Su familia la vendió para saldar una deuda
Adrian Ferraro la compro para cerrar un trato
El contrato decía su nombre, una cifra y una fecha de entrega
No decía que tenia los ojos rotos de tanto llorar
No decía que temblaba como si el aire doliera
Pero negocios son negocios, hasta que él la vio y la toco para entender una cosa
Acababa de comprar su propia perdición y su única regla
#Ella no se toca
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Miedo
Ámbar
La mañana llegó, esta vez el desayuno lo preparo Adrián, así como de nuevo dormimos juntos cada quien de su lado
Salimos con Enzo camino al mercado con la lista y la tarjeta
Compras, verduras, frutas, cosas que veía importantes o simplemente quería probar, Enzo cargando las bolsas
- que te parecen estos limones, Adrián me los pidió
Enzo- son bastantes grandes, tendrán bastante jugo, señora
- perfectos, hace tiempo no iba de compras y me sentía tan bien
Después de seleccionar los limones Enzo cargo las compras en el coche
- Enzo unas paletas- digo señalando el puesto
Enzo- claro, señora, de que la quiere
- veamos qué sabores tienen
Nos acercamos- buenas, qué sabores de paletas tienen
Vendedor- las que cobran deudas y mandan avisos
No entiendo, un golpe se escucha y veo a Enzo caer con sangre en la cabeza, uno me supera de la cintura y manda algo a mi boca, algo que me hace perder los sentidos
Adrián
📱- como lo oyes
Erick- pobre, al parecer su madre le pinto la vida de esa manera
- en fin, logre que entendiera qué vale por ser mi esposa y que no debe pagarme por lo que le doy
Erick- tenle paciencia, no sabemos que tanto vivió en esa casa
- dijo que vengas a vivir aquí, ella está bien
Erick- crees que no quisiera a su hermano con ella
- lo tendría que preguntar, por lo pronto pidió por su antiguo chofer lo mande buscar para hablar con él, cuando regresas
Erick- tres días, tal vez cuatro, quiero dejar todo arreglado aquí
- perfecto- el celular timbra- es Enzo después hablamos, cuídate📱
📱- Enzo dime
Enzo- señor fue un descuido se lo juró
- qué paso
Enzo- nos acercamos a comprar paletas, me golpearon al despertar la señora no está, solo una nota
- que dice
Enzo- la intocable se mancha
- ve que te revisen, yo voy por ella📱
Agarro el arma, la cargó
- se metieron con mi Intocable y nadie toca lo que es mío
Ámbar
Comienzo a despertar, alrededor gira, no puedo moverme, estoy atada a una silla, mordaza en la boca, huele a pescado podrido y óxido, cuando logro abrir bien mis ojos tengo frente a mí a tres hombres
El más alto de ellos se acerca, se agacha a mi lado y pasa su mano por mi mejilla, siento mi respiración al máximo
—Así que esta es La Intocable de Ferraro —lo dice como un chiste— No parece tan intocable ahora, ¿eh, principessa?
El segundo se rió y sacó una pistola, no me apunta, solo la arrastra por mi brazo, subiendo lento, hasta quedar en uno de mis pechos
—El jefe dijo que le mandáramos un mensaje a Ferraro —dijo el del arma, apoyándome el cañón bajo la barbilla— Un mensaje que no olvide
El tercero se acercó por detrás, me olió el pelo, cierró los ojos, el pánico es un monstruo conocido, el mismo que sentía antes de que Adrian apareciera en mi vida, el mismo que le tenía a las armas.
—No llores, linda —susurró el alto, desabrochándose el cinturón— Ferraro no está, y cuando terminemos, nadie va a querer tocar lo que quede de ti
El del arma se agacha a mi frente, el arma sube de a poco por mi muslo en camino a mí entre piernas, el de atrás acaricia mi mejilla, el otro agachado desciende la mano camino a mi pecho
El sonido de la puerta me hizo abrir los ojos, No fue una patada, fue una ráfaga de balas que convirtió la madera en astillas, Adrián por ella, rápido, preciso
Adrián
Entro viendo a Ámbar atada, temblando, asustada, el del arma gira hacia mi, No llega a apuntar, el disparo qué le doy le atravesó la muñeca, el arma y tres dedos cayeron al piso antes que el grito.
El segundo hombre se lanzó sobre Ámbar, usándola de escudo, no dudó, tiro el cuchillo por el aire y se clava en el ojo del tipo, cae hacia atrás, muerto antes de tocar el suelo, sin rozar a Ámbar.
El alto, que estaba atras, corrió a la puerta trasera.
- Regla número uno -digo con voz baja cortando el aire denso
Levantó la Glock, No apuntó a la cabeza, apuntó a las piernas y disparo dos veces, Ambas rodillas estalla, el hombre cae aullando, caminó hacia él, pasando por encima del segundo cadáver sin mirarlo, pisó la mano sana del hombre que llora en el piso.
-¿La tocaste? -preguntó Agachándome, casi amable- ¿Con tus manos de mierda, la tocaste?
El hombre niega, babeando de dolor. -¡N-no! ¡Te juro que no! ¡Solo... solo hablamos!
Ladeó la cabeza, lo scuchó, luego le sonrió, la sonrisa que hace que mis hombres me teman
- Mentís- susurró, le hundo el cuchillo en la mano, clavándola al piso de concreto- Ella no se toca, ni con palabras, ni con miradas, ni con el aire que respirás.
Me levantó y por fin miró a Ámbar, tiembla, No por el frío, no por los muertos, por las armas, el olor a pólvora, los disparos, el metal, la están devolviendo a todas las noches antes que llegara a su vida
Veo el terror, suelto la Glock, cae al piso con un golpe sordo, luego el cuchillo.
Me acercó a ella con las manos vacías, abiertas, desarmado, me arrodilló frente a la silla, no la desató todavía, primero tengo que desatar el miedo que siente o me temera
-Bambina, mírame -ordenó suave- Solo a mí, no las armas, no la sangre, a mí.
Ámbar lo hace con esfuerzo, las lágrimas le corren sucias por la cara.
- Se acabó -le juró- Nadie vuelve a ponerte un arma encima, nadie.
Cortó las cuerdas con una navaja pequeña que saco de la bota, en cuanto se siente libre, Ámbar se encoge haciéndose bolita en la silla, abrazando sus propias rodillas, no me teme a mí, teme mi alrededor, me quitó la camisa manchada y la envuelvo a ella, huele a mí, a casa
- Lo sé- digo apoyando mi frente contra su rodilla, no la tocó más para no asustarla- Lo sé, Ámbar, las odio yo también ahora.
La alzo en brazos, ella esconde la cara en mi cuello, lejos de los cuerpos, lejos de las armas.
Salimos del almacén, afuera, diez de mis hombres esperan, el suelo está regado de Vitellis.
-Quemen todo, Con ellos adentro, que no quede ni el nombre.
Subo al coche, Ámbar en mi regazo escondida y acurrucada
Ámbar- Dijeron... dijeron que nadie me iba a querer tocar después- dice con un hilo de voz
La apretó más contra mí, Le besó el pelo, la frente, la sien
- Entonces son más estúpidos de lo que pensé- gruñó contra su frente- Porque yo voy a pasarme el resto de mi vida queriendo tocarte, Pero solo cuando vos me dejes, cuando le pierdas el miedo a mis manos, no a mis armas.
La veo calmarse, cierra los ojos, respira más tranquila, más calmada