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La Empleada del Magnate

La Empleada del Magnate

Status: Terminada
Genre:CEO / Mujer poderosa / Niñero / Completas
Popularitas:627.7k
Nilai: 5
nombre de autor: AUTORAATENA

Antonieta, una joven luchadora, acepta trabajar en la mansión de Luke Petronius para asegurar estabilidad y cuidar a su abuela enferma.

Decidida e indomable, entra en conflicto directo con la actitud rígida y controladora de Luke, dentro de un ambiente lleno de reglas y tensión silenciosa.

Entre provocaciones, límites puestos a prueba y una convivencia obligada, ambos se ven envueltos en una dinámica peligrosa donde el poder, el deseo y la resistencia empiezan a confundirse…

NovelToon tiene autorización de AUTORAATENA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 16

Capítulo 17 — Tres Días

El primer día no apareció y yo no pregunté nada.

Mentí.

Me lo pregunté unas cuatro veces durante el día, y las cuatro veces cerré el cajón antes de encontrar respuesta, porque no era asunto mío y punto. Un empleado falta, ocurre, Glória redistribuye, la casa funciona, fin del asunto.

Solo que el aroma a vainilla había desaparecido de la mansión junto con ella.

Y yo lo había notado.

Lo cual era información que no necesitaba tener y que tenía de todas formas.

---

Segundo día.

Me desperté, corrí, volví, me bañé, bajé al desayuno.

La mesa estaba puesta, el café estaba ahí, todo en su lugar. Todo menos ella.

Comí en silencio leyendo el correo y pensé en ella dos veces durante la tostada y una vez durante el café, y las tres veces no tenían justificación que yo pudiera sostener en una conversación seria conmigo mismo, así que no tuve esa conversación.

Fui al trabajo.

No rendí como debía.

---

El tercer día llegué con Glória antes de la cena.

—Llama a Antonieta. —dije directo. —Quiero saber si vuelve y cuándo. Quiero una respuesta cuando llegue.

—Sí, señor.

Llegué del trabajo, Glória estaba en el corredor, carpeta bajo el brazo, la postura de siempre.

—¿Llamó?

—Sí, señor. La abuela de Antonieta está hospitalizada. Cáncer. El cuadro empeoró y ella estaba resolviendo la situación.

Me quedé parado.

—Vuelve cuándo.

—Mañana mismo, señor.

—Entendido. —dije, y esa frase salió antes de que pudiera detenerla. —No le pago a una empleada para resolver dramas familiares, Glória. Le pago para trabajar. Eso tiene que quedar claro.

Ella me miró.

No dijo nada.

Me di la vuelta y fui al estudio con esa frase todavía caliente en la boca, sonando mal incluso antes de que cerrara la puerta.

Me quedé parado frente a la ventana.

Me insulté en voz baja.

Cruel. Había sido cruel de una manera que no servía ni de lección ni de límite, solo servía de crueldad en sí misma, y yo sabía la diferencia. La abuela de ella estaba hospitalizada con cáncer y yo había dicho eso con aquella frialdad de CEO que no corresponde a toda situación, pero que uso en toda situación porque es más fácil que ser la otra cosa que no sé bien cómo nombrar.

Me fui a dormir sin resolver nada.

---

Me desperté a las seis de la mañana.

Me levanté, fui al baño, me cepillé los dientes, me miré en el espejo por un segundo sin pensar en nada en particular, solo en que había dormido mal y que mi cara lo informaba sin que nadie se lo preguntara.

Me puse el buzo. Los tenis. Salí.

El jardín tenía esa luz fría de madrugada, el pasto húmedo de rocío, el aire con ese frío limpio que solo existe antes de que el sol decida aparecer de verdad. Empecé a correr por el recorrido de siempre, el sendero que corta el perímetro de la propiedad, la orilla del lago con la niebla baja, la cuesta del fondo donde el pulmón protesta.

Corrí más fuerte de lo normal.

No fui a analizar el motivo.

Volví cuarenta minutos después con el buzo pesado de sudor y la cabeza un poco más despejada, esa claridad de después de correr que es la única versión de vacío mental que acepto.

Subí. Me bañé. Me vestí. Bajé.

---

Iba directo al comedor cuando escuché voces en la cocina.

Voces bajas. Más de una.

Fruncí el ceño. Eran las seis y cincuenta de la mañana, el desayuno estaba en el comedor, qué diablos pasaba en la cocina a esa hora que justificara ese murmullo colectivo.

Fui hasta la puerta.

La empujé levemente.

Y me detuve.

Las cuatro estaban ahí.

Glória, Doña Beth, Orlanda y ella.

Con la cabeza agachada, las cuatro juntas alrededor de la mesa pequeña del comedor de servicio con las manos entrelazadas y el rosario de Doña Beth pasando despacio entre los dedos, rezando en voz baja con esa melodía específica de oración que tiene ritmo propio, ese sonido que llena el silencio de una forma diferente a cualquier otro sonido.

Ella estaba de espaldas a mí.

El cabello suelto hacia un lado, los hombros levemente curvados, esa postura de quien está entregando el peso de algo a algo más grande que ella misma.

Me quedé parado en la puerta por un segundo.

Dos.

Miré el reloj.

Las seis y cincuenta de la mañana.

Yo era el que había llegado demasiado temprano.

Retrocedí despacio sin hacer ruido, cerré la puerta con el cuidado de quien no quiere perturbar, fui a buscar el saco, el maletín, las llaves.

Tomaría el café en la empresa.

Salí por la puerta lateral con esa prisa de quien llega tarde siendo que llegaba temprano, el sol empezando a asomarse afuera sobre el jardín todavía húmedo, el auto de Marco esperando en el camino de siempre.

Entré.

—A la empresa. —dije.

Marco arrancó.

Fui mirando por la ventana con esa imagen todavía presente, las cuatro tomadas de la mano en la cocina, ella con los hombros curvados rezando por esa abuela que estaba hospitalizada y a quien yo había convertido en drama familiar con una frase de la que todavía no me había perdonado.

Sentí algo que no fui a nombrar.

Pero lo sentí.

Y fui al trabajo fingiendo que no había sentido nada.

Como siempre.

Continúa...

1
Julia González
eso bb amansalo que se derrita por ti jajaja
Luz Vera
Felicidades, muy buena historia, sin tantas tragedias y una protagonista sin sufrimientos terribles 👏👏👏👏
Luz Felisa Zamora
Excelente historia, me gustó muchísimo, es un tema único, , felicitaciones.
Ali
muy bonita tu novela 😘😘😘😘
Elena Yobany Santacruz Alejandria
hermosa novela escritora ... escribes hermoso es un placer leerte siempre te tendre entre mis favoritas ..felicidades
Elena Yobany Santacruz Alejandria
q maravillosa lectura ..un placer leerte
Elena Yobany Santacruz Alejandria
ohhh y así se acabo todo por dios pensé q sacarían chispas de amor . jjjajaja
Elena Yobany Santacruz Alejandria
jade enséñale la danza árabe a antonieta así luke termina por volveré loco por ella ....no creo q llegue virgen al.matrimonio con semejante pervertidos jjjjaaaa
Elena Yobany Santacruz Alejandria
jjjjaaaa 🤭🤭🤣🤣 la nieta ,la abuela y ese hombre millonario estan de atar jjjjaaaa
Elena Yobany Santacruz Alejandria
ay q emocion .....el esta enamorado contrato o no contrato jjjajaja ya fuiste luke🤭🤭🤭
Elena Yobany Santacruz Alejandria
uyyy huele a peligro creo q te verás envuelto y maniatado en tu propio juego señor riquíllo arrogante ...🤣🤣🤣🤣🤣
Elena Yobany Santacruz Alejandria
ohhh q pasara por la cabeza de lux☺️☺️☺️🤭
Elena Yobany Santacruz Alejandria
jjjajaja esa carlita es una pillina y la abuela ni se diga q bonitoooo🥰🥰🥰
Maria Gudiño
me encantó esta novela muy buena desde el principio, felicitaciones para la escritora 👍👌👏👏
Jenny Gonzalez
Muy linda historia, sin tanto drama ni maldad.
Maria Magdalena Martinez
exelente
Maria Magdalena Martinez
me encanta como se Nara está novela
Zuliner Chacon
Autora te felicito, excelente novela hermosa, tierna en dónde se enseñan principios, valores, humildad y respeto. En dónde el amor triunfa y no la soberbia, el egoísmo ni el ser mejor por tener dinero y creer que con eso eres el Todopoderoso y no tienes necesidad de un abrazo sincero.
Sylvia Farias
hermosa historia felicidades
🇻🇪Jennifer Rodríguez🇻🇪
Una amiga sin una pisca de envidia ni maldad 💝
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