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El Hombre Que No Conocí En París

El Hombre Que No Conocí En París

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:22.1k
Nilai: 5
nombre de autor: N. Garzón

Valentina Montenegro tenía una vida perfecta en París, hasta que una noche se dejó llevar por un desconocido que le robó el corazón… y desapareció a la mañana siguiente.

Meses después, tras sobrevivir a un atentado, su padre la obliga a regresar al país y le asigna un escolta.

Gael Santoro.

El hombre que Valentina reconoce como aquel desconocido de París.

Solo hay un problema:

Gael nunca estuvo en París.

Ahora, escondida en una finca que guarda más secretos de los que imagina, Valentina tendrá que convivir con el hombre que asegura no conocerla.

Pero mientras intenta descubrir quién le mintió aquella noche, podría terminar enamorándose del hombre equivocado… otra vez.

NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 9

Valentina

Llegamos a la finca cerca de la medianoche.

El camino había sido silencioso. Yo apenas había hablado durante el trayecto; todavía intentaba procesar lo que había ocurrido en el apartamento.

Otra vez habían intentado matarme.

Y otra vez Gael había conseguido sacarme con vida.

Cuando la camioneta se detuvo frente a la finca, Gael bajó primero y miró alrededor antes de abrirme la puerta.

—Ven.

—¿No podemos entrar por la puerta principal?

—No.

—¿Por qué?

—Porque no quiero que todos se despierten y sepan lo que ocurrió.

Me quedé callada.

Tenía sentido.

Gael me condujo por una entrada lateral de la casa, lejos de las áreas donde dormían los trabajadores. Subimos directamente a la habitación que me había asignado.

Una vez dentro, cerró la puerta.

—Siéntate.

—Estoy bien.

—Valentina.

—Está bien.

Me senté sobre la cama.

Gael fue por un botiquín y regresó unos minutos después.

Se arrodilló frente a mí y comenzó a revisar la herida de mi brazo.

Sus movimientos eran cuidadosos.

Demasiado cuidadosos para alguien que siempre parecía estar de mal humor.

—No parece profunda —dijo—, pero debemos mantenerla limpia.

—Perfecto.

Me miró.

—No tendrás una cicatriz importante.

—¿Estás seguro?

—Sí.

Limpió la herida con delicadeza.

No pude evitar observarlo.

Había algo extraño en sus manos.

Eran manos grandes, ásperas, acostumbradas al trabajo, pero cuando tocaba una herida parecía saber exactamente cuánto presionar.

—Tienes experiencia —comenté.

—Un poco.

—¿Un poco?

—Lo suficiente.

No insistí.

Terminó de vendarme y salió de la habitación.

Regresó poco después con hielo envuelto en una toalla.

—Esto ayudará con la inflamación.

Lo colocó alrededor de mi brazo sin tocar directamente la herida.

—Gracias.

—Sé que será difícil, pero mañana debes hacer las actividades con normalidad. Empiezas a las ocho.

Lo miré.

—¿Después de lo que pasó hoy?

—Precisamente por eso.

—¿No sería más lógico que descansara?

—Lo difícil no es trabajar. Lo difícil es que alguien te reconozca.

Suspiré.

—Está bien. Comprendo.

Gael se levantó.

—En la ciudad te conoce todo el mundo. Sé que tu carrera es importante para ti, pero tu vida es más importante.

Bajé la mirada.

—Lo sé.

Hubo un pequeño silencio.

—Gracias.

Él asintió.

—Descansa.

—Tú también... Gael

Se detuvo en la puerta.

—¿Sí?

Lo miré.

—Gracias por salvarme otra vez.

Su expresión cambió.

—No vayas a decir que es mi trabajo —añadí—. Por favor.

Una sonrisa pequeña apareció en sus labios.

—De nada.

Sonreí.

Gael salió y cerró la puerta.

Y esa noche dormí bastante bien.

---

A las cinco de la mañana desperté.

No porque quisiera.

Porque mi cerebro decidió recordarme que mi vida se había convertido en un completo desastre.

Tomé el teléfono y llamé a mi padre.

Contestó casi inmediatamente.

—¿Valentina?

—Hola, papá.

—¿Estás a salvo?

Su voz sonaba preocupada.

—Sí.

—Gael me dijo que estabas durmiendo cuando me reportó lo ocurrido.

—Estoy bien. Solo me duele un poco el brazo.

Hubo un silencio.

—Tienes que dejar tu carrera a un lado por un tiempo.

Cerré los ojos.

Sabía que iba a decirlo.

—Papá...

—Con nosotros no te faltará nada. Puedes quedarte aquí, descansar y dejar que solucionemos esto.

—Lo sé.

—Primero está tu seguridad.

—Lo sé, papá.

Colgamos.

Me quedé mirando el teléfono.

Y entonces lloré.

No quería depender de mis padres.

Había trabajado demasiado para construir mi carrera.

En esa industria, si desapareces demasiado tiempo, alguien ocupa tu lugar.

Y si desapareces para siempre...

significa la muerte de tus sueños.

No quería que eso me pasara.

---

A las ocho estaba intentando concentrarme en mis labores cuando apareció Jessi.

—¿Viajaste con Gael?

La miré.

—Sí. ¿Por qué?

Su expresión cambió inmediatamente.

—¡Tú sabes cuánto me gusta!

Tuve que contener la risa.

—Jessi, no te hagas películas.

—¿Y por qué llegaste con él a medianoche?

—Por un asunto médico.

—¿Te acostaste con él?

—¡No!

Abrí los ojos.

—¿Cómo se te ocurre?

—Solo preguntaba.

—Pues deja de preguntar cosas tan absurdas.

—Entonces, ¿qué asunto médico?

La miré fijamente.

—Uno pulmonar.

—¿Pulmonar?

—Sí.

Jessi me observó con sospecha.

—¿Y por qué te duele el brazo?

—Porque cuando duelen los pulmones, porque no puedes respirar, duele la espalda y limita el movimiento.

Ella frunció el ceño.

—Eso no suena cierto.

—No soy médica.

Jessi soltó una carcajada.

—Eres terrible.

Continué con mi trabajo.

Un rato después escuché una voz detrás de mí.

—Valentina.

Me giré.

Gael estaba a unos metros.

Jessi prácticamente se enderezó como si hubiera recibido una descarga eléctrica.

Gael ni siquiera la miró.

—Salúdala —le dije.

—¿A quién?

—A Jessi.

Él finalmente miró alrededor.

—No la vi.

Tuve que morderme el labio para no reír.

La cara de Jessi era un poema.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Gael.

—Bien.

—¿Segura?

—Sí.

Me observó unos segundos.

—¿Y por qué lloraste?

La pregunta me tomó desprevenida.

—¿Cómo sabes que lloré?

—Tus ojos.

suspiré, tenía que ser observador

—Por todo lo que está pasando.

Su expresión se suavizó.

—Estarás bien.

Lo miré.

Gael estaba apoyado contra una cerca del corral, con los antebrazos descansando sobre ella y una rodilla ligeramente flexionada.

Observaba a los vaqueros mientras arriaban el ganado.

No sé si era la luz de la mañana, el cansancio o algún extraño efecto Florence Nightingale...

pero se veía bien.

Demasiado bien.

—¿Qué? —preguntó.

—Nada.

—Me estás mirando.

—Solo que te ves concentrado.

—El ganado es importante.

—¿Por qué?

—Los animales también se estresan. Si están alterados, pueden lastimarse.

Asentí.

—Interesante.

—¿Ya terminaste de observarme?

—No estaba observándote.

—Claro.

Sonreí.

—Iré a terminar mis labores.

—Dime cualquier cosa que necesites.

—Gracias.

---

Al terminar mi jornada, noté algo que no había visto los días anteriores.

Había más personal en la finca.

Algunos hombres parecían vaqueros.

Otros no.

Vestían de manera sencilla y se movían con naturalidad entre los trabajadores, pero había algo en ellos que no encajaba.

No parecían trabajadores comunes.

Tal vez estaba paranoica.

Después de lo ocurrido, probablemente veía amenazas hasta en las gallinas.

Me senté en la terraza.

La tarde era preciosa.

El cielo comenzaba a teñirse de naranja cuando Gael apareció.

—Te ven como extraña.

Lo miré.

—¿Quiénes?

—Los trabajadores.

—Tengo entendido que solo tú subes a este nivel.

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque es mi espacio.

Lo observé.

Aquella respuesta me dejó pensando.

La finca era enorme.

Segura.

Demasiado organizada para pertenecer a un simple trabajador.

—Los nuevos guardias son eficientes —comenté.

—Parece que sí.

Lo miré.

—¿Cómo que parece que sí?

Gael se encogió de hombros.

—Nadie es perfecto. Además, no todos los escogimos mi hermano o yo.

—¿Tienes un hermano?

—Sí.

—¿Cómo se llama?

—Thiago.

—¿Es mayor o menor?

—Menor.

—¿Y es como tú?

Gael soltó una risa.

—Espero que no.

—Entonces debe ser más simpático.

—Probablemente.

Sonreí.

—¿Cuándo lo conoceré?

—Pronto.

—¿Él también trabaja aquí?

—Me ayuda con algunas cosas.

—¿Qué cosas?

Gael me miró.

—Las que necesito.

—Eres desesperante.

—Me lo han dicho.

Volví a mirar el atardecer.

—Me cuidará cuando tú no puedas.

—Sí.

—Gracias.

Hubo un silencio cómodo entre nosotros.

—¿Cómo te sientes? —preguntó.

—Mejor.

Respiré profundamente.

—Solo que no quiero depender de mis padres.

Gael se quedó callado unos segundos.

—Te entiendo.

—¿Te han controlado alguna vez?

Su mirada permaneció fija en el horizonte.

—Ni te imaginas.

Lo miré.

Esta vez me observó más de lo normal.

Fue apenas un segundo.

Pero fue suficiente para hacerme sentir algo extraño en el pecho.

Aparté la mirada.

—Supongo que todos tenemos cosas que no queremos contar.

—Supongo.

Ninguno volvió a hablar.

Nos quedamos mirando cómo desaparecía el sol detrás de las montañas.

Por primera vez desde que había regresado, sentí que aquel lugar no era solamente una prisión.

Quizá podía convertirse en un refugio.

Aunque todavía no sabía de quién necesitaba protegerme realmente.

---

A la mañana siguiente, Gael me encontró antes de comenzar mis labores.

—Tengo que salir.

—¿A dónde?

—A resolver algunas cosas.

—¿Y yo?

—Te quedas aquí.

—Qué sorpresa.

Ignoró mi comentario.

—Mi hermano llegará en cualquier momento.

—¿Thiago?

—Sí.

—¿Cómo sabré quién es?

—Tal vez no lo notes.

Fruncí el ceño.

—¿Cómo que tal vez no lo note?

Gael sonrió apenas.

—Es bueno pasando desapercibido.

—Eso suena sospechoso.

—Solo no te preocupes.

Tomó sus llaves.

—Si necesitas algo, Martha sabe dónde encontrarme.

—Está bien.

Gael caminó hacia la salida.

Antes de irse, se volvió.

—Y Valentina...

—¿Sí?

—No salgas de la finca.

—¿Por seguridad?

—Por seguridad.

Asentí.

—Lo prometo.

Lo vi alejarse.

No sabía por qué, pero aquella última advertencia se quedó dando vueltas en mi cabeza.

Mi hermano llegará en cualquier momento.

1
Francisca Letycia MirandaGarcia
excelente historia gracias por su tiempo
Francisca Letycia MirandaGarcia
Augusto lo quiso matar y logró escapar
Francisca Letycia MirandaGarcia
solo hay una explicación no es su hija, pero la madre tampoco ha dicho lo contrario
Francisca Letycia MirandaGarcia
pobre Gael ahora que está embarazada Valentina
Francisca Letycia MirandaGarcia
ya le están dando muchas vueltas al asunto y nada que se sabe de la verdad
Francisca Letycia MirandaGarcia
sería Alejandra la de los mensajes
Francisca Letycia MirandaGarcia
aparte de avaricioso, asesino
Francisca Letycia MirandaGarcia
que extraño es Augusto que estará tramando
Francisca Letycia MirandaGarcia
que hombre, hay que tenerlos bien puestos para aceptar una verdad así
Francisca Letycia MirandaGarcia
para mí que la zorrita le dijo lo de Thiago, y ella debió hablar antes de meterse con él
Francisca Letycia MirandaGarcia
me pregunto si su madre ya se dió cuenta habemos mujeres que no somos tan estupidas
Francisca Letycia MirandaGarcia
algo me dice que Valentina no es su hija y el hombre que anda rondando el tal ruso tiene que ver con su verdadera familia
Francisca Letycia MirandaGarcia
todo es un misterio
Francisca Letycia MirandaGarcia
por eso el padre tiene esa propiedad y que le harían al padre de ellos
Francisca Letycia MirandaGarcia
pq la quiere destruir Alejandra o a quien está ayudando
Francisca Letycia MirandaGarcia
el viejo tiene amante y es Alejandra
Francisca Letycia MirandaGarcia
con que tranquilidad lo tomo Thiago, pero no está muy bien pq son hermanos
Francisca Letycia MirandaGarcia
todo esto está enredado y ella ya se enamoro de Gael
Francisca Letycia MirandaGarcia
no quiero pensar mal del padre pero se me hace muy sospechoso
Mar Sol
Esta más que claro que Augusto quiere secuestrar a Valentina y el bebé, para así obtener la finca de Gael.
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