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Siempre Tendrás 18

Siempre Tendrás 18

Status: Terminada
Genre:Enfermizo / Escuela / Amor eterno / Completas
Popularitas:469
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Abril tiene 17 años, leucemia y una lista: aprovechar cada segundo que le queda.

Sus padres siempre trabajan, así que vive sola y se refugia estudiando en el colegio. Hasta que aparece Kael, 18, el chico que divide su tiempo entre las clases y una escuela de boxeo, con los nudillos siempre rotos y el corazón blindado.

Él cree que pelear es la única forma de no sentir. Ella le va a enseñar que vivir también duele.

Lo que Kael no sabe es que Abril se está apagando, que los dolores son cada vez más fuertes y que un día se va a desmayar frente a él.

Una historia sobre amar sabiendo que tienes fecha de vencimiento.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: Un mes en la azotea

El 22 de julio cumplimos un mes desde que subimos por primera vez juntos a la azotea, no desde que nos conocíamos, porque nos conocíamos de antes del recreo y de vernos en el patio, pero desde que la azotea era nuestra. Kael me dijo que quería hacer algo para celebrar, no algo grande, algo chico, como una torta o un chocolate.

Yo le dije que no había que celebrar tanto, que un mes no era tanto, pero me dijo que para él sí era harto, porque nunca había tenido un lugar solo de él y ahora tenía uno conmigo. Le dije que ya, que celebráramos con algo rico.

Ese día llevé dos vasos de plástico y una bebida chica de naranja que compré en el kiosco con la plata que me había dado mi mamá para la colación. Kael llevó dos panes con manjar que había hecho su mamá en la mañana y que todavía estaban tibios y una vela chica de cumpleaños que le había pedido a su hermano.

Subimos a las cuatro y don Luis nos dijo que no se le olvidaba que cumplíamos un mes y que nos había guardado una sorpresa. Le dijimos que cuál era la sorpresa y nos dijo que después, que primero subiéramos.

Nos sentamos en el borde, con los pies colgando y con la bebida y los panes al medio. Kael puso la vela en un pan y la prendió con un encendedor que le había prestado don Héctor y me dijo pide un deseo. Le dije que no era mi cumpleaños, que era de los dos. Me dijo que pidiera un deseo igual, para los dos.

Cerré los ojos y pedí que la azotea no se acabara nunca, que pudiéramos seguir subiendo aunque lloviera y aunque hiciera calor y aunque nos retaran. Soplé la vela y Kael aplaudió bajito y me dijo que ahora él pedía otro. Cerró los ojos y sopló la vela de nuevo y me dijo que había pedido lo mismo que yo, pero con helado incluido.

Nos comimos los panes con manjar y tomamos la bebida en los vasos de plástico y nos manchamos las manos y nos reímos. Kael me contó que cuando era chico nunca celebraba nada, porque no había plata para torta y porque su mamá trabajaba mucho y se le olvidaban las fechas. Me dijo que ahora que tenía plata de las peleas quería celebrar todo, aunque fuera chico.

Le dije que a mí me pasaba al revés, que en mi casa celebrábamos todo, aunque fuera chico, porque mi mamá decía que había que celebrar para no olvidar que estábamos bien. Le dije que cuando me operaron la primera vez mi mamá me hizo una torta sin motivo y me dijo que era por estar viva.

Nos quedamos callados un rato y miramos Conce con sol de invierno, que es un sol que no calienta mucho pero que hace que todo se vea más claro. Kael me dijo que le gustaba cómo se veía Conce desde arriba, pero que le gustaba más cómo se veía conmigo al lado. Le dije que a mí también me gustaba más con él al lado.

Bajamos y don Luis nos estaba esperando abajo con una caja chica. Nos dijo que era su regalo por el mes, que lo había comprado en la feria. Abrimos la caja y había dos llaveros iguales, de madera, con forma de estrella, hechos a mano. Nos dijo que los había comprado porque parecían la azotea de noche, cuando se veían las luces de Conce como estrellas.

Nos pusimos los llaveros en las mochilas y le dijimos gracias a don Luis y lo abrazamos. Don Luis se puso rojo y nos dijo ya, ya, váyanse que tengo que cerrar.

En la salida Kael me dijo mañana a la misma hora, un mes y un día. Le dije mañana a la misma hora, un mes y un día.

Llegué a mi casa y mi mamá me preguntó qué celebrábamos. Le dije que un mes de la azotea. Me dijo que un mes era harto y que me veía contenta. Le dije que sí, que estaba contenta.

Me metí a mi pieza y saqué el cuaderno de cálculo. No taché nada, pero escribí: 22 de julio, un mes en la azotea, panes con manjar y llaveros de estrella. Y abajo escribí: pedí que la azotea no se acabe nunca.

Guardé el cuaderno y puse el llavero de estrella al lado de mi cama y pensé que un mes era poco para algunos, pero para nosotros era harto, porque era nuestro.

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