Después de leer una novela donde la protagonista sufre injusticias.. Reencarna en Sarah.. Pero ella decide cambiar su destino y corregir sus errores.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Festival de la cosecha 3
La tarde fue cediendo lentamente su lugar a la noche.
Los puestos comenzaron a encender pequeñas lámparas de aceite.
La música se volvió más suave.
Las familias empezaron a reunirse alrededor del gran lago que marcaba el final del Festival de la Cosecha.
Sarah observaba todo con los ojos llenos de ilusión.
Nunca había permanecido hasta el cierre del festival.
Y descubrir aquella tradición la llenaba de emoción.
—¿Qué ocurre ahora?
Preguntó mirando a Benjamin.
Él también observó cómo la gente comenzaba a reunirse.
—Creo que lo averiguaremos juntos.
Un anciano del pueblo pasó repartiendo pequeños kits de papel y finas varillas de madera.
—Una linterna para cada agradecer la vida y llevar la luz a todas partes.
El anciano tosió con evidente vergüenza.
—La costumbre es lanzarlas al lago para agradecer la cosecha del año.
Sarah sonrió con dulzura.
—Muchas gracias.
Tomó cuidadosamente la linterna.
Benjamin recibió la suya.
Durante varios minutos ambos fueron armándola.
Sarah doblaba el papel con enorme concentración.
Benjamin la observó de reojo.
—Creo que esa esquina quedó al revés.
Ella abrió mucho los ojos.
—¿En serio?
Él señaló discretamente.
—Aquí.
Sarah lo corrigió.
Después lo miró.
—Tiene razón.
Benjamin sonrió.
—Es la ventaja de haber construido muchos barcos de papel cuando era niño.
Sarah soltó una pequeña risa.
—Jamás imaginé que un duque haría barcos de papel.
—Mi padre decía que era mejor que inundar el jardín usando magia.
Los dos rieron.
Cuando terminaron...
Se acercaron lentamente a la orilla del lago.
Cientos de pequeñas linternas comenzaban a elevarse.
Algunas flotaban primero sobre el agua.
Después, impulsadas por el aire caliente de su interior, ascendían lentamente hacia el cielo.
El lago comenzó a llenarse de pequeñas luces doradas.
Parecían estrellas flotando.
Sarah levantó la vista.
Su respiración casi se detuvo.
—Es...
No encontró palabras.
Benjamin tampoco habló.
Simplemente contempló el paisaje.
Los dos soltaron la linterna al mismo tiempo.
La pequeña luz avanzó lentamente sobre el lago.
Después comenzó a elevarse.
Sarah siguió su recorrido con la mirada.
Sonreía como una niña.
No sabía exactamente qué la hacía tan feliz.
Quizá las linternas.
Quizá la tranquilidad del momento.
O quizá...
La persona que estaba a su lado.
Ni ella misma lograba distinguirlo.
Sin pensarlo demasiado...
Se acercó un paso más hacia Benjamin.
Fue un movimiento completamente natural.
Como si quisiera compartir aquella vista con él.
Benjamin bajó apenas la mirada.
La tenía muy cerca.
Podía ver el reflejo de las linternas iluminando sus ojos.
Y aquella sonrisa...
Era una de las cosas más bonitas que había visto en mucho tiempo.
Sonrió también.
Después miró el lago.
Y una idea cruzó por su mente.
Movió apenas dos dedos.
Tan discretamente...
Que casi nadie habría podido notarlo.
Solo el agua comenzó a responder.
Las pequeñas ondas del lago empezaron a reunirse.
Después...
Una figura apareció.
Un pez completamente formado por agua saltó elegantemente.
Volvió a sumergirse.
Un segundo después...
Otro.
Y luego otro más.
Cada salto levantaba pequeñas gotas que brillaban reflejando la luz de las linternas.
Pronto...
Decenas de peces de agua comenzaron a danzar sobre la superficie del lago.
Algunos giraban.
Otros parecían perseguirse.
Otros saltaban formando pequeños arcos cristalinos.
Toda la orilla quedó en silencio apenas un instante.
Después...
—¡Miren!
—¡Qué hermoso!
—¡Es magia!
Los niños comenzaron a aplaudir.
Los adultos observaban maravillados.
Sarah permanecía completamente inmóvil.
Sus ojos seguían cada movimiento.
Después giró lentamente hacia Benjamin.
Y entonces lo vio.
Sus dedos se movían con una delicadeza casi imperceptible.
Como si estuviera dirigiendo una gran orquesta invisible.
El agua obedecía cada pequeño gesto.
Sarah sintió un profundo escalofrío.
No de miedo.
Sino de admiración.
—Duque Laurent...
Murmuró.
Él volvió la cabeza.
Sarah lo observaba con los ojos completamente iluminados.
—Usted es increíble.
Benjamin sintió que el corazón se aceleraba.
Pero Sarah continuó hablando sin apartar la vista de él.
—Eso...
Miró nuevamente los peces.
—Es bellísimo.
No había exageración en su voz.
Solo una admiración completamente sincera.
Benjamin volvió a mirarla.
Y entonces ocurrió.
Sarah seguía sonriendo.
Las linternas iluminaban suavemente su rostro.
Sus mejillas conservaban un leve color rosado.
Y sus ojos...
Lo contemplaban con una mezcla de fascinación y cariño imposible de fingir.
Benjamin sintió un impulso tan intenso que tuvo que apretar ligeramente la mandíbula.
[Está demasiado cerca...]
Durante un segundo...
Quiso inclinarse.
Acortar la pequeña distancia entre ambos.
Y besarla.
Porque el momento parecía perfecto.
El lago.
Las luces.
La música.
Ella sonriendo de aquella manera.
Pero inmediatamente volvió a repetirse lo mismo que llevaba días diciéndose.
[Benjamin.]
[Todavía no.]
[Aún no ha cumplido la mayoría de edad.]
Respiró lentamente.
Y, para mantener ocupada su mente...
Volvió a mover los dedos.
Más peces aparecieron.
Algunos comenzaron incluso a girar alrededor de las linternas flotantes sin tocarlas.
Los niños aplaudían emocionados.
Sarah también.
—¡Mire ese!
Señaló uno que parecía perseguir una estrella reflejada en el agua.
Benjamin sonrió.
Era mucho más seguro concentrarse en la magia.
Que seguir contemplando a Sarah durante demasiado tiempo.
Sin embargo...
Mientras todos observaban el espectáculo...
Benjamin levantó distraídamente la vista.
Y su expresión cambió apenas.
A varios metros de distancia.
Entre la multitud.
Archibald Smith seguía allí.
Empapado ya no.
Pero con el orgullo claramente herido.
No miraba el lago.
No miraba las linternas.
Solo miraba a Sarah.
Con una rabia que Benjamin reconoció al instante.
Y junto a él...
Sienna.
Ella tampoco observaba el espectáculo.
Su atención estaba fija en Sarah.
Pero su expresión era distinta.
Había algo mucho más frío.
Más silencioso.
Una mezcla de resentimiento y frustración.
Benjamin recordó inmediatamente las palabras de Sarah.
"Es mi prima."
Desvió apenas la mirada.
Volvió a concentrarse en el festival para no inquietarla.
Pero, por dentro...
Su instinto no dejó de advertirle que algo no estaba bien.
No era solo Archibald.
Ahora también aquella joven parecía incapaz de apartar la vista de Sarah.
Benjamin continuó haciendo que los peces de agua danzaran sobre el lago, sonriendo para no romper la alegría del momento.
Sin embargo, en silencio, decidió permanecer todavía más atento.
Porque el espectáculo terminaría.
Las linternas se apagarían.
La multitud regresaría a sus hogares.
Pero la forma en que Archibald observaba a Sarah...
Y la expresión que había visto en el rostro de Sienna...
Le hicieron comprender que aquella noche quizá no marcaría el final de un festival.
Sino el comienzo de un problema mucho más serio.
Toda mi vida y hasta más quisiera
Sabes bien
Que soy tan tuya hasta que un día me muera
Pero ve
Que al engañarme te engañas tú mismo
Por tu altivez
Por esas cosas que tú haces conmigo
🎶🎶🎶