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Plantada En El Altar

Plantada En El Altar

Status: Terminada
Genre:Romance / Triángulo amoroso / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:1.3M
Nilai: 4.7
nombre de autor: Autor lucia

El vestido de novia caía perfecto sobre el cuerpo de Isabella Parker. La seda blanca abrazaba su figura con elegancia, y frente al espejo, sus ojos verdes brillaban llenos de ilusión.

—Hoy me caso… —susurró, sin poder creerlo.

Todo estaba listo. La iglesia, los invitados… Adrian Collins esperándola al final del altar. O al menos eso creía.

Muy lejos de ahí, Adrian no estaba en la iglesia.

Estaba en un estacionamiento, con el mismo traje de novio… pero con la decisión más fría en su mirada.

—No puedes hacer esto —le dijo Ethan, su mejor amigo.

Adrian no dudó.

—Ya no la amo.

El silencio fue brutal.

—Estoy enamorado de otra persona.

Ethan entendió todo sin necesidad de más palabras.

—La vas a destruir.

Adrian no respondió. Solo sacó un sobre.

—Entrégaselo.

Y se fue.

Se fue de su propia boda.

De la mujer que lo esperaba vestida de blanco.

De una vida que prometió… y que decidió romper.

Horas después, Isabella sostendría esa carta frente a todos.

Y ese día…

NovelToon tiene autorización de Autor lucia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: Lo que quedó de mí

Capítulo 3

El papel temblaba entre sus manos.

Isabella Park apenas podía sostener la carta. Sus dedos estaban fríos, rígidos, como si ya no le pertenecieran, y aun así la mantenían sujeta con una fuerza desesperada, como si soltarla significara aceptar algo que todavía no estaba lista para enfrentar. Su respiración era irregular, entrecortada, y cada intento de inhalar se sentía insuficiente, doloroso… como si el aire se negara a entrar en su pecho.

La música seguía sonando dentro de la iglesia, elegante, perfecta… completamente ajena al desastre que acababa de comenzar.

Sus ojos bajaron lentamente hacia las palabras.

Y empezó a leer.

Al principio no entendió.

Las letras parecían moverse, borrosas por las lágrimas que comenzaban a acumularse. Parpadeó varias veces, intentando enfocarse, intentando convencerse de que estaba malinterpretando todo.

Pero no.

No lo estaba.

Cada palabra era clara.

Fría.

Definitiva.

Y cruel.

El primer sollozo salió sin que pudiera evitarlo.

Pequeño.

Ahogado.

Como si algo dentro de ella se hubiera quebrado apenas lo suficiente para dejar escapar el dolor.

—No… —susurró, negando lentamente con la cabeza—. No… no…

Sus ojos se movían con rapidez sobre el papel, devorando cada línea, como si al terminar pudiera encontrar una explicación diferente… una razón menos dolorosa… una mentira que la salvara.

Pero no había nada de eso.

Solo verdad.

Una verdad que la destrozaba.

Sus labios comenzaron a temblar, y un segundo después… el llanto la golpeó de lleno.

Su cuerpo se dobló ligeramente hacia adelante, sus hombros comenzaron a sacudirse, y un sonido roto, desgarrador, escapó de su garganta. Las lágrimas cayeron sin control, arruinando el maquillaje, manchando el papel, cayendo sobre sus manos, sobre su vestido… sobre todo.

—No… no… —repetía una y otra vez, como si negarlo pudiera cambiar algo.

Pero no podía.

Nada podía.

—Yo… yo hice todo bien… —murmuró entre sollozos, presionando la carta contra su pecho como si eso pudiera devolverle el aire—. Yo lo amaba… yo… yo lo amaba tanto…

Su voz se rompía en cada palabra.

Su pecho dolía.

Le dolía respirar.

Le dolía pensar.

Le dolía existir en ese momento.

—¿Qué hice mal…? —susurró, con la mirada perdida, completamente deshecha—. ¿Por qué no fui suficiente…?

Esa frase cayó como un golpe seco.

Porque no era solo una pregunta.

Era una herida.

Una que nacía desde lo más profundo de ella.

Victoria no pudo soportarlo más. Las lágrimas también caían por su rostro, pero se obligó a moverse, a reaccionar, a no dejarla sola en ese momento. Se acercó rápido, tomando el rostro de Isabella entre sus manos, obligándola a mirarla.

—¡No! —dijo con firmeza, aunque su voz también temblaba—. No digas eso, ¿sí? Escúchame…

Pero Isabella negaba, desesperada.

—Es mi culpa… —insistía, sin poder detenerse—. Si yo hubiera sido mejor… si hubiera hecho algo diferente… él no…

—¡No! —la interrumpió Victoria, con más fuerza, casi suplicando—. No es tu culpa.

Sus ojos estaban rojos, llenos de lágrimas, pero su mirada era firme.

—No es tu culpa que Adrian no sepa valorarte —continuó, con rabia contenida—. No es tu culpa que sea un cobarde… que no tenga el valor de enfrentarte… ¡no es tu culpa que sea un completo idiota!

Pero Isabella ya no escuchaba con claridad.

El dolor era demasiado.

Las palabras se mezclaban.

Su mente estaba atrapada en una sola idea.

No fui suficiente.

Se separó lentamente de Victoria, como si el contacto le doliera.

Su respiración seguía siendo inestable, pero algo había cambiado en su mirada.

Ya no era solo dolor.

Era impulso.

Una necesidad desesperada.

—Isabella… —murmuró Victoria, confundida—. ¿Qué vas a hacer…?

Pero ella no respondió.

No podía.

Porque ni siquiera lo estaba pensando.

Simplemente… necesitaba verlo.

—Victoria, él tiene que explicarme del porqué de su decisión.

—¡No lo hagas, amiga! Él no vale la pena.

—No lo sé, pero quiero escucharlo de su propia boca, si no siento que no podré nunca entenderlo.

Victoria trató de convencerla.

—Es mejor dejarlo así. No te hagas más daño.

Isabella la ignoró por completo.

—¡Tengo derecho a saberlo!

Se giró de golpe, levantando ligeramente su vestido y caminando con pasos apresurados hacia la salida. Los invitados comenzaron a murmurar, sorprendidos, confundidos. Algunos se levantaban ligeramente de sus asientos, otros intercambiaban miradas sin entender nada.

La novia estaba saliendo.

Sola.

Llorando.

Rota.

—¡Isabella! —gritó Victoria, corriendo detrás de ella.

Pero no se detuvo.

Al cruzar las puertas, el aire frío golpeó su rostro húmedo, pero no le importó. Caminó directamente hacia la limosina, abriendo la puerta con torpeza antes de entrar sin esperar ayuda.

El conductor se giró, alarmado.

—Señorita… ¿todo está bien…?

—Lléveme… —dijo ella, con la voz quebrada, apenas audible—. A esta dirección…

Se la dijo como pudo, con dificultad, como si cada palabra pesara demasiado.

El hombre dudó un segundo… pero asintió.

La puerta se cerró.

Y la limosina arrancó.

Desde afuera, Victoria salió corriendo justo a tiempo para ver cómo el auto se alejaba.

Se quedó ahí, inmóvil, con el corazón acelerado, completamente desconcertada.

—¿A dónde…? —susurró.

Dentro del vehículo, Isabella se derrumbó por completo.

Su cuerpo se inclinó hacia adelante, abrazándose a sí misma mientras el llanto la sacudía sin control. La carta seguía en su mano, arrugada, húmeda, casi rota.

Su pecho dolía tanto que parecía que algo dentro de ella se estaba desgarrando.

No fui suficiente…

No fui suficiente…

La frase se repetía una y otra vez en su mente, como un eco cruel que no se detenía.

El trayecto fue largo.

O al menos… así se sintió.

Hasta que finalmente, el auto se detuvo.

—Hemos llegado, señorita… —dijo el conductor con cautela.

Isabella levantó la mirada lentamente.

Y lo vio.

El edificio.

El lugar donde él vivía.

El lugar donde todo… había sido mentira.

Abrió la puerta con manos temblorosas y bajó. Sus tacones golpeaban el suelo de forma irregular mientras caminaba hacia la entrada del edificio, sin pensar, sin detenerse.

Y entonces…

Lo vio.

Adrian.

Su corazón se detuvo.

Pero no estaba solo.

A su lado… había una chica.

Pelirroja.

Hermosa.

Sonriendo con naturalidad… con cercanía.

Como si ese lugar también fuera suyo.

Isabella se quedó paralizada.

No podía moverse.

No podía respirar.

La chica se acercó a la puerta del departamento y la tocó con confianza.

Y cuando se abrió…

No dudó.

Se inclinó hacia Adrian…

Y lo besó.

Un beso real.

Natural.

Íntimo.

Como si no hubiera nada incorrecto en eso.

Como si Isabella nunca hubiera existido.

El golpe fue inmediato.

Brutal.

Irreversible.

Isabella sintió cómo algo dentro de su pecho se rompía por completo. Sus ojos se humedecieron aún más y sus labios comenzaron a temblar.

Adrian salió segundos después, con una maleta en la mano.

No miró alrededor.

No dudó.

No buscó nada.

Ni a nadie.

Simplemente caminó junto a ella.

Como si ya hubiera elegido.

Como si ya hubiera olvidado.

Se subieron a un auto.

Y se fueron.

Sin mirar atrás.

Dejándola ahí.

Sola.

Vacía.

Destrozada.

Las piernas de Isabella dejaron de responder.

Cayó lentamente de rodillas sobre el suelo.

Su vestido blanco se extendió a su alrededor, manchándose, arruinándose… igual que todo lo demás.

Las lágrimas no paraban.

Su llanto era incontrolable.

Desgarrador.

—¿Por qué…? —sollozó, llevando sus manos a su rostro—. ¿Por qué…?

Su voz se rompía en cada palabra.

—Yo te amaba… —susurró, completamente destruida—. Yo… de verdad te amaba…

Pero él ya no estaba.

No quedaba nada.

Solo silencio.

Solo dolor.

Solo ella… recogiendo los pedazos de un amor que nunca fue suficiente.

—¡Te odio, maldito!

Gritó y toda la gente que pasaba se quedaba mirando, pero a ella eso no le importaba.

Aquella joven se encontraba tirada en el piso llorando, era tan lamentable como todos pasaban y nadie la ayudaba.

"Mientras unos gritos y desgarradores lamentos llamaban la atención, había un joven con el cargo de consciencia rondando por su cabeza".

^^^Continuará…^^^

1
Yofaides Figueroa
Scarlett no sabía que había una historia eso la llevo a decidir sin saber que la estaba engañando y que no sabía que estaba pasando engaño a dos mujeres
Olga Nempeque
Excelente, me divertí, llore y reí mucho gracias gravias por transportarnos, Dios te bendiga
Yofaides Figueroa
el jefe sabía la verdad por eso el tramaba ese reencuentro era muy perfecto es saber que algo pasaba Adrián
Valentina Ortiz Acosta
me encantó gracias
Marta Cris
Adriancito tu como siempre un cobarde, estupido e inseguro incapaz de tomar el Toro x los cuernos.
Aurora Hernández
Me encanto por qué cada día me atrapó y sobre todo esos finales de capitulo me llegaban, gracias por esta novela
Aurora Hernández
Adrian sigue sin entender que con sus mentiras está destruyendo a Isabella, Victoria debería decirle todo de una vez
Ninfa Liris Puerta Vergel
cómo que Gabriel se estaba besando con otra, luego no era la tal Irene que le cambiaron el nombre porque empezó siendo Irina ahhhhhh que autor tan mediocre de verdad, lea el contenido de lo que lleva escrito para que siga la coherencia de lo que va a seguir escribiendo 🤨🤨🤨🤨🤨🤨🤨🤨🤨🤨🤨
Aurora Hernández
Gabriel eres un amor 😍, Isabella tiene que recordar todo lo vivido contigo.
Adrian no puede seguir arruinando sus vidas
Ninfa Liris Puerta Vergel
ay no que pereza, la verdad la voy a acabar de leer porque no me gusta dejar nada empezado y porque es corta a ver en qué queda, pero me parece ridículo que un hombre simplemente sea tan promiscuo, no puede dejar quieto eso y luchar por lo que realmente le gusta, simplemente no le gusta tanto, sabiendo por todo lo que ha pasado la otra tonta , yo pensé que iba a esperar un poco, pero ni siquiera había terminado con la novia y ya declarándose a otra y fuera de eso tiene el descaro de decirle que no es igual al imbécil que la dejó plantada en el altar, pero me parece que es igualito nada que envidiarle al otro, 🤨🤨🤨🤨
Ninfa Liris Puerta Vergel
ay no, que estupidez es esta, ya el otro consiguió otra así sin más, menudo gusto, bueno, ni modo, definitivamente está novela define literal al género humano, pero es frustrante porque a mí i me gusta para distraerme no para estar tan ansiosa por una lectura que parece que no tiene ni pies ni cabeza
Ninfa Liris Puerta Vergel
jummm ya era hora que despertara está sonsa, yo quise mucho a alguien pero en menos de 4 meses ya estaba dando la espalda a un pasado doloroso, y sin nadie más que mis hijos a mi lado, lo que no sirve que no estorbe 🧐🧐🧐🧐
Ninfa Liris Puerta Vergel
dicen años y no ha pasado sino un año, y como después de todo lo que la hizo sufrir dice que todavía siente algo, es tonta o que??? solo falta que lo perdone y siga con el como si nada hubiese pasado, en vez de centrarse en su profesión y demostrarle que no la quebró del todo, que recogió sus pedazos y se recompuso 🤨🤨🤨🤨🤨🤨
Aurora Hernández
Gabriel de verdad la ama 🥰
Aurora Hernández
pobre Isabella sigue pagando los errores de Adrián y Gabriel es quien está sufriendo ahora
Ninfa Liris Puerta Vergel
no le tengo confianza a tipos así, empieza muy comedido y luego salen con su cuento
Olga Nempeque
Lo complicado que ahora le van a echar la culpa a Isabella
Irma Rangel
🤣no tienes otros argumentos que mal así Ni como leerte
Ninfa Liris Puerta Vergel
las mujeres no nacimos para ser el tapete de nadie
Ninfa Liris Puerta Vergel
ah no, que falta de coherencia del escritor, y ya ha pasado un año y todavía tan mal, no muy maluco, ya es hora de pasar página y seguir, el mundo sigue girando y uno no puede estancarse por una persona que no vale la pena , estoy que desisto de esta novela , es la única que he leído que la tipa no se repone todavía y se empodera como debe ser
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