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LA HEREDERA DEL SILENCIO

LA HEREDERA DEL SILENCIO

Status: En proceso
Genre:Aventura de una noche / Casarse por embarazo / Malentendidos
Popularitas:869
Nilai: 5
nombre de autor: Genesis YEPES

Valentina Rivas es la heredera de un poderoso imperio empresarial. Tras desaparecer dos meses, regresa a casa marcada por un secreto que no puede revelar. Su matrimonio por contrato con Aniel, un hombre reservado y observador, se tensa cuando comienzan a llegar amenazas silenciosas: fotografías de su hija y mensajes que demuestran que alguien cercano conoce cada debilidad de su familia.
Mientras el tiempo del contrato se agota, Valentina debe decidir entre seguir callando para proteger a los suyos o enfrentar la verdad que podría destruirla. En un mundo donde el poder se hereda y el silencio tiene un precio, algunas herencias no se eligen.

NovelToon tiene autorización de Genesis YEPES para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

NO ESTA SOLA I

Había vuelto al trabajo.

Eso era lo que todos veían.

Valentina se levantaba temprano, se arreglaba, bajaba a desayunar, tomaba su bolso y salía hacia la empresa como había hecho tantas veces antes.

Desde afuera, su vida parecía haber recuperado la normalidad.

Y, en cierto modo, lo había hecho.

Volvía a sentarse frente a su escritorio.

Volvía a responder correos.

Volvía a revisar documentos.

Volvía a asistir a reuniones.

Volvía a discutir por detalles que antes le parecían insignificantes.

Volvía a escuchar a sus empleados llamarla .

Volvía a quejarse del tráfico.

Volvía a llegar a casa cansada.

Volvía a ser Valentina.

O, al menos, eso intentaba.

Aquella mañana se encontraba sentada frente a la mesa del comedor, mirando el plato que tenía delante.

Había tostadas, huevos, frutas y un vaso de jugo.

No tenía hambre.

Desde hacía días había aprendido a comer aunque su cuerpo le dijera que no.

Tomó un pequeño trozo de tostada y comenzó a masticarlo despacio.

Aniel, sentado al otro lado de la mesa, levantó la mirada.

No dijo nada.

Valentina tomó otro bocado.

—¿Qué?

preguntó ella al notar que la observaba.

—Nada.

—Me estás mirando.

—Estoy desayunando.

—Estás mirándome mientras desayunas.

Aniel sonrió ligeramente.

—También puedo hacer dos cosas al mismo tiempo.

Valentina negó con la cabeza.

—Eres...

Él volvió a mirar su plato.

—Come.

—Estoy comiendo.

—Lo sé.

—Entonces deja de mirarme.

—No te estoy mirando.

Valentina levantó una ceja.

Aniel bajó la mirada inmediatamente hacia su café.

—Ahora no.

Ella soltó una pequeña risa.

—Ridículo.

Pero siguió comiendo.

No porque tuviera hambre.

Sino porque sabía que Aniel iba a notar si no lo hacía.

Y, aunque a veces le molestaba sentirse tan observada, había una parte de ella que encontraba cierto consuelo en aquello.

Cuando terminó, tomó su bolso.

—Me voy.

Aniel asintió.

—¿A qué hora sales?

—No sé. Probablemente tarde.

—¿Vas a almorzar allí?

—Sí.

—¿Vas a comer?

Valentina lo miró.

—Aniel.

—Solo pregunto.

—Sí. Voy a comer.

—Bien.

Ella caminó hacia la puerta.

Antes de salir, se giró.

—Y tú también come.

—Sí, señora.

—No te estoy hablando en broma.

—Yo tampoco.

Valentina sonrió.

—Nos vemos después.

—Nos vemos.

La jornada transcurrió con una normalidad casi extraña.

Valentina pasó horas concentrada en su trabajo.

Por momentos olvidaba todo.

Olvidaba el hospital.

Olvidaba aquella noche.

Olvidaba el miedo.

Olvidaba las miradas preocupadas.

Simplemente trabajaba.

Y eso era lo que más necesitaba.

No quería que cada minuto de su vida estuviera definido por lo que había ocurrido.

No quería convertirse en una mujer a la que todos trataran con cuidado excesivo.

No quería que sus compañeros susurraran cuando ella pasara.

No quería que nadie supiera.

Ese pensamiento seguía siendo una de sus mayores preocupaciones.

Que alguien descubriera lo que realmente había ocurrido.

Le daba miedo.

Pero también vergüenza.

Una vergüenza que no sabía explicar.

Sabía racionalmente que no debería sentirla.

Sabía que había estado atravesando una crisis.

Sabía que necesitaba ayuda.

Pero una cosa era entenderlo y otra muy distinta era sentirlo.

A veces imaginaba lo que ocurriría si alguien de la empresa se enterara.

¿Qué pensarían?

¿Que estaba loca?

¿Que era débil?

¿Que no podía manejar la presión?

¿Que era una mala madre?

¿Que no era capaz de dirigir una empresa?

¿Que Aniel tenía que cuidarla porque ella no podía cuidarse sola?

Esos pensamientos la atormentaban.

Por eso sonreía.

Por eso respondía:

—Estoy bien.

Por eso, cuando alguien preguntaba cómo se encontraba, utilizaba la misma respuesta.

—Mucho mejor.

Y nadie hacía más preguntas.

Al menos eso esperaba.

A media mañana recibió un mensaje de una de sus amigas.

Alicia:

¿Cómo estás hoy?

Valentina miró la pantalla.

Sonrió ligeramente.

Valentina:

Bien. Trabajando.

La respuesta llegó rápidamente.

Alicia:

¿Segura?

Valentina suspiró.

Valentina:

Sí.

Después llegó otro mensaje.

Francheca:

Esta semana vamos a visitarte.

Valentina sonrió.

Valentina:

¿A mí?

Francheca:

Sí, señora. No te vas a librar.

Valentina soltó una pequeña risa.

Valentina:

Está bien.

Entonces recibió un mensaje de su madre.

Mamá:

¿Almorzaste?

Valentina negó con la cabeza.

Era increíble cómo su madre podía hacer la misma pregunta que Aniel sin siquiera saber que él ya se la había hecho esa mañana.

Valentina:

Todavía no. Más tarde.

La respuesta llegó casi inmediatamente.

Mamá:

No me vengas con más tarde. Come.

Valentina sonrió.

Valentina:

Sí, mamá.

Después recibió uno de su padre.

Papá:

Espero que estés teniendo un buen día, mi niña cuando vuelva al pais ire a visitarte.

Valentina se quedó mirando el mensaje durante unos segundos.

Su padre no sabía la verdad.

Ninguno de ellos sabía la verdad.

Y eso le dolía.

Porque cada vez que le escribían con cariño, sentía una pequeña punzada de culpa.

Ellos pensaban que había tenido un fuerte dolor de estómago.

Y ella los dejaba pensar eso.

No sabía cómo decirles la verdad.

Todavía no.

Quizá algún día.

Pero no ese día.

Guardó el teléfono.

Intentó concentrarse nuevamente.

Cuando terminó la jornada, estaba agotada.

No físicamente.

Mentalmente.

Había sido un día normal.

Y, paradójicamente, eso la había cansado muchísimo.

Al llegar a casa encontró a Anisette esperándola.

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karencitha
no entiendo porque se queda cayada porque no le cuenta lo que le paso 😡
rey marisol
oh Dios
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