Ella es una maestra que se sacrifica por salvar a su clase, pero su vida no termina con un sacrificio solo cambia de mundo.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Cartas 2
Esa misma noche, en el ducado Fitzroy, el duque se encontraba en su despacho revisando algunos documentos cuando recibió la visita de su secretario más cercano.
Lord Hans entró con una carpeta bajo el brazo.
—Mi lord.
—Hans.
El secretario dejó los documentos sobre el escritorio.
—Hay algo que debemos considerar respecto al Festival de la Cosecha.
Fitzroy levantó la mirada.
—¿Qué sucede?
—Si realmente piensa asistir, no alcanzará a regresar a tiempo para la boda de su primo, el duque Victor Fitzgerald.
Fitzroy se quedó en silencio unos segundos.
La boda.
Había olvidado por completo que su primo Victor se casaría poco después del festival.
—Tienes razón.
Hans esperó alguna reacción de su señor.
Fitzroy simplemente se recostó en la silla.
—Le escribiré.
—¿Al duque Victor?
—Sí. Aunque, pensándolo bien, quizá no sea tan terrible perderme la boda.
Hans lo miró con curiosidad.
—¿Mi lord?
—No quiero pasar toda la celebración escuchando a Victor y a Mylo presumir de sus mujeres.
Hans tuvo que contener una sonrisa.
Los tres primos habían crecido prácticamente juntos y conocía perfectamente la rivalidad entre ellos.
—Entiendo.
Fitzroy suspiró.
—Victor no dejará de hablar de su futura esposa. Y Mylo seguramente aprovechará cualquier oportunidad para presumir de la suya y a sus hijos.
—Probablemente.
—Entonces prefiero estar en el festival.
Hans lo observó unos segundos.
Luego dijo tranquilamente..
—Quizá debería escribirle también a lady Caroline.
Fitzroy levantó una ceja.
—¿A Caroline?
—Sí.
—¿Por qué?
Hans respondió con total naturalidad:
—Si ambos estarán en el festival, podría informarle que usted también asistirá. Así, después de la celebración, podría acompañarla de regreso al ducado.
Fitzroy se quedó completamente quieto.
[¿Acompañarla?]
La idea apareció en su cabeza.
Caroline regresando al ducado.
Con él.
En su carruaje.
Durante todo el trayecto.
Fitzroy miró hacia un punto indefinido del despacho.
[Después del festival podría traerla conmigo.]
Hans observó cómo la expresión de su señor cambiaba lentamente.
—¿Mi lord?
Fitzroy sonrió.
—Hazlo.
Hans asintió.
—¿Le escribiré entonces?
Fitzroy estuvo a punto de responder que sí.
Pero se detuvo.
—No.
Hans parpadeó.
—¿No?
—No alcanzará a llegar la carta a ella antes del festival.
—Es cierto.
Fitzroy se levantó.
—Además, si le escribimos ahora, probablemente intentará organizar su propio viaje de regreso.
Hans comprendió inmediatamente.
—Y usted quiere ofrecerle llevarla personalmente.
Fitzroy lo miró.
—No he dicho eso.
—No.
—Solo digo que sería más conveniente.
—Por supuesto.
—El camino hasta las montañas puede ser complicado.
—Naturalmente.
—Y sería más seguro que viajara acompañada por una escolta del ducado.
—Desde luego.
Fitzroy sonrió.
Hans tuvo que mirar hacia otro lado para que su señor no notara su expresión divertida.
[Está buscando excusas para traerla consigo.]
Fitzroy, mientras tanto, ya estaba imaginando la escena.
Caroline en el festival.
Después, cuando terminara la celebración, él podría acercarse y ofrecerle regresar juntos.
[Será mucho más sencillo hablar con ella durante el viaje.]
Y quizá podría aclarar de una vez el asunto de la supuesta enamorada.
Además...
[Quiero saber qué clase de hombres estarán intentando cortejarla.]
Su sonrisa desapareció.
[Especialmente ese conde.]
Hans carraspeó.
—Entonces, ¿le escribira al duque Victor?
Fitzroy volvió a la realidad.
—Sí.
—¿Algo más?
—Prepara todo para el festival.
—Entendido.
Hans se dirigió hacia la puerta.
—Y, Hans.
El secretario se giró.
—¿Sí?
—Que la escolta esté preparada para el regreso.
Hans sonrió discretamente.
—Como ordene, mi lord.
Cuando la puerta se cerró, Fitzroy volvió a sentarse.
[Después del festival, Caroline vendrá conmigo.]
La idea le agradaba demasiado.
Y eso comenzaba a preocuparlo.
Mientras tanto, en la mansión Ashford, Caroline tenía problemas completamente diferentes.
Su habitación parecía haberse convertido en un pequeño taller de moda.
Había vestidos sobre la cama.
Otros estaban cuidadosamente colgados.
También había cintas, accesorios y zapatos.
Caroline se encontraba frente al espejo probándose uno de los vestidos que había elegido para el festival.
Era elegante, femenino y resaltaba su figura de una manera que la antigua Caroline jamás habría permitido.
Ella se miró de lado.
Sonrió.
[Qué bonito.]
Giró un poco.
[Definitivamente estoy aprendiendo a quererme.]
Ya no sentía la necesidad de esconderse detrás de vestidos enormes.
No significaba que quisiera llamar la atención de todos.
Simplemente había dejado de sentir vergüenza por su cuerpo.
Y eso la hacía feliz.
Pero no era lo único que la hacía sentirse bien.
También estaba la escuela.
Cada vez que visitaba las aulas y veía a los niños aprendiendo, jugando y riendo, sentía una satisfacción difícil de explicar.
Había niños que antes pasaban sus días en las calles y que ahora tenían libros, profesores y un lugar donde sentirse seguros.
Caroline sonrió al recordar sus rostros.
[Esto sí que vale la pena.]
Y además...
Miró hacia una mesa.
Había un hermoso ramo de flores.
Caroline se acercó.
Junto a él había una pequeña tarjeta.
Era de otro conde.
Caroline abrió mucho los ojos.
[¿Otro?]
Tomó la tarjeta y la leyó.
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
No estaba enamorada.
Ni siquiera conocía realmente al hombre.
Pero no podía negar que recibir flores y palabras bonitas era agradable.
[Me gusta esto.]
Miró su reflejo nuevamente.
[Es agradable sentirse bonita.]
Y ahora ya no lo veía como algo malo.
Durante años había pensado que llamar la atención por su apariencia era algo que debía evitar.
Ahora comprendía que podía disfrutar de sentirse hermosa sin que eso definiera quién era.
Tomó las flores y las acomodó junto a las anteriores.
Su habitación empezaba a llenarse de ramos.
Una doncella entró y se quedó mirando la colección.
—Lady Caroline...
—¿Sí?
—Creo que pronto necesitaremos otro jarrón.
Caroline soltó una pequeña risa.
—Creo que tienes razón.
La doncella sonrió.
—¿Hay alguno que le guste especialmente?
Caroline miró todos los ramos.
—No.
Se encogió de hombros.
—Me gustan todos.
Y era verdad.
No porque estuviera escogiendo un pretendiente.
Sino porque, después de tanto tiempo sintiéndose insegura, había algo profundamente reconfortante en descubrir que otras personas podían verla como una mujer hermosa.
Caroline volvió a mirar el vestido que llevaba.
Luego las flores.
Luego los documentos de la escuela que todavía tenía sobre el escritorio.
Su vida estaba cambiando.
Y por primera vez sentía que podía disfrutar cada parte de ella.
Sin saber que, muy lejos de allí, un duque de cabello blanco estaba preparando un viaje al mismo festival.
Y que aquel hombre que ella creía tener el corazón ocupado estaba planeando, con una sonrisa cada vez más evidente, una manera de regresar con ella al ducado.
Aunque todavía se negara a admitir por qué quería hacerlo.
🥲
Eso le pasa a Bruno por no actuar rápido😅
Y Caroline está jugando con hielo, en usar al pobre Conde como pieza sacrificable para disfrutar de los celos y posesividad de Bruno
😅