Fabián Black está a seis semanas de perder su herencia, el control del imperio hotelero familiar y cualquier posibilidad de seguir viviendo como siempre. Encontrar una esposa debería ser fácil. Sin embargo, una tras otra, todas las candidatas desaparecen antes de llegar al altar.
Rebeca Martínez tiene problemas mucho más urgentes. Entre dos trabajos agotadores, una sobrina en cuidados neonatales y una economía que se sostiene con pura voluntad, el amor ocupa el último lugar de su lista de prioridades.
Cuando un encuentro inesperado los lleva a aceptar un matrimonio por conveniencia, ambos creen tener las reglas claras.
Hasta que, durante la negociación, Rebeca le advierte:
--Si vamos a dormir juntos, hay algo que debes saber. Yo duermo con Babydoll y eso no es negociable
Durante unos segundos, Fabián creyó que aquel acuerdo sería mucho más interesante... Qué equivocado estaba.
Porque el verdadero desafío no era casarse... era sobrevivir al caos...
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UNA GRAN TRAGEDIA
NARRADOR
La mansión Black parecía demasiado calmada mientras Fabián estaba a punto de sufrir un colapso existencial.
Arthur lo miró sin sorpresa, con la calma de quien llevaba décadas viendo escenas absurdas.
En cuanto Fabián salió maldiciendo no fue una sorpresa. Dedicaba parte de su día a insultar el Aston Martin de formas curiosamente creativas.
Margaret fue a su habitación. Arthur la siguió con eficiencia. La conocía demasiado bien para saber que tendría que cumplir una orden.
--Arthur, trae dos tazas de té y asegúrate que no haya nadie cerca de esta habitación
El mayordomo salió de la habitación sin cuestionar. Una sola orden fue suficiente para que las empleadas no se acercaran a la segunda planta.
Cuando Arthur llegó a la habitación con una bandeja, Margaret estaba sentada aguardando con una sonrisa en el rostro.
--Señora-- Dijo respetuosamente agregando una cucharadita de azúcar al te de su jefa
--Siempre eres eficiente, Arthur. También se que eres una persona discreta
--¿Qué necesita, señora?-- Margaret sonrió con cálculo
Arthur elevó una de las comisuras de sus labios comprendiendo todo al instante sin necesitar ni una mínima explicación.
--No creí que impedir una boda se sintiera tan bien-- Allí estaba la confesión
Arthur observó a Margaret sin saber si había hecho eso por una venganza personal en contra de su nieto o por motivos económicos. Cualquiera de las dos opciones le resultaba completamente justificada.
--Fabián no sabía nada de esa mujer. Por momentos me sorprende su escasa inteligencia
--¿Por qué lo dice, señora?
--Porque fue predecible y estúpido. Escogió a esa mujer por el tamaño de sus senos sin siquiera saber que ella es un caos existencial tanto como él. Indigna del apellido Black, mucho más que Fabián-- Explicó y buscó una carpeta
Arthur la agarró con elegancia y comenzó a mirarla. Creía que nada podría sorprenderlo después de convivir junto al heredero más desastroso del país. Se equivocaba.
--Esto es preocupante...
--Preocupante es una palabra demasiado insignificante para describir ese informe
--No esperaba algo así. Creo que el señor Fabián tiene problemas
--Demasiados. Tendrá que aprender mucho. Si sigue eligiendo a una mujer por una apariencia aceptable ante sus ojos, me ocuparé de que no logre su meta
--Señora, ¿No espera que el se case?
--Eso espero, pero con alguien que pueda darle una lección que se niega a aprender. El matrimonio no lo volverá heredero total
Margaret tomó la taza y después retomó su explicación.
--Estoy segura de que él acabará haciendo la propuesta correcta y tu me ayudarás
--Señora en mis años de servicio no he aprendido a hacer milagros
--Serás mis ojos y oídos
--Eso no debe pedírmelo, señora
Fabián mientras tanto se enfrentaba a lo que consideraba una catástrofe de dimensiones desconocidas. No había podido casarse, tampoco había tenido sexo y además había recibido su mísera asignación diaria.
--¿Donde va la gente pobre cuando no tiene dinero?-- Murmuró desesperanzado mientras miraba el reflejo de su automóvil al conducir por las calles transitadas de la ciudad
De pronto un sonido fue suficiente para interrumpir sus tan desalentadores pensamientos.
--No. Eso no. Maldito insecto verde-- Sus manos golpearon el volante intentando contener su frustración
--Sin gasolina. No puede ser-- Gruñó por lo bajo cambiando su dirección hacia una gasolinera
La mitad de su pobre asignación fue invertida. De nuevo. Lo mismo ocurría cada muy poco tiempo. Era inaceptable.
Fue al mismo parque y después compró una botella de agua esperando no ser atacado de nuevo. Solamente eso necesitaba para que su día terminara en desgracia.
Acabó sentándose en un banco que desentonaba con su apariencia. Cualquiera que lo viera comprendería que no pertenecía allí y que el automóvil verde le pertenecía. ¿Quién iba elegantemente vestido a tomar agua a un parque?
Comenzó a mirar su teléfono otra vez en búsqueda de otra mujer que fuera su esposa. Fue una ardua tarea de selección para sus prejuicios.
--Morena deliciosa. No. Definitivamente no. Por una así perdí mi preciada vida-- Siguió deslizando su dedo por la pantalla buscando alguien que llenara sus expectativas
No pudo encontrar a nadie aceptable. Todas tenían algún defecto.
--Pelirroja. No sé si ese pelo es natural. Pero no. Parece loca-- La fotografia no era halagadora, pero era lo suficientemente decente para una mujer ebria
--Tiene que ser rubia y no una prófuga del compromiso. Casi todas son rubias. Maldita sea
Era cierto. La mayoría de las aventuras en categoría aceptable lo era. No todas naturales, pero al menos lo eran.
--¿Cómo pude acostarme con ella? No. No funcionará-- Descartó otra candidata por solamente ver qué no estaba maquillada perfectamente
--Tengo que eliminar contactos-- Lo aceptó como si fuera la mejor idea del siglo
Eliminar a cien mujeres no fue difícil. Lo hizo demasiado rápido por absurdas razones. Un tatuaje en el hombro, brackets, gafas, incluso por no tener las cejas perfectamente depiladas. Su futura esposa debería ser perfecta.
De pronto algo impactó en su cabeza desde atrás. Estuvo desorientado algunos segundos. La botella de agua que sostenía cayó al suelo. Su teléfono se mantuvo en su mano de milagro.
--¿Pero qué...?
Aún moviéndose vio una pelota y lo entendió todo.
--Señor, la pelota-- Le gritó un adolescente sin siquiera disculparse
Fabián se puso de pie y miró el balón con disgusto y a su dueño aún peor.
Le dio una patada al balón creyendo que eso podría disminuir su pésimo humor, error. Al hacerlo fue que entendió por qué no le gustaba el fútbol.
Algunos adolescentes soltaron una carcajada. Claramente burlándose.
--Es viejo y mira como está vestido-- Dijo uno de ellos que no superaba los trece o catorce años
Fabián caminó hacia el automóvil. Discutir con un adolescente sería insultante hasta para él.
Al volver a la mansión lo hizo con un dolor de cabeza peor al de una resaca monumental.
Arthur lo miró. También a la botella que sostenía con fuerza.
--¿Desea ayuda para castigar a la malévola botella, señor Black?
--La naturaleza volvió a atacarme-- Dijo furioso
--Esta vez no le robó ningún criminal ambicioso-- Afirmó. Fabián lo miró con cansancio
--Me golpeó un balón asesino y un adolescente me llamó viejo. ¿Lo puedes creer? ¿Viejo yo?-- Se señaló todavía indignado
--Una tragedia. La naturaleza se volvió peligrosa para usted-- Dijo Arthur con su habitual calma disimulando su diversión
--Tu me entiendes
Margaret que había oído parte de la conversación negó con resignación. Su nieto convertía cualquier hecho insignificante en una catástrofe existencial y dudó si eso podría cambiar después del matrimonio.
La historia está muy bonita pero ya siento que se va tornando monótona 🤭
😂🤣😂🤣 pelear porque la primera sonrisa de Jade fue para Fabian fue demasiados celos de Rebeca que sobrina lo prefiriera cada vez que le hace una payasada.