Ella renace en un nuevo mundo, muy distinto a todo lo que conocía y decide crear su propia historia.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Francis 1
Poco después, los invitados comenzaron a reunirse en el gran salón.
Uno de los mayordomos aguardaba nuevas instrucciones.
Entonces Francis habló con naturalidad.
—He decidido que el té de esta tarde se sirva en los jardines.
Varios invitados levantaron la vista.
—El clima es excelente. Sería una lástima desperdiciar una vista como esta permaneciendo bajo techo.
Los sirvientes comenzaron a organizar las mesas inmediatamente.
Melody abrió ligeramente los ojos.
[¿No será...?]
Recordó perfectamente la conversación del día anterior.
"Con una vista así deberíamos comer afuera."
Después recordó otra.
"No pude ver el amanecer porque mi habitación daba hacia otro lado."
Su rostro comenzó a enrojecer lentamente.
[¡No puede ser!]
[¿Cambiaron el lugar del té por lo que dije?]
[Y...]
[¿Por eso me cambiaron de habitación?]
Miró discretamente hacia Francis.
Él conversaba con unos comerciantes como si nada hubiera ocurrido.
Melody bajó la cabeza.
[Qué vergüenza...]
Más tarde, cuando la reunión se desarrollaba con tranquilidad, Francis aprovechó un momento en que varias personas estaban distraídas conversando.
Se acercó con absoluta naturalidad.
—¿Le agrada el cambio?
Melody levantó la vista.
—Mucho...
Luego bajó inmediatamente la cabeza.
—Gracias.
Él sonrió apenas.
—Fue una buena idea.
Ella sintió que las mejillas le ardían.
—Solo hice un comentario...
—Los buenos comentarios también merecen ser escuchados.
Guardaron unos segundos de silencio.
Después Francis habló nuevamente.
—Además...
La observó con una expresión ligeramente culpable.
—Creo que aún le debo una disculpa.
Melody inclinó la cabeza.
—¿Por...?
—Por no haberle dicho quién era realmente.
Ella negó rápidamente.
—No necesita disculparse.
—Sí.
Respondió él con calma.
—Y pensé en una forma de compensarla.
Melody lo miró con curiosidad.
Francis hizo un pequeño gesto hacia una doncella que aguardaba a cierta distancia.
La mujer se acercó enseguida.
—Por favor...
Dijo él.
—Lleve a la señorita Cartier a mi biblioteca privada.
Melody permaneció completamente inmóvil.
[¿Biblioteca?]
Francis continuó.
—Tiene permiso para recorrerla cuanto desee.
La joven intentó conservar la compostura.
Lo intentó con todas sus fuerzas.
Pero la emoción era demasiado grande.
Acercó apenas el rostro y, casi en un susurro infantil, preguntó..
—¿Puedo ir... ahora?
Francis soltó una leve risa.
—Claro.
Melody se volvió inmediatamente hacia la doncella.
—Vamos.
La rapidez con la que aceptó hizo que Francis tuviera que contener otra sonrisa.
La doncella la condujo por varios pasillos.
Subieron una escalera.
Después atravesaron un corredor mucho más silencioso.
Finalmente se detuvieron frente a unas enormes puertas dobles de madera oscura.
La sirvienta abrió ambas hojas.
—Señorita... Bienvenida.
Melody dio un paso al frente.
Y dejó de respirar por un instante.
Era...
Gigantesca.
Dos pisos completos estaban dedicados únicamente a libros.
Altísimas estanterías de madera cubrían todas las paredes, ascendiendo hasta un techo abovedado decorado con frescos antiguos.
Varias escaleras móviles recorrían los estantes superiores mediante rieles de bronce, permitiendo alcanzar incluso los volúmenes más altos.
Había balcones interiores conectados por elegantes escalinatas de caracol.
Largas mesas de lectura ocupaban el centro del salón.
Pequeños sillones se distribuían junto a enormes ventanales por donde entraba la luz de la tarde.
Escalerillas de mano descansaban entre las estanterías.
Globos terráqueos.
Mapas antiguos enmarcados.
Vitrinas con manuscritos.
Incluso una sección completa dedicada exclusivamente a atlas y cartas de navegación.
El aroma del papel antiguo llenaba toda la sala.
Melody sintió que los ojos comenzaban a humedecérsele.
[Es...]
[Es igual...]
No.
Era incluso mejor.
Le recordó inmediatamente la escena de una de sus películas favoritas.
[Como Bella...]
[Cuando entra a la biblioteca de la Bestia...]
Giró lentamente sobre sí misma.
Mirando hacia todas partes.
No sabía dónde empezar.
Se volvió hacia la doncella.
—¿Puedo...?
Señaló las interminables estanterías.
—¿Puedo ver todo?
La mujer sonrió.
—El conde indicó expresamente que usted tiene acceso a toda la biblioteca.
Melody tardó varios segundos en reaccionar.
Después sonrió de una forma tan radiante que la doncella no pudo evitar sonreír también.
Las horas desaparecieron.
Literalmente.
Melody recorría un pasillo.
Tomaba un libro.
Leía unas páginas.
Lo devolvía.
Descubría otro.
Subía una escalera.
Encontraba una edición antiquísima.
Luego un atlas.
Después una recopilación de cuentos populares de Forest.
Cada descubrimiento era más emocionante que el anterior.
Perdió completamente la noción del tiempo.
Cuando Francis entró varias horas después...
La encontró exactamente donde imaginaba.
Sentada en el suelo.
Rodeada de libros abiertos.
Otros cerrados.
Algunos apilados cuidadosamente.
Y uno descansando sobre sus rodillas.
Melody levantó la vista.
Su rostro se iluminó.
—¡Francis!
Después miró nuevamente a su alrededor.
—Este lugar es un sueño.
Francis observó la biblioteca.
Luego sonrió.
—También es mi lugar favorito de toda la mansión.
Sin la menor ceremonia...
Se sentó en el suelo junto a ella.
Melody lo miró sorprendida.
—Eso no parece adecuado para un conde.
Él tomó uno de los libros cercanos.
—Ya le pedí que aquí no me tratara como conde.
Melody fingió pensarlo unos segundos.
Después sonrió.
—Está bien.
Hizo una pequeña pausa.
—Lo haré... Solo por su biblioteca.
Francis rio.
—Acepto esas condiciones.
Y volvieron a perder la noción del tiempo.
Hablaron sobre novelas.
Sobre historia.
Sobre mapas.
Discutieron amistosamente acerca de cuál era el mejor período histórico para estudiar.
Rieron cuando descubrieron que ambos tenían la costumbre de abrir varios libros al mismo tiempo.
Comieron apenas unos bocados que los sirvientes dejaron discretamente sin interrumpirlos.
Compartieron recomendaciones.
Incluso bromearon sobre qué harían si pudieran quedarse encerrados allí durante un mes.
—No tendría ningún problema.
Dijo Melody con absoluta sinceridad.
Francis levantó una ceja.
—Lo imaginaba.
En algún momento...
Un sonido metálico llegó desde el exterior.
Francis levantó la cabeza.
Frunció ligeramente el ceño.
—Qué extraño...
Melody también escuchó.
—¿Qué ocurre?
Él permaneció unos segundos en silencio.
—No lo sé.
Miró hacia la ventana.
—El cambio de guardia es antes del amanecer.
Ambos se observaron confundidos.
Después caminaron hasta el enorme ventanal.
Y se quedaron completamente inmóviles.
El cielo era de un profundo azul oscuro.
El mismo tono que precedía al amanecer.
Melody abrió mucho los ojos.
—¿Qué pasó?
Francis parecía igual de desconcertado.
—No puede ser...
Miró un reloj antiguo.
Después volvió a mirar el cielo.
—¿Estuvimos aquí todo ese tiempo?
Los dos permanecieron unos segundos procesándolo.
Luego comenzaron a reír.
Salieron apresuradamente de la biblioteca.
Subieron a una de las terrazas.
Y, casi sin proponérselo...
Terminaron contemplando juntos el amanecer.
El sol comenzó a aparecer lentamente entre el océano de nubes.
La luz dorada bañó toda la montaña.
Melody contempló el paisaje con una sonrisa inmensa.
—Es hermoso...
Guardó silencio unos segundos.
Luego añadió con total naturalidad..
—Aunque sea lo último que vea cuando mi madre descubra que no regresé a dormir.
Francis soltó una carcajada.
—No será necesario llegar a tanto.
Señaló el ala opuesta de la mansión.
—Su habitación está casi al lado de la mía. Al otro lado de la habitación de sus padres, podemos decir que la doncella la vio dormir. Además puedo darle una poción revitalizante. Así no tendrá sueño durante el día.
Melody volvió la cabeza con los ojos brillantes.
—¿De verdad?
Francis asintió.
Ella sonrió con una emoción casi peligrosa.
—¡Con esa poción podría leer noches enteras!
Él negó lentamente con la cabeza, divertido.
—Todo en exceso hace mal.
Melody infló ligeramente las mejillas en un pequeño puchero.
—Qué desperdicio...
Francis no pudo evitar sonreír.
Aquella joven era probablemente la única persona que escuchaba hablar de una poción extraordinaria...
Y lo primero que pensaba era en aumentar sus horas de lectura.
Mientras caminaban de regreso por el silencioso corredor, iluminado apenas por las primeras luces del alba, Francis descubrió que, por primera vez en mucho tiempo, no lamentaba haber perdido toda una noche.
Y Melody, abrazando con fuerza el libro que él le había regalado, pensó exactamente lo mismo.
Te saltaste un paso muchacho!!!
Te saltaste un paso muchacho!!!
Cuándo va a hablar con los padres de Melody este hombre!???