Dos vidas entrelazadas por las costuras del destino.
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Capítulo 16
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—¿Acaso olvidaste cómo se conduce? —dijo ella con frialdad, mirando el daño en los vehículos más que a él.
Rainer tragó saliva.
—Lo siento… ¿estás bien?
Marel soltó una risa corta, sin humor.
—Ya que el daño solo lo tiene tu auto, me iré.
Se giró de inmediato.
—Espera —dijo él, más firme—. No me vas a contestar así y marcharte.
Antes de que la tensión escalara, Gael bajó del auto.
—¿Todo bien aquí?
Marel lo miró apenas un segundo.
—No tengo por qué contestarte.
Hasta nunca Rainer.
Sin más, volvió a su vehículo y cerró la puerta.
El motor encendió y se marchó, dejándolos en medio de la calle.
Gael observó la dirección en la que se fue el auto.
—No me digas que esa es…
Rainer no apartó la mirada del camino.
—Sí.
Es Marel.
Gael soltó una exhalación incrédula.
—Te lo dije… te la ibas a encontrar tarde o temprano.
Y aquí está el resultado.
Rainer apretó la mandíbula.
—Deja de decirme "te lo dije".
Sin agregar nada más, caminó de regreso al auto.
Gael subió con él, aún procesando lo ocurrido.
—Hablemos —murmuró.
Rainer arrancó sin responder.
El vehículo avanzó por la ciudad mientras él mantenía la mirada fija al frente.
Pero su mente no estaba en la carretera.
Estaba en ella.
En su voz.
En su mirada.
En ese instante exacto en el que el pasado volvió a golpearlo más fuerte que cualquier choque.
......................
Mientras ambos autos se alejaban en direcciones opuestas, la ciudad parecía tragarse el eco del encuentro como si nada hubiera ocurrido.
Pero dentro de cada vehículo, el silencio era otra cosa.
Era ruido.
Era memoria.
Era pasado.
......................
En el auto de Marel, sus manos seguían firmes en el volante, aunque su respiración ya no era tan estable.
“Cinco años…”
El pensamiento seguía golpeándola.
Cinco años desde que lo vio por última vez.
Cinco años desde que su vida se partió en dos direcciones distintas.
Y ahora había vuelto a aparecer, como si el tiempo no tuviera derecho a existir entre ellos.
Respiró hondo.
“No puedo perder el control ahora.”
Su mirada bajó un segundo, como si buscara estabilidad en algo concreto.
Brian.
Eso era lo único que importaba en ese momento.
Pero incluso ese pensamiento venía acompañado de otro, más peligroso.
Rainer no sabía que Brian existía.
Nunca lo había sabido.
Y si lo veía se encontraban…
Si empezaban a cruzarse más de lo debido…
Tragó saliva.
“No puede descubrirlo.”
Porque Brian no era solo su hijo.
Era la verdad que había cambiado su vida entera sin que Rainer pudiera decidirlo.
Y ahora esa verdad estaba más cerca de lo que nunca debió volver a estar.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
El auto se detuvo frente a la entrada del hotel donde Gael se hospedaría antes de instalarse definitivamente en la ciudad.
El ambiente seguía tenso, cargado por lo ocurrido minutos atrás.
Gael desabrochó el cinturón y lo miró de reojo.
—¿Seguro que estás bien?
Rainer mantuvo la vista al frente, las manos aún firmes en el volante.
—Sí… vete ya.
Gael bajó del auto, pero no se alejó de inmediato.
Se inclinó apenas hacia la ventana.
—Mañana hablamos en la empresa. Porque claramente no estás bien como dices.
Rainer no respondió.
Gael suspiró, negando con la cabeza.
—Conduce con cuidado esta vez. Fíjate bien… —hizo una pausa, con tono irónico— el mejor piloto de carreras anda por ahí chocando autos como si fuera un inexperto.
Rainer giró apenas la mirada, molesto.
—Cállate.
Gael soltó una leve risa, sin malicia.
—Descansa, Rainer.
Dicho eso, se apartó y entró al hotel.
Rainer esperó unos segundos.
El reflejo de las luces del lobby se desvanecía en el parabrisas.
Pero su mente seguía en otro lugar.
Apretó el volante con fuerza y arrancó de nuevo, esta vez en completo silencio.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Marel apagó el motor frente a la casa y se quedó unos segundos en silencio, con las manos aún sobre el volante. El eco del choque, la mirada de Rainer, su voz diciendo “Mar…” seguían pegados a su mente como si no hubieran pasado minutos, sino años.
Parpadeó lento, intentando ordenarse.
Su teléfono vibró.
Liam.
El nombre le trajo un pequeño respiro, algo distinto a todo lo que había sentido esa noche.
¿Llegaste bien?
Marel miró la pantalla un instante antes de responder. Bajó la mirada, apoyando el codo en el volante, como si necesitara anclarse a algo real.
Sí, gracias por preguntar.
Lo envió.
El teléfono volvió a vibrar.
Dulces sueños, hermosa.
Marel leyó el mensaje. Sus labios se curvaron apenas en una sonrisa que no llegó a ser completa. Cerró la conversación, guardó el teléfono en su bolso y finalmente salió del auto.
El aire nocturno la recibió frío.
Caminó hacia la puerta de la casa sin prisa.
Al entrar, la luz cálida del interior la envolvió.
Zaira estaba allí.
Sentada en el sofá.
Esperándola.
—Cuenta ya cómo fue —dijo sin rodeos, levantándose en cuanto la vio.
Marel cerró la puerta lentamente detrás de ella.
El sonido del seguro marcó el silencio.
Zaira la estudió de arriba abajo.
—No contestas… eso significa que algo pasó.
Marel dejó el bolso sobre la mesa sin mirarla. Sus dedos tardaron un segundo de más en soltarse de la correa.
Zaira entrecerró los ojos.
—Te ves como si hubieras visto un fantasma.
Marel inhaló despacio.
No quería decirlo.
Pero tampoco podía evitarlo.
Levantó la vista.
Y en su mirada había algo que Zaira reconoció de inmediato: shock, miedo… y pasado.
—Zaira…
Su voz salió baja.
—Hoy… lo vi.
Zaira frunció el ceño.
—¿A quién?
Marel apretó los labios.
El silencio se estiró.
Demasiado.
Como si el nombre se negara a salir.
—Rainer volvió.
La frase cayó en la sala como un golpe seco.
Zaira no reaccionó de inmediato.
Solo la miró.
Inmóvil.
—¿Qué…?
Marel bajó la mirada, tragando saliva.
—Lo vi hace unos minutos.
Después de cinco años.
Zaira dio un paso hacia ella.
—¿Y como estás?
Marel no respondió de inmediato.
Su silencio fue la respuesta más fuerte.
Marel bajó la mirada, tragando saliva.
—Lo vi hoy.
Después de cinco años.
Zaira dio un paso hacia ella.
—¿Y como estás?
Marel no respondió de inmediato.
Su silencio fue la respuesta más fuerte.
Zaira se quedó quieta, esperando.
Pero Marel ya no la miraba.
Porque en su mente, como una sombra imposible de ignorar, apareció otra imagen.
Brian.
Y el pensamiento que la dejó helada:
si Rainer volvía a cruzarse demasiado cerca…
podría enterarse...