Durante diez años, Aurora Moretti renunció a su apellido, a su fortuna y al imperio mafioso más poderoso de Italia por el hombre que amaba. Lo apoyó cuando no tenía nada, creyó en él cuando todos le dieron la espalda y lo acompañó hasta convertirlo en el temido Rey de la Mafia.
Pero el día de su boda, Leonardo De Santis destruye su mundo al abandonarla por otra mujer, sin imaginar que la esposa a la que desprecia es, en realidad, la única heredera de la poderosa familia Moretti.
Humillada, traicionada y con el corazón hecho pedazos, Aurora regresa al lugar que juró abandonar para siempre. Allí dejará de ser la mujer enamorada para convertirse en la reina que nadie podrá volver a destruir.
Entre guerras entre las familias mafiosas italianas, alianzas inesperadas, traiciones, secretos y un amor capaz de renacer entre las cenizas, Aurora demostrará que la peor decisión que un rey puede tomar... es subestimar a su reina.
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CAPÍTULO 2 El día en que murió el amor
El silencio se apoderó de la habitación.
Aurora seguía inmóvil, incapaz de apartar la mirada de Leonardo. Durante diez años había imaginado ese momento cientos de veces, pero nunca de esa manera.
Esperó que él sonriera y dijera que todo era una broma.
Esperó despertar de aquella pesadilla.
Pero nada ocurrió.
Victoria se acercó a Leonardo y entrelazó su brazo con el de él.
—¿No vas a decirle toda la verdad? —preguntó con una sonrisa arrogante.
Leonardo suspiró.
—Ya no tiene sentido ocultarlo.
Aurora sintió que el pecho le ardía.
—¿Ocultar qué?
—Hace seis meses que Victoria y yo estamos juntos.
Las piernas le temblaron.
Seis meses.
Seis meses organizando una boda.
Seis meses probándose vestidos.
Seis meses soñando con formar una familia.
Y durante esos mismos seis meses, el hombre al que amaba compartía su vida con otra mujer.
—¿Mientras elegíamos las flores... estabas con ella?
Leonardo bajó la mirada apenas un segundo.
—Sí.
—¿Mientras elegíamos nuestra casa?
—Sí.
—¿Mientras me abrazabas todas las noches?
Él guardó silencio.
Ese silencio fue la respuesta más cruel.
Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Aurora.
—¿En qué momento dejaste de amarme?
Leonardo respondió con una frialdad que jamás había mostrado.
—El poder cambia a las personas.
Entendí que necesitaba una mujer que estuviera a mi altura.
Las palabras atravesaron el corazón de Aurora como un cuchillo.
—¿Y yo no estoy a tu altura?
Victoria soltó una pequeña risa.
—Seamos sinceros, Aurora. Leonardo ya no es un hombre cualquiera. Ahora necesita una reina... no una mujer común.
Aurora apretó los puños.
Si ellas supieran la verdad...
Si supieran quién era realmente...
Pero recordó la promesa que le había hecho a su padre diez años atrás.
Jamás utilizaría el apellido Moretti para conseguir poder.
Había querido que Leonardo la amara por quien era, no por el nombre de su familia.
Y ahora entendía que había entregado todo por alguien que nunca la valoró.
Leonardo dio un paso hacia ella.
—Voy a hacerme cargo de vos económicamente.
Nunca te va a faltar nada.
Podés vivir en una de mis propiedades.
Aurora levantó lentamente la cabeza.
No podía creer lo que estaba escuchando.
—¿Querés convertirme en tu amante después de reemplazarme en nuestra propia boda?
Leonardo no respondió.
Pero su silencio volvió a decirlo todo.
Aurora sintió que algo dentro de ella moría para siempre.
Ya no era solo el amor.
Era la mujer inocente que había confiado ciegamente en él.
Respiró hondo, se quitó lentamente el anillo de compromiso y lo dejó sobre la mesa.
—Quedate con él.
Su voz era tranquila.
Demasiado tranquila.
—Porque el hombre que me lo dio... dejó de existir hace mucho tiempo.
Sin mirar atrás, tomó la pequeña caja donde estaba la ecografía de su bebé.
Ese regalo ya nunca sería entregado.
Abrió la puerta de la habitación y comenzó a caminar.
Cada paso dolía.
Pero no derramó una sola lágrima más.
No delante de ellos.
Mientras se alejaba, Leonardo sintió una extraña opresión en el pecho.
Era la primera vez en diez años que veía a Aurora irse sin intentar detenerla.
Y, por alguna razón que no podía explicar...
Tuvo la sensación de que acababa de perder algo que jamás volvería a recuperar.
Continuará...