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El Precipicio De Tu Pecho

El Precipicio De Tu Pecho

Status: En proceso
Genre:Acción
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

Ella es la guardaespaldas asignada para proteger al hombre que más desprecia: un magnate arrogante que compró la empresa de su padre. Él la provoca y la pone a prueba cada día, sin saber que ella guarda un arma bajo la chaqueta... y un deseo prohibido bajo la piel.

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Capítulo 8: El juego de sombras

El sótano olía a humedad y a años de abandono, un olor que Valentina conocía bien de sus días en el ejército. Los almacenes clandestinos, los escondites improvisados, los lugares donde la luz nunca llegaba y donde la muerte siempre acechaba. Respiró hondo, controlando el pánico que amenazaba con desbordarse, y se obligó a pensar con claridad.

Álvarez se había ido, dejándola sola con un guardia armado que la vigilaba desde la puerta. Tenía las manos atadas detrás de la espalda con bridas de plástico, tan apretadas que ya sentía el hormigueo en los dedos. La silla era de madera vieja, y cada vez que se movía, las astillas se clavaban en su piel a través de la ropa.

Pero no era el dolor físico lo que la preocupaba. Era la imagen de Mateo caminando solo por el penthouse, desprevenido, confiando en que ella lo protegería. Y no podía hacerlo. Estaba atrapada en un sótano, con un traidor que planeaba su muerte.

Cerró los ojos y se obligó a recordar su entrenamiento. Cada situación tiene una salida. Cada enemigo tiene un punto débil. Solo hay que encontrarlo.

El guardia era un hombre corpulento, con brazos marcados por tatuajes y una expresión de aburrimiento perpetuo. Llevaba un arma en el cinturón, pero no la tenía en la mano. Estaba apoyado contra la pared, mirando el teléfono, distraído. Era su oportunidad.

"Oye", dijo Valentina, con la voz más débil que pudo fingir. "Necesito ir al baño. Por favor."

El guardia levantó la vista, molesto por la interrupción. "No hay baño aquí. Aguanta."

"Es urgente", insistió ella, añadiendo un temblor a su voz. "No puedo aguantar más. Me voy a hacer encima."

El guardia soltó un bufido de exasperación, pero se levantó y caminó hacia ella. "Está bien, está bien. Pero no intentes nada raro, o te arrepentirás."

Se acercó para desatar las bridas de Valentina, y ella esperó el momento exacto. Cuando sus dedos tocaron el plástico, ella se movió. Rápido. Letal.

Giró la cabeza y golpeó con la frente la nariz del guardia, sintiendo el crujido de los huesos bajo su cráneo. El hombre soltó un grito ahogado y retrocedió, llevándose las manos a la cara ensangrentada. Valentina aprovechó el momento para saltar de la silla y lanzarse contra él, derribándolo al suelo con un golpe preciso en la garganta.

No lo mató. No era necesario. Solo lo dejó inconsciente, con la nariz rota y la respiración entrecortada.

Con manos temblorosas, Valentina tomó el arma del guardia y las llaves de la puerta. Salió del sótano y subió las escaleras a toda velocidad, sintiendo que los músculos le ardían por el esfuerzo. Estaba en un edificio abandonado en algún lugar de la ciudad, y no tenía tiempo para perder. Álvarez ya estaba en camino hacia el penthouse, y Mateo no sabía que estaba en peligro.

Salió a la calle y corrió hacia la avenida principal, buscando un taxi o un teléfono. No llevaba el suyo; Álvarez se lo había quitado antes de despertar. Pero no necesitaba un teléfono. Necesitaba llegar a Mateo antes que el traidor.

Un coche de policía pasó a su lado, y Valentina se lanzó a la carretera, levantando los brazos. El coche se detuvo con un chirrido de neumáticos, y un oficial asomó la cabeza por la ventanilla.

"¿Qué pasa, señorita?", preguntó, sorprendido por su aspecto desaliñado.

"Soy guardaespaldas del señor Montesinos", dijo, con la voz entrecortada. "Hay un atentado en marcha. Necesito llegar a la Torre Montesinos ahora mismo."

El oficial la miró con incredulidad, pero algo en su expresión debió convencerlo. Abrió la puerta trasera y le hizo una seña para que subiera.

"Agárrese fuerte", dijo, y el coche arrancó con un rugido de motor.

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Mateo estaba en el penthouse, solo, mirando por el ventanal la ciudad que se extendía bajo él como un mar de luces. Había pasado la tarde revisando los documentos que Valentina le había enviado antes de desaparecer, y lo que había encontrado lo había dejado helado.

Álvarez no solo estaba trabajando para la competencia. Estaba trabajando para una organización criminal que llevaba años intentando infiltrarse en su imperio. Y lo peor de todo era que no sabía cuántas personas más estaban implicadas.

Su teléfono sonó, y al responder, escuchó la voz de Álvarez al otro lado.

"Buenas noches, Mateo. Espero que estés cómodo en tu torre de marfil. Porque dentro de poco, todo va a cambiar."

"¿Qué quieres?", preguntó Mateo, con la voz tensa.

"Quiero lo que siempre he querido, mi querido amigo. Tu imperio. Tu dinero. Tu poder. Y tengo algo que te hará cooperar: a tu preciada guardaespaldas. La tengo en mi poder. Y si no haces lo que te digo, la mataré."

Mateo sintió que el corazón se le detenía en el pecho. Valentina. La mujer que le había prometido proteger, la mujer que había esperado veinte años para encontrar, estaba en peligro. Y era culpa suya.

"No le hagas daño", dijo, con la voz rota. "Haré lo que quieras."

"Bien", dijo Álvarez, con una sonrisa en la voz. "Ve al helipuerto. Hay un helicóptero esperándote. No intentes nada estúpido, o la sangre de tu guardaespaldas estará en tus manos."

Mateo colgó el teléfono y se quedó en silencio por un momento, sintiendo el peso de la decisión como una losa sobre sus hombros. Podía ir al helipuerto y hacer lo que Álvarez decía. Podía arriesgar su vida para salvar a Valentina. O podía llamar a la policía y esperar que llegaran a tiempo.

Pero entonces recordó las palabras de Valentina, dichas en el calor del momento: "Confía en mí."

No sabía por qué, pero confiaba en ella. Confiaba en que, de alguna manera, ella encontraría la manera de salvarse. Y confiaba en que su instinto de guardaespaldas la llevaría de vuelta a él.

Tomó su chaqueta y salió del penthouse, caminando hacia el helipuerto con paso firme. No iba a huir. No iba a rendirse. Iba a enfrentar a Álvarez cara a cara.

Y mientras cruzaba la azotea, sintió que una presencia se acercaba a él desde atrás. Se giró, con el puño en alto, listo para atacar.

Y entonces la vio.

Valentina, con la ropa manchada de sangre y el pelo alborotado, pero viva. Corriendo hacia él con la velocidad de un animal perseguido.

"Mateo", dijo, con la voz entrecortada. "Está bien. Estoy bien."

Él la abrazó sin pensar, apretándola contra su pecho como si fuera la única persona en el mundo. Y ella, después de un momento de sorpresa, se dejó envolver por sus brazos y sintió que el mundo se detenía.

"¿Cómo has llegado aquí?", preguntó él, con la voz temblorosa.

"No importa", dijo ella, apartándose lentamente. "Lo que importa es que Álvarez está en camino. Y tengo un plan para detenerlo."

"¿Qué plan?", preguntó él, con una mezcla de esperanza y temor.

Valentina sonrió, y era una sonrisa que prometía venganza. "Vamos a darle lo que quiere. Pero con un pequeño cambio."

Y mientras Mateo la escuchaba, sintió que el miedo se desvanecía y era reemplazado por algo más. Algo que no había sentido en mucho tiempo.

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valeska garay campos
el destino lo tnia que juntar ahora que pasará?🤔
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