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La esposa que despreciaste Ahora es capitana

La esposa que despreciaste Ahora es capitana

Status: Terminada
Genre:Oficina / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:925
Nilai: 5
nombre de autor: Rere ernie

Catalina lo dio todo por su matrimonio: su carrera como piloto, su juventud, su orgullo. Seis años dedicada a ser la esposa perfecta mientras Adrián, el hombre por quien abandonó el cielo, la humillaba a sus espaldas con otra mujer.

"Me da asco con solo mirarla."

Esas fueron las palabras que escuchó aquella noche en el estacionamiento del aeropuerto. Pero en lugar de derrumbarse, Catalina tomó una decisión: recuperar todo lo que sacrificó.

Con un divorcio a cuestas y un hijo pequeño como única compañía, vuelve a la academia de aviación decidida a reconquistar su lugar en la cabina de mando. Nadie le facilita el camino. Los instructores dudan de ella, los compañeros la subestiman y su ex hace lo imposible por sabotearla. Pero Catalina no es la misma mujer que se fue seis años atrás.

Y hay alguien que lo nota.

César es cinco años menor, heredero de la aerolínea más importante del país, y el único que aplaudió cuando ella completó la simulación más difícil de la academia. Su regla es simple: "Nunca le cortaría las alas a una mujer que nació para volar."

Mientras Catalina asciende, Adrián cae. Y la mujer que él despreció se convierte en la capitana que todos admiran.

NovelToon tiene autorización de Rere ernie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

El hombre que había estado observando a Catalina se encontraba de pie en el balcón del segundo piso; desde ahí la vio caminar hacia el área de simulación.

Alguien se detuvo detrás de él.

—Interesante, ¿no? Es raro que alguien regrese después de seis años fuera.

—No es alguien común —respondió el hombre, que se llamaba César.

Su compañero insistió.

—¿La conoces?

César negó con la cabeza, pero su mirada seguía los pasos de Catalina allá abajo. Entonces esbozó una sonrisa leve.

—Solo intuyo una cosa: esa mujer... va a revolucionar este lugar.

El área de simulación de vuelo se encontraba en la parte trasera de la academia. El edificio era grande; la mayor parte de sus paredes eran de vidrio grueso que reflejaba la luz del sol matutino.

Varios cadetes ya estaban reunidos ahí. En cuanto Catalina llegó, los murmullos volvieron a escucharse.

—¿De verdad va a presentar la prueba?

—¿Seis años sin volar, en serio?

—¡Bah! Seguro solo quiere llamar la atención.

Catalina no respondió; caminó con calma hacia la mesa del instructor. El hombre que la había recibido antes en la oficina de administración estaba ahí de pie, sosteniendo una tableta.

—Simulación de Airbus A320, situación de emergencia —dijo el hombre de forma escueta, y luego miró a Catalina con expresión impasible—. ¿Todavía recuerdas los procedimientos?

—Sí —respondió Catalina sin vacilar.

Algunos cadetes soltaron risitas.

—¡Qué segura de sí misma!

—Si fallas, esto se acabó —advirtió el instructor sin sonreír.

—Entendido —respondió Catalina con brevedad.

Caminó hacia la sala del simulador; en cuanto la puerta automática se abrió, el aroma a maquinaria y electrónica la envolvió de inmediato. En el interior se erguía un simulador de cabina de gran tamaño, una réplica casi perfecta de una cabina de avión real. El panel de control estaba repleto de botones, pantallas digitales y luces indicadoras que parpadeaban tenuemente.

Catalina se detuvo unos segundos frente a la entrada; su mano rozó el costado del simulador. Durante seis años no había tocado nada de aquello. Sin embargo, en lugar de sentirse torpe, algo despertó en su pecho. Un sentimiento antiguo que había reprimido todo ese tiempo: nostalgia y adrenalina.

Catalina subió al asiento del piloto sin decir una palabra, se colocó los auriculares y ajustó el asiento un poco hacia adelante. Sus manos se movieron de inmediato sobre el panel, verificando varios botones por reflejo. Sus movimientos eran demasiado ágiles para alguien que había dejado de volar durante seis años.

El instructor se paró detrás de Catalina con los brazos cruzados.

—¡Bien! Simulación en tres... dos... uno...

La pantalla principal de la cabina cambió de golpe; apareció una pista de despegue. La aeronave virtual estaba en posición lista para el despegue.

Afuera de la sala, los cadetes observaban a través del vidrio.

—En cinco minutos entra en pánico, ya verán.

—Con una sola falla de motor se rinde.

Pero dentro de la cabina, Catalina ya tenía la mano en la palanca de potencia.

—Power set —indicó el instructor.

Los motores de la aeronave virtual rugieron y el avión comenzó a deslizarse por la pista.

—Speed alive.

La aguja del indicador fue subiendo.

—V1... rotate.

La aeronave de simulación se elevó de la pista.

Afuera, los murmullos fueron apagándose.

Los movimientos de Catalina eran estables; sus manos no temblaban y no había el menor gesto de pánico. El instructor presionó varios botones en el panel de control trasero. Un instante después sonó una alarma y una luz roja se encendió en la cabina.

FALLA DE MOTOR.

Uno de los motores se apagó; la aeronave de simulación se inclinó bruscamente hacia la derecha.

—¡Ahí empezó! ¡Ahora vamos a ver! —exclamaron varios cadetes.

Dentro de la sala, Catalina no reaccionó con pánico. Sus ojos se mantuvieron fijos en el panel.

—Engine one failure confirmed.

Las manos de Catalina se movieron con rapidez; estabilizó los controles de la aeronave.

—Maintaining heading.

La aeronave se fue nivelando poco a poco. El instructor no dijo nada, pero sus ojos se entornaron ligeramente. Varias luces de advertencia se encendieron al mismo tiempo.

ALERTA DE SISTEMA HIDRÁULICO.

La aeronave de simulación volvió a sacudirse; todos los que observaban se tensaron.

Uno de los cadetes que miraba tragó saliva.

—Es una combinación muy difícil...

Pero dentro de la cabina, Catalina lucía cada vez más concentrada.

—Switching to backup system.

Clic... Clic... Clic...

Sus manos se movieron con velocidad, pulsando botones; unos segundos después, la aeronave volvió a estabilizarse.

La sala de control quedó en silencio. Ya nadie se reía; ni siquiera alguien se atrevía a burlarse. Solo se escuchaba el sonido del motor de simulación. Unos minutos después, la simulación terminó. La pantalla volvió a oscurecerse y el motor se detuvo.

Catalina se quitó los auriculares y se puso de pie. No se veía aliviada ni tampoco orgullosa, como si todo aquello fuera algo rutinario.

—Todavía recuerdas todo —dijo el instructor mirando a Catalina de una manera diferente; su expresión seguía siendo impasible, pero el tono de su voz cambió levemente al hablar.

Catalina bajó del asiento de la cabina.

—Sí, no lo he olvidado.

Se dirigió hacia la puerta de salida, pero antes de que se abriera por completo, se escuchó un aplauso pausado desde un costado de la sala exterior. Todos voltearon; ahí estaba César de pie. Y era el único que aplaudía. Su mirada estaba fija en Catalina, serena pero llena de curiosidad.

—Nada mal —dijo César con tono desenfadado.

Varios cadetes se miraron entre sí; después de una simulación tan difícil como aquella... ¿César solo decía "nada mal"?

Catalina también volteó y alzó una ceja.

—¿Nada mal?

César esbozó una sonrisa leve.

—Para alguien que supuestamente lleva seis años sin volar.

Catalina miró al hombre con intensidad y luego habló de nuevo.

—Si crees que solo fue "nada mal", puedes intentarlo tú.

Varios cadetes contuvieron la respiración al instante; era muy osado hablarle así.

Sin embargo, César no pareció ofenderse; al contrario, soltó una risa suave.

—Tal vez después.

El hombre se acercó con paso tranquilo y se detuvo a un paso de distancia frente a Catalina.

—Me llamo... César —dijo, y extendió la mano.

Catalina no aceptó el saludo.

—No pregunté.

César volvió a reír por lo bajo, retiró la mano y la metió en el bolsillo del pantalón.

—Tienes razón, pero vamos a coincidir seguido aquí. Así que... solo quería que nos conociéramos.

Sus miradas se cruzaron.

—No es seguro que volvamos a coincidir —respondió Catalina con sequedad.

La mujer se dio la vuelta y se alejó de la sala de simulación. Pero antes de que se hubiera ido demasiado lejos, la voz de César se escuchó de nuevo a sus espaldas.

—Por cierto, si ese fue tu desempeño después de seis años sin volar... me pregunto cómo volabas cuando todavía estabas en activo.

Catalina se detuvo y giró la cabeza ligeramente.

—Un poco mejor que ahora.

Tras decir aquello, retomó su camino y se marchó de la sala.

César seguía de pie en su lugar cuando alguien se paró a su lado: su compañero de antes. Cruzó los brazos mientras miraba la puerta por la que Catalina se había ido.

—Tenías razón, parece que esta academia se va a agitar por ella.

César no respondió; solo esbozó una sonrisa discreta.

Mientras tanto, Catalina no se había dado cuenta de que acababa de captar la atención de un piloto que a la vez era el heredero de la aerolínea más grande del país. Y el cielo que Catalina había abandonado comenzaba a abrirle el camino de regreso.

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