Ingrid tiene diecinueve años, nunca ha salido de su rancho en California y su mayor preocupación es ponerle moños a las vacas. Sueña con estudiar medicina, viajar por el mundo y ayudar a quien lo necesite. De casarse no sabe nada. De la mafia, menos.
Cuando Ares la elige como su esposa y se presenta en el rancho a llevársela, la familia de Ingrid no tiene opción: obedecer al Don o morir. En cuestión de horas, la chica del rancho se convierte en la esposa de un monstruo.
Pero Ingrid no es la niña frágil que todos esperaban. Detrás de su inocencia hay una inteligencia afilada, un humor que desarma y una valentía que ni ella sabía que tenía. Lo que nadie le dijo a Ares es que la mujer que eligió para ignorar sería la única capaz de destruir cada muro que construyó alrededor de su corazón.
Ella eligió luchar. No contra él, sino por él.
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Preparándose para la boda
Ingrid
Afuera del pequeño edificio hay muchos hombres, todos de traje negro y con cara de que comieron algo bien feo o echado a perder. Pobrecitos...
Uno de ellos me mira de arriba abajo y me lanza una mirada extraña... ¡Pervertido de los infiernos!... Y wow... Uy, ¡no! Eso no está bien... ¡Cielos! Esto no me lo esperaba; casi lloré, pero no iba a hacerlo. No.
Ares
Voy pasando con la chica y uno de los hombres de seguridad la mira con deseo. Soy hombre y conozco bien esa mirada. Solo un tiro, justo en la cabeza. Me quedo viéndolo caer y...
—Ingrid será mi esposa. Espero que esto no se repita. No miren a mi esposa con segundas intenciones. Por su bien, lo mejor es que ni la miren —dijo Ares, entrando.
—Podrías haberle avisado al tipo. Ni le dijiste que ella era tu esposa —dijo Mark.
—A la mierda. Trabajaba para mí, sabe cómo soy. Si ella me está siguiendo es porque está conmigo. Y Mark, deja de ser blando —dijo Ares.
Ingrid
Aparece una mujer muy bonita. Me mira y sonríe. ¡Qué guapa! Y el Diabólico o Abominable...
—Ingrid, ella es Jolie. Quiero que hagas lo que ella te diga. Jolie es mi amiga y consejera desde hace años, de mi confianza. Te quedarás con ella y te veo en el altar —Ares dio la vuelta y se fue.
Ingrid
Educado...
—Hola, Ingrid. Creo que no te acuerdas de mí; te vi cuando tenías unos doce, trece años —dijo Jolie.
—Hola. Discúlpame, no me acuerdo —dijo Ingrid.
—Ven. Don Ares no tiene mucha paciencia —dijo Jolie.
—Sí, ni mucha educación, por no decir otras cosas —dijo Ingrid.
Jolie sonrió.
—Concuerdo, pero no dejes que te escuche. Ares de bueno no tiene casi nada —dijo Jolie.
—Eres tan bonita. Pareces esas mujeres de revista —dijo Ingrid.
Jolie se rio.
—Realmente eres un amor, Ingrid. Discúlpame, investigué sobre ti.
Lamento mucho que él te haya elegido. Solo que las órdenes del Don no hay forma de no ejecutarlas... —dijo Jolie, poniéndose seria.
—No te preocupes —dijo Ingrid.
—Mira, sé que tenemos poco tiempo antes de que Ares mande a alguien a apurarnos. Quiero que sepas que puedes contar conmigo. Voy a hacer lo que pueda para ayudarte, Ingrid —dijo Jolie.
—No sé por qué, pero creo que te sientes culpable —dijo Ingrid.
Jolie sonrió.
—Eres inteligente y perceptiva —dijo Jolie.
—Como dice mi mamá, creo que mi sexto sentido funciona —dijo Ingrid.
—Tu mamá tiene razón; funciona. Sí, me siento culpable. Intenté no hablar de ti, pero Ares se dio cuenta. No quería que te eligiera. Sé lo malo que es Ares. Perdóname —dijo Jolie.
—Tú no tienes la culpa. Quien me eligió fue ese demonio —dijo Ingrid.
Jolie se rio.
—Chica, no dejes que te escuche. Es demasiado malo e impredecible; puede matarte por llamarlo así —dijo Jolie.
—Hmm, es que es difícil llamarlo ángel —dijo Ingrid.
Jolie se rio de nuevo.
Ingrid
Me da un vestido. Ella dice que es sencillo, pero a mí me pareció bien bonito.
—Traje varios tamaños. No es nada muy elegante ni mucho menos un vestido de novia como merecerías, pero Don quiso todo sencillo...
Y viéndote de cerca, creo que este te queda. ¡Vas a estar hermosa! Más hermosa, porque eres una lindura, Ingrid. Muchas te van a envidiar por tu belleza, tu sencillez y por ser la esposa de Don —dijo Jolie.
—Gracias, pero a él se lo pueden quedar. ¿Puedo donarlo? —preguntó Ingrid.
—Lamentablemente no —dijo Jolie, riendo.
Ingrid
Me pongo el vestido y me quedó muy bien. Le quedó justo. Jolie tiene buen ojo...
—Sí que sabes; me quedó perfecto —dijo Ingrid, saliendo del baño donde se había puesto el vestido.
—¡Wow! Aun siendo sencillo, ¡quedaste hermosa! Ingrid, estás maravillosa. Hasta el padre te va a considerar una novia preciosa.
—¿Padre? —preguntó Ingrid.
—Sí. Ares quiere la bendición de Dios. Dijo que es tradición y quiere seguirla, como su padre —dijo Jolie.
—Sí, creo mucho en Dios y también voy a misa, pero ¡ahora sí me fregó! Me amolé toditita —dijo Ingrid.
—¿Cómo? —preguntó Jolie.
—Jolie, ¡el padre es cosa seria! Nos va a bendecir ante los ojos de Dios y seré su esposa. ¡Voy a tener que prometer eso ante Dios, y si le prometemos a Dios, tenemos que cumplir! Ahora voy a tener que hacer como hice con Feroz; esto va a dar un trabajal...
Además, ni lo amo, ni me agrada; de hecho, deseé que se muriera unas mil veces antes de que llegáramos aquí.
Y después de que me case con él con la bendición de Dios, no puedo desearle maldades. Eso sí que es complicado —dijo Ingrid.
Jolie
Termino riéndome. Está loquita. Pero siento que tiene un corazón enorme, un alma pura, sin malicia... es una niña en cuerpo de mujer...
Me cayó muy bien, muchísimo. Quién sabe si ella cura a Ares.
—Primero, no me llames de usted. Puedes decirme Jolie, ¡y soy tu amiga! Te estás casando con Don Ares y él es mi amigo. Así que cuenta conmigo.
Cuando Ingrid iba a hablar, tocaron la puerta. Era una señora, de parte de Don, para que se apresuraran porque el padre había llegado y estaban esperando.
—Ok, vamos, Ingrid. Estás hermosa. Mi esposo va a entrar contigo. No te preocupes, solo tiene cara de malo, pero es bien querido —dijo Jolie.
—Si tú lo dices, está bien —dijo Ingrid.
—¿Lista? —preguntó Jolie.
—¿Lista? ¿Para ir al infierno en la tierra? ¿Aguantar al ángel caído?... Ni modo, es mejor que la muerte —dijo Ingrid.
—¡Me encantó! —dijo Jolie.
Ingrid se detuvo y le dio un abrazo.
—Gracias por ser mi amiga. No tengo ninguna —dijo Ingrid.
—No tenías —dijo Jolie, conmovida.
—Ahora vamos rápido. Ares irritado es peor que una pesadilla —dijo Jolie.
Se fueron.
Jolie
Me quedo pensando... Dijo que mejor él que la muerte. Pobrecita, no sé si es mejor...