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LA MUJER QUE ESCAPO DEL INFIERNO

LA MUJER QUE ESCAPO DEL INFIERNO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Posesivo / Maltrato Emocional / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:257.3k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Todos creían que Cynthia tenía una vida perfecta.

Nadie veía los moretones escondidos bajo el maquillaje.

Nadie escuchaba los gritos detrás de las paredes de la mansión.

Durante cinco años soportó golpes, humillaciones y miedo por proteger a su hija. Pero cuando una tragedia destruye lo poco que quedaba de su mundo, comprende que solo tiene dos opciones: quedarse y morir... o escapar.

Lo que Cynthia no sabe es que el hombre al que dejó atrás nunca aceptará perderla.

Y hará cualquier cosa para recuperarla.

Una madre. Una hija. Una huida desesperada. Y una batalla por la libertad que apenas comienza.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24. La esposa

Lucía llegó temprano, con una bolsa en cada mano y la cara de quien no ha dormido pensando en alguien.

—Dios mío, déjame mirarte. —Soltó las bolsas y abrazó a Cynthia tan fuerte que le sacó el aire—. Estás flaquísima. ¿Dónde te metiste, mujer? Te llamé mil veces. Pensé lo peor.

—Tenía un teléfono nuevo. No podía llamar a nadie, Lucía, era muy riesgoso. —Cynthia se aferró a ella un momento, soltando un poco del peso que cargaba—. Si te llamaba a ti, él te rastreaba. Te lo juro que te pensé todos los días.

—Ya, ya. Lo importante es que estás aquí. —Lucía la soltó y empezó a sacar cosas de las bolsas: ropa limpia, un termo de café, un sándwich envuelto en servilleta—. Toma, come algo, que de seguro no has probado bocado. Te traje también muda limpia, esa que tienes puesta ya camina sola.

Cynthia se rió sin ganas, con los ojos aguados.

—¿Qué pasó, amiga? —Lucía bajó la voz, mirando a la niña dormida—. La nena. ¿Es verdad lo que dicen los médicos?

Cynthia le contó en pocas palabras. La huida, el refugio, la fiebre, el diagnóstico, Alberto apareciendo con sus hombres y llevándose a la niña. Lucía escuchaba con la mano en la boca, negando con la cabeza.

—Tengo que irme antes de que él despierte —dijo Cynthia, mirando el reloj—. Quiere el desayuno servido. Si llego tarde, me lo cobra con la niña.

—Maldito hijo de puta. —Lucía apretó los dientes, pero la agarró del brazo antes de que saliera—. Espera. Una cosa, y óyeme bien. En la mansión está viviendo Valeria.

—Lo sé.

—Entonces sabes lo que te espera. —Lucía la miró fijo—. No te dejes humillar, Cynthia. Por más que esa arrastrada se crea la dueña, y por más que mi mamá la apoye, hay una sola cosa que ni ellas pueden cambiar. Aunque no les gustes, aunque les estorbes, la esposa de Alberto sigues siendo tú. No lo olvides allá adentro.

Cynthia asintió. Se tomó el café en dos sorbos largos, agarró el sándwich, le dio un beso en la frente a su hija dormida, otro a Lucía, y salió comiendo por el pasillo. Llevaba horas sin probar nada, y sabía que iba a necesitar hasta la última gota de fuerza para enfrentar a ese demonio.

En la puerta de la clínica la esperaba el chofer de la mansión, recostado contra el carro.

No la sorprendió. Sabía que Alberto la tenía vigilada, que cada paso suyo iba a estar contado desde ahora. Se subió sin decir palabra y dejó que la llevaran de vuelta al lugar del que había escapado.

Cuando entró a la mansión, Amelia la estaba esperando en el recibidor, y al verla se le llenaron los ojos.

—Niña Cynthia. —La abrazó fuerte, con sus brazos de años—. Mírela, mírela cómo está. Yo sabía que iba a volver, pero no así, no de esta manera.

—Amelia. —Cynthia se dejó abrazar, y por un segundo, en esos brazos, casi se vuelve a sentir persona—. La extrañé.

—Y yo a usted, mi niña. Esta casa sin usted era un cementerio con la nueva reina mandando. —Le habló bajito, apretándole la mano—. Aquí estoy yo. Lo que necesite, usted me dice y yo veo cómo. No está tan sola como cree.

No hubo tiempo para más. Cynthia entró a la cocina, se puso a trabajar, y para cuando Alberto y Valeria bajaron, la mesa estaba puesta, el desayuno servido, el café caliente, y ella de pie a un lado, esperando, como en los viejos tiempos.

Alberto se sentó en la cabecera y la miró.

—Siéntate a mi lado —le dijo a Cynthia.

Valeria, que venía bajando con una bata de seda y cara de dueña, se paró en seco.

—¿Por qué? —Su voz cortó el aire—. Yo no me siento a desayunar con esa mujer en la misma mesa.

—Entonces puedes irte. —Alberto ni la miró. Sacudió la servilleta y se la puso sobre las piernas—. Esa mujer es mi esposa, y madrugó a prepararte el desayuno. Si no te gusta compartir mesa con ella, la puerta es ancha.

Valeria se mordió la lengua. Cynthia vio cómo se le encendía la cara, cómo apretaba el respaldo de la silla con las uñas, cómo se sentaba al fin del otro lado de la mesa lanzándole una mirada que era puro veneno.

Cynthia no entendía nada. Se sentó al lado de Alberto, tiesa, esperando la trampa. El hombre acababa de defenderla a ella por encima de la amante, y eso era tan nuevo, tan fuera de todo lo que conocía de él, que no sabía si agradecerlo o temerlo más. O lo dice en serio, o está actuando como un campeón. Conociéndolo, era lo segundo. Con Alberto, la amabilidad siempre era el envoltorio de algo peor.

El desayuno transcurrió en silencio.

Cynthia casi no comió. Tenía el estómago cerrado y la cabeza en la clínica, en su hija sola con las máquinas, contando los minutos para volver. Movía la comida por el plato sin probarla. Enfrente, Valeria no le quitaba los ojos de encima, y cada mirada era una promesa de algo.

Y entonces Valeria se levantó con su taza, rodeó la mesa para "ir por más café", y al pasar por detrás de Cynthia tropezó con un descuido demasiado perfecto.

El café hirviendo le cayó en las piernas.

Cynthia gritó y se levantó de un salto, con la tela del pantalón quemándole la piel. Pero antes de que pudiera decir nada, antes de que pudiera siquiera mirar a Valeria, Alberto ya estaba de pie.

La bofetada que le dio a Valeria sonó en todo el comedor.

Valeria se llevó la mano a la mejilla, los ojos muy abiertos, sin creerlo. Catalina, que entraba en ese momento, se quedó congelada en la puerta.

—No vuelvas a tocarle un solo pelo a mi esposa. —La voz de Alberto era baja, helada, peor que un grito—. ¿Me entendiste? Esa mujer es mía. Solo yo decido qué se le hace y qué no. Solo yo puedo tocarla. Tú no eres nadie en esta casa para ponerle una mano encima. La próxima vez, te saco a la calle con lo que tengas puesto.

Valeria temblaba de rabia y de humillación, con la marca roja de los dedos en la cara.

Y Cynthia, parada ahí con las piernas ardiéndole y el corazón golpeándole el pecho, se quedó mirando a Alberto sin entender absolutamente nada. Porque el hombre que la había roto a golpes durante cinco años acababa de pegarle a otra por defenderla a ella.

Y eso, de algún modo retorcido que se le revolvió en el estómago, le dio más miedo que todas las palizas juntas.

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Doris Torre
una novela con una muy buena narrativa, un género bien fuerte difícil de lograr y que se haga con respeto
Doris Torre
yo creo que Alberto es el que va a morir
Antonia Garcia
No tengo palabras me a encantado es una historia que pasa en la vida real y es muy doloroso aunque esto es una historia pero muchas gracias por compartir 😃
Antonia Garcia
Muy bonita historia y muy dura es para no parar de llorar gracias autora
Lupita Carmen
para mi el mismo que iso matar a la hermana
Gloria Galvan
Pero el es medico está para salvar vidas no para matar , porque es lo que hizo al mandar a ésa mujer infectada😭😭
Gloria Galvan
Una venganza muy cruel, no estoy de acuerdo, el médico resultó peor que Alberto Castro😭 y espero que lo pague
Gloria Galvan
Y que va a pasar cuando el monstruo se de cuenta que no son sus hijos que son del doctor😭😭😭
Gloria Galvan
Hay no que no les pase nada malo a ninguno de los dos 😭
Sofia Pradenas
ése hombrecito es un,mounstro y toda su familia la única que es buena es Lucia
yelitza campos
Bueno la vieja Catalina debió advertir fue a Alberto, y ahora veamos si puede con la culpa, y Valeria... bueno, el que a hierro mata, no puede morir a sombrerazos!!!
yelitza campos
Creo que de alguna manera Alberto se entera y sale corriendo a evitar el desastre y termina pagando él, junto a Valeria..
yelitza campos
,Y ahora que vas a hacer Cynthia, lo hecho hecho está, lo bueno de todo esto es que el monstruo parece que está cambiando, pero eso no lo excusa de todo el horror que viviste, no confío en ese tipo.. Y lo peor, Catalina y Valeria conspirando para sacarte del medio, creo que por ahí va a desenrrollarse la trama, esperaré y veremos...
yelitza campos
Las inseminaciones la mayoría de las veces resultan en partos múltiples! ay! papá👴....
yelitza campos
Hasta cuándo con ésta mujercita vale.. Lo mejor será que estire la pata, y muerto el perro se acaba la rabia 😡😡
yelitza campos
Creo que el doctor va a ser el donante!! jajaja😂😂😂
yelitza campos
Creo que Lucía puede hacer algo, no se!
yelitza campos
Ese desgraciado psicópata, ahora tiene una obsesión enferma por Cynthia, otra vez el infierno, ella va a terminar matándolo.. 😡😡
yelitza campos
No vale! que cruel destino, las mujeres golpeadas y sometidas a tantos vejámenes nunca denuncian por terror y terminan muertas, ojalá que Cynthia tenga valor por su hija y le ponga una caución 😡
yelitza campos
Quien la manda a estúpida! tanto dolor y golpes que aguantó, que al parecer le afectaron el cerebro.. que rabia..
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