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¡Me Case Con Él Ceo Despiadado! Contrato Con El Heredero Equivocado.

¡Me Case Con Él Ceo Despiadado! Contrato Con El Heredero Equivocado.

Status: En proceso
Genre:CEO / Romance / Matrimonio arreglado
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

Para salvar a su madre del desalojo, Harper acepta un matrimonio por contrato de dos años con Jeremy, el heredero del imperio multimillonario Salvatore. Pero en la noche de bodas, el novio huye con el dinero, activando una cláusula oculta que la vincula legalmente al temido CEO de la corporación: Mason Eliot Salvatore, el hermano mayor.
Convencido de que ella es una cazafortunas, Mason la recluye en su penthouse bajo reglas implacables. Sin embargo, la dignidad de Harper desafía su frialdad, transformando el cautiverio en una atracción adictiva. Cuando los enemigos de la familia arman una red de mentiras para acusarla falsamente, Harper firma el divorcio, renuncia a millones y desaparece.
Al descubrir la verdad, el oscuro magnate de Wall Street enfrenta la peor de sus condenas: la ausencia de la única mujer que rompió su armadura. Dispuesto a perder su orgullo y caer de rodillas, Mason emprenderá una cacería desesperada para recuperar a la esposa que nunca debió dejar ir.

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 5: CONSUMACIÓN OBLIGADA

Harper Jones

El silencio del penthouse era una pesantez física que se pegaba a las paredes de ladrillo visto como una capa de hollín. Echada en aquella enorme cama King size, envuelta en sábanas de seda gris que se sentían tan frías como la superficie de un lago helado, mi cuerpo finalmente comenzó a sucumbir a la conmoción.

Las piernas me temblaban con espasmos musculares involuntarios, consecuencia de las millas corridas bajo la llovizna, del frío metido en los huesos y de la descarga continua de adrenalina que me había mantenido en pie durante más de treinta horas.

Cerré los ojos, tratando de aferrarme a la imagen de mi madre en la suite del Centro Médico Salvatore. La recordé respirando con calma, el monitor trazando un ritmo cardíaco estable y seguro.

«Está a salvo. Valió la pena. Todo esto valió la pena», me repetí en un susurro desesperado, usándolo como un mantra para ahogar el vacío que me devoraba las entrañas.

Jeremy se había ido. Se había escapado en su jet privado para emborracharse y reírse de mí con sus amigos de la alta sociedad. En cierto modo, aquello era un alivio. La sola idea de compartir el espacio con ese muchacho engreído y cruel me daba náuseas.

Dos años pasaban rápido. Cumpliría con las fotos oficiales, me vestiría con los trajes que me impusieran, mantendría la boca cerrada ante la prensa y, al final de este calvario, tomaría los cinco millones de dólares, a mi madre y me iría al lugar más lejano del mundo donde la palabra Salvatore no significara nada.

Entonces, la luz de la pantalla del teléfono que Thomas me había entregado al salir del juzgado iluminó el techo en la penumbra de la suite.

Un zumbido seco y prolongado retumbó sobre la mesa de noche de mármol negro.

Estiré el brazo despacio, con el corazón dándome un vuelco instintivo. La pantalla táctil del aparato de última generación mostraba una notificación de mensaje de texto proveniente de un número privado.

Deslicé la pantalla con la yema del dedo temblorosa.

NOTIFICACIÓN LEGAL - DESPACHO SALVATORE & ASSOCIATES

Señora Salvatore: Se le notifica que, conforme al Artículo 4, Cláusula B del Contrato de Consolidación y Rehabilitación firmado esta mañana, el matrimonio debe quedar consumado físicamente dentro de las doce (24) horas posteriores a la firma del acta civil.

De no registrarse el cumplimiento de dicha cláusula en la residencia oficial de Brooklyn Heights antes de las 06:00 AM, el contrato quedará automáticamente inhabilitado por incumplimiento de términos fundamentales. La restitución de la deuda hipotecaria y la cobertura médica ejecutiva de la Sra. Mary Jones serán revocadas de forma inmediata.

El Sr. Salvatore se dirige a la propiedad en este momento.

El teléfono se me resbaló de la mano y cayó sobre el edredón con un golpe sordo.

El aire se me congeló en la garganta. Sentí como si un cubo de agua helada me cayera directamente sobre la espalda. Mis ojos, dilatados por el terror, leyeron el texto una y otra vez en la penumbra.

—No... no, no... esto no puede ser verdad... —balbuceé, llevándome las manos a la cabeza, tirándome del cabello pelirrojo con desesperación—. ¡Ese viejo me mintió!

Consumado físicamente.

Las letras del mensaje giraban en mi mente como una sentencia de muerte. Horacio Salvatore no solo me había comprado para limpiar el nombre de su nieto en los periódicos; me había vendido como una propiedad, un paquete completo que incluía mi propio cuerpo.

Si no me entregaba a su nieto esta noche, mi madre volvería a la acera empapada de Brooklyn antes del amanecer. La sacarían del hospital, le quitarían el respirador y se moriría por mi culpa.

—¡Maldito seas! ¡Maldito sea mil veces! —grité hacia el techo vacío, ahogando un sollozo de rabia pura.

Un sollozo cargado de una impotencia tan profunda que me hizo hincar las rodillas sobre la cama, temblando incontrolablemente. La indignación me quemaba el pecho.

La idea de que Jeremy Salvatore —ese chico malcriado que me había mirado como si fuera basura, el que me había llamado "chica pobre" con tanto asco— viniera a esta habitación a tocarme, a usarme como su derecho de propiedad, me provocaba un asco visceral que amenazaba con hacerme vomitar.

Pero no tenía elección. Nunca la había tenido desde que pisé la Torre Salvatore.

El temporizador del contrato corría. El reloj digital sobre la mesa de noche marcaba las tres y cuarenta y dos de la mañana. «El Sr. Salvatore se dirige a la propiedad en este momento», decía el texto. Jeremy había vuelto. El abuelo lo había obligado a dar media vuelta en el aeropuerto o a bajarse del avión para venir a reclamar lo que legalmente figuraba como suyo.

Me puse de pie a trompicones, tambaleándome por el mareo. Mis pies descalzos pisaron el parquet frío mientras me arrastraba hacia el vestidor principal que las sirvientas habían dejado preparado.

El vestidor era una habitación enorme con paredes de espejo y luces cálidas que se encendieron automáticamente a mi paso. Colgadas en el centro, como un muestrario de sumisión, había varias prendas de dormir enviadas por la corporación. Seda pura, encajes transparentes, satén de colores oscuros.

Mis manos temblaban tanto que apenas podía abrir las perchas. Busqué la prenda que cubriera más piel, la que me hiciera sentir menos desnuda, pero todas estaban diseñadas para lo mismo: para ser retiradas con facilidad. Elegí una bata de seda negra, de mangas largas que me llegaban a las muñecas y una cinta ancha para ajustarla a la cintura.

Me despojé de la ropa interior marchita que llevaba puesta y me deshice del vestido de marfil que yacía tirado en el suelo como el cadáver de mi libertad. Me pasé la bata de seda sobre la piel. El contacto del tejido suave y frío me provocó un escalofrío violento. Ajusté el nudo en mi cintura con tanta fuerza que casi me corté la respiración, como si la tela pudiera servirme de armadura contra lo que estaba a punto de suceder.

Caminé hacia el baño de mármol negro. Me miré al espejo.

Mi rostro estaba pálido como el papel, los ojos verdes hinchados por el llanto retenido y los labios partidos. Mi cabello rojo era una melena salvaje que caía en cascada sobre mis hombros. Parecía una víctima a punto de caminar hacia el patíbulo.

Tomé un sorbo de agua directamente del grifo, tratando de lavar la sequedad de mi garganta.

—Por mamá —me dije al espejo, mirándome a los ojos con una dureza desesperada—. Hazlo por ella. Cierra los ojos, apaga la mente y piensa en que ella está viva. Es solo un cuerpo. No pueden tocar quién eres por dentro. No les pertenece nada más.

Un chasquido metálico resonó en la distancia.

El sonido provino del piso inferior. El timbre sordo y grave del ascensor privado anunciando una llegada.

El corazón me dio un brinco en el pecho con tanta violencia que sentí un dolor agudo debajo de las costillas. Las manos se me congelaron sobre el borde del lavabo de mármol.

Llegó.

Escuché el eco de unos pasos pisando el suelo de madera del salón principal. Pasos lentos, pesados, deliberados. No eran los pasos apresurados y neuróticos del joven Jeremy que había visto en el juzgado.

Eran pasos que infundían un terror instintivo, el andar de un depredador que camina por su propio territorio sin prisa alguna porque sabe que la presa no tiene adónde huir.

El miedo me parálizó durante unos segundos interminables en medio del baño. Quise encerrarme con llave, quise saltar por la terraza, quise desaparecer de la faz de la tierra. Pero la imagen del monitor cardíaco de mi madre me devolvió a la realidad como una bofetada.

Salí del baño a paso lento, forzando a mis piernas a moverse.

La suite principal estaba en penumbra, iluminada únicamente por la luz plateada de la luna y el resplandor lejano de los rascacielos de Manhattan que atravesaba el gran ventanal.

La figura ya había subido la escalera de caracol y se encontraba recortada contra el marco de la puerta de la habitación.

Un hombre alto. Imponente. Mucho más ancho de hombros y de complexión más poderosa que el muchacho delgado que había firmado el acta en el juzgado.

Llevaba un abrigo largo de paño negro sobre un traje oscuro impecable. La luz de la luna resplandecía en la línea dura de su mandíbula y en su piel de un tono canela profundo.

No era Jeremy.

Me quedé petrificada a tres metros de distancia, con la mano aferrada al nudo de mi bata de seda. El aire desapareció por completo de mis pulmones.

El hombre no se movió de la entrada. Levantó la cabeza despacio y sus ojos se fijaron en los míos en medio de la penumbra.

Eran unos ojos de un azul gélido, brillante y despiadado. La mirada de un demonio que acababa de salir de las sombras para reclamar una deuda de sangre.

—¿Quién... quién es usted? —logré articular, con una voz que apenas fue un soplo ahogado por el pavor—. ¿Dónde está Jeremy?

El desconocido dio un paso lento hacia el interior de la suite. La puerta tras de sí se cerró con un chasquido seco y definitivo.

—Jeremy ya no forma parte de este acuerdo, señorita Jones—dijo. Su voz era una vibración grave, oscura y rasposa que hizo temblar hasta el último nervio de mi cuerpo—. Y a partir de esta noche... tu único dueño soy yo.

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Yudith flores
Así se habla 😌
Eli Cardona💘💘
Así se habla niña 👋😞
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Me encanta que Harper mantenga su temple de acero frente a la crueldad con que la tratan. Quiero ver a Masón sufrir por el amor de esta diosa 🤭
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰: ¡Eso!, alocate bebé 😌
total 2 replies
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Joder. Lo odio, pero me gusta /Scream/
Celeste Godoy: LO DISEÑÉ TAN BIEN AL DESGRACIADO😅❤️👌
total 1 replies
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Odio al tipo, más me alegraría inmensamente que el caiga primero y sepa lo que rogar /CoolGuy/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
"Fenomenal" no estoy segura de que sea la palabra adecuada para describir tú historia, pero hasta entonces seguiré buscando más adjetivos /Smile/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Él es cruel
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Eso es mi vida /Ok/
Joana Rosas
perfecta 💯🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻
Joana Rosas
perfecta 💯🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
No puedo, lo odio tanto. Son unos desgraciados
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Noo!! estoy llorando /Whimper/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
😦
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
¿Quién es este tipo? 👀
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
¡Eso mi vida!, ¡no te dejes pisotear!
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Joder, me encanta /Smile/
Liney Atencia
bravo mujer 👏😭🤭
jerinson
madre ella no
jerinson
claro es una temblarera 🥰
jerinson
debo decir que es una historia que he leído en mi vida más increíble
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