Cuando sus mundos chocan, la atracción es inmediata, explosiva y peligrosa. Lo que comienza como una misión para Scarlett se convierte en una obsesión mutua donde la línea entre el deber y el deseo se desdibuja peligrosamente.
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CAPÍTULO 12
La celda es fría. No metafóricamente, sino físicamente fría. El aire acondicionado está puesto a una temperatura ridícula, y Scarlett tiembla en la camilla metálica que hace las veces de cama. Lleva horas aquí, desde que la separaron de Alejandro, desde que Williams la encerró como si ella fuera la criminal.
Toca su vientre.
—Perdóname, pequeño
susurra.
—Tu primera noche en el mundo y ya estás en una celda.
La puerta se abre. No es Williams. Es una agente que Scarlett reconoce de pasillo, una mujer joven de expresión seria.
—Agente O'Connor. Sígame.
—¿Adónde?
—Interrogatorio.
—Ya he dado mi declaración.
—No es a usted a quien van a interrogar. Es a él. Y quieren que observe.
Scarlett siente que el corazón se le acelera.
—¿Alejandro?
La agente asiente.
—Desde una sala contigua. Con vidrio de una sola vista. Puede verlo, pero él no puede verla a usted.
—¿Por qué querrían que lo viera?
—No lo sé. No es mi decisión. Solo sigo órdenes.
Scarlett se levanta, las piernas aún temblorosas. Sigue a la agente por pasillos interminables, todos iguales, todos blancos, todos fríos. Finalmente llegan a una puerta con un cartel que dice Sala de Observación 3.
—Entre. Tiene quince minutos.
La puerta se cierra tras ella.
La sala es pequeña, oscura. Toda una pared es un enorme vidrio que da a otra habitación, brillantemente iluminada. Y allí, sentado en una silla de metal, esposado a la mesa, está Alejandro.
Scarlett contiene el aliento.
Está despeinado, la ropa arrugada. Tiene una pequeña cortada en el labio, como si hubiera opuesto resistencia al ser arrestado. Pero sus ojos... sus ojos negros están más vacíos que nunca. Como si algo dentro de él hubiera muerto.
Williams entra en la sala de interrogatorio. Se sienta frente a Alejandro, colocando una carpeta sobre la mesa.
—Señor Moretti. ¿Sabe por qué está aquí?
Alejandro no responde. Solo lo mira con odio.
—Vamos, hombre. Hagamos esto fácil. Usted habla, nosotros escuchamos, y tal vez, tal vez, consiga una celda más cómoda.
—No tengo nada que decir.
—¿Nada, Ni siquiera sobre la agente O'Connor?
Alejandro se tensa. Scarlett lo nota desde el otro lado del vidrio.
—¿Qué pasa con ella?
—Nada. Solo que me preguntaba si le gustaría saber la verdad. Sobre su misión. Sobre ustedes.
—La sé. Era una infiltrada. Lo fue desde el principio.
—¿Seguro?
Williams abre la carpeta y saca una fotografía. La desliza sobre la mesa. Alejandro la mira, y su expresión cambia.
Es una foto de Scarlett, tomada hace apenas unas horas. Está en la celda, tocándose el vientre, con una expresión de angustia en el rostro.
—¿Qué es esto?
—Su agente favorita. Embarazada, por cierto. De usted, según dice.
Alejandro traga saliva.
—¿Y qué quiere que haga, Que le aplauda?
—No. Quiero que entienda que ella no eligió esto. Que fue una misión, sí, pero que las cosas se complicaron.
Williams se reclina.
— Mire, Moretti, yo no estoy aquí para juzgarlo. Estoy aquí para hacer un trato.
—¿Un trato?
—Usted nos da información sobre su padre, sobre los negocios de la familia, y nosotros olvidamos que existe. Usted y Scarlett. Desaparecen. Nadie los busca.
Alejandro lo mira con incredulidad.
—¿Está loco, Cree que voy a traicionar a mi padre por una mujer que me mintió?
—No le estoy pidiendo que lo haga por ella. Le estoy pidiendo que lo haga por su hijo.
Williams señala la foto
—Ese bebé va a crecer sin padre si usted se pudre en la cárcel. O peor, va a crecer sabiendo que su padre eligió el orgullo antes que a él.
El silencio se alarga.
Scarlett observa desde el otro lado, conteniendo las lágrimas. Quiere gritarle a Alejandro que acepte, que haga lo que sea necesario para estar juntos. Pero sabe que no puede. Sabe que la decisión es solo de él.
—¿Y Scarlett?
pregunta Alejandro finalmente.
— ¿Qué dice ella de todo esto?
—Ella no sabe que estoy haciendo esta oferta. Pero si la viera...
Williams señala el vidrio.
— Ahora mismo está al otro lado, mirándolo. Esperando.
Alejandro gira la cabeza hacia el vidrio. No puede verla, lo sabe, pero sus ojos buscan igualmente.
—Scarlett
murmura.
—Ella está embarazada de su hijo, Moretti. Va a criar a ese bebé sola si usted no coopera. ¿Es eso lo que quiere?
—Lo que yo quiero
la voz de Alejandro es baja, peligrosa.
—es saber si todo fue mentira. Si alguna vez sintió algo real.
Desde el otro lado, Scarlett no puede contenerse más. Se levanta, se acerca al vidrio, apoya las manos en él.
—No fue mentira
susurra.
—Nada de esto fue mentira.
Pero él no puede oírla.
Williams, sin embargo, sí. Toca su oído, donde lleva un pequeño audífono.
—¿Cómo dice, agente O'Connor?
Scarlett se da cuenta de que hay un micrófono. Que pueden oírla.
—Dígale
dice con voz firme.
—que no fue mentira. Que lo amo. Que nunca quise hacerle daño. Y que voy a tener a nuestro hijo aunque él no quiera saber de mí. Dile que yo no sabía que ustedes llegarían ahí.
Williams repite sus palabras.
Alejandro escucha en silencio. Su mandíbula se tensa. Sus ojos brillan.
—¿Y cómo sé que no es otro truco?
pregunta.
— Otra manipulación.
—Porque está llorando
responde Williams.
—Y las lágrimas no se fingen.
Alejandro cierra los ojos. Cuando los abre, hay algo diferente en ellos. Algo que Scarlett reconoce, esperanza.
—Quiero hablar con ella. En persona.
—No es posible.
—Entonces no hay trato.
—Moretti...
—He dicho que no. Quiero verla. Tocarla. Mirarla a los ojos y saber si lo que dice es verdad. Si no, pueden encerrarme de por vida.
Williams suspira. Se frota los ojos, cansado.
—Tiene cinco minutos. Y esposados.
Cuando Scarlett entra en la sala de interrogatorio, las piernas apenas la sostienen. Alejandro está ahí, sentado, las esposas aún en sus muñecas. Pero cuando la ve, sus ojos se encienden.
—Siéntese
ordena Williams, señalando la silla frente a Alejandro.
Scarlett obedece. Está tan cerca que podría tocarlo. Pero no se atreve.
—Alejandro
susurra.
—¿Es verdad?
pregunta él.
— ¿Todo lo que dijo?
—Sí
—¿Que no sabías que te estaban siguiendo?
—No. Te juro que no. Yo iba a huir contigo. Iba a dejarlo todo.
—¿Y por qué debería creerte?
—Porque te miro a los ojos y te lo digo.
Las lágrimas ruedan por sus mejillas.
— Porque llevo tu hijo aquí dentro. Porque no hay nada en el mundo que quiera más que estar contigo.
Alejandro la mira largamente. Busca la mentira, el engaño, la trampa. Pero solo encuentra verdad.
—Ven aquí
dice.
Ella se levanta y da la vuelta a la mesa. Él extiende sus manos esposadas, y ella las toma. Las aprieta contra su pecho, contra su vientre. Alejandro apoya las manos esposadas sobre su vientre. Por un momento, todo desaparece, la celda, los agentes, el mundo.
—Perdóname
murmura.
— Por dudar de ti.
—No tenías por qué no dudar. Te mentí durante semanas.
—Pero no en esto.
Levanta la mirada.
— No en nosotros.
Scarlett se inclina y lo besa. Es un beso suave, tierno, sellando una promesa.
Williams carraspea.
—Muy bonito. Pero el tiempo se acaba. ¿Qué decidimos, Moretti?
Alejandro se separa lentamente, pero no suelta las manos de Scarlett.
—Que acepto. Pero con condiciones.
—Dígame.
—Protección para ella y el bebé. Testimonios falsos si es necesario. Y cuando esto termine, desaparecemos. Nadie nos busca. Nadie nos molesta.
—¿Y su padre?
—Mi padre...
Alejandro duda.
— Mi padre es harina de otro costal. Pero si le doy suficiente información para que caiga, no podrá hacerles daño. A ninguno de los dos.
Williams asiente lentamente.
—Trato hecho.
Cuando sacan a Alejandro esposado, él se gira una última vez.
—Te quiero
dice.
— Pase lo que pase, no lo olvides.
—Nunca
responde Scarlett.
Y mientras se lo llevan, toca su vientre y sonríe.
Han ganado una batalla. Pero la guerra contra el padre de Alejandro, contra Marcos, contra todos los que quieren separarlos, apenas comienza.
Y esta vez, la van a pelear juntos.