no estaba buscando amor cuando descargó una app de citas.
Solo quería escapar de la vida asfixiante que tenía en Londres.
Sin trabajo y desesperada por irse de casa de sus padres, acepta la extraña propuesta de , un hombre frío, reservado y marcado por un divorcio escandaloso.
Él le ofrece ayudarla.
A cambio, solo debe acompañarlo a Emiratos Árabes Unidos.
Sin sentimientos.
Sin preguntas.
Sin involucrarse demasiado.
Pero entre el lujo, los silencios y la distancia que Nael impone entre ambos, Liora descubre que algunas personas esconden más dolor del que dejan ver.
Y que enamorarse de alguien como Nael Al-Hadid nunca fue parte del plan.
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Capitulo 15
Nael
Me molestaba que Evelyn hablara con Liora.
Mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Conocía demasiado bien a Evelyn. Sabía cómo funcionaba su mente. Nunca decía algo directamente cruel.
Ella prefería sembrar dudas lentamente.
Y Liora… Liora era emocionalmente vulnerable en este momento.
La observé desde el otro lado del salón mientras hablaba con Samira. Aunque intentaba verse tranquila, noté inmediatamente que algo no estaba bien.
Su sonrisa no llegaba a los ojos.
Suspiré apenas y tomé un poco de café árabe mientras varios hombres seguían hablando sobre negocios alrededor mío.
Entonces escuché una voz que no quería escuchar.
—Quiero hablar contigo.
Giré lentamente la cabeza.
Mohamed Al-Sayegh.
Lo miré unos segundos antes de responder.
—Yo no quiero hablar contigo.
Él suspiró cansado.
—Nael, no evadas esto.
Me giré completamente hacia él.
—No estoy evadiendo nada. Solo que está más que claro lo que sucedió.
Mohamed pasó una mano por su barba con evidente incomodidad.
—Hablemos como adultos. Tengo negocios con tu hermano.
—Con mi hermano, no conmigo.
Mi voz salió fría.
—Y esos negocios ya no existen para mí.
Él bajó un momento la mirada antes de decir:
—No quiero hacer las cosas incómodas.
Solté una pequeña risa sin humor.
—Eso debiste pensarlo antes de acostarte con mi esposa.
El silencio entre nosotros se volvió pesado.
Mohamed respiró profundo.
—Nael… lo siento. Las cosas simplemente pasaron. Empezamos a enamorarnos hablando. Evelyn se sentía muy sola.
Esas palabras deberían haberme hecho explotar.
Años atrás probablemente lo habrían logrado.
Pero ahora…
solo me sentía cansado.
Lo observé unos segundos.
—Adiós, Mohamed.
Y me alejé antes de seguir escuchándolo.
La música suave seguía sonando en el jardín mientras la noche avanzaba sobre Dubái.
Las familias continuaban conversando, riendo y compartiendo comida alrededor de las terrazas iluminadas.
Pero yo no tenía ya energía para socializar.
Solo quería regresar.
Busqué a Liora entre la gente y finalmente la encontré cerca de una fuente decorativa.
Parecía agotada.
Sus hombros estaban ligeramente tensos y sus ojos ya no tenían el brillo curioso del inicio de la noche.
Me acerqué despacio.
—¿Estás bien?
Ella levantó la mirada hacia mí y asintió suavemente.
—Sí… solo estoy cansada.
No le creí del todo.
Pero tampoco insistí.
—Vamos a casa.
Durante el trayecto casi no hablamos.
Dubái brillaba alrededor del automóvil con sus avenidas impecables y rascacielos iluminados.
Liora observó unos minutos por la ventana.
Luego lentamente cerró los ojos.
Y terminó quedándose dormida sobre mi hombro.
Mi cuerpo se tensó apenas al sentir el peso suave de su cabeza contra mí.
Bajé la mirada lentamente.
Dormida parecía aún más frágil.
Más joven.
Una parte de mí sabía perfectamente que debía moverme. Crear distancia. Mantener límites claros.
Pero no lo hice.
Simplemente acomodé ligeramente el bisht sobre ella para cubrirla del aire frío del automóvil.
Y terminé acariciando suavemente su cabello sin siquiera pensar demasiado en ello.
El chófer evitó mirarme por el espejo retrovisor.
Lo agradecí.
Cuando llegamos a la propiedad, la desperté cuidadosamente.
—Liora.
Ella abrió los ojos lentamente, confundida.
—¿Ya llegamos?
Asentí apenas.
Su voz sonaba completamente dormida.
—Perdón… no quería quedarme dormida.
—No tienes que disculparte.
La ayudé a bajar del automóvil y, apenas dio un paso, uno de sus tacones se enredó ligeramente con el vestido.
La sostuve inmediatamente por la cintura antes de que perdiera el equilibrio.
Ella levantó la mirada sorprendida.
Y durante un segundo nos quedamos demasiado cerca.
Podía sentir el perfume suave de su cabello.
El calor de su respiración.
Liora bajó la mirada primero.
—Gracias…
Solté lentamente su cintura.
—Con cuidado.
La acompañé hasta la entrada de su habitación.
Ella parecía medio dormida todavía.
—Descansa, Liora.
Se quedó observándome unos segundos antes de responder suavemente:
—Descansa, Nael.
Esperé a que entrara y cerrara la puerta antes de ir finalmente a mi habitación.
Me aflojé el cuello de la kandura y dejé el teléfono sobre la cama.
Tenía varios mensajes.
Y casi todos eran de Evelyn.
Rodé los ojos inmediatamente.
Abrí el chat.
> “Liora es encantadora.”
> “Tiene una energía muy dulce.”
> “Cuídala.”
Mi mandíbula se tensó.
Conocía demasiado bien ese tono.
Evelyn nunca escribía algo inocentemente.
Jamás.
No respondí.
Simplemente bloqueé el teléfono y lo dejé sobre la mesa.
Pero el pensamiento siguió allí.
Liora.
Las noticias. Su familia. Los moretones que intentaba ocultar constantemente.
Había pedido discretamente verificar cierta información sobre ella después de sospechar que sufría violencia en casa.
Y el informe había llegado esa tarde.
Vecinos que escuchaban gritos. Llamadas frecuentes de disturbios domésticos. Antecedentes de comportamiento agresivo por parte del padre.
Cerré los ojos un momento.
Sentí rabia.
Porque ahora entendía muchas cosas: por qué siempre parecía pedir permiso para existir, por qué se disculpaba tanto, por qué ocultaba el dolor como reflejo automático.
Y también entendía algo más peligroso.
Cada día me preocupaba más por ella.
Demasiado.
Me acerqué a la ventana de la habitación observando las luces lejanas de Dubái mientras el llamado nocturno a la oración resonaba suavemente a la distancia.
Normalmente encontraba paz en ese sonido.
Pero esa noche mi mente seguía atrapada en la misma idea.
Liora estaba acostumbrada a sobrevivir sola.
Y una parte de mí comenzaba a querer protegerla de todo aquello que la había roto.