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Massacre Express

Massacre Express

Status: Terminada
Genre:Casos sin resolver / Venganza / Terror / Completas
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: cshadows

Advertencia: No descargues Massacre Express.

​En el 2013, Los Ángeles se convirtió en el escenario de una pesadilla silenciosa. Jóvenes aparecían muertos con marcas de haber tomado una decisión fatal, pero todos compartían un detalle macabro: una nota con el nombre de una aplicación maldita.

La policía lo llamó suicidio. Los sobrevivientes saben que fue cacería.

​Valentina y Miguel no se conocen, pero comparten la misma herida. Ella perdió a su mejor amiga; él, a su hermano. Atados por la necesidad de respuestas, deciden cruzar la línea y adentrarse en el juego.

​Una vez que aceptas los permisos de micrófono y ubicación, ya no hay vuelta atrás.

El juego empieza... y la camioneta ya está en camino.

★ Actualización todos los días, puntualmente a las 15:00 hrs...

NovelToon tiene autorización de cshadows para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23 — El rastro del titiritero

​El trayecto por aire desde la fría y distante costa del norte de California hasta el bullicioso y caótico asfalto de Los Ángeles duró exactamente una hora y veinte minutos, pero para Miguel cada segundo a bordo de aquella aeronave comercial se sintió como una prolongada, asfixiante y desesperante travesía a través del purgatorio.

​Rodeado por pantallas de navegación automatizada, anuncios impersonales emitidos por altavoces robóticos y una red de pasajeros totalmente abstraídos en sus propios mundos digitales y rutinas vacías, una picazón constante e insoportable le recorría la nuca, recordándole de la forma más cruel posible que el mundo moderno era, en esencia, una gran trampa de cristal de la que nadie podía escapar.

​Llevaba el ordenador portátil de alta seguridad firmemente sujeto contra el pecho, abrazado con los brazos rígidos como si se tratara de un chaleco antibalas militar o de un escudo sumamente frágil contra el inminente fin del mundo.

​Con los dedos entumecidos por la tensión y la mente trabajando a revoluciones peligrosas, repasaba por enésima vez el volcado de memoria y los registros binarios que había extraído de su red doméstica antes de abandonar precipitadamente su casa en el norte.

​El código mutado del Massacre Express no solo estaba activo en algún servidor fantasma disperso en los rincones más oscuros de la red profunda; se estaba alimentando, creciendo, multiplicándose y adaptándose con una eficiencia tan fría que helaba la sangre.

​Cuando el tren de aterrizaje del avión tocó la pista del Aeropuerto Internacional de Los Ángeles con un chirrido metálico y seco contra el asfalto, el teléfono móvil de Miguel vibró con fuerza y violencia en el bolsillo interior de su chamarra.

​No se trataba de una llamada de voz convencional ni de una notificación ordinaria de mensajería comercial; era un aviso cifrado que lograba burlar con insultante elegancia los complejos protocolos de seguridad de las operadoras comunes.

​Un mensaje directo, lanzado con premeditación desde un servidor proxy desconocido y anónimo que parecía burlarse abiertamente de todo su trayecto geográfico.

​Con los latidos golpeándole las sienes con una fuerza inusitada, Miguel deslizó el dedo torpemente por la pantalla táctil y abrió el archivo adjunto.

​Sobre el fondo completamente negro de la interfaz, una sola línea de texto en un color rojo carmesí brillante se dibujó letra por letra, con una lentitud calculada, como si alguien la estuviera tecleando en directo desde el otro lado del mundo solo para hacer tiempo:

​«Buen vuelo, Miguel. Saluda a Valentina de mi parte. El diseño arquitectónico de su tumba ya está listo».

​El aire pareció abandonar los pulmones de Miguel de un solo golpe seco.

​El corazón se le atascó en la garganta, dejándolo sin aliento en medio del pasillo central del avión, mientras los demás pasajeros comenzaban a levantarse apresuradamente para recoger sus maletas de los compartimentos superiores.

​No solo sabían con absoluta precisión que había tomado ese vuelo; sabían a qué hora exacta aterrizaba, hacia qué coordenadas se dirigía y con quién iba a reunirse en cuestión de minutos.

​El nuevo villano —ese discípulo invisible, esa mente fría, calculadora y sociópata que operaba desde las sombras del Massacre Express— les llevaba siempre dos pasos de ventaja, observando cada uno de sus movimientos con la paciencia infinita de un depredador que disfruta jugando sádicamente con su presa antes del golpe definitivo.

​A pocos kilómetros de distancia de allí, en el corazón de su estudio de arquitectura en Los Ángeles, Valentina intentaba concentrarse desesperadamente en trazar las líneas geométricas de un nuevo plano estructural, utilizando el trabajo técnico como una tabla de salvación para calmar el temblor incontrolable de sus manos.

​Sin embargo, el entorno a su alrededor comenzó a corromperse de manera sutil, silenciosa y profundamente macabra, alterando la atmósfera de su refugio.

​Primero fue la iluminación inteligente del estudio: las bombillas de bajo consumo parpadearon tres veces de forma perfectamente sincronizada antes de apagarse por completo, sumergiendo el amplio espacio de trabajo en una penumbra densa, rota únicamente por la luz plomiza que se filtraba desde la calle a través de los cristales sucios.

​Antes de que Valentina pudiera alcanzar el interruptor de emergencia instalado en la pared, las persianas motorizadas de seguridad exterior comenzaron a deslizarse hacia abajo con un zumbido metálico y monótono, bloqueando herméticamente todas las salidas y atrapándola en una celda improvisada de concreto y cristal.

​Valentina se puso de pie de un salto, derribando la silla de diseño que cayó al suelo con un golpe seco que resonó en el silencio.

​La respiración se le tornó superficial y acelerada; el instinto de supervivencia más primario le gritaba que se moviera de inmediato.

​Corrió hacia la mesa principal en busca de su teléfono móvil, pero al tocar la pantalla descubrió con horror que estaba completamente congelada, bloqueada por un bucle de datos numéricos incomprensibles.

​Instantes después, el monitor central del estudio cobró vida por cuenta propia, iluminando la habitación con una luz fría, parpadeante y azulada que proyectaba sombras alargadas y deformes sobre las maquetas arquitectónicas.

​En el centro de la pantalla, una línea de código comenzó a teclearse sola a una velocidad vertiginosa, generando secuencias numéricas que formaban una figura geométrica inconfundible: la silueta exacta del plano estructural del propio edificio donde se encontraba.

​Una cruz de color rojo sangre, parpadeaba de manera intermitente justo sobre el despacho donde ella respiraba con pánico, atrapada en el centro de la pantalla como un insecto bajo la lente de un microscopio.

​El troyano no solo había regresado a la vida; les estaba tendiendo una elaborada y fría trampa de bienvenida, recordándoles que las paredes de su propio refugio ya no les pertenecían en absoluto.

​Mientras tanto, en las calles aledañas al distrito, un automóvil de color negro y lunas oscuras aparcaba discretamente en la esquina opuesta, fundiéndose perfectamente con las sombras de los grandes árboles urbanos.

​Detrás del volante, un hombre joven de sudadera oscura, cabello revuelto y una sonrisa helada, casi quirúrgica, dibujada en el rostro observaba la escena en tiempo real a través de una tablet de alta gama repleta de datos biométricos, flujos de cámaras hackeadas y diagramas de consumo eléctrico.

​Con absoluta calma, el desconocido acarició la pantalla táctil con la yema del dedo, observando cómo las luces del estudio de Valentina respondían a sus órdenes digitales como si fueran extensiones de su propia voluntad.

​—Disfruten el reencuentro, tortolitos —murmuró para sí mismo con una voz suave, casi cariñosa, mientras sus dedos tecleaban la siguiente orden en la consola con precisión milimétrica—. El verdadero espectáculo apenas va a comenzar.

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Alana del Rey
Me dio un buen de ternura la escena del café y las manos de Miguel en la nuca de Valentina 🥺
Alana del Rey
Me encantó que Valentina ahora use su talento para diseñar centros comunitarios a mano 👏
Alana del Rey
Llegamos al final oficial y no puedo estar más feliz con este cierre épico!!!
Voy a extrañar un montónnnn 😭😭😭😭💘
Alana del Rey
El extintor de CO2 congelando el servidor de los mercenarios fue lo más brillante que leí en la vida 🤯
Alana del Rey
Casi me da un infarto con la barra de carga en el 99% otra vez, sufro por mis nervios jajaja
Alana del Rey
Por fin cayó el desgraciado de Julián Vance esposado! Se hizo justicia divina 👏
Alana del Rey
Amé fuerte la escena final de Miguel y Valentina tomados de la mano mirando el atardecer 🥺
Alana del Rey
O sea que el propio hermano de Julián descubrió que era un corrupto... qué escena tan fuerte!
Alana del Rey
Menos mal que guardaron todo bien en las mallas de Faraday, si no se los borran ahí mismo
Alana del Rey
Ay no, el hermano del villano... al principio me daba mala espina, pero parece que sí les va a creer 😭
Alana del Rey
No puedo creer que hayan entrado al edificio del FBI por el sótano de carga, qué nivel de estrategia!
Alana del Rey
Qué manera de arrancar este capítulo con la tensión a flor de piel, me encanta que ya no se rindan!
Alana del Rey
Ay no, la caminata de seis horas por la montaña congelada... sufrí con ellos de verdad 😭
Alana del Rey
El milagro de encontrar la camioneta vieja con las llaves puestas, ¡muy de película pero amé!
Alana del Rey
Menos mal que guardaron todos los aparatos en las mallas de Faraday, cero rastreo para la policía
Alana del Rey
Menos mal que guardaron la USB blindada con las pruebas, si no estarían fritos
Alana del Rey
Aaaamé que usaran el túnel de desagüe para escapar, muy de película de acción clásica 🎬
Alana del Rey
Me dio un buen de tensión la parte de los acantilados y el agua helada, sufro por ellos de verdad 😭
Alana del Rey
¿¡Cómo que ahora son fugitivos buscados por el FBI!? Vance de verdad no descansa nunca, qué coraje 😡
Alana del Rey
Qué buena elección lo del cableado de cobre del ferrocarril, tiene todo el sentido técnico
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