Ella es una policía que trabaja en una cárcel. Después de morir, ella reencarna en una joven maga quien en sueños ve como muere, así que despierta decidida a cambiar su destino y a cobrar venganza.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Templo 2
Mientras Circe se daba un baño y comenzaba a prepararse, en la oficina de Roun se desarrollaba una conversación bastante más seria.
Adrian estaba sentado frente a la maga.
Roun lo observaba con atención.
No parecía impresionada por su título.
Mucho menos por su apariencia.
Para ella, en aquel momento, Adrian era simplemente el hombre que pretendía llevarse a una de sus niñas.
—Quiero que Lady Circe vaya a mis territorios como mi consejera.
Roun permaneció callada unos segundos.
—Entiendo.
Adrian mantuvo una postura respetuosa.
—Creo que sus conocimientos serían de gran utilidad para mi ducado.
—Puede ser.
Roun entrelazó las manos sobre el escritorio.
—Pero no olvide algo, duque Vanderbilt.
Adrian levantó la mirada.
—Circe es una maga importante para este templo.
—Lo sé.
—Y cuenta con mi apoyo.
—También lo sé.
La expresión de Roun se volvió más seria.
—Si ella decide irse, no voy a detenerla.
Adrian asintió.
—Por supuesto.
—Pero si no quiere ir...
Roun hizo una pausa.
—O si después de irse decide regresar, usted deberá permitirlo.
Adrian respondió inmediatamente..
—Como hombre de honor, no podría impedírselo.
Roun lo observó durante unos segundos.
Después asintió.
—Entonces podemos entendernos.
Adrian sonrió ligeramente.
—Eso espero.
La puerta se abrió.
Circe entró.
Ya se había bañado y cambiado.
Su cabello azul ceniza estaba cuidadosamente arreglado y llevaba ropa limpia y elegante.
Miró primero a Roun.
Después a Adrian.
—¿Interrumpo?
—No.. Justamente estábamos hablando de ti.
Circe se sentó.
Roun fue directamente al punto.
—El duque quiere que vayas a su ducado.
Circe miró a Adrian.
—Como consejera
aclaró él.
—Sí.
Roun continuó..
—Dice que necesita una maga y que tus conocimientos podrían serle útiles.
Circe permaneció pensativa.
No había esperado que la propuesta llegara tan pronto.
Miró a Adrian.
Él no parecía estar jugando.
Realmente quería llevarla.
Y eso le interesaba.
Un ducado.
Una posición como consejera.
Acceso a información.
Recursos.
Contactos.
Y quizás...
Información sobre los Root.
Pero también había otra cosa.
Adrian había venido personalmente.
No había enviado simplemente una carta.
Había regresado por ella.
Circe bajó la mirada.
[Esto podría funcionar.]
Después de unos segundos, levantó la cabeza.
—Sí.
Roun la observó.
—¿Quieres ir?
Circe asintió.
—Sí.
Adrian sonrió.
Pero antes de que pudiera decir algo...
Roun lo señaló con el dedo.
—Entonces escúcheme bien.
Adrian volvió a ponerse serio.
—Sí, maga Roun.
—Circe es una de mis niñas.
Circe sintió algo cálido en el pecho.
Roun continuó..
—Si va con usted, la cuidará.
—Por supuesto.
—Si enferma, la atenderá.
—Sí.
—Si alguien intenta hacerle daño...
La mirada de Roun se volvió intimidante.
—Me enteraré.
Adrian tragó saliva discretamente.
—No tendrá motivos para preocuparse.
Roun entrecerró los ojos.
—Eso espero.
Circe observaba la escena en silencio.
Y sintió algo que no estaba acostumbrada a sentir.
Calidez.
Protección.
Cariño.
En su antigua vida no había tenido una persona que hablara de ella de aquella manera.
Y en la vida de Circe...
Roun había sido quien ocupó ese lugar.
Ahora entendía todavía mejor por qué la muchacha había confiado tanto en ella.
[Realmente me quiere.]
Bajó ligeramente la mirada para ocultar su expresión.
[Qué extraño...]
Sentir que alguien se preocupaba tanto por ella.
Y, aunque jamás lo admitiría delante de nadie...
Le gustaba.
Mucho.
Aquella misma tarde comenzó a preparar sus cosas.
Libros.
Ropa.
Objetos personales.
Material de estudio.
Algunas pociones.
Y, por supuesto...
Su daga.
También revisó cuidadosamente sus pertenencias relacionadas con el entrenamiento.
No pensaba abandonar su rutina solo porque se marchara del templo.
Cuando todo estuvo preparado, Adrian apareció nuevamente.
—Voy a ir al pueblo.
Circe levantó la mirada.
—¿Ahora?
—Sí. Tengo algunas cosas que resolver.
Hizo una pausa.
—Regresaré al atardecer.
Circe sonrió coquetamente.
—Entonces lo esperaré.
Adrian le devolvió la sonrisa.
—No tardaré.
Se marchó.
Circe lo observó alejarse.
[Es bastante eficiente.]
Y luego volvió a sus preparativos.
Al atardecer, el duque regresó.
Esta vez traía otro carruaje.
Sus hombres comenzaron inmediatamente a cargar las pertenencias de Circe.
Ella permaneció junto a la entrada del templo, observando cómo organizaban todo.
Cuando Adrian se acercó, Circe le sonrió.
—Llegó a tiempo.
—Le dije que volvería.
—Eso es verdad.
Él la miró.
—¿Está lista?
Circe asintió.
—Sí.
Sus últimas pertenencias fueron colocadas en el carruaje.
Roun salió para despedirlos.
Al ver al duque, se acercó inmediatamente.
—Recuerde lo que le dije.
Adrian asintió.
—Lo recuerdo perfectamente.
—Cuídela.
—Lo haré.
—Y si ella quiere regresar...
—Podrá hacerlo.
Roun finalmente pareció satisfecha.
Circe observó la escena.
Nuevamente sintió aquella calidez.
[Qué mujer...]
No pudo evitar sonreír.
Se acercó a Roun.
—Gracias.
Roun la miró.
—Ven aquí, niña.
Circe no necesitó que se lo dijera dos veces.
La abrazó.
Roun rodeó su cuerpo con los brazos.
—Cuídate, niña.
Circe cerró los ojos durante unos segundos.
—Lo haré.
Era extraño.
Ella había vivido una vida entera.
Había enfrentado peligros.
Había trabajado con criminales.
Había visto cosas horribles.
Y aun así...
Aquel sencillo abrazo le resultaba mucho más difícil de manejar que cualquier pelea.
Porque no estaba acostumbrada a que alguien la cuidara.
A que alguien le dijera que regresara sana.
A que alguien se preocupara genuinamente por ella.
Se separó lentamente.
—Nos veremos pronto.
Roun sonrió.
—Eso espero.
Circe subió al carruaje.
Adrian hizo lo mismo.
Antes de partir, Circe miró una última vez el templo.
Ese lugar había sido el hogar de la antigua Circe.
Y ahora también era parte de su vida.
No sabía qué encontraría en el ducado.
No sabía cuánto cambiaría su vida.
Y tampoco sabía qué descubriría sobre los Root.
Pero estaba lista.
El carruaje comenzó a avanzar.
Circe levantó una mano y se despidió de Roun.
Roun hizo lo mismo.
El templo comenzó a quedar atrás.
Circe apoyó la cabeza contra el asiento.
Adrian la observó.
—¿Está triste?
Circe negó con la cabeza.
—No.
Miró por la ventana.
—Solo estoy pensando.
—¿En qué?
Ella sonrió.
—En todo lo que viene.
Adrian sonrió.
—Entonces espero que sea algo bueno.
Circe volvió a mirar hacia adelante.
Una sonrisa pequeña apareció en sus labios.
[Espero que sí.]
[Después de todo...]
[Estoy a punto de entrar en el territorio de un duque.]
[Y quizás, finalmente, estoy acercándome a los Root.]