Un matrimonio que ninguno eligió. Un hombre que no la ama. Y un secreto que cambiará sus vidas para siempre.
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CAPÍTULO 11 — Lo que Gael escuchó
Gael caminaba por uno de los pasillos de la universidad junto a Valentina cuando escuchó la voz de Aitana. Al principio no le prestó atención. Siguió avanzando, hasta que distinguió su nombre entre las palabras de Alonso. Sin saber por qué, disminuyó el paso y terminó quedándose unos metros atrás. Valentina continuó caminando, pero al notar que Gael se había detenido, también se detuvo.
Aitana estaba junto a Alonso, cerca de una de las ventanas del pasillo. Hablaban tranquilamente, pero había demasiados estudiantes alrededor y el ruido hacía imposible escuchar la conversación completa. Gael solo conseguía distinguir algunas frases sueltas.
—…Alessandro… —alcanzó a escuchar de boca de Alonso.
Gael levantó la mirada.
Aitana respondió algo que él no logró entender.
—¿Otra vez esta noche? —fue lo siguiente que consiguió escuchar.
Su expresión cambió inmediatamente.
No sabía quién había preguntado aquello ni exactamente de qué estaban hablando, pero el nombre de Alessandro ya había despertado la incomodidad que llevaba intentando ignorar desde la mañana.
Gael permaneció quieto, tratando de escuchar.
Un grupo de estudiantes pasó justo delante de él y durante varios segundos perdió completamente la conversación. Cuando el ruido disminuyó, solo alcanzó a escuchar la voz de Alonso.
—…igual que ayer…
Gael sintió que su mandíbula se tensaba.
Igual que ayer.
Aquellas tres palabras fueron suficientes para que su mente completara el resto.
Aitana volvería a salir con Alessandro.
La idea le desagradó de inmediato.
—Gael —susurró Valentina—. ¿Qué estás haciendo?
Él levantó una mano para indicarle que guardara silencio.
Volvió a mirar hacia Aitana.
—Entonces… ¿él vendrá? —preguntó Aitana.
Gael alcanzó a escuchar esa parte claramente.
Después, Alonso respondió:
—Claro. Ya está todo…
Pero un teléfono comenzó a sonar cerca y varias personas hablaron al mismo tiempo.
Gael perdió el resto de la frase.
Se quedó mirando a Aitana.
Ella parecía tranquila.
Incluso sonrió.
Eso fue lo que más le molestó.
¿Cómo podía estar tan tranquila después de haber pasado la noche fuera de casa?
¿Cómo podía hablar de Alessandro como si aquello fuera completamente normal?
Gael sabía que no tenía derecho a reclamarle nada. Él mismo había dejado claro que aquel matrimonio era únicamente un contrato. Además, Valentina seguía siendo su novia y estaba a su lado en ese mismo momento.
Pero, aun así, algo dentro de él se revolvía.
—¿Qué escuchaste? —preguntó Valentina, acercándose.
—Nada importante.
—Entonces, ¿por qué estás tan serio?
Gael la miró durante unos segundos.
—Escuché que Alessandro volverá a salir con Aitana esta noche.
Valentina fingió sorpresa.
—¿Otra vez?
Gael no respondió.
Valentina aprovechó aquella pequeña grieta.
—Bueno… supongo que Aitana puede hacer lo que quiera. Después de todo, tú mismo dijiste que no la querías como esposa.
Aquella frase no hizo más que empeorar el estado de ánimo de Gael.
—Lo sé.
—Entonces no debería importarte.
Gael la miró.
No supo qué responder.
Porque justamente eso era lo que no entendía.
¿Por qué le importaba?
¿Por qué la idea de que Aitana pasara otra noche con Alessandro le producía aquella sensación tan desagradable?
¿Por qué le molestaba imaginarla riendo con otro hombre?
Y, sobre todo, ¿por qué le resultaba tan difícil aceptar que ella podía estar empezando a vivir su propia vida sin tenerlo en cuenta?
A lo lejos, Aitana terminó de hablar con Alonso y comenzó a caminar hacia ellos.
Gael apartó la mirada rápidamente.
Ella pasó a su lado sin detenerse.
—Buenos días —saludó con tranquilidad.
—Aitana —la llamó Gael.
Ella se detuvo y lo miró.
Por un instante, Gael estuvo a punto de preguntarle si realmente saldría con Alessandro esa noche.
Pero se contuvo.
No quería darle la satisfacción de demostrar que aquello le importaba.
—Nada —dijo finalmente.
Aitana lo observó unos segundos, confundida, y continuó caminando.
Gael la siguió con la mirada hasta que desapareció al final del pasillo.
Valentina sonrió discretamente.
Ella había notado algo que Gael todavía no quería aceptar.
Aquello ya no tenía que ver solamente con el orgullo.
Y la noche todavía ni siquiera había comenzado.