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PUDRETE ROSE... AHORA AMARÉ A AMAYA ROBERTS

PUDRETE ROSE... AHORA AMARÉ A AMAYA ROBERTS

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Reencuentro / Completas
Popularitas:644
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Cal murió solo, arruinado y consumido por el recuerdo de Rose. Pero, contra toda lógica, despierta diez años antes, a bordo del Titanic, justo cuando su antigua historia está a punto de repetirse.
Esta vez no piensa cometer los mismos errores.
Rompe su compromiso, deja de financiar las deudas de Rose y Ruth y decide construir una vida completamente diferente. Entonces conoce a Amaya, una joven de buena familia caída en desgracia que viaja en tercera clase para casarse con un hombre al que no ama.
Lo que comienza como un acuerdo termina convirtiéndose en un amor verdadero.
Pero Cal sabe que el Titanic está condenado.
Cuando llega la noche del desastre, utilizará todo lo que recuerda para intentar salvar vidas.
¿Podrá cambiar el destino?
¿Y qué ocurrirá cuando el hombre que una vez lo perdió todo descubra que su verdadera riqueza nunca estuvo en el dinero… sino en Amaya, su familia y la vida que eligió?

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El trabajo dignifica

La velada transcurría con naturalidad. Cal conversaba con el señor Finley, dueño de la siderúrgica más grande del país. El hombre exponía sus preocupaciones sobre los precios del acero y hacia dónde se inclinaba el mercado en los próximos meses. Cal escuchaba con atención, y cuando llegó su turno de hablar, lo hacía con seguridad, basándose en todo lo que había aprendido y visto en su vida anterior. Conocía las fluctuaciones, sabía qué factores influirían en la demanda, y sus observaciones eran tan acertadas que Finley asentía una y otra vez. A veces corregía sus planteamientos, pero no con arrogancia, sino como quien toma a un joven por el hombro y le muestra el camino:

—Vas por buen camino, muchacho. Solo ajusta aquí este detalle y tu pronóstico será perfecto. Tienes cabeza para esto.

En ese momento escuchó una voz familiar:

—Disculpe, ¿desea más vino, señor Hockley?

Cal levantó la vista. Y ahí estaba. Jack.

Lo miró por un instante, sorprendido. ¿Cuándo había conseguido trabajo de mesero en el barco? En su memoria no aparecía este detalle. Quizás siempre había estado ahí, pero él nunca se había detenido a mirarlo de verdad. Quizás en su vida anterior, Jack había sido solo una molestia, alguien a quien apartar de su camino, y por eso no había visto nada más allá de eso.

—No, gracias —dijo Cal con calma—. Tráeme cerveza, por favor.

Jack asintió, pero no se marchó de inmediato. Lo miró, y Cal sintió que el momento pedía algo más. Se recostó ligeramente en su silla y lo observó con una sonrisa que parecía genuina.

—Eres Jack, ¿verdad? Hace como unas dos semanas tuvimos una cena juntos… porque salvaste a alguien que era importante para mí en ese entonces. ¿Correcto?

Jack parpadeó, sorprendido de que alguien como él recordara a alguien como él.

—Sí… soy el mismo. Qué… qué interesante que lo recuerde.

Cal soltó una risa suave y le dio un ligero toque en el hombro, con esa calidez que acababa de descubrir que podía usar a su favor.

—Claro que no me olvido, Jack. Y mira qué bien: estás trabajando. —Levantó el pulgar con aprobación—. Excelente. Ya sabes, el trabajo dignifica a las personas. Y es mucho más gratificante que estar esperando que otros te den migajas cuando tú puedes conseguirlo con tus propias manos. Siempre he dicho que el dinero que se gana con el propio sudor es el que de verdad vale.

Jack sonrió con alivio y gratitud.

—Gracias, señor Hockley. De verdad.

—No, por favor —lo corrigió amablemente—. Llámame Cal. Ya hemos compartido una mesa, ahora compartimos esta conversación. No hay necesidad de tantas formalidades. Y escúchame: mañana pasa a buscar a mi asistente. Creo que tengo algo que tú podrías hacer bien. Un trabajo honesto.

—¿En serio, Cal? —los ojos de Jack brillaron de esperanza.

—Claro que sí. Para eso estamos los conocidos, para ayudarnos. Nos vemos mañana.

Jack se marchó con paso ligero, sintiéndose el hombre más afortunado del barco. Pero la amabilidad de Cal no había sido casualidad. Mientras todos lo veían, él había notado que al otro extremo de la mesa, el señor Stanley, el dueño de los ferrocarriles, lo observaba en silencio.

Stanley era el hombre más poderoso de todos los presentes, pero también el más reservado. Cal recordaba bien su historia: hijo de inmigrantes pobres. Su padre había curtidor de cueros y su madre sirvienta. No había heredado nada. Cada centavo lo había ganado con sus propias manos. Por eso desconfiaba de los que nacían con todo servido en bandeja, y por eso se había mantenido al margen de la conversación, observando, esperando ver qué clase de hombre era realmente aquel joven.

Pero cuando vio cómo Cal trataba a Jack: sin arrogancia, sin humillación, reconociéndolo por su nombre, valorando su trabajo y animándolo a seguir esforzándose, algo cambió en su mirada. Se puso de pie, caminó hasta llegar a su lado y le habló con voz grave pero amable:

—Tú eres Cal Hockley, ¿verdad?

Cal se puso de pie respetuosamente.

—Sí, señor Stanley. Es un placer conocerlo. ¿Puedo servirle en algo?

El hombre sonrió, una sonrisa escasa pero sincera.

—Claro que sí, muchacho. Creo que sí puedes. Siéntate a mi lado un momento. Me gustaría saber qué piensas realmente sobre cómo empezar desde abajo y construir algo de verdad.

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