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Desarmando Al Príncipe De Ojos Frios

Desarmando Al Príncipe De Ojos Frios

Status: Terminada
Genre:Romance / Matrimonio arreglado / Amor eterno / Completas
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

Tras los frío ojos del príncipe Jack hay un fuego que intenta controlar, ¿un diario robado y el amor de una joven dama sera suficiente para derribar las murallas del príncipe?

NovelToon tiene autorización de Lelixi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Máscara de Hielo

A la mañana siguiente, el Palacio Imperial despertó bajo un cielo despejado de invierno. El sol tenue se reflejaba en los ventanales de mármol y en la escarcha que cubría las fuentes de los patios interiores.

Jessica dedicó más tiempo de lo habitual a su arreglo personal. Eligió un vestido de paseo en tono azul zafiro, acolchado en los puños con piel blanca y ajustado con firmeza en la cintura, realzando su figura con una elegancia impecable. Se recogió el cabello castaño con horquillas de plata, dejando caer unos rizos suaves sobre sus hombros.

Al salir a la galería principal, Jessica ya no era la joven vacilante que buscaba la aprobación del príncipe con timidez. Ahora poseía el secreto del corazón de Jack.

Mientras caminaba hacia la explanada de entrenamiento de la guardia real, coincidió con la Princesa Julieta, quien caminaba acompañada por dos damas de compañía. Al ver a Jessica, Julieta hizo una pausa y le guiñó un ojo discretamente.

—Te ves radiante hoy, Jessica —comentó la princesa con voz alegre—. Parece que el descanso de anoche te ha sentado maravillosamente.

—Así es, Alteza —respondió Jessica, haciendo una inclinación elegante—. He tenido lecturas muy... esclarecedoras durante la noche.

Julieta disimuló una risita detrás de su abanico de plumas antes de continuar su camino.

Jessica siguió hacia el gran balcón que daba a la explanada de armas. Desde allí, vio a Jack. El príncipe vestía una túnica de entrenamiento negra sin insignias reales, con las mangas arremangadas hasta los codos. Blandía una espada de acero pesado contra tres oficiales de la guardia imperial a la vez. Sus movimientos eran rápidos, precisos y llenos de una fuerza bruta impresionante. Sudor brillante cubría su frente y su torso amplio, mientras su rostro permanecía serio, enfocado y frío.

Jessica se apostó en la balaustrada de piedra, asegurándose de estar en su línea de visión.

A los pocos minutos, Sir Raymond, uno de los jóvenes capitanes de la caballería real y conocido por su aparente atractivo y modales refinados, se acercó al balcón al notar la presencia de la duquesa.

—Buenos días, Lady Jessica —saludó el capitán con una reverencia galante, desabrochándose el casco de combate—. Es un verdadero regalo para la guardia contar con una visión tan hermosa a estas horas de la mañana.

—Buenos días, Capitán Raymond —respondió Jessica con una sonrisa amable y encantadora, permitiendo que el capitán se inclinara a conversar con ella.

Desde el patio de armas, abajo, Jessica no apartó del todo la atención de Jack.

El contraste fue de inmediato fascinante. Hacia el exterior, Jack continuaba su duelo con los oficiales. Su mirada sobre sus oponentes era la misma de siempre: grises ojos helados, impasibles, carentes de cualquier emoción. Si alguien pasaba por allí, diría que el príncipe estaba concentrado únicamente en la táctica de combate.

Sin embargo, Jessica ahora sabía leer las señales invisibles.

En cuanto Sir Raymond comenzó a reírse junto a Jessica y se inclinó levemente hacia ella sobre la balaustrada, el ataque de Jack cambió de ritmo abruptamente. El príncipe asestó un golpe de espada tan brutal contra el escudo de uno de sus oficiales que el sonido del metal resonó en todo el patio, haciendo que el soldado perdiera el equilibrio y cayera sobre la grava.

Jessica observó detenidamente la mandíbula de Jack: estaba apretada con una rigidez feroz. Sus respiraciones se volvieron más profundas y agitadas, y sus ojos grises, aunque mantenían esa fachada gélida frente a sus hombres, se desviaron por una fracción de segundo hacia el balcón, chispeando con un fuego oscuro y peligroso.

Instantes después, Jack entregó su espada al escudero, tomó un paño para secarse el sudor del cuello y subió las escaleras de piedra hacia el balcón a grandes zancadas.

Sir Raymond hizo una reverencia al ver aproximarse a la realeza.

—Alteza —saludó el capitán.

Jack se detuvo a un par de metros de ellos. Su postura era rígida y su rostro parecía esculpido en mármol helado.

—Capitán Raymond —dijo Jack con una voz tan gélida que parecía capaz de congelar el aire—. Los escuadrones de la tercera división requieren supervisión en la armería sur. Supongo que no está desatendiendo sus obligaciones por simples charlas superficiales.

El capitán se puso tenso de inmediato.

—En absoluto, Príncipe Jack. Me retiraba de inmediato. Con su permiso, Lady Jessica.

Sir Raymond se alejó rápidamente, dejando a Jack y a Jessica solos en el amplio balcón.

Un silencio denso se apoderó del espacio. Jack mantuvo las manos a la espalda, mirando a Jessica de arriba abajo con esa clásica indiferencia fría que durante meses la había hecho sufrir.

—Lady Jessica —murmuró él con tono distante y severo—. Me parece impertinente que distraiga a los oficiales de la guardia durante sus horas de instrucción. El patio de armas no es un salón de té para coquetear con la caballería.

En el pasado, esas palabras habrían provocado lágrimas o un rubor de vergüenza en Jessica. Pero esta vez, recordando cada línea del diario, cada confesión sobre la tentación primitivas que ella le provocaba y los celos que lo carcomían por dentro, Jessica no bajó la mirada.

En su lugar, dio un paso hacia él, reduciendo la distancia entre ambos.

—¿Coquetear, Príncipe Jack? —preguntó ella con una voz suave, matizada con un tono atrevido y sensual que jamás le había mostrado antes—. Simplemente estaba siendo cortés con un caballero que sabe cómo apreciar la compañía de una dama. ¿Acaso le molesta mi presencia aquí?

Jack se congeló por un instante. Sus ojos grises se abrieron ligeramente ante la audacia de la respuesta. La mirada helada del príncipe tembló, dejando al descubierto por un milisegundo la tormenta abrasadora que rugía en su interior. Apretó los puños a la espalda con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.

—No me molesta, Lady Jessica —mintió él, sosteniendo la voz con dificultad mientras sus ojos bajaban instintivamente hacia los labios de la joven antes de volver a sus ojos—. Me resulta completamente indiferente. Solo le pido que mantenga la decoro que exige este palacio.

Jessica sonrió, una sonrisa pequeña, conocedora y profundamente provocativa. Se acercó un centímetro más, lo suficiente para que Jack pudiera percibir su perfume a lirios y nieve.

—Comprendo, Alteza —susurró ella, mirándolo fijamente a los ojos sin pestañear—. Seguiré su consejo sobre el decoro. Aunque es una lástima... a veces la frialdad resulta una máscara muy difícil de sostener.

Jack se quedó inmóvil, sintiendo cómo el pulso se le disparaba en la garganta. Por primera vez desde que se conocían, el Príncipe Frío no supo qué responder.

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Sam Garcia Rodriguez
....
Klaris DQ
la historia esta hermosa de principio a fin, felicito a la autora por su talento y voy a leer tus otras historias porque me encanto
Lelixi: muchas gracias!!!!/Heart/
total 2 replies
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