NovelToon NovelToon
Cancelé la boda y mi ex acabó en la ruina

Cancelé la boda y mi ex acabó en la ruina

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Venganza / Juego de roles / Completas
Popularitas:152.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

El día de su boda, Alegra Valdés descubre que Sebastián Girón, el hombre por quien renunció a su apellido y a su fortuna, lleva meses engañándola.
Pero Alegra no piensa llorar frente al altar.
Delante de todos los invitados, revela la traición, cancela la boda y recupera la identidad que había ocultado: no es una mujer sin recursos, sino la verdadera heredera de una de las familias más poderosas de Santa Aurelia y una brillante investigadora farmacéutica.
Mientras Sebastián pierde su prestigio, su empresa y todo aquello que creyó tener asegurado, Alegra vuelve a empezar. Entonces aparece Damián Montero, su frío e insoportable director, con una propuesta inesperada: un matrimonio por conveniencia.
Lo que ella no sabe es que Damián lleva diez años protegiéndola en silencio.
Entre secretos familiares, conspiraciones científicas, enemigos dispuestos a destruirlos y un contrato que empieza a parecerse demasiado al amor, Alegra tendrá que decidir si está preparada para confiar de nuevo… esta vez en el hombre que nunca dejó de elegirla.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

Cap 5: El genio insoportable

El Instituto Nacional de Investigación Médica no parecía un lugar donde la gente fuera feliz.

Llegué a las siete cuarenta y cinco, quince minutos antes de la hora, y lo primero que vi fue a una mujer saliendo por la puerta principal con una caja de cartón en los brazos y los ojos rojos. Me miró al pasar, abrió la boca como si quisiera decirme algo, sacudió la cabeza y siguió caminando hacia el estacionamiento.

Bienvenida al instituto del hombre más difícil del país.

El edificio era impresionante: seis pisos de vidrio y acero, laboratorios de última generación visibles desde el vestíbulo, un silencio denso que olía a desinfectante y a ambición. En la recepción, una chica de pelo corto y lentes redondos me miró con la expresión de alguien que está a punto de darme malas noticias.

—¿Alegra Valdés?

—Sí.

—Julia Leyva, investigadora asociada. Me pidieron que te llevara arriba. —Bajó la voz—. Un consejo: no le hables antes de las diez de la mañana. No lo mires directamente cuando está concentrado. Y si te dice algo que suena cruel, no lo tomes personal. Se lo dice a todos.

—Suena encantador.

Julia me miró con la simpatía de alguien que ya pasó por esto y sobrevivió.

—Vas a necesitar café. ¿Quieres uno antes de subir?

—Americano sin azúcar.

—Perfecto. El director toma lo mismo. Al menos tienen algo en común.

El laboratorio de Damián Montero ocupaba todo el sexto piso.

Era el espacio de trabajo más ordenado que había visto en mi vida. Cada instrumento en su lugar, cada etiqueta impecable, los tubos de ensayo alineados con precisión milimétrica. Las paredes estaban cubiertas de pizarras blancas con fórmulas escritas en letra pequeña y apretada, la letra de alguien que piensa más rápido de lo que puede escribir.

Y en el centro del laboratorio, de espaldas a la puerta, estaba él.

Alto. Más alto de lo que parecía en la foto de credencial. Hombros anchos bajo una bata blanca que le quedaba como un uniforme militar. El pelo negro, corto, sin un mechón fuera de lugar. Las manos moviéndose sobre un microscopio electrónico con la precisión de un cirujano.

Julia carraspeó.

—Director Montero, la nueva investigadora asociada está aquí.

Silencio. Siguió mirando por el microscopio como si no existiéramos.

Diez segundos. Veinte. Treinta.

Julia me lanzó una mirada que decía «te lo advertí».

Damián Montero se enderezó. Se dio la vuelta.

Y me miró.

No como Sebastián me miraba, con esa sonrisa automática de hombre que sabe que es guapo y espera que lo notes. Damián Montero me miró como se mira una muestra bajo el microscopio: con atención fría, clínica, buscando defectos.

Ojos oscuros. Mandíbula recta. Una cicatriz pequeña sobre la ceja izquierda que no aparecía en ninguna foto oficial. Ni rastro de sonrisa.

—Valdés —dijo. No «señorita Valdés». No «doctora Valdés». Solo el apellido, seco como un dato—. Llegas temprano.

—Usted dijo a las ocho.

—Dije a las ocho. Son las siete cincuenta y dos. —Me sostuvo la mirada—. ¿Crees que llegar temprano me impresiona?

—No. Creo que llegar temprano me da ocho minutos para conocer el laboratorio antes de empezar a trabajar.

Algo cambió en su expresión. No mucho, apenas un parpadeo, una variación mínima en la presión de su mandíbula. Como si hubiera esperado una disculpa y en cambio recibiera un dato.

—Julia, vuelve a tu puesto —dijo sin mirarla.

Julia desapareció con la velocidad de alguien que ha aprendido que la invisibilidad es una habilidad de supervivencia en este piso.

Damián Montero caminó hacia una de las pizarras. Señaló una fórmula con el dedo.

—¿Qué ves?

Miré la pizarra. Era una estructura molecular compleja, un compuesto antiinflamatorio de nueva generación, a juzgar por la cadena lateral. Pero había algo raro en la configuración del tercer anillo.

—Un inhibidor de la COX-2 con un puente de hidrógeno atípico en la posición delta. La selectividad debería ser alta, pero el tercer anillo aromático tiene un sustituyente metilo que va a generar un metabolito hepático tóxico en dosis repetidas.

Lo dije sin pensarlo. Tres años diseñando fórmulas para Laboratorios Aurora me habían entrenado para leer estructuras moleculares como otras personas leen menús de restaurante.

Damián Montero no se movió. Me miraba con la misma expresión fría de antes, pero algo en sus ojos había cambiado, como una puerta que se abre un centímetro.

—¿Y tu solución?

—Sustituir el metilo por un grupo etilo fluorado. Mantiene la selectividad, reduce la toxicidad hepática en un setenta por ciento y no altera la biodisponibilidad oral.

Silencio.

—Eso es exactamente lo que el equipo anterior propuso —dijo Montero, cruzándose de brazos—. Hace seis meses. Y está equivocado.

—No si ajustas el pH de formulación a 6,8 en vez de 7,4. El grupo etilo fluorado es inestable a pH neutro, pero a 6,8 se cristaliza en una forma polimórfica más resistente. El equipo anterior no lo probó porque asumieron que el pH estándar era inamovible.

Montero me miró. Después miró la pizarra. Después volvió a mirarme.

—¿Cómo sabes que no lo probaron?

—Porque si lo hubieran probado, esa fórmula ya no estaría en la pizarra. Estaría en producción.

El silencio que siguió fue el más largo de la mañana. Montero se apoyó contra la mesa de trabajo, descruzo los brazos y los volvió a cruzar, como si su cuerpo no supiera qué postura tomar frente a algo que no esperaba.

—Interesante —dijo finalmente.

No «brillante». No «muy bien». Solo «interesante», con el tono de alguien que acaba de encontrar una anomalía en un experimento y todavía no sabe si es un error o un descubrimiento.

Fue la primera palabra que le escuché decir que no sonaba como un insulto.

El resto del día fue un ejercicio de supervivencia.

Montero me asignó una estación de trabajo en la esquina más alejada del laboratorio, la que tenía peor iluminación y una silla que chirriaba cada vez que me movía. Me dio acceso a la base de datos del instituto con un nivel de permisos tan bajo que apenas podía ver los índices de los artículos.

—Cuando demuestres que puedes leer, te dejo ver —dijo cuando pregunté.

A las doce, Julia subió con dos cafés y una expresión de asombro mal disimulada.

—¿Sigues viva?

—Creo que sí.

—Impresionante. La última persona que Montero puso en esa estación de trabajo duró cuatro horas. Se fue a almorzar y nunca volvió. —Me pasó el café—. Pero lo más raro es otra cosa.

—¿Qué cosa?

—Que discutió contigo. Diez minutos, sobre la fórmula de la pizarra. Eso no pasa. Normalmente mira las propuestas de los asistentes, dice «no» y sigue trabajando. Contigo se detuvo, te escuchó y te respondió punto por punto. En dos años trabajando aquí, nunca lo vi hacer eso.

No supe qué decir. Tomé un sorbo de café.

—A lo mejor solo quería demostrar que estoy equivocada.

Julia negó con la cabeza.

—Si pensara que estás equivocada, no habría perdido diez minutos. Te habría dicho «no» y ya. Montero no pierde el tiempo con gente que no le interesa.

A las seis de la tarde, recogí mis cosas. El laboratorio estaba vacío. Julia y los demás investigadores se habían ido hacía una hora. Solo quedaba Montero en su escritorio, escribiendo algo con la velocidad concentrada de un hombre que no sabe lo que es un horario de salida.

Caminé hacia la puerta.

—Valdés.

Me detuve.

—Mañana a las ocho. Examen de ingreso, parte teórica y parte práctica. Si no lo pasas, te vas. Sin discusión, sin segunda oportunidad, sin llamar a tu padre para que interceda.

Me di la vuelta. Montero ni siquiera me miraba, seguía escribiendo.

—El puntaje máximo es trescientos. La línea de aprobación es doscientos ochenta.

Doscientos ochenta. De trescientos. Eso no era una línea de aprobación, sino un filtro diseñado para que nadie pasara.

—¿Algo más? —pregunté.

Me miró. Solo un segundo, con esos ojos que parecían capaces de descomponer cualquier cosa en sus elementos más básicos.

—Sí. Mi récord personal es doscientos noventa y seis. Nadie lo ha superado.

La puerta se cerró entre nosotros.

Me quedé sola en el pasillo, con el eco de sus palabras y el sabor del café frío en la lengua. Doscientos noventa y seis. El genio más joven del país, retándome a superar su propia marca.

Saqué mi teléfono y empecé a caminar hacia la salida. Tenía catorce horas para repasar todo lo que sabía sobre farmacología avanzada, biología molecular y formulación de medicamentos.

Sonreí.

Iba a ser una noche larga.

Continuará...

1
María Guadalupe Cabello Serrano
me gustó , aunque fueron muchos cambios Damian era tambien científico y luego abogado temas como eso necesitas mucha coherencia pero atrapa
Rosanna Valdez Gutierrez
Hacer como que no leí esa parte, porque se supone que la mamá fue quien le regaló la pulsera
Rosanna Valdez Gutierrez
Autora recuerda que al inicio decían que tenían una relación antes de casarse y que el mismo año en que se casó retomó su relación manteniendo la mentira por 30 años
Rosanna Valdez Gutierrez
La historia está super interesante, pero querida autora, sería recomendable que revise las fechas y los años de los personajes, ya que Rubí tiene 3 edades diferentes y eso afecta la cronología de como sucedieron los hechos, no es a modo de crítica destructiva, es para que la historia tenga la milla extra de la excelencia.
Alba Dany Marroquin
por que pregunto la hipnotista por Rubi si esa chica es hermana de.ella no de el?
Alba Dany Marroquin
Rubi ? la de 18 años enfermera hija de su padre con la amante? ME CONFUNDES
Alba Dany Marroquin
como pasó Rubí de 18 años y enfermera a una niña.de.8 años???
Alicia Rodríguez
escritora que pena seguir insistiendo en las edades de los hijos de Nieves ya que dice que hace veinte años que se casó entonces Roberto que es el hijo mayor tendría unos 19años
Marilu Garcia
estimada aurora posiblemente este escribiendo 2 novelas a la vez de ahí la confusión en las edades 😑😑😑
Sylvia Iusin Borensztejn
Escribiste muy bien y tenes que ser más coherente con los personajes, si es epidemioooho no es abogado
si la hermana tiene 23 años no tiene 8.
Capaz que alguien lo puede leer antes de que lo publiques para ver estas contradicciones.
Gracias pir escribir
PD Si alguien muere en una epidemia el cadáver se trata como contaminado, no se expone a personas a ese cadáver.
Alicia Rodríguez
la historia esta muy interesante pero lo que no entiendo son las edades de cada uno de los hijos ya que tienen veinte años de casados y no mas aleria tiene más de veinte y la niña de la otra mujer nació dos años después del matrimonio entonces cuántos años tienen los hijos del matrimonio si son mayores que Alegra
Sylvia Iusin Borensztejn
rdzdz9dd7d7
Nancy Castro Castillo
demasiados vacíos, cambio en los personajes, en las edades, en los parentescos, en las profesiones
María de jesus Zepeda: así es bonita historia pero demasiadas notas cambiadas que al momento de leer cambian los datos , pero bonita historia..
total 1 replies
Nancy Castro Castillo
a qué horas Hugo llegó a los 63, y ahora los hijos del general resultaron nietos, pues con ese montón de años que le puso, 85
Nancy Castro Castillo
No Dios que locura, ahora Rodrigo resultó ser sobrino de la mamá, antes era hijo de Nieves.
Nancy Castro Castillo
ahora dizque Ignacio y Gabriel son hijos de Paloma, Ignacio era la mano derecha de Damián y Gabriel hermano de Alegra, que locura con la escritora, será que la cápsula le borro a ella los recuerdos 🤭🤭🤭
Nancy Castro Castillo
cuáles tres hijos de Paloma, acaso no era solo Damián?
Alicia Rodríguez
quien será j que tendrá que ver con la familia de Alegra?
Nancy Castro Castillo
ahora dizque la herida de Damián es en la mano porque golpeó una mesa, y antes era en la espalda porque alguien lo hirió
Adriana Elvi Hadeler
Es inconsistente primero dormían en habitaciones separadas después ya habían compartido la cama 🥴😵‍💫
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play