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SABOR A FUEGO Y SOMBRA

SABOR A FUEGO Y SOMBRA

Status: Terminada
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Enfermizo / Completas
Popularitas:9.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Jeremías Bustamante lo tiene todo: poder, una fortuna inmensa y un físico imponente, pero la vida lo redujo a una silla de ruedas, a la amargura perpetua y a un oscuro secreto sobre el abandono de su exesposa. Su existencia gris da un vuelco total el día en que cruza la puerta de la cafetería más alegre de la ciudad y una torpe, radiante y descarada arquitecta le baña la camisa en jugo de fresa. Ana Belén Gallego no le teme a su dinero ni a su carácter de demonio, y por primera vez en años, Jeremías encuentra a una mujer capaz de plantársele enfrente sin temblar. Entre risas, secretos del pasado y tazas de café, este magnate indomable descubrirá que la verdadera parálisis no está en sus piernas, sino en su corazón.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA TORMENTA DE FUEGO Y CARNE

​El aire de la habitación se volvió denso, casi irrespirable, cargado con el aroma almizclado del sudor, la piel febril y la rendición absoluta. Cuando Jeremías la atrajo hacia sí, cada centímetro de sus cuerpos colisionó en una fricción abrasadora. Ana Belén sintió que el mundo entero se reducía al peso imponente de ese hombre, a la textura firme de su pecho atlético y a la presencia colosal que se alzaba entre sus muslos, reclamando su espacio con una urgencia que rozaba la desesperación.

​—¡Dios mío... que rico... ay, por Dios, Jeremías! —exclamó Ana Belén con la voz ronca, arqueando la espalda de inmediato y clavando con fuerza las uñas en la piel blanca de su pecho, dejando marcas semilunares sobre los músculos tensos mientras una ola de placer incandescente le estallaba en la base del vientre.

​El contraste entre la parálisis de sus piernas y la fuerza descomunal de su torso y sus brazos convertía a Jeremías en una fuerza de la naturaleza. Con los ojos verdes inyectados en una pasión salvaje, el magnate la sujetó con tanta fuerza de la cintura que sus dedos largos y firmes parecieron hundirse en su carne, aferrándola como si temiera que, con un parpadeo, ella pudiera desvanecerse en el aire.

​—Eres mía... solo mía en este infierno, Ana Belén... di que me quieres, dímelo —gruñó Jeremías contra su cuello, mordiendo con suavidad la piel sensible mientras un temblor violento recorría sus hombros.

​—¡Sí... te quiero, viejo testarudo, te quiero, mírame! —gimió ella con descaro, perdiendo por completo la compostura, dejándose llevar por el frenesí de unas sensaciones que superaban con creces cualquier cosa que hubiera experimentado en su vida.

​El ritmo entre ambos se desbocó, convirtiéndose en un coqueteo salvaje con el abismo. La desproporcionada anatomía de Jeremías, lejos de ser un obstáculo, se acoplaba a ella con una precisión milimétrica que la hacía ver las estrellas con cada embestida. La fricción era tan intensa, tan profunda y húmeda, que el sonido de la piel chocando contra la piel llenaba los rincones del dormitorio, acompañado de respiraciones cortas, jadeos y susurros obscenos que volaban de una boca a otra.

​—Dale más duro... ¡no pares, Jeremías, más duro! —le suplicaba Ana Belén con la voz quebrada por el éxtasis, levantando las caderas para recibirlo con más fuerza, frotando su pecho contra el de él en un baile frenético de sudor y entrega.

​—Te voy a dar todo lo que te falta, jodida... apriétame más con ese coño delicioso, hazme venir dentro de ti —respondía él con una voz ronca que sonaba como un trueno sordo, acelerando el compás con estocadas cada vez más profundas y desesperadas.

​—¡Me vas a matar... me vas a volver loca con ese tamaño, demonio! —jadeaba Ana Belén entre carcajadas nerviosas y suspiros de pura gratitud mientras sus piernas temblaban sin control abrazadas a las caderas del empresario.

​—¡Eso es, mi amor... tómalo todo, muerdeme, grítame! —bramaba Jeremías, perdiendo el control absoluto mientras su miembro colosal daba una última pulsación volcánica, liberando un torrente caliente y denso en lo más hondo de su ser.

​El clímax se precipitó como una tormenta eléctrica. El cuerpo de Ana Belén se contrajo violentamente en una contracción orgásmica tras otra, haciéndola gritar contra la almohada mientras sus uñas se enterraban con tanta fuerza en los hombros de Jeremías que un hilo de sangre tibia comenzó a brotar. Al sentir las contracciones húmedas y estrechas de ella exprimiéndolo por dentro, Jeremías rugió con la cabeza hacia atrás, y un temblor definitivo lo derrumbó sobre el cuerpo de Ana Belén.

​Quedaron allí, atrapados en un nudo de extremidades, sudor y respiraciones anhelantes, con el corazón galopando al unísono. La fiebre había desaparecido, reemplazada por un calor espeso y pacífico. Ana Belén, con los ojos medio cerrados y una sonrisa de absoluta felicidad dibujada en los labios, acariciaba con infinita ternura el cabello corto y liso de Jeremías.

​—¿Ves como no era para tanto, viejo prematuro? —susurró ella con una risita suave y cómplice en su oído.

​—Cállate, bruja... casi me matas del infarto —respondió Jeremías con una sonrisa genuina, besando la punta de su nariz mientras la abrazaba con fuerza contra su pecho.

1
Nerika Moreno
Por Dios casi muero de tanto llorar, que capítulo tan fuerte me hizo recordar cuando yo pasé por lo mismo
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