Valentina Visconti nació para heredar un imperio, pero eligió salvar vidas antes que administrar fortunas. Renunció a su apellido, a su riqueza y al futuro que su familia había planeado para ella, convencida de que el amor debía elegirse, nunca negociarse.
Cuando la traición del hombre con quien soñaba casarse destruye todas sus certezas, un impulso desesperado la lleva a besar a un completo desconocido para escapar de su pasado.
Alessandro Moretti carga con el peso de uno de los apellidos más poderosos y temidos del país. Aunque ha construido su propio imperio lejos de la violencia y prefiere mantenerse fuera de los reflectores, el legado de su familia nunca deja de perseguirlo.
Lo que ninguno de los dos imagina es que ese encuentro cambiará sus vidas para siempre.
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14- me voy contigo
Veinte minutos después...
Un Audi negro se detuvo bruscamente frente al edificio.
Matteo ni siquiera esperó a que el motor se apagara.
Bajó casi corriendo.
Subió por el ascensor.
Y, apenas la puerta del apartamento se abrió...
Se quedó inmóvil.
El lugar parecía haber sido atravesado por un huracán.
Cristales rotos.
Una silla hecha pedazos.
La mesa del centro volcada.
Botellas destrozadas contra la pared.
Y, en medio de todo aquel desastre...
Alessandro permanecía de pie frente al ventanal.
Con la espalda hacia la puerta.
Todavía respiraba con dificultad.
Matteo cerró lentamente la puerta.
—Hermano...
Alessandro no respondió.
Pasaron varios segundos.
Hasta que habló sin girarse.
—Hazme una maleta.
Matteo frunció el ceño.
—¿Qué pasó?
—Alessandro...
Él cerró los ojos un instante.
—Mi tío.
Solo fueron dos palabras.
Pero Matteo entendió inmediatamente.
Su expresión cambió por completo.
—¿Qué hizo esta vez?
Alessandro dejó escapar una risa amarga.
—Intentó decidir con quién voy a pasar el resto de mi vida.
Matteo permaneció en silencio.
Esperó. Sabía que Alessandro terminaría contándolo.
—Había una mujer esperándome.
Mi copa tenía un sedante. Su plan era dejarme inconsciente... Y obligarme a hacerme responsable de ella.
Los puños de Matteo se cerraron con fuerza.
—Ese maldito...
—No.
Lo interrumpió Alessandro.
Con una calma mucho más peligrosa que cualquier grito.
—No la toque. Ni ella a mí.
La eché antes de que pudiera acercarse.
Matteo respiró aliviado.
—¿Estás bien?
Alessandro asintió.
—Solo probé un poco del whisky.
Me di cuenta demasiado rápido. Pero...
Bajó la mirada hacia el apartamento destruido.
—Ya no puedo seguir viviendo aquí.
Matteo recorrió el lugar con la vista.
Después volvió a mirar a su amigo.
Por primera vez entendió que aquello no era un simple ataque de ira.
Era el final de una etapa.
—Entonces te llevo a un hotel.
Alessandro negó lentamente.
—No.
—¿A dónde?
—A tu apartamento.
Matteo parpadeó.
—¿Perdón?
—Necesito desaparecer unos días.
Si mi tío sabe dónde vivo... Volverá a intentarlo.
Matteo permaneció unos segundos completamente inmóvil.
Después sonrió.
—Jamás pensé que llegaría el día en que me pedirías vivir conmigo.
Alessandro levantó una ceja.
—No te emociones. Es temporal.
—Claro... Eso dicen todos.
Los dos se quedaron mirándose unos segundos.
Y, contra todo pronóstico...
Alessandro terminó soltando una pequeña risa.
Matteo negó divertido.
—Definitivamente esa doctora te cambió el humor.
Alessandro frunció el ceño.
—¿Qué tiene que ver ella?
—Hace dos horas estabas riéndote por primera vez en meses. Ahora vuelves a reír.
No sé quién sea... Pero algo hizo bien.
Alessandro no respondió.
Simplemente caminó hasta su habitación.
Abrió el armario. Sacó una maleta negra.
Y la dejó a los pies de Matteo.
—Empaca lo necesario.
Yo no pienso volver a poner un pie aquí.
Matteo tomó la maleta. Mientras comenzaba a guardar la ropa, sonrió para sí.
Conocía a Alessandro desde hacía quince años.
Y sabía reconocer perfectamente cuándo algo empezaba a cambiar en él.
Aunque el propio Alessandro todavía no fuera capaz de verlo.
Cuarenta minutos después...
La última maleta quedó dentro del Audi
Alessandro cerró el baúl y lanzó una última mirada al edificio.
No sintió nostalgia.
Solo una enorme necesidad de no volver.
Subió al asiento del copiloto.
Matteo encendió el motor.
Durante varios minutos condujeron en silencio.
Hasta que, como era de esperarse...
Matteo no pudo contenerse.
—¿Sabes qué es lo único bueno de todo esto?
Alessandro seguía mirando por la ventana.
—¿Qué?
—Que ya no tendré que ir solo al supermercado.
Alessandro soltó una risa por lo bajo.
—Contrata a alguien.
Matteo negó con toda naturalidad.
—¿Para qué? Podemos ir juntos.
Alessandro giró lentamente la cabeza para mirarlo.
—Eso ni lo sueñes.
Matteo sonrió.
—¿Por qué no?
—Porque yo jamás iría a un supermercado.
Hizo una breve pausa. Y añadió con total seriedad:
—Y mucho menos a cargar tus bolsas.
Matteo fingió indignarse.
—Qué buen amigo eres.
—Soy un excelente amigo. Pero tengo límites.
Los dos terminaron riéndose.
Era la primera conversación verdaderamente tranquila que Alessandro tenía en toda la noche.
Y la necesitaba.
Media hora después...
El automóvil entró al estacionamiento del edificio donde vivía Matteo.
Era mucho más pequeño que el de Alessandro.
Pero también... Mucho más discreto.
Subieron hasta el apartamento.
Matteo abrió la puerta.
—Bienvenido a tu nuevo hogar.
Alessandro entró despacio.
Observó la sala. La cocina. El balcón.
Todo estaba impecablemente ordenado.
—No está mal.
Comentó dejando la maleta junto al sofá.
Matteo sonrió con orgullo.
—Obviamente. Aquí vive gente civilizada.
Alessandro negó divertido.
—Ya veremos cuánto dura eso.
Se dejó caer sobre el sofá.
Por primera vez desde que había llegado a su antiguo apartamento... Sintió que podía respirar con tranquilidad.
Matteo regresó de la cocina con dos vasos de agua. Le entregó uno.
—Toma. Te hará bien.
Alessandro dio un largo trago.
Después apoyó el vaso sobre la mesa de centro.
Sacó distraídamente el teléfono del bolsillo.
La pantalla se iluminó.
Había un mensaje sin leer.
Vale 😜
Sonrió apenas.
Abrió la conversación.
"Ya te envié un mensaje. Guárdalo y cuando tengas una respuesta... me llamas."
Recordó la sonrisa de aquella doctora.
La manera tan torpe y sincera en que le había propuesto contratarlo como novio.
Y, sin darse cuenta... Soltó una pequeña risa.
Matteo lo observó desde el otro extremo del sofá.
—¿Qué fue tan gracioso?
Alessandro negó con la cabeza.
—Nada. Solo recordé a la doctora.
Matteo arqueó una ceja.
—¿La que te besó?
—La misma.
—¿Vas a guardar su número?
Alessandro miró nuevamente la conversación.
Después bloqueó el teléfono.
—Todavía no.
Matteo sonrió de lado.
—Pero sí lo vas a hacer.
Alessandro no respondió.
Permaneció unos segundos en silencio.
Pensando.
En Don Vittorio.
En Mary.
En la absurda propuesta de Valentina.
Y, por primera vez...
Las dos situaciones comenzaron a relacionarse en su cabeza. Su tío no dejaría de buscar candidatas. Y el padre de aquella doctora parecía decidido a hacer exactamente lo mismo.
Quizá...
Ese acuerdo tan descabellado no era tan mala idea.
Matteo lo observó con atención.
Conocía demasiado bien esa expresión.
—¿En qué estás pensando?
Alessandro levantó la vista.
—Creo... Que voy a escuchar su propuesta.
Matteo tardó dos segundos en reaccionar.
Y luego soltó una carcajada tan fuerte que casi derrama el agua.
—¡No puede ser!
Alessandro lo miró con resignación.
—¿Qué?
—El hombre que pasó años diciéndome que una novia falsa era la idea más absurda del mundo...
Acaba de decir que quiere escuchar una propuesta para tener una novia falsa.
Alessandro dejó escapar un suspiro.
—No he dicho que vaya a aceptar. Solo voy a escucharla.
Matteo seguía riéndose.
—Claro...
Eso mismo empiezan diciendo todos.
Alessandro negó con una pequeña sonrisa.
Por alguna extraña razón... Aquella doctora acababa de convertirse en el último pensamiento de una noche que había comenzado con un beso inesperado...
Matteo primero, luego Giovanni y Lorenzo y los osos juntos esa química es indudable y ellos no quieren aceptar que están enamorados.
Alessandro no se imagina lo que la loca de Camila le dejo en su gaveta 🤣😂🤣😂
Quien secuestro a Valentina 🤔🤔🤔❓❓❓
Porque lo hizo de quien se quiere vengar 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Dónde está Lucia fue ella quien lo hizo o tuvo ayuda de alguien 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Alessandro ahora sí sacará a relucir su apellido Moretti a relucir y quien lo haya hecho se busco su muerte porque si no lo hace Alessandro lo hará el viejo Don Vittorio.
Valentina lo dejaste como novio de pueblo vestido y alborotado.
Hasta tu padre se dió cuenta que están perdidamente enamorados.
Bombón así necesito uno que me dé muchos regalos 🤣😂🤣😂
Es verdad lo que dice Camila ustedes dos ya no respetan el contrato eso ya pasó a hacer una relación verdadera besos, me quedo a dormir etcétera cuando darán el paso a sincerarse.