Natalia tiene 25 años y es la exitosa CEO de un prestigioso bufete de abogados en Londres. Sin embargo, su imperio de cristal esconde un pasado oscuro: huyó de Zúrich para escapar de un matrimonio forzado impuesto por su multimillonario y arcaico padre. Cuando el patriarca la localiza y le lanza un ultimátum económico para arrastrarla de vuelta a Suiza, Natalia y su mejor amiga diseñan una solución desesperada: contratar a un marido de alquiler para blindarse legalmente.
Lo que Natalia no imagina es que el candidato enviado en secreto por su hermano es Óscar Alexander Sterling, su primer amor de la adolescencia. Nueve años de separación lo han transformado de un chico desgarbado con gafas en un imponente, musculado y sofisticado ingeniero naval. Ella no lo reconoce, y él decide ocultar su identidad para protegerla. Encerrados en una convivencia forzada dentro de un ático de una sola habitación, la pasión y los roces domésticos no tardarán en estallar.
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CAPITULO 19 EL GUARDIAN DE LA SOMBRA
Thomas colgó el teléfono personal en su apartamento de Zúrich y se quedó inmóvil durante unos segundos, contemplando la pantalla del dispositivo. Una sonrisa de fría satisfacción, mezclada con una inmensa descarga de adrenalina, dibujó la comisura de sus labios. Su padre creía que tenía todas las cartas del juego bajo su control, pero Natalia y María acababan de diseñar, sin saberlo, la jugada maestra que cambiaría el destino de todos.
Sin perder un solo minuto, Thomas tomó las llaves de su coche, bajó al garaje subterráneo y condujo a través de las calles iluminadas de la ciudad hacia la zona del puerto industrial, alejada de los glamurosos astilleros de su padre. Allí, en un discreto recinto empresarial junto al agua, se alzaba el verdadero orgullo de Thomas: AeroNaval Designs.
Aquella era la empresa de construcción de barcos y diseño naval que él y Óscar habían levantado en absoluto secreto durante los últimos años. Thomas ejercía como CEO y se encargaba de toda la administración, los contratos y la financiación, desviando fondos con astucia para que su padre jamás sospechara de su existencia. Óscar, por su parte, era el cerebro de la compañía: el ingeniero jefe que diseñaba los cascos hidrodinámicos y los sistemas de navegación más avanzados del mercado. Se habían estado preparando minuciosamente para este momento, acumulando una fortuna propia e independiente para poder plantarle cara a Arthur cuando llegara el día de la verdad.
Thomas subió las escaleras del hangar de diseño y empujó la puerta de la oficina técnica. El espacio estaba inundado de planos digitales proyectados en las pantallas, maquetas de barcos y piezas de ingeniería. En mitad de la sala, revisando un diseño tridimensional en su ordenador, estaba Óscar.
Nueve años habían esculpido a un hombre completamente diferente del chico de las sudaderas anchas. A sus veintisiete años, Óscar era un hombre guapísimo, de una presencia imponente. El chaval desgarbado que no hacía deporte había dado paso a un cuerpo supermusculado, atlético y de hombros anchos, forjado por las horas de trabajo en los hangares y el entrenamiento diario. Ya no llevaba aquellas gafas de montura gruesa; se había operado la vista hacía años, dejando al descubierto unos ojos oscuros y profundos llenos de una inteligencia magnética. Su cabello oscuro, que antes lucía rapado y descuidado, ahora era un pelazo de infarto, sofisticado y peinado con estilo informal pero elegante. El cambio físico era tan drástico que parecía otra persona.
—Óscar, deja lo que estés haciendo ahora mismo —dijo Thomas, cerrando la puerta a sus espaldas con un golpe nítido.
Óscar levantó la vista, extrañado por el tono de urgencia de su socio y cuñado en la sombra.
—¿Qué pasa, Thomas? ¿Hay novedades sobre los motores del nuevo prototipo? —preguntó con su voz, ahora profunda y madura.
—No, no son los barcos. Es Natalia. Mi padre la ha localizado en Londres. Ha estado en su despacho hoy mismo y le ha dado un ultimátum de veinticuatro horas para regresar a Zúrich y casarse, o destruirá su bufete por completo.
Óscar se puso de pie de un salto. Toda la serenidad del ingeniero se evaporó, y sus puños se apretaron con una fuerza que hizo cruzar los tendones de sus brazos musculados. Una furia protectora encendió su mirada.
—¿Qué? ¡Maldita sea! Te dije que debíamos haber viajado a Londres el mes pasado —escupió Óscar, dando un paso al frente—. No voy a permitir que ese hombre la toque o la obligue a subir a ese avión. Me voy a Heathrow ahora mismo.
—Tranquilízate y escúchame, porque aquí viene lo mejor —interrumpió Thomas, colocándole una mano en el hombro para frenarlo—. Natalia no se ha rendido. Ha diseñado un contraataque legal con María. Van a contratar a un marido de alquiler en Londres para firmar un matrimonio civil inmediato. Así, el contrato de boda de nuestro padre en Zúrich se convertirá en papel mojado ante cualquier tribunal. Me ha llamado para pedirme que le filtre un candidato de absoluta confianza que acepte las cláusulas de María y se case con ella mañana antes del mediodía.
Al escuchar aquellas palabras, el rostro de Óscar sufrió una transformación absoluta. La furia se congeló, sus ojos se abrieron de par en par y una oleada de pura ilusión, emoción y esperanza le iluminó las facciones. El corazón le dio un vuelco salvaje en el pecho. Nueve años guardando su promesa, manteniéndose informado en secreto a través de Thomas, trabajando día y noche para ser el hombre que pudiera rescatarla... y ahora el destino le ponía la oportunidad en bandeja de la forma más inesperada.
—¿Un marido por contrato? —susurró Óscar, con una sonrisa de incredulidad y emoción desbordante—. Dios mío, Thomas... Voy a ser yo. Por fin voy a reencontrarme con ella. Por fin voy a poder cumplir la promesa que le hice en el parque bajo la lluvia. Me va a ver entrar por esa puerta, va a recordar todo lo que vivimos y sabrá que nunca la olvidé. ¡Tengo que preparar las maletas ya!
Thomas, manteniendo la mente fría de un administrador, suspiró y apretó el agarre en el hombro de su socio, obligándolo a mirarlo con seriedad.
—Óscar, mírame y escúchame con mucha atención —le advirtió Thomas con voz pausada—. Necesito que te tranquilices. Sé la ilusión que tienes y lo mucho que la amas, pero tienes que estar preparado para la realidad. Han pasado nueve años. Natalia ha pasado por un internado cerrado, una carrera extenuante y la lucha salvaje por levantar su firma. El agotamiento y el silencio prolongado hicieron que terminara rindiéndose contigo. Ella casi te ha olvidado, Óscar. Cree que has seguido con tu vida.
Óscar parpadeó, sintiendo un sutil pinchazo en el pecho, pero su determinación no flaqueó.
—Me recordará, Thomas. En cuanto me vea...
—No, Óscar, no me estás entendiendo —le cortó su hermano con firmeza—. No te va a reconocer a primera vista. Cuando te vio por última vez tenías dieciocho años, eras un chico flaco, desgarbado, llevabas gafas gruesas y ropa de deporte tres tallas más grande. Ahora eres un hombre imponente, estás supermusculado, tienes un aspecto sofisticado y vas sin gafas. Físicamente eres otra persona. Si entras allí diciendo quién eres de golpe, vas a desestabilizarla en el peor momento posible, cuando tiene la presión de mi padre encima. Así que hazme caso: si no te reconoce, no te desmorones. Mantén la cabeza fría.
Óscar tragó saliva, procesando las palabras de su socio. La idea de que su primer amor no lo reconociera le dolía, pero entendió la estrategia de Thomas.
—¿Qué sugieres que haga entonces? —preguntó en un hilo de voz.
—Preséntate en su bufete de Londres estrictamente como mi socio comercial en AeroNaval Designs —instruyó Thomas, trazando el plan en el aire—. Dile que voy a financiar el acuerdo. Usa tu segundo nombre, preséntate como Alexander, y acepta firmar todas las cláusulas estrictas de María. Cásate con ella en el registro civil bajo esa identidad profesional. Lo primordial, lo verdaderamente urgente ahora, es conseguir ese papel oficial británico para evitar que nuestro padre la pueda obligar a volver a Suiza. Una vez que estéis legalmente casados y la tormenta de Arthur se haya calmado, la convivencia y el tiempo compartido le harán recordar quién eres realmente. Tu esencia no ha cambiado, Óscar. Ella volverá a enamorarse de ti.
Óscar inspiró hondo, asimilando el plan. Miró el plano digital de su pantalla, luego a Thomas, y asintió con una madurez que demostraba por qué era el socio perfecto. La ilusión seguía intacta en sus ojos oscuros, pero ahora venía acompañada de una disciplina de acero.
—De acuerdo —aceptó Óscar, con una voz firme y decidida—. Alexander será mi nombre en Londres. Viajaré en el primer vuelo de la madrugada. Mañana antes del mediodía estaré en las oficinas de Vanguard & Capital. Me casaré con ella, la protegeré de Arthur y reconstruiré nuestro amor paso a paso. No he esperado nueve años para perderla ahora.
Thomas sonrió y le tendió la mano, sellando la alianza más importante de sus vidas. El tablero de ajedrez estaba configurado en Zúrich, el candidato perfecto ya estaba en camino hacia el aeropuerto y, sin que yo lo supiera en mi despacho de Londres mientras repasaba las cláusulas del contrato matrimonial, el chico de las sudaderas anchas se estaba preparando para volver a mi vida bajo la armadura de un hombre espectacular.
Felicidades autora que sigan los éxitos!!! ☺️