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Mi Mundo Termina Contigo (Vindicta Dinasty 3)

Mi Mundo Termina Contigo (Vindicta Dinasty 3)

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor eterno / Mafia
Popularitas:74
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Romero

Años después, Chiara y Markus han construido algo más que un imperio: tienen una hija que se convierte en lo único que realmente los une.

Pero los enemigos del pasado no han desaparecido.

Las guerras que comenzaron años atrás vuelven con más fuerza, y esta vez el precio es mucho más alto. Traiciones, venganzas y viejos secretos provocan una caída devastadora.

Muchos aliados mueren, las familias se destruyen y el imperio que tanto costó mantener empieza a desmoronarse.

Chiara tendrá que enfrentarse a la decisión más difícil de su vida: seguir luchando por el poder o salvar a lo único que queda de su mundo: su familia.

NovelToon tiene autorización de Paula Romero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitolo 21

...⚔️...

Después de esa misión tan exhaustiva, la mañana siguiente comenzó mucho antes de lo que Valeria hubiera deseado. Apenas había amanecido cuando abrió los ojos, durante unos segundos permaneció inmóvil, mirando el techo de su habitación.

Había dormido poco, y lo peor no era el cansancio. Era que, incluso después de haber pasado toda la noche intentando pensar en otras cosas, aquel hombre seguía apareciendo en su mente.

Los ojos con diferente color , la voz varonil, la forma en que la había sujetado para apartarla de la explosión. Por un momento Valeria cerró los ojos con frustración.

—Deja de pensar en él —murmuró para sí misma.

Se levantó de la cama y comenzó a prepararse.

Aquella mañana no podía permitirse distracciones.

Su padre había ordenado que la acompañara a una reunión importante en la organización.

Era la primera vez que iba a participar de manera formal en una reunión de ese nivel.

Y sabía perfectamente lo que aquello significaba.

Su padre quería empezar a mostrarla.

No como su hija.

Sino como alguien con autoridad propia.

Cuando bajó al salón, encontró a Markus esperándola.

Llevaba un traje oscuro y sostenía una carpeta mientras hablaba con uno de los hombres de seguridad.

Al verla, terminó la conversación.

—Llegas justo a tiempo.

—Siempre llego a tiempo.

Markus sonrió ligeramente.

—Eso es discutible.

Valeria tomó una taza de café que había sobre la mesa.

—¿Dónde es la reunión?

—En el ala oeste.

—¿Quién estará?

—Alonzo, Ricci, Volker y varios responsables de nuestras operaciones en Italia.

Valeria arqueó una ceja.

—¿Y qué esperan de mí?

Markus la observó unos segundos.

—Quiero que escuches.

—Eso suena demasiado sencillo.

—Porque no quiero que hables solamente para demostrar que puedes hacerlo.

Valeria dejó la taza sobre la mesa.

—Entonces ¿por qué me llevas?

Markus se acercó.

—Porque ya es hora de que empieces a comprender cómo funciona realmente esta organización.

—Ya la estoy comprendiendo.

—No.

Markus negó con la cabeza.

—Todavía estás viendo una parte muy pequeña.

Valeria guardó silencio.

Aquella frase le recordó inmediatamente la conversación que habían tenido días atrás.

El imperio que había descubierto.

Los secretos de su padre.

Todo aquello que todavía desconocía.

—Entonces enséñame —respondió.

Markus sonrió.

—Eso pienso hacer.

La sala de reuniones estaba ocupada cuando ambos entraron.

Las conversaciones disminuyeron inmediatamente.

Valeria pudo sentir las miradas sobre ella.

Algunos la conocían.

Otros apenas habían oído hablar de ella.

Y varios simplemente la conocían como la hija de Markus Becker.

Eso estaba a punto de cambiar.

Markus tomó asiento en la cabecera.

Valeria se sentó a su derecha.

Ricci estaba unos puestos más allá.

Alonzo comenzó a explicar la situación.

—Durante las últimas semanas hemos detectado movimientos extraños en tres de nuestras rutas comerciales. No parece una coincidencia.

Uno de los hombres intervino.

—Puede tratarse de una competencia intentando presionarnos.

Valeria observó los documentos que tenía delante.

No dijo nada.

Otro hombre habló.

—También existe la posibilidad de que los responsables sean los mismos que estuvieron detrás del ataque contra la signorina Becker.

Valeria levantó la mirada.

El recuerdo del hombre volvió a aparecer.

Se obligó a concentrarse.

—No creo que sea lo mismo —dijo finalmente.

La sala quedó en silencio.

Uno de los hombres la miró con cierta sorpresa.

—¿Por qué?

Valeria deslizó uno de los informes hacia el centro de la mesa.

—Porque los movimientos comenzaron antes del ataque.

El hombre frunció el ceño.

—¿Y eso qué demuestra?

—Que quien está detrás de esto ya estaba trabajando antes de intentar atacarme.

—O simplemente son dos operaciones diferentes.

Valeria lo miró directamente.

—Entonces explíqueme por qué utilizan los mismos intermediarios.

El hombre se quedó callado.

Valeria continuó.

—He revisado los nombres de las empresas que aparecen aquí. Tres están relacionadas indirectamente con personas que han tenido contacto con nuestros competidores. Pero hay algo más.

Tomó otro documento.

—Los movimientos financieros no coinciden con una organización que quiera perjudicarnos directamente.

Alonzo sonrió ligeramente.

—¿Qué estás sugiriendo?

—Que alguien está utilizando a nuestros enemigos para ocultar su verdadera operación.

La sala quedó completamente silenciosa.

Markus observaba a su hija sin intervenir.

Uno de los hombres finalmente habló.

—Con todo respeto, señorita Becker, está sacando demasiadas conclusiones de unos cuantos informes.

Valeria lo miró.

—¿Cómo se llama?

—¿Perdón?

—Su nombre.

—Valentino.

—Valentino, ¿cuánto tiempo lleva trabajando para mi padre?

—Doce años.

—Entonces debería saber que Markus Becker no suele tomar decisiones basándose en unos cuantos informes.

Valentino guardó silencio.

Valeria se inclinó ligeramente hacia delante.

—Yo tampoco.

Tomó los documentos.

—Quiero que durante las próximas cuarenta y ocho horas nadie intervenga en esas rutas.

Alonzo la miró sorprendido.

—Eso podría afectar nuestras operaciones.

—Lo sé.

—¿Y aun así quieres detenerlas?

—Sí.

Markus intervino por primera vez.

—¿Por qué?

Valeria lo miró.

—Porque si alguien está utilizando nuestras rutas para observar cómo reaccionamos, cualquier movimiento que hagamos ahora le dará información.

Markus permaneció en silencio.

Valeria continuó.

—Quiero que crean que no hemos descubierto nada.

Uno de los responsables preguntó:

—¿Y después?

Valeria sonrió ligeramente.

—Después veremos quién comete el primer error.

Ricci la observó con atención.

Aquella no era la Valeria que había conocido meses atrás.

Había algo diferente en ella.

Más frío.

Más calculador.

La reunión continuó durante casi una hora.

Cuando finalmente terminó, los hombres comenzaron a abandonar la sala.

Ricci esperó a que Valeria saliera.

—Estás cambiando.

Ella lo miró.

—¿Eso es algo malo?

—No lo sé.

—Entonces no tienes nada que decirme.

Ricci caminó junto a ella.

—Antes querías resolver los problemas rápidamente.

—Antes no tenía toda esta información.

—Ahora pareces disfrutar esperando a que los demás cometan errores.

Valeria se detuvo.

—No disfruto de eso.

—¿Entonces?

Ella lo miró fijamente.

—Estoy aprendiendo.

Ricci permaneció en silencio.

Valeria continuó caminando.

Pero antes de abandonar el pasillo, se detuvo nuevamente.

Porque había recordado algo.

Los ojos verdes.

La voz.

El hombre.

No sabía quién era.

Pero sabía que algún día volvería a encontrarlo.

Y cuando ocurriera, quería estar preparada.

Aquella tarde, Markus volvió a hablar con ella.

—Hoy has impresionado a varias personas.

—No era mi intención.

—¿No?

—Mi intención era tener razón.

Markus soltó una pequeña risa.

—Definitivamente eres mi hija.

Valeria sonrió.

—¿Eso significa que volverás a llevarme a las reuniones?

—Si continúas demostrando que puedes estar allí, sí.

—Entonces espero que te acostumbres.

Markus la observó con orgullo.

—Creo que ya sé lo que estás empezando a convertirte.

Valeria levantó una ceja.

—¿Qué?

Markus se acercó.

—La mujer que algún día todos tendrán que escuchar.

Valeria sostuvo su mirada.

—No quiero que me escuchen porque seas mi padre.

—¿Entonces?

Ella respondió con tranquilidad:

—Quiero que me escuchen porque sepan que ignorarme tiene consecuencias.

Markus sonrió.

Y en aquel momento entendió que el rango de “Doña Valeria “acababa de comenzar a nacer.

...CONTINUARÁ ...

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