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Sariel. Él Inicio De La Eternidad

Sariel. Él Inicio De La Eternidad

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:52
Nilai: 5
nombre de autor: victoria illescas

Sariel portador del séptimo rayo, es elegido por el dios del amor para ser su guardián en la tierra humana, mientras trata de ser el observador cósmico del creador , conocerá la fragilidad de su esencia al conocer el sentimiento que solo los mortales estaban condenados a sentir , él amor , acompaña al guerrero de amatista a encontrar su verdadera misión entre él cielo, la tierra y el infierno en ese extensa línea de la Eternidad

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capítulo 17. Portadores de la misma frecuencia

Capitulo 17. Portadores de la misma frecuencia

Una tarde el cielo teñido de amatista parecía vibrar con la energía contenida de los gemelos.

Zadquiel observaba el perfil tenso de Sariel, cuya mirada se perdía en el horizonte, justo donde él resplandor de Alanis solía ser más intenso.

- Ya no puedes ocultarlo más, hermano, rompió el silencio Zadquiel, su voz resonando con una calma que contrastaba con la tormenta interna que ambos compartían

- Tus silencios no son muros, son grietas por las que se escapa tu alma ahora todos sabemos lo que sientes por Alanis

Sariel apretó los puños, pero antes de que pudiera negar nada, una chispa de energía violeta saltó entre sus dedos, conectandose involuntariamente con la mano de su gemelo.

- Cada vez que reprimes lo que sientes por ella, el rayo púrpura se vuelve pesado, continuó Zadquiel, dando un paso al frente para que sus ojos se encontraran

- Somos portadores de la misma frecuencia Sariel. Tu dolor no es solo tuyo, yo siento cómo esa llama te quema por dentro porque también me quema a mí. Nuestra conexión no permite secretos de este calibre.

Zadquiel puso una mano firme sobre el hombro de su hermano, sintiendo la vibración eléctrica de su linaje compartido.

- Verla y callar es como intentar detener una tormenta con las manos desnudas. Te estás consumiendo, y al hacerlo, debilitas la luz que ambos debemos proteger.

- Confiesa ese amor a Alanis. Hazlo por ti, por ella, y por la paz de este rayo que nos une. No dejes que la verdad se convierta en tu veneno cuando debería ser tu fuerza.

Sariel bajó la cabeza, permitiendo por fin que el resplandor púrpura fluyera libremente, aceptando que el peso de su verdad ya no podía ser cargado en soledad.

Sariel soltó un suspiro tembloroso, y el aire a su alrededor pareció cargarse de estática. El fulgor del rayo púrpura en su pecho latía con una intensidad rítmica, casi como un segundo corazón que reclamaba libertad.

- ¿Y si el equilibrio se rompe, Zadquiel?, preguntó Sariel con un hilo de voz

- Si le digo lo que siento a Alanis y ella no puede sostener esa verdad, el rayo se fragmentará. No solo me perderé yo; te arrastraré conmigo por este vínculo.

Zadquiel negó con la cabeza, esbozando una sonrisa cargada de una sabiduría antigua y fraternal.

- El rayo púrpura es transmutación, hermano. No se rompe, se transforma. Lo que realmente nos está fragmentando es esta mentira que llevas a cuestas. Yo siento tu angustia cada noche a través de nuestra conexión; siento cómo el poder se vuelve errático porque tu corazón está dividido. Hablar no es un riesgo, es la única forma de sanar la corriente que nos une.

Sariel miró sus propias manos, donde las vetas violetas brillaban con una urgencia casi dolorosa. La imagen de Alanis, de su luz y su presencia, inundó su mente, y por primera vez, la idea de callar le pareció más peligrosa que la de hablar.

El eco de las campanas celestiales aún vibraba en el aire cuando los gemelos se detuvieron en el Mirador de las Estrellas. El parecido entre Zadquiel y Sariel era absoluto, pero mientras el primero irradiaba una seguridad cortante, el segundo parecía consumido por una tormenta interna.

- Mírala, Sariel, dijo Zadquiel, señalando hacia el jardín donde Alanis caminaba en soledad

- . Sigue esperando que él aparezca. Sigue buscando una señal en el vacío.

Sariel apretó la mandíbula, incapaz de apartar la vista de ella.

- Es inútil, hermano. Si voy ahora, solo veré en sus ojos la decepción de que no soy Miguel.

Zadquiel se giró hacia su gemelo, con su voz endurecida

- ¿Y por qué te importa tanto la sombra de un hombre que no siente nada?, Miguel te ha dicho que no ama a Alanis. Dijo Zadquiel a un que sabía que no era así, y siguió alentando a Sariel a confesarse con Alanis.

- Lo hemos visto en mil batallas y en mil asambleas, su corazón es una extensión de su espada, frío y afilado. Nunca ha flaqueado, nunca ha mostrado un ápice de vulnerabilidad ante ella. Si Miguel fuera capaz de amarla, ya habría dado un paso. Pero no lo hará, porque para él, Alanis es solo una pieza más en el tablero.

Sariel escuchaba el veredicto de su hermano como si fuera una sentencia divina. Si su propio gemelo, con quien compartía incluso el pulso, no lograba detectar rastro de afecto en Miguel, entonces la esperanza de Alanis era una causa perdida.

- Quizás tengas razón , murmuró Sariel con amargura. No se puede esperar fuego de un glaciar.

- Exactamente ,concluyó Zadquiel, Dile la verdad. Rompe su ilusión para que puedas ofrecerle algo real.

A escasos metros, tras el grueso cortinaje de seda azul de la biblioteca, Miguel se sostenía contra la pared para no desplomarse. Las palabras de los gemelos eran látigos sobre su espalda.

- Un hombre que no siente nada con un corazón de acero, Miguel apretó los dientes hasta que le dolió la mandíbula.

Cada vez que Alanis se acercaba, él tenía que obligar a su sangre a congelarse, a su voz a sonar monótona y a sus ojos a mirar a través de ella como si fuera aire.

No era falta de amor, era un exceso de él. Sabía que un vínculo entre ellos rompería los pactos antiguos y pondría en riesgo la estabilidad de su pueblo.

- Que sigan creyéndolo , susurró Miguel, con el pecho ardiendo por un sentimiento que nadie, ni siquiera los perspicaces gemelos, lograba ver. Que ellos me crean de piedra, si con eso logro que el cielo no caiga sobre sus cabezas

Salió de su escondite cuando el pasillo quedó desierto, caminando con la misma rectitud impecable de siempre, ocultando tras su capa el temblor de sus manos que solo querían buscar a Alanis... continuará

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