—¿La tienes grande?
Nieves jamás se atrevería a hacerle semejante pregunta a un hombre cara a cara. Pero detrás de su cuenta anónima de TikTok puede decir todo lo que desea… incluso confesar las cosas más sucias que le gustaría hacer con un desconocido irresistible que nunca muestra el rostro.
Lo que no sabe es que ese hombre es Gael.
El chico más deseado de la universidad.
Y el compañero que está sentado justo a su lado.
Gael descubre su identidad cuando cada uno de sus mensajes hace vibrar el celular de Nieves sobre la mesa. Ella no sospecha nada, así que continúa provocándolo, preguntándole por su cuerpo y revelándole fantasías que jamás admitiría en persona.
Él podría decirle la verdad.
En cambio, decide seguirle el juego.
Porque ahora conoce cada uno de sus deseos secretos… y está dispuesto a cumplirlos todos.
NovelToon tiene autorización de maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 13
Capítulo 13
Pasé el resto de la clase esperando que llegara la noche.
Al terminar guardé mis cosas y salí rumbo al edificio de Comunicación. En el pasillo, alguien tocó mi hombro izquierdo. Volteé y solo encontré rostros desconocidos.
Escuché una tos a la derecha.
Gael caminaba detrás de mí con una mano sobre la correa de la mochila.
—¿Vas a clase?
Comprendí que él me había hecho mirar hacia el lado equivocado.
Qué infantil.
—Sí. ¿Tú también?
—Voy a la biblioteca. Me queda de camino.
Sonreí sin querer.
Antes de que pudiera continuar la conversación, Camila nos alcanzó.
—Gael, caminas demasiado rápido.
Después me reconoció.
—Tú eres la chica de la librería. No nos presentaron: soy Camila Ortega, de Negocios Internacionales.
—Nieves Lara, de Comunicación.
Camila preguntó por Bruno y dejó caer que él estaba interesado en mí. Aclaré que apenas lo conocía, pero su sonrisa dio a entender que no me creía.
Seguimos unos metros. Un dolor me atravesó el abdomen y llevé una mano al vientre.
Gael lo notó de inmediato.
—¿Te sientes mal?
—Un poco.
—Espérame.
Cruzó a toda prisa hacia el OXXO frente a la entrada del campus. Camila y yo nos quedamos bajo la sombra de los árboles.
—Tu camisa está padre —comentó ella—. ¿También compras ropa de hombre?
Era mejor explicar la situación.
—Es de Gael. Me llegó el periodo en clase y manché el pantalón. Se la pedí para cubrirme.
La expresión de Camila perdió calidez.
—Así es él. Parece frío, pero ayuda a cualquiera.
Gael regresó con una bolsa transparente. Dentro había una bebida caliente de jengibre con canela, parches térmicos y unas empanaditas de fresa.
—Toma esto. Puede ayudarte.
Me quedé mirándolo.
—Agárralo —insistió—. ¿No tenías prisa?
Miré a Camila. Su sonrisa se había vuelto rígida.
—Gracias. ¿Cuánto fue? Te transfiero.
Gael ignoró la pregunta.
—Si no te vas, llegarás tarde.
Me despedí de Camila. Gael se colocó a mi lado y continuó caminando conmigo.
—Me queda de paso —dijo.
Ni siquiera se despidió de ella.
Cuando estuvimos lejos, reuní valor.
—¿No ibas a ir con Camila?
—¿Por qué iría con ella?
—Ustedes no… Bueno, nada.
—Camila es amiga de mi prima. El sábado fue la primera vez que hablé con ella. Yo estaba comiendo con Valeria y ella se sentó con nosotros.
Así que yo había entendido todo mal.
—Ah.
—¿Pensabas que había algo entre nosotros?
—No.
Gael me miró como si la mentira estuviera escrita en mi frente.
—Qué bueno.
Jugué con el asa de la bolsa.
—¿Cuánto te debo?
—Nada. Bebe el té antes de que se enfríe.
Tomé un sorbo. El calor bajó hasta el estómago y aflojó el nudo del vientre.
—¿Mejor?
—Sí. ¿Cómo supiste qué comprar?
—Le pregunté a un asistente de inteligencia artificial.
Estuve a punto de volver a juzgarlo injustamente.
—Siento que tienes una idea muy extraña de mí —dijo.
—Tal vez es tu cara.
—¿Qué tiene mi cara?
—Parece la cara de alguien que ha tenido muchas novias.
Gael soltó una risa incrédula.
—Nunca he tenido una.
—¿De verdad?
—No hay exnovias.
Me sostuvo la mirada con tanta seriedad que sentí calor en las mejillas.
Ya habíamos llegado a mi edificio.
—Tengo clase. Gracias por todo. Nos vemos.
Entré casi corriendo.
Renata me esperaba en la última fila. Detectó la camisa amarrada a mi cintura antes de que yo me sentara.
—¿De quién es?
—De Gael. Manché el pantalón y me ayudó a cubrirme.
—¿Y la otra camisa que está secándose en el departamento también es suya?
Asentí.
Renata sonrió como si acabara de resolver un misterio.
—Traigo un chisme. La mujer del restaurante es Camila, del club de básquet. Ella está persiguiendo a Gael, no al revés.
—Ya me explicó. Es amiga de su prima.
Los ojos de Renata bajaron a la camisa.
—Entonces no le interesa. Si quisiera algo con Camila, no te habría dado su ropa frente a ella.
Destapé el té para no contestar.
Renata encontró las empanaditas.
—¿Me das una?
—Claro.
—Tú nunca compras estas. Y tampoco tomas té de jengibre. ¿Quién te lo dio?
Era increíble lo inteligente que se volvía cuando había un posible romance.
—Gael.
La sonrisa de Renata se hizo enorme.
—¡Sabía que aquí había algo!
—No empieces.
—No empiezo. Ya estoy completamente involucrada en esta historia.
Le di un empujón suave y la profesora entró antes de que pudiera seguir molestándome.
Al terminar las clases, caminábamos hacia la residencia cuando recibí una llamada.
—¿Nieves Lara? Traigo una entrega para usted. Estoy en el acceso poniente de la UMC; seguridad no me deja entrar.
—Yo no pedí nada.
—Puede ser un regalo. El nombre y el número son los suyos.
Renata no necesitó más información.
—Seguro es uno de tus pretendientes.
***
En la entrada nos esperaba un contenedor térmico casi del tamaño de una maleta de cabina. El repartidor verificó el código de entrega, subió a su motocicleta y se marchó.
Renata tuvo que ayudarme a cargarlo.
—¿Quién manda tanta comida?
—No sé.
—Bruno. Últimamente interroga a Mateo sobre ti y quería obligarnos a invitarte al escape room.
Pensar que venía de él convirtió la caja en una amenaza.
—Si fue Bruno, le transfiero el dinero. No quiero deberle nada.
En el departamento abrimos el contenedor. Había caldo de pollo orgánico, robalo al vapor, verduras salteadas, arroz y un postre ligero. Todos los empaques llevaban el logotipo de un restaurante de Polanco recomendado por la Guía Michelin.
—Esto cuesta una fortuna —dijo Renata—. Fácil son más de cuatro mil pesos.
Mi presupuesto mensual no sobreviviría a semejante golpe.
El celular vibró.
Gael: ¿Ya llegó? Come antes de que se enfríe.
Nieves bebé: ¿Tú mandaste la comida?
Gael: Sí.
Sentí un alivio absurdo porque no había sido Bruno. Después recordé el precio.
Nieves bebé: Es demasiado. Dime cuánto pagaste y te transfiero.
Gael: No.
Gael: Necesito que me ayudes con algo.
Nieves bebé: ¿Con qué?
Gael: Te digo cuando nos veamos. Primero come.
Nieves bebé: Está bien. Gracias.
Renata se inclinó sobre mi hombro.
—¿Bruno confesó?
—Fue Gael.
—¿Y todavía vas a decir que no te está conquistando?
—Dijo que quiere pedirme un favor.
—Claro. Un favor misterioso acompañado de una cena carísima.
La ignoré y abrí uno de los recipientes.
Por la noche terminé parte del proyecto mientras Renata jugaba en línea con Mateo. Cerca de las diez me bañé, subí a la cama y cerré la cortina.
qmqm123 había prometido enviarme algo.
NievesCarnívora: Guapo, ¿y mi sorpresa?
NievesCarnívora: Ya es de noche. Estoy esperando bien portada 😇
***
Gael acababa de salir de la regadera. Llevaba una playera negra holgada y shorts. Todavía tenía gotas de agua en el cabello.
Vio los mensajes, eligió un video antiguo y lo envió.
En la pantalla, un jugador con uniforme azul avanzaba sobre una pista de hielo. Esquivó a dos rivales con el disco pegado al stick, cambió de dirección y atravesó la defensa con una velocidad elegante y brutal.
NievesCarnívora: AAAAAA.
NievesCarnívora: ¿Eres tú?
qmqm123: Sí.
NievesCarnívora: Estás increíble. Quiero acostarme sobre esos hombros.
NievesCarnívora: Quiero besarte, abrazarte y tocarte todo 🥵
Gael imaginó esas palabras saliendo de la boca de Nieves. El contraste entre su rostro inocente y sus mensajes descarados aceleró su pulso.
Ella pidió más.
Gael envió otro video. En él aparecía de espaldas junto a la pista después de un partido escolar en Estados Unidos. Se quitaba el casco, se pasaba una mano por el cabello y saltaba la barrera apoyándose en un solo brazo.
No mostraba la cara, pero sí la amplitud de la espalda y la fuerza de sus movimientos.
***
El video me dejó sin palabras.
NievesCarnívora: Auxilio.
qmqm123: ¿?
NievesCarnívora: Estás tan guapo que me falta el aire.
NievesCarnívora: Quiero que me cargues. Quiero colgarme de tus brazos.
qmqm123: ¿Cómo?
NievesCarnívora: Con tus brazos debajo de mis piernas… y yo frente a ti.
qmqm123: ¿El periodo te tiene así?
NievesCarnívora: Sí. Con muchísimas ganas.
qmqm123: Consíguete un novio.
NievesCarnívora: En la vida real no encuentro uno como tú.
qmqm123: ¿No hay nadie que te guste?
La imagen de Gael apareció en mi cabeza. Su altura, su piel clara y la forma de su cuerpo se parecían demasiado a las de qmqm123.
qmqm123: ¿Pensaste en alguien?
NievesCarnívora: En nadie. Estaba imaginando cómo te quito la ropa.
Super recomendable.
Apoyen a la autora con calificación 5 ⭐
Likes 👍
Votos semanales 🎟️🎫
Comentarios, Regalitos 🎁🎁
solo una observación no lo tomes a mal en este capítulo y en el interior repetiste párrafos. Deberías checar porque se confunde la lectura ☺️☺️☺️