados- murmuró uno de los soldados a mi lado.

No respondí, yo también podía verlos.

Entonces un hombre salió de entre las filas Aserias y avanzo hacia la entrada de la aldea acompañado por varios guerreros bien equipados.

Era Begos, general de las fuerzas Aserias y quien nos derrotó el día anterior.

Se detuvo enfrente a la empalizada y levantó la voz.

—¡Defensores de esta aldea! ¡Habéis perdido! ¡Entreguen las armás y abran las puertas! ¡De lo contrario, acabaremos

con todos sin distinción!.

El caudillo Brokta subio a la torre, se quedo observando al general enemigo durante unos segundos.

Después sonrio.

—Quieren nuestras armás y nuestras tierras... vengan a buscarlas-respondió con firmeza.

Begos apretó los dientes.

No dijo nada más, simplemente levantó su mano y el sonido del nafir atraveso el campo.

Los enemigos comenzaron a avanzar y una lluvia de proyectiles empezó a caer sobre la aldea.

—¡Ahora!- grito el caudillo Gálata.

Nuestros arqueros respondían con una lluvia de flechas, un intercambio de disparos que golpeaban ambos bandos, desde

la torre yo también disparaba con mi arco derribando a los que más pudiera ante de quedarme sin flechas.

Los soldados levantaban sus escudos mientras seguían avanzando con los arietes directo a las puertas y otros puntos

al frente de la muralla.

Ellos tampoco dejaban de disparar, flechas y piedras, al acercarse a las paredes de madera los jabalineros empezaron a hostigarnos también, fue duro tenían muchas más unidades de proyectiles. Pero nosotros contabamos con mejor equipo, nuestros grandes escudos de hierro y combre nos protegian de la mayoria de disparos.

El ruido era ensordecedor, los gritos de los heridos se mezclaban con los impactos sobre los escudos y armaduras.

—¡Resistan aún no entran!-grito kallias.

Los arietes llegaron hasta las puertas, el impacto hacia temblar las estructuras. Al no contar con más flechas y la posibilidad de

que la torre cayera baje y me reuni con los soldados tomando mi espada y escudo.

La madera empezaba a ceder con los golpes.

—¡Preparense!-grito Milena.

Me encontraba en uno de los puntos más castigados de la empalizada junto a Kállos, Milena y Iséro.

La muralla finalmente cedió y miles de enemigos entraron a toda velocidad dentro del poblado.

Me percate justo a tiempo para evitar ser golpeado por un rebelde, mi escudo choco con su espada.

Lo empuje y luego lo atravese.

A mi lado, Iséro clavo su lanza sobre el pecho de otro atacante.

Milena combatia con esa seguridad y tranquilidad que la caracterizaban, moviendose entre los atacante con una precision que me sorprendía

cada vez más.

En ese momento se escucho un estruendo, la puerta habia caido.

—¡Entraron!-grito el capitán que defendía esa posicion.

Los enemigos lograron abrir varias aberturas en las empalizadas, rebeldes y Aserios irrumpieron en la aldea de a miles mientras nosotros manteníamos

a raya su embestida.

La batalla se convirtio en un caos, era un combate total donde los defensores luchabamos por sobrevivir.

Gálatas y soldados de Wilders combatiendo codo a codo, algunos defendían las casas. Otros intentaban impedir que avanzaran más dentro del poblado.

—¡No cedan!-grite dirigiendo desde el frente.

El combate se extendía en tres puntos de la empalizada, los enemigos habían logrado abrirse paso entre ellas.

Por un momento pensé que era nuestro fin, pero entonces recorde lo planeado la noche antes.

Todo lo que necesitábamos hacer era resistir y obligarlos a entrar dentro de la población para después aplastarlos en un espacio reducido entre dos

flancos.

Begos observaba la batalla desde fuera de la aldea.

Parecia irritado.

Pensaba encontrarse con los mismos soldados que se habia enfrentado el día anterior, desmoralizados y cansados. Pero no la fuerza de voluntad además del

deber de proteger a los aldeanos había hecho en nosotros una fuerza de emociones que nos impulsaba a cada segundo.

Tambien contabamos con la posibilidad de luchar de frente ya no estabamos rodeados y estabamos acostumbrados a pelear en columnas usado los pequeños espacios

y nuestros duros escudos, en cambio ellos estaban equipados en su mayoria con equipo ligero que frente a nuestras espadas y lanzas era perforados como completa

facilidad.

El general Aserio se impacientaba.

—¡Envien a la caballería y la élite, terminemos con esto de una vez!-ordeno

Varias unidades Aserias comenzaron a avanzar, detrás de la caballería iban sus tropas de élite.

Al ver entrar de golpe a la caballería por las distintas entradas me sorprendí.

—Esto se va a poner peor-dije.

Kállos se coloco a mi lado.

—Tenemos que aguantar un poco más, ya han mordido el ansuelo.

Sonreí

—Eso parece.

La caballería enemigo entro en la aldea, chocaban con sus propios compañeros debido al poco espacio para maniobrar entre tanta gente.

Iséro aprovechaba y derribaba a los jinetes con su lanza.

Milena esquivó un golpe y utilizo una de sus espadas para herir al enemigo sus órganos vitales.

Kállos y yo luchabamos uno al lado del otro, no hubo tiempo para pensar en medio del choque oímos la señal el cuerno galata sono. Empezaba la segunda mitad del plan.

Nuestra caballería un poco más de dos mil jinetes comandados por el caudillo Brokta y el general Kallias salian por un pasadizo echo la noche anterior en la parte

trasera del poblado.

Rodearon la empalizada en dos grupos uno por cada lado.

—¡Kallias!-grito un soldado desde adentro.

El enemigo no sabíaa que significaba hasta que vieron a Kallias golpear su retaguardía junto a mil jinetes, al ver eso nosotros también empezamos a presionar en formación de falange aquella gran maza de guerreros que ahora se encontraban sin mucha movilidad entre el muro de nuestros escudos y la arrolladora caballería del general no podían creerlo que sucedía. Estuvimos aguantando y luchando esperando este momento.

La formación enemiga comenzo a verse superada y con poca movilidad para poder responder estaban siendo aniquilados.

—¡Ahora!-grito Kállos

Avanzabamos juntos como una pared de acero apuñalando y cortando todo lo que encontrabamos por delante. La trampa habia funcionado.

Mientras tanto el caudillo Brokta dirigía al segundo grupo de jinetes directamente contra Begos.

El general Asirio se encontraba acompañado por escuadrones de arqueros a pie y montados. Al verlo acercarse a toda velocidad, levantó el brazo.

—¡Disparen!

Los arqueros tensaron sus cuerdas y una lluvia de flechas llovio sobre los jinetes de Brokta.

Algunos impactaron sobre los escudos, otros sobre los jinetes y sus caballos.

Aun asi el caudillo siguió.

—¡No se detenga! ¡Son nuestros!-rugio.

La caballería choco violentamente contra la formación Aseria.

Fue un impacto brutal.

Los arqueros y guerreros que protegian al general Begos fueron aniquilados uno tras otro.

El general intenta escapar.

Brokta lo vio.

—¡No dejen que huya!

Pero Begos consiguio abrirse paso entre sus propios hombres ante de ser alcanzado por el caudillo, logrando escapar junto a alguno de ellos.

La mayoria de los soldados que lo acompañaban no tuvieron la misma suerte.

Arqueros y jinetes montados murieron bajo las espadas Gálatas.

Brokta observo como Begos desaparecia a lo lejos, podría haberlo perseguido.

Pero negó con la cabeza.

—No.

Uno de sus hombres lo miro sorprendido.

—¿Señor?

Brokta cambio de curso hacia la aldea.

—Nuestra gente y aliados siguen luchando. Debemos volver.

Mientras tanto nosotros juntos a Kallias continuabamos combatiendo, el enemigo estaba acorralado pero eso no significaba que se rendirían. Los volvía más peligrosos ya que el miedo de ser atrapados vivos o que su general viera su cobardía los obligaba a seguir luchando.

Los rebeldes que aún quedaban si intentaba salir huyendo por miedo a la represalia de los caudillo.

De la nada escuchamos el grito de Brokta.

—¡Por nuestra gente!

Su caballería cargo y las tres fuerzas unidas másacraron a los combatientes que aún quedaban.

El enemigo que minutos antes entro confiado en el poblado ahora intentaban desesperadamente encontrar una salida.

No la habia, uno tras otro fueron cayendo, rebeldes , Aserios. Todos los que habían pensado que nuestra derrota el día anterior nos dejo debilitados y moralmente destruidos se vieron sorprendidos por una mala decisión y el impulso de un señor que los envio a morir. La imposibilidad de mantenerse sereno,

organizado esperando para ver que movimiento llevaba acabo el rival terminó perjudicando a un ejército que fue totalmente devastado.

Al final, el silencio solo se escuchaban los gemidos de hheridos y la caida de las armás por parte de los rendidos.

Habíamos ganado.

Lo logramos no por tener más hombres, ganamos porque pudimos aprovechar los espacios de la aldea y el factor crucial las malas decisiones del general Begos.

Esa noche encendimos varias fogatas.

La gente del poblado salió de sus casas para celebrar, la tranquilidad volvía al menos de momento.

Prepararon un banquete, comida y bebida a montones.

Después de todo lo ocurrido, necesitabamos olvidar la guerra aúnque fuera durante unas horas, me sente en una fogata junto a Kállos.

Por primera vez desde que habiamos llegado a aquella aldea, ninguno de los dos tenía que estar pendiente de un enemigo.

Ella levantó su copa.

—Por los que no llegaron hasta aqui.

Levante la mia.

—Por los que aún estamos para recordarlos.

Bebimos en silencio, durante minutos simplemente observamos las llamás.

—Ayer pensé que moriríamos-admitio Kállos.

La mire.

—Yo también.

Ella solto una pequeña risa.

—Entonces supongo que hoy podemos celebrar que nos equivocamos.

Sonreí

—Supongo que si.

No pudimos continuar conversando.

—¡Ahí estan!

Iséro aparecio con una copa en la mano, Milena caminaba detrás de el.

—¿Piensan celebrar sin nosotros?-pregunto Iséro.

Kállos negó con la cabeza.

—Llegaste tarde.

—Nunca llego tarde. Solo doy tiempo a los demás para que empiecen.

Milena solto una pequeña carcajada.

—Eso es exactamente lo que diria alguien que llega tarde.

Iséro se sento junto a mi.

Por primera vez en un buen tiempo, los cuatro podíamos reir.

La batalla habia terminado pero sabía que aquello no era el fin.

Logre aprender algunas cosas valiosas en nuestros primeros encuentros con los Asirios, seguro que ellos también.

Y probablemente la próxima vez que nos encontráramos con ellos estarán mucho más preparados para enfrentarnos.

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