En mi vida pasada, fui humillada, golpeada y obligada a soportarlo todo por el hombre que amaba: mi esposo, el Rey. Perdí a mis hijos por su culpa y, cuando dejó de necesitarme, me ejecutó para convertir a su concubina en Reina.
Pero regresé al pasado.
Ahora, él es solo mi prometido: el príncipe heredero. Y esta vez no seré la prometida ni la esposa obediente que todos esperan.
No seguiré las reglas de mi familia, de la sociedad… ni las suyas.
Si en mi primera vida fui la víctima, en esta seré la villana de sus pesadillas.
—¡Desaparezcan de mi vista, escorias!
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CAPÍTULO 6 — Convenciendo A Mi Hermano
Mientras viajaba en el carruaje, permanecí junto a la ventana, contemplando distraídamente el paisaje mientras mis pensamientos se agolpaban en mi cabeza.
Debo encontrar la forma de ir a la Torre Mágica.
Mis dedos se cerraron lentamente sobre la tela de mi vestido.
Si busco entre los libros, seguramente encontraré una respuesta...
Fruncí el ceño.
No.
Sacudí ligeramente la cabeza.
¡No! Es mejor que vaya directamente con él...
Pero inmediatamente apareció otro problema.
¿Cómo podía llegar hasta allí?
Una niña de diez años no podía presentarse por su cuenta en un lugar reservado para los magos.
La Torre Mágica no era una biblioteca cualquiera.
Era uno de los lugares más importantes del reino.
El acceso estaba restringido incluso para muchos nobles.
Entonces...
Una idea apareció en mi mente.
Mis ojos se iluminaron.
Roderick.
Mi hermano mayor tenía talento mágico.
Si conseguía que él me llevara...
Sonreí.
No se negará.
Después de todo, yo era su hermana pequeña.
Y Roderick siempre me consentía.
................
Al llegar a la mansión, después del desayuno, todos tomaron caminos diferentes para ocuparse de sus respectivos deberes.
Mi padre se dirigió a sus asuntos como duque.
Mi madre tenía sus propias obligaciones.
Gideon desapareció junto a sus tutores.
Y Roderick comenzó con su rutina habitual.
Yo, en cambio...
Lo seguí.
En silencio.
Muy cerca.
Primero lo acompañé a sus clases de sucesión.
Después a sus clases de magia con su maestro privado.
Más tarde lo seguí por los jardines.
Y luego por los corredores.
Roderick comenzó a mirarme de reojo cada cierto tiempo.
Pero no dijo nada.
Yo tampoco.
Simplemente continué caminando detrás de él.
Hasta que llegó la noche.
Los pasillos estaban casi vacíos.
Las luces mágicas iluminaban suavemente las paredes mientras caminábamos uno al lado del otro.
Entonces Roderick se detuvo.
Yo también.
Él se giró lentamente hacia mí.
Me observó durante unos segundos.
—Isolde...
—¿Sí?
Roderick suspiró.
—¿Por qué me sigues siguiendo?
Parpadeé inocentemente.
—¿Seguirte?
—Sí.
Se cruzó de brazos.
—Ya te he dado todos mis caramelos.
Inflé las mejillas.
—No quiero caramelos.
—¿Entonces qué quieres?
No respondí.
Simplemente levanté ambos brazos hacia él.
Roderick me miró.
—¿Qué?
Continué con los brazos extendidos.
Finalmente soltó un suspiro resignado.
—Está bien...
Una sonrisa apareció en su rostro.
Se inclinó y me cargó.
Rodeé su cuello con mis pequeños brazos.
Era extraño.
En mi primera vida, aunque siempre habíamos sido unidos...
Nunca habíamos tenido momentos como aquel.
Nunca había abrazado a mi hermano.
Nunca tuvimos suficiente tiempo.
Mi garganta se cerró.
Esta vez será diferente.
No permitiría que muera.
No permitiría que aquel accidente se llevara a mi hermano.
Apoyé la cabeza sobre su hombro.
Y, mientras caminábamos, susurré:
—Hermano...
—¿Sí?
—¿Podemos ir a la Torre de los Magos?
Roderick se detuvo en seco.
—¿Qué?
Levantó ligeramente las cejas.
—¿Para qué quieres ir?
Me separé un poco para poder mirarlo.
Antes de que pudiera responder, me dio un pequeño golpecito en la nariz.
Antes de que pudiera responder, me dio un pequeño golpecito en la nariz.
—Además, aunque queramos, no podemos ir.
—¿Por qué?
—Porque, a diferencia de la Catedral Potenvia, donde cualquiera puede entrar para realizar el examen, en la Torre Mágica solo tienen acceso los magos de élite.
Hizo una pausa.
—No es un lugar para niños.
Me quedé pensativa.
Entonces recordé algo.
—Pero nosotros somos sobrinos del rey.
Roderick me miró.
—¿Y?
—Nuestra madre es la hermana pequeña del rey.
Sonreí.
—Seguro que nos dejan entrar.
Roderick soltó una pequeña risa.
Luego me dio otro golpecito.
Esta vez en la frente.
—Eso no significa que podamos entrar donde queramos.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué tanto interés en ir a la Torre Mágica, Isolde?
Diablos.
Había sido demasiado obvia.
Mi mente comenzó a buscar rápidamente una respuesta.
¿Qué puedo decir?
No podía contarle que había visto una energía extraña en la piedra.
Mucho menos que había vivido una vida anterior.
Necesitaba una excusa.
Entonces...
Una idea apareció.
Me acurruqué contra su pecho.
Bajé la mirada.
Y puse mi mejor expresión de tristeza.
—Hermanito...
Roderick se tensó.
—¿Sí?
Levanté lentamente los ojos hacia él.
—¿Mi curiosidad te hizo enojar?
Mi voz se volvió pequeña y temblorosa.
—¿Isolde fue una mala niña?
Roderick abrió mucho los ojos.
—¡No!
La culpa apareció inmediatamente en su rostro.
—¡Para nada!
Me abrazó con más fuerza.
—Isolde es la niña más buena del mundo.
Lo miré.
—¿En serio?
—Claro que sí.
—Entonces...
Puse una expresión todavía más lamentable.
—¿Por qué mi hermano no quiere llevarme a conocer la Torre Mágica?
Roderick suspiró.
Podía ver claramente que estaba perdiendo la batalla.
—Está bien.
Mis ojos se iluminaron.
—¿De verdad?
—Hablaré con padre.
—¡Sí!
Roderick sonrió.
—Le diré que iremos al palacio real con la excusa de que quieres jugar con el príncipe heredero.
Al escuchar aquellas palabras...
Mi sonrisa desapareció durante una fracción de segundo.
El príncipe heredero.
Leorian Draven.
La sangre me hirvió.
Solo escuchar su nombre hacía que recuerdos que creía enterrados regresaran a mi mente.
No sé cómo voy a reaccionar cuando vuelva a verlo.
Después de todo...
Ahora tenía diez años.
Él también era todavía un niño.
Pero yo recordaba perfectamente al hombre en el que se convertiría.
Mis dedos se cerraron ligeramente sobre la ropa de Roderick.
Pero inmediatamente cambié mis pensamientos.
No importa.
Si Roderick conseguía el permiso...
Valdría la pena.
Roderick continuó:
—Y aprovecharemos para pedirle al tío, el rey, un permiso especial para acceder a la Torre Mágica.
Lo miré fijamente.
Después sonreí.
—¡Gracias, Hermano!
Lo abracé con todas mis fuerzas.
Roderick permaneció inmóvil durante unos segundos.
Parecía haber recibido una flecha imaginaria directamente en el corazón.
—Ugh...
Se llevó una mano al pecho.
—Demasiada ternura...
Me reí.
Finalmente, Roderick me correspondió el abrazo.
—Está bien, está bien.
Me acarició el cabello.
—Te llevaré.
................
Más tarde, Roderick me llevó hasta mi habitación.
Me acomodó cuidadosamente en la cama.
—¿Quieres que me quede un rato?
Asentí.
—¿Puedes contarme un cuento?
—Si.
Se sentó junto a mi cama y comenzó a contarme una historia.
Su voz era tranquila.
Poco a poco, mis párpados comenzaron a pesarme.
El cansancio finalmente venció a mi mente.
Antes de quedarme completamente dormida, murmuré:
—Te quiero mucho, Roderick...
Mi hermano guardó silencio durante unos segundos.
Después sonrió.
—Yo también te quiero, Isolde.
Se inclinó y depositó un suave beso sobre mi frente.
—Duerme bien.
Con un pequeño movimiento de su mano, utilizó su magia.
Las velas mágicas de la habitación se apagaron una tras otra.
La estancia quedó sumida en una agradable oscuridad.
Roderick salió silenciosamente y cerró la puerta detrás de él.
................
La habitación permaneció en silencio.
Isolde dormía profundamente.
Su respiración era tranquila.
Entonces...
Una presencia apareció junto a la cama.
gracias 😍😍❤️❤️❤️