Scarlett Harrington lleva tres años casada con Ethan Collins. Durante todo ese tiempo creyó tener el matrimonio perfecto, construyendo un hogar junto al hombre que amaba y en quien confiaba plenamente.
Sin embargo, todo cambia el día que regresa antes de lo previsto de un viaje de negocios para sorprender a su esposo. La sorpresa termina siendo para ella cuando encuentra a Ethan en la cama con su propia mejor amiga. En un solo instante, el amor, la confianza y los sueños que había construido se hacen pedazos.
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Capitulo 6
Scarlett subió rápidamente las escaleras, con el corazón golpeándole fuerte pero sin detenerse ni un segundo. Abrió el armario, tomó solo la ropa más necesaria, algunos objetos personales y la caja donde guardaba las fotos de su infancia y los recuerdos que no tenían nada que ver con él. No llevaba nada que le recordara a Ethan: ni los regalos, ni las cartas, ni los planes que habían hecho juntos.
Mientras cerraba la maleta, escuchó sus pasos apresurados detrás de ella.
—¿Qué haces? ¡No te lleves nada! ¡Esta también es tu casa! —gritó Ethan, con el aliento entrecortado.
Ella siguió doblando una camisa sin mirarlo.
—Ya no es mi casa. Aquí solo hay mentiras.
—¡Por favor, quédate! —se acercó e intentó quitarle la maleta de las manos—. Si te vas, todo se acaba de verdad. ¡No hagas esto!
Scarlett lo miró a los ojos, con una serenidad que lo aterró.
—Todo se acabó cuando decidiste traicionarme. Yo solo estoy cumpliendo lo que tú empezaste.
—¡Te juro que nunca volveré a verla! ¡La sacaré de mi vida para siempre! —suplicó él, agarrándola de los hombros con desesperación—. ¡Haremos lo que tú quieras, viajaremos, empezaremos de cero! ¡Solo no te vayas!
Ella se soltó con suavidad pero con firmeza.
—Es demasiado tarde para promesas, Ethan. Las palabras ya no valen nada para mí.
—¿De verdad no te importa nada de lo que tuvimos? —preguntó él con lágrimas en los ojos—. ¿Ni un solo recuerdo?
Scarlett hizo una pausa, y por un instante se le humedecieron los ojos, pero no dejó caer ninguna lágrima frente a él.
—Me importaron tanto que no voy a dejarlos convertirse en dolor. Me voy para conservar lo poco bueno que hubo, antes de que tú lo destruyas también.
Cerró la maleta con fuerza y se dirigió hacia la puerta. Ethan la siguió, tropezando casi con sus propias palabras.
—¿A dónde irás? ¿Cuándo volverás? ¡Dime al menos eso!
—No volveré —respondió ella sin detenerse—. Y no me busques. No servirá de nada.
Puso la mano en el pomo de la puerta.
—¡Scarlett, por el amor de Dios! ¡Espérame! ¡Te amo! —gritó él con toda la fuerza que le quedaba.
Ella se detuvo un segundo, pero no giró la cabeza.
—Si me hubieras amado de verdad, nunca me habrías lastimado así. Adiós.
Abrió la puerta, salió y la cerró despacio tras de sí. El sonido del cerrojo fue como un golpe final, sellando tres años de vida que quedaban atrás para siempre. Ethan se quedó solo en el recibidor, escuchando el silencio que ahora llenaba cada rincón, dándose cuenta de que acababa de perder a la única mujer que lo había amado sin condiciones… y que esta vez, ella no volvería.
Ethan se quedó parado en el umbral, viéndola alejarse por el camino de entrada, y la desesperación lo hizo gritar una vez más, con la voz rota y desgarradora:
—¡Scarlett! ¡Por favor, no te vayas así! ¡No me dejes solo con este infierno que yo mismo creé! ¡Dime al menos dónde estarás! ¡Déjame saber que estás bien!
Ella caminó unos pasos más, con la maleta pesando en su mano pero el corazón mucho más ligero de lo que había estado en horas. Se detuvo sin girarse del todo, solo bajó un poco la cabeza y respondió con una voz que parecía venir de muy lejos:
—No estoy abandonándote, Ethan. Solo estoy recuperándome a mí misma. Y no quiero que sepas dónde estoy… porque si lo supieras, intentarías buscarme, y yo necesito aprender a vivir sin ti. Necesito dejar de ser la mujer que perdonaba todo, que creía en todo lo que le decías.
—¡Cambiaré! ¡Te lo juro por todo lo que sagrado para mí! —corrió unos pasos tras ella, pero se detuvo cuando ella alzó una mano pidiéndole que se detuviera—. ¡Seré mejor! ¡Seré el hombre que te mereces!
—Ya no quiero esperar a que cambies —dijo ella, girándose por última vez para mirarlo a los ojos, y en esa mirada él vio el adiós definitivo—. Ya no quiero esperar nada de nadie que no sea yo misma. Me enseñaste la lección más dura de todas: que la única persona que nunca te traiciona eres tú. Cuida de ti. Y cuida de que tu conciencia no te atormente tanto como tú me has atormentado a mí.
—¿Y si algún día quiero arreglarlo? ¿Y si cuando hayas pasado el dolor…? —alcanzó a decir él, con una última esperanza que sabía débil.
Scarlett negó lentamente con la cabeza, y una lágrima solitaria rodó por su mejilla, la única que se permitió en todo ese tiempo.
—El daño que hiciste no tiene remedio. Y yo ya no soy la misma mujer que conociste. Adiós, Ethan. Que tengas suerte. Yo ya voy a buscar la mía.
Dio media vuelta y siguió caminando sin mirar atrás, mientras él se quedaba inmóvil bajo la luz de la farola, viendo cómo su silueta se perdía en la distancia, llevándose consigo todo lo bueno que le había pasado en la vida, y dejándole solo el amargo sabor de lo que pudo haber sido y él mismo destruyó.