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INFIELES

INFIELES

Status: En proceso
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Romance oscuro
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: R Torres

🔥🔞⚠️ EXCLUSIVA PARA PUBLICO ADULTO 🔥🔞⚠️

Mónica, obligada a casarse con Valentín Marín para saldar la deuda de su padre, descubre que su nuevo esposo la ve como propiedad. En su noche de bodas, conoce a Lucas, el hermano de Valentín, quien le advierte sobre el destino de la esposa anterior y le ofrece su ayuda. Atrapada entre el miedo y el deseo, ella comienza a acercarse al único hombre que podría ayudarla a escapar de aquel matrimonio, sin imaginar que Lucas también guarda secretos y que sus intenciones están lejos de ser desinteresadas.

NovelToon tiene autorización de R Torres para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

10. Mi madre quiere conocerte

Mónica permanecía sentada al borde de la cama, vestida con el traje azul marino que la criada había dejado planchado sobre la silla, los tacones a juego en el suelo junto a sus pies descalzos. Las sábanas habían sido cambiadas por manos anónimas mientras Mónica se bañaba, y el olor a lejía no lograba borrar del todo el rastro de lo que había ocurrido allí dentro. Se había frotado entre las piernas en la bañera de mármol hasta que la piel le ardía, pero el dolor seguía ahí, sordo, como una esquirla clavada en un lugar que no podía alcanzarse con agua ni jabón. La marca de succión en el cuello le quemaba incluso al aire quieto de la habitación.

Los pasos sonaron en el pasillo de azulejos sevillanos. Eran inconfundibles: firmes, espaciados, con la cadencia de alguien que nunca tiene prisa porque nada en su mundo lo obliga a apresurarse. La puerta se abrió sin que nadie llamara, y Valentín entró con el pelo peinado hacia atrás, la sombra de barba recortada, el traje gris oscuro y la corbata negra perfectamente anudada. La miró de arriba abajo, deteniéndose un instante en los tacones que no se había puesto.

- “Póntelos. Nos vamos en veinte minutos”, ordenó Valentín.

Mónica abrió la boca, pero él ya le daba la espalda, revisando algo en su teléfono con el pulgar. Se deslizó los tacones, sintiendo cómo el arco del pie se arqueaba en una posición que no le pertenecía. Valentín levantó la vista de la pantalla.

- “Mi madre quiere conocerte. Tiene la finca en el campo, a una hora de aquí”, dijo Valentín.

Guardó el teléfono en el bolsillo interior de la chaqueta y la miró con esos ojos oscuros que no pedían nada porque todo lo tomaban. 

- “Quédate en la habitación hasta que venga a buscarte. No salgas”, ordenó Valentín.

La puerta se cerró y Mónica se quedó sola. Pasaron einte minutos. Miró el brazo de terciopelo del sillón, donde había escondido el teléfono con el contacto "L" bajo el cojín. No se acercó a él. No todavía. Se tocó el cuello, donde la marca de succión palpitaba con cada latido, y pensó en Lucas, en su cara cuando le había dicho que Carmen también había estado allí, en esa misma casa, sufriendo lo mismo. Pensó en la voz de Lucas repitiendo el nombre de Carmen como si fuera una herida abierta.

El tiempo pasó en silencio. A las ocho y veinte, la puerta se abrió de nuevo. Valentín asomó la cabeza.

- “Vamos”, ordenó él.

Mónica se levantó, caminó hacia la puerta. Al pasar junto al sillón, sus dedos rozaron el cojín de terciopelo, sintiendo bajo la tela el borde duro del teléfono. No lo cogió. Valentín la esperaba en el zaguán, de pie junto a la criada, que se pegó a la pared de azulejos cuando ellos pasaron. La criada bajó los ojos, y Mónica vio en su rostro una resignación antigua, como si hubiera visto a otras mujeres recorrer ese mismo pasillo con la misma expresión de distancia.

El coche estaba aparcado en el patio de gravilla, un sedán oscuro con los cristales tintados. Valentín abrió la puerta del copiloto y le indicó con un gesto que subiera. El cuero del asiento estaba frío bajo sus muslos. Él rodeó el coche, se sentó al volante y arrancó el motor sin decir palabra. El portón de hierro se abrió con un zumbido eléctrico y salieron a la carretera.

El paisaje de Sevilla se deshacía en las ventanas. Valentín conducía con una mano en el volante y la otra sobre la consola central, los dedos relajados, el reloj de oro en la muñeca capturando destellos de sol. No hablaba. La radio estaba apagada. Solo el motor y el zumbido de las ruedas sobre el asfalto.

A los veinte minutos de viaje, Valentín se desvió por una carretera secundaria que se estrechaba entre campos de girasoles pasados de flor y olivares con troncos retorcidos como ancianos artríticos. El asfalto dio paso a tierra apisonada, y el coche empezó a sacudirse sobre los baches. Mónica se agarró al tirador del techo, y Valentín la miró de reojo.

- “Mi madre no puede moverse del porche. Lleva años así. No te extrañe si no te habla o si te mira como si no estuvieras ahí. No le digas nada del matrimonio. Solo que eres mi esposa”, dijo Valentín.

- “¿Qué le pasó?”, preguntó Mónica.

- “No es asunto tuyo”, respondió Valentín.

Mónica tragó saliva y miró por la ventana. La carretera de tierra serpenteaba entre almendros cuyas hojas marrones colgaban como dedos muertos. A lo lejos, la casa apareció, tenía paredes encaladas que se descascaraban en los bordes, techo de teja árabe con musgo verde en las juntas, un porche sostenido por columnas de piedra cubiertas por una enredadera de jazmín seco. En los escalones había macetas de barro con geranios rojos que parecían manchas de sangre contra la cal blanca. Una fuente de piedra con forma de león presidía la entrada, con el hocico abierto y seco, como si llevara años gritando sin que nadie lo escuchara.

Valentín aparcó bajo una acacia polvorienta y bajó del coche. El aire del campo entró por la puerta abierta. 

Mónica salió del coche y las piedras crujieron bajo sus tacones. Valentín la esperaba al pie de los escalones del porche, y cuando Mónica llegó a su altura, le tomó el brazo por encima del codo con un agarre firme pero no doloroso, como quien guía a un animal que podría asustarse. La condujo hasta el porche.

La mujer mayor estaba sentada en una silla de mimbre con un cojín bordado de flores. Tenía el pelo blanco recogido en un moño, la piel curtida por el sol del campo, y los ojos de un marrón tan claro que parecían de agua. Una manta de lana cubría sus piernas hasta las rodillas, aunque el calor era sofocante. En la mesita a su lado había un vaso de agua a medio beber, con una huella de labios en el borde. No se movió cuando ellos subieron los escalones, pero sus ojos se posaron en Mónica con una lentitud que no era curiosidad sino reconocimiento, como si la hubiera visto antes en otra cara, en otra época.

Valentín se detuvo frente a la silla.

- “Madre, te presento a mi esposa”, dijo Valentín.

La mujer levantó la mano derecha, la que no estaba sobre la manta, y la extendió hacia Mónica, quien la tomó con cuidado y la sintió fría, seca, ligera como un puñado de huesos envueltos en papel.

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Ana Elena Jiménez
esperemos que puedan salir con vida de ahí y puedan ser felices,y el Valentín se conforme con su amada Inés
Ana Elena Jiménez
el verdadero disfrute 🔥🔥🔥🔥
Ana Isabel
Muy bueno
Ana Elena Jiménez
lucas si te va hacer disfrutar de lo bueno 🔥🔥🔥
Ana Elena Jiménez
ella quiere que pase de todo todito 🔥🔥🔥
Rossana🥰
Lucas, protegerla, xq tu hermano te mata, y a esa Inés no hay q darle chance
Yura Ran
vamos Lucas sale fino
Yura Ran
muy buena y deseo leer más. @RTorres
Ana Elena Jiménez
eres arriesgada Mónica
Ana Elena Jiménez
oohhh oohhh esto se está poniendo muy interesante, ella quiere sentir ese 🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥 ardiente
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺🥺🥺🥺
Ana Elena Jiménez
😬😬😬😬😬🤦🤦
Ana Elena Jiménez
Inés,Inés, Inés esto ya es un tras pies 😬😬
Ana Elena Jiménez
🤦🤦🤦🤦🤦🤦
Ana Elena Jiménez
🤨🤨🤨🤨🤨
Ana Elena Jiménez
😬😬😬😬😬😬
Ana Elena Jiménez
😱😱😱😱😱😱
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
que te lo puedes arrebatar bruja
Ana Elena Jiménez
🤦🤦🤦🤦
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