Un escritor exitoso transforma el destino de una mujer marcada por cicatrices.
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Capitulo 20
En su historia, el protagonista comenzaba a sentir algo por una mujer que había aparecido inesperadamente en su vida.
Una mujer que no sabía quién era él.
Que no estaba impresionada por su dinero.
Y que, precisamente por eso, había conseguido despertar su interés.
Rocco continuó escribiendo.
Cada recuerdo parecía convertirse en una nueva escena.
Sus dedos se detuvieron.
Rocco se quedó mirando la pantalla.
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
Aquella escena todavía estaba demasiado presente en su mente.
Podía recordar perfectamente el instante en que sus labios habían rozado los de ella.
Y también podía recordar su reacción después.
"No vuelva a acercarse a mí, señor De Santis."
Rocco soltó una pequeña risa.
—Definitivamente eres difícil.
Volvió a escribir.
Esta vez, las palabras aparecieron todavía más rápido.
Y lo más extraño era que Rocco sabía exactamente de dónde estaba llegando su inspiración.
De una mujer que había entrado en su casa buscando únicamente un empleo.
Una mujer que, sin proponérselo, había conseguido convertirse en la protagonista de la historia que llevaba tanto tiempo intentando escribir.
Rocco terminó una página y pasó a la siguiente.
No quería detenerse.
Por primera vez en mucho tiempo, no necesitaba buscar inspiración.
La tenía frente a sus ojos.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Más tarde...
La tarde había transcurrido con tranquilidad en la mansión De Santis.
Gianna había terminado de ordenar parte del salón principal y se dirigía hacia la cocina cuando pasó frente a una de las habitaciones que Isabella utilizaba para organizar algunas de sus cosas.
La puerta estaba entreabierta.
Gianna no tenía intención de entrar, pero algo llamó su atención.
Isabella estaba sentada frente a una mesa. Sobre ella había varias cajas abiertas y diferentes productos cuidadosamente separados.
Había paquetes de pañales, productos de higiene, pequeños artículos para bebés, vitaminas prenatales y algunos medicamentos básicos.
Isabella estaba revisando uno por uno los productos y colocando cada cosa dentro de pequeñas bolsas.
Gianna se detuvo unos segundos.
No pudo evitar observarla.
Isabella levantó la mirada y se dio cuenta de su presencia.
—¿Qué pasó, muchacha? ¿Quieres decirme algo?
Gianna reaccionó inmediatamente.
—No, señora. Disculpe.
—Entonces, ¿por qué me miras?
Gianna sonrió tímidamente.
—Es solo que... me dió curiosidad lo que está haciendo.
Isabella miró la bolsa que estaba preparando.
—¿Esto?
—Sí.
—Me gusta hacerlo cuando tengo tiempo.
Gianna se acercó un poco, aunque permaneció junto a la puerta.
—Es para una fundación de una amiga.
Gianna mostró curiosidad.
—¿Una fundación?
—Sí. Ella ayuda a madres jóvenes que no cuentan con el apoyo de sus familias.
Isabella tomó una de las cajas y comenzó a revisar su contenido.
—De vez en cuando colaboro con ella. Compro algunas cosas y preparo estos kits con lo que más necesitan.
Gianna miró los productos.
—¿Y qué lleva cada uno?
—Depende de la necesidad de cada madre. Algunas necesitan productos de higiene, otras artículos para sus bebés y, cuando corresponde, vitaminas prenatales y medicamentos que les hayan indicado.
Gianna asintió lentamente.
—Debe ser muy importante para ellas.
—Lo es.
Isabella continuó organizando los productos.
—Muchas llegan sin nada. Algunas ni siquiera tienen a quién pedirle ayuda.
Gianna permaneció en silencio.
Aquellas palabras tocaron una parte de ella que intentaba mantener escondida.
Isabella levantó la mirada.
—¿Te gustan estas cosas?
Gianna miró los pequeños paquetes.
—Mucho. Me gusta que esté todo organizado.
Isabella sonrió ligeramente.
—Eso ya lo había notado.
Gianna no supo qué responder.
—¿Alguna vez has organizado algo parecido?
—No, señora.
—¿Pero te gustaría aprender?
Gianna asintió.
—Sí.
Isabella colocó otro producto dentro de una de las bolsas.
—Quizá puedas ayudarme alguna vez.
Los ojos de Gianna se iluminaron.
—Me encantaría, señora.
—Lo tendré en cuenta.
Gianna hizo una pequeña inclinación de cabeza.
—Con permiso.
Se disponía a marcharse cuando Isabella volvió a llamarla.
—Gianna.
Ella se giró.
—¿Sí, señora?
Isabella la observó durante unos segundos.
—¿Te gustaría trabajar conmigo?
Gianna frunció ligeramente el ceño.
—¿Cómo, señora?
—Como mi asistente.
La joven se quedó completamente sorprendida.
—¿Su asistente?
—Sí. Necesito a alguien que me ayude a organizar algunas cosas. Preparar estos kits, revisar lo que hace falta, mantener algunas cosas en orden y ayudarme con determinados asuntos.
Gianna bajó la mirada.
—Pero... yo no sé si estoy preparada para algo así.
—No necesitas saberlo todo desde el principio. Puedes aprender.
—No quisiera decepcionarla.
Isabella levantó ligeramente una ceja.
—Si pensara que vas a decepcionarme, no te lo estaría ofreciendo.
Gianna sonrió nerviosamente.
Aquella oportunidad significaba mucho más que un cambio de tareas.
Significaba aprender.
Crecer.
Tener una responsabilidad diferente.
—¿Y qué pasaría con mis tareas actuales?
—Michela continuará encargándose de la organización del servicio de la casa. Tú seguirás ayudando cuando sea necesario, pero tu principal responsabilidad será conmigo.
Gianna permaneció pensativa.
—No sé qué decir.
—Puedes decir que sí.
Gianna soltó una pequeña risa.
—Entonces... sí, señora. Me gustaría intentarlo.
Isabella asintió, satisfecha.
—Bien. Creo que tomaste una buena decisión.
Después tomó su teléfono.
—Voy a hablar con Michela para informarle.
Gianna salió de la habitación junto a ella.
......................
Cuando encontraron a Michela en la cocina, Isabella se acercó directamente.
—Michela.
La mujer se giró.
—¿Sí, señora?
—Quiero hacer un cambio con Gianna.
Michela miró a la joven y después a Isabella.
—¿Ocurrió algo?
—Todo lo contrario. Quiero que Gianna se convierta en mi asistente.
Michela abrió los ojos con sorpresa.
Después miró a Gianna.
—¿De verdad?
Gianna sonrió tímidamente.
—La señora Isabella me lo ofreció.
Michela inmediatamente mostró una expresión de orgullo.
—¡Eso es maravilloso!
Gianna sonrió.
—¿No le molesta que deje de ayudarla tanto?
—¿Molestarme? —Michela negó con la cabeza—. Me alegra muchísimo por ti, además Chiara me ayuda.
Isabella intervino:
—Ha demostrado ser responsable y tiene disposición para aprender.
Michela asintió.
—Siempre lo he sabido.
Después tomó las manos de Gianna.
—Te lo mereces.
Gianna sintió un nudo en la garganta.
—Gracias.
No estaba acostumbrada a que alguien reconociera sus esfuerzos.
Mucho menos a que alguien creyera que podía hacer algo más con su vida.
Isabella tomó nuevamente su teléfono.
—Mañana comenzaremos. Tengo varias cosas que hacer, Michela encárgate de buscar a otra chica para los quehaceres de la casa.
—Sí, señora.—dijeron ambas.
—Y Gianna no quiero que tengas miedo de equivocarte.
Gianna asintió.
—Haré todo lo posible.
Isabella se marchó.
Michela esperó hasta que estuvo lejos antes de abrazar brevemente a Gianna.
—Estoy muy orgullosa de ti.
Gianna sonrió.
—Yo también estoy feliz.
Por primera vez desde que había escapado de aquella casa, comenzaba a sentir que su vida no solo estaba cambiando...
estaba empezando a construirse.
Y lo que Gianna todavía no sabía era que aquel nuevo puesto la acercaría todavía más a la familia De Santis.
Y, sobre todo, a Rocco.